El Viejo de la Cala del Perro
Bueno amigos, parece que por fin he podido terminarlo. Esta es una historia que escribió mi amigo Quails en un par de parrafos. Me gustó tanto que quise ponerla aquí. Pero cuando lo intenté era tarde la historia se había perdido. Total que me dió la oportunidad de rehacerla con más espacio. Espero que os guste. Usul.
El viejo de la cala del perro.
"El tao del cielo no lucha, y sin embargo vence.
No habla, pero responde con certeza.
No actúa pero nada queda sin hacer."
Tao Te Ching- Lao Tse (Siglo VI A.C.)
"Hazlo o no lo hagas. Pero no lo intentes."
El Maestro Yoda a Luke Skywalker en El Imperio Contraataca.
Mack no siempre había sido un surfista, su vida mas bien se había desarrollado por los cauces monótonos y convencionales de la sociedad predominante. En algún momento el hastío comenzó a agarrarle por el pescuezo. Naturalmente nadie se explico esto, al fin y al cabo fue un estudiante modelo y ahora era un joven profesional de éxito, tenia todo lo que la gente normalmente desea, dinero, tías, comodidades, responsabilidad profesional y chorradas de esas, incluso tenia un Astra Cupe Turbo. Pero extrañamente se estaba aburriendo. Tal vez porque él era de esa gente a la que le gusta enfrentarse a retos, llegar a la excelencia en algo empezando desde el principio, y ahora al estar en la cima vio que no había por donde seguir subiendo.
En una cena con los amigos le presentaron a un pariente de un conocido, no tenia pinta de encajar en el grupo, tenia la mirada un poco perdida como deseando estar en algún otro sitio, sus ropas... No es que fuera mal vestido en términos de calidad, pero iba como si hubiera cogido simplemente lo mas cómodo posible, sin importarle que estuviesen en una cena semiformal. Eso nadie lo hacia entre su gente. Tenia el pelo amarillo, no rubio, sino quemado. Estaba moreno y era invierno y tenia arrugas en los ojos, como si hubiera pasado muchísimo tiempo con los ojos entornados. Le intereso este personaje, un poco porque era una novedad ver a alguien así en su grupo, y un poco porque había algo de él que le intrigaba.
Trabaron conversación, hablaron de muchas cosas todas intrascendentes. No quería preguntarle directamente por la causa de su extrañeza, porque temía incomodar al tipo. Este parecía un tanto fuera de lugar, hablaba como si se sintiera obligado por mera educación. En un momento de la conversación Mack le pregunto si hacia algún deporte. Petee, que así se llamaba, se quedo en silencio un momento. Los ojos se le encendieron como ascuas y dijo."Hago Surf, pero no es un deporte". Después Mack ya no tuvo que hablar, Petee se embarco en una descripción exhaustiva del surf, pero no como quien habla de algo como el golf, explicándole reglas y modos de puntuar, sino como quien habla de su religión de que significa, adonde te lleva, que dioses se adoran, cosas que para alguien fuera de su religión no tienen sentido, ni pueden ser explicadas.
Para Mack había algo extraño en todo aquello, es decir, su visión del surf estaba enmarcada por las películas que había visto y los anuncios de televisión según los cuales los surfistas eran gente con poca capacidad de palabra que adoran el riesgo y no saben muy bien lo que quieren. Petee no encajaba en aquella imagen, sabía muy bien lo que quería, se expresaba bien y era coherente, y aunque Mack no llegara a entender el mensaje de lo que decía le parecía que había alguno.
Y siendo algo extraño, también había algo fascinante en todo aquello, por lo que le pregunto a Petee si le podría llevar a hacer surf alguna vez. Petee se quedo mortalmente callado, su mirada se puso seria, tanto que Mack pensó que le había insultado de algún modo.
"¿Estas seguro de lo que dices?" dijo Petee.
"Si, solo quiero probar a ver si puedo sentir alguna de esas cosas de las que me hablas", respondió Mack no tan seguro como decía.
"El surf te sacara del camino en el que estas, te lo aseguro" murmuro Petee sonriendo de un modo misterioso "¿de verdad quieres eso?"
"Bueno, de momento solo quiero probarlo" dijo Mack un tanto a la defensiva.
"Tu veras lo que haces" dijo Petee a modo de advertencia.
Petee lo llevo a surfear una soleada mañana de marzo, y le dejo un viejo tablón de 8´0´´ pies, y un traje de surf con muchos agujeros, y le dio unas breves instrucciones. Aquel día no hizo gran cosa, pero le gusto estar en el agua, era una sensación distinta a lo que había hecho hasta ahora.
Continuo haciendo surf, con sus propias tabla y su propio traje. Naturalmente lo mejor que el dinero podía pagar, una Al Merrick 6´6´´ para días grandes y una Pukas del shaper Mckee 6´4´´ para el resto de los días. Los años pasaron y poco a poco fue aprendiendo. Paso de bajar recto las olas y sentir solo la velocidad a cogerlas de lado, hacer cut-backs, reentries floaters y toda clase de maniobras clásicas. Y sin ser un surfer excepcional llego a coger sus olas locales sin dificultad. Siendo un tío con pasta no tardo en hacerse viajes a olas mejores en las que poco a poco fue mejorando su surfing. Sin embargo su trabajo no le permitía alejarse demasiado.
En el pico le veían como un yuppie caprichoso, alguien para quien el surf sería algo pasajero. Pero el hacia todo lo posible por demostrar que lo estaba entendiendo, sobre todo mediante su modo de surfear. Y poco a poco fue superando al resto, gracias a su actitud competitiva.
Sin embargo el lo que quería es ser el mejor. Llego un punto en que técnicamente podía superar a muchos de su ciudad, pero ya no mejoraba. Se dio cuenta de que le faltaba algo. No dejaba de pensar que tal vez fuera porque había empezado tarde, o tal vez porque era un surfer fuera del grupo.
Aquello empezó a convertirse en una obsesión, pensaba día y noche en como mejorar su surf, estudiando cada movimiento suyo que hacia que amigos le grabaran desde la playa para luego buscar fallos, leyendo todos los manuales, viendo videos... En el trabajo se resentían sus resultados pues solo pensaba en las olas, de hecho y como dijo Petee ya no le importaba nada de su vida anterior, el trabajo ya no significaba mucho, excepto dinero.
Un día en el pico, se encontró con Petee, al cual no veía desde aquel lejano día de Marzo. No pudo dejar de observar sus fluidos movimientos, su soltura, se dio cuenta de un hecho que aquel lejano día no podría haber apreciado, que era el mejor que había en aquella playa, el mejor que había visto nunca.
Surfeaba sin esfuerzo, sus movimientos formaban parte de la ola, y uno se preguntaba si el surfer adivinaba lo que iba a pasar con la ola, o es que obligaba a la ola a reaccionar según su necesidad. El caso es que casi no se podía distinguir entre la ola y él.
Absorto, escruto sus movimientos durante todo la tarde, preguntándose quien le había enseñado a surfear así, o si por el contrario era solo su genética la que le hacía poseer esa gracia indefinida, esa majestuosidad y genio en su modo de deslizarse.
Cuando Petee salió del agua, Mack le abordo.
"Hey colega, Cuánto tiempo sin verte!!" Dijo Mack
"Si, unos años ya" Respondió Petee.
"Oye quería preguntarte algo, ¿Cómo surfeas así de bien? ¿Cómo lo aprendiste?"
"Ya sabes surfeando a diario, me gusta mucho esto".
"Déjate de historias, yo también surféo a diario y no se como haces ni la mitad de las cosas que he visto"
"No hay secretos Mack, ni escuelas de aprendizaje, sois tu y las olas. Nada mas"
Mack siguió insistiendo de un modo pesado y pegajoso. Necesitaba, exigía, saber donde se podía aprender a surfear así. De modo que cuando esa tarde se despidieron se propuso no dejar que le ocultaran el secreto. Averiguo donde vivía, le mando cartas, faxes, e-mails. Hasta que Petee cansado de tanto acoso le llamó:
"Esta bien. Te lo diré, pero después me dejaras en paz, de acuerdo?"
"Por supuesto, tienes mi palabra".
"Tendrás que ir a la costa norte de la isla de Neblina, buscar al viejo de la cala del perro y convencerle de que te enseñe".
"Pero eso dond..."
"No diré nada mas" Petee colgó el teléfono.
Naturalmente esto le dejo casi igual que estaba, aunque al menos le había sacado el secreto. Pero no conocía donde estaba esa isla. No sabía como encontrar al viejo. Y lo mas importante, no podía dejarlo todo para irse a dios sabe donde por tiempo indefinido.
A lo largo de los días siguientes busco en los atlas donde estaba la isla por si alguna vez tenía el tiempo suficiente para ir a buscarlo. Resulto ser una isla oceánica de unos 50 km de largo. Situada bastante al norte sus aguas eran frías y los temporales inmensos y frecuentes. Su orografía rocosa y atormentada de origen volcánico hacia que estuviera poco poblada o sin población. La costa era sumamente escarpada haciendo que el paso de una cala o bahía a la siguiente fueran autenticas pruebas de escalada. Ninguna ciudad o pueblo, solo un pequeño embarcadero junto a una aldea, al que se podía llegar desde el continente en el barco que llevaba provisiones una vez al mes.
Pero la obsesión crecía, ir a surfear se convirtió en una lucha dura para superar a cualquiera que apareciese. Se había convertido en un perro de lucha al que todos evitaban. No solo porque saltarle una ola podía ser peligroso, sino porque se picaba con cualquiera que osara ha realizar una maniobra que el no hubiera visto. Y por encima de todo porque se lo tomaba como una guerra, nadie se divertía a su lado.
Una noche sin sueño se decidió. Dejo el trabajo. Nadie lo entendió. Ni su familia, ni sus amigos, ni sus compañeros de trabajo. Tal vez algún surfer le hubiera podido comprender pero no se trataba con muchos surfistas. Vendió su Astra, se compro un traje de aguas frías y varias tablas para las condiciones de olas que esperaba.
Días mas tarde, mientras volaba hacia la mas cercana ciudad a la isla, planeaba una estrategia, hizo inventario de los posibles recursos que tendría que usar para convencer al viejo, podía ofrecerle dinero, trabajar para el, conseguirle aquello que mas quisiera, suplicarle llorando de desesperación y en ultimo recurso obligarle por la fuerza, aunque esperaba no tener que llegar a ello.
Después 12 horas de vuelo aterrizo, cogió sus tablas y equipaje y monto en autobús. Aun le quedaban unas cuantas horas de autobús hasta llegar a un pueblecito en el que debería coger el barco que le llevaría a Neblina.
El viaje por carretera fue monótono y desolador, conforme se acercaban al pueblo donde tendría que coger el pequeño ferry la tierra se mostraba mas y mas desierta, como si la humanidad estuviera perdiendo la batalla contra el clima y el viento. La devastadora sensación de opresión que se le venia encima solo era combatida por el ansia, la sed de victoria que le corroía por encima de cualquier otra cosa.
En el pueblo donde debía coger el barco empezó a tener dificultades dos tablas para olas grandes mas un traje mas ropa de abrigo y equipo de camping llegan a pesar mucho. Después se enteró de que el próximo barco no salía hasta la semana siguiente, y no podía esperar tanto. Pero Mack, no lo olvidemos, era un tipo de recursos, por lo que busco en la taberna local a alguno que estuviera dispuesto a llevarle en su barco. Todos le hacían la misma pregunta. "Pa que coño quieres ir a Neblina? Allí solo hay cabras, y ni siquiera muchas...", pero al final encontró alguien dispuesto a llevarle. Las trece millas náuticas que le separaban de su destino se hicieron odiosamente largas, frías, húmedas y revueltas por un mar de fondo que presagiaba la clase de mares con los que había de enfrentarse. El pescador no le dirigió una sola palabra y sus intentos por hablar algo se estrellaron siempre contra una fría mirada de incomprensión. Después de algún tiempo adivino a divisar una mancha oscura en el horizonte. Conforme se acercaban logro ver el contorno mortalmente desolado, frió y rocoso de Neblina y como haciendo honor a su nombre cubierta por nubes bajas. Pocas playas se veían en aquella costa, ninguna planta apenas, ninguna edificación a excepción de la docena de casuchas del poblado.
"Eso no es nada" dijo el pescador.
"Perdón?" dijo Mack.
"Digo que no es nada, la costa norte es mucho peor, aquí al menos el mar no esta tan cabreado" respondió sardónicamente el pescador.
Casi no podía creer que existiesen pueblos como aquel, si es que a aquel conjunto de casuchas de piedra barracas para aperos de pesca y calles de barro podía llamársele pueblo. Aquella noche la paso en casa del lechero del pueblo, en una habitación con suelo lleno de paja y olor a cabra.
Por la mañana, comprendió el nombre de la isla, una densa niebla hacia difícil ver nada. Al menos la parte norte tenía menos niebla, eso decían los libros de texto. El problema era llegar allí, sin carreteras ni todo terrenos acabo yendo en la grupo de una moto de 50cc, a cuyo propietario tuvo que pagarle un precio desorbitado por un viaje a través de los caminos de cabras mas increíbles que se puedan imaginar. Finalmente le dejo frente a un acantilado. Cuando le pregunto donde estaba la cala del perro, casi se desmaya, le dijo que hace años que no iba nadie, que pocos sabían llegar, y que el no se contaba entre ellos.
Los siguientes días fueron épicos, transportando dos tablas y una mochila con mucho peso por rocas y barrancos. Recorrió varias playas y calas, costándole casi un día llegar y salir de cada una, sin embargo no encontró a nadie. Empezó a darse cuenta que podía tardar mucho tiempo. Mucho , mucho tiempo. Se cayo muchísimas veces, estaba cubierto de heridas y moratones. A las tablas no les pasaba nada pues llevaba una funda rígida.
Después de quince días, las provisiones se le estaban acabando, y seguía sin encontrar a nadie, ni restos del viejo. Su rabia contra Petee, era mas que real ahora, sentía que le había engañado, y el como un imbécil lo había dejado todo para nada. De modo que se sentó en la playa en la que estaba, y decidió que mejor dedicaba las provisiones que le quedaban a surfear aquellas olas. Es cierto , no hemos hablado de las olas. Negras, oscuras, gruesas, limpias y con muchísima fuerza. Demasiada.
En aquella cala, las olas rompían de derecha en torno al extremo izquierdo, dejando un recorrido de unos trescientos metros. La salida no parecía muy difícil, pero rápidamente se ponía hueca como un tonel, habría que olvidarse de la orillera, una especie de waimea shorebreak. En cuanto a como entrar tendría que esperar un hueco y remar rodeando la ola. Decidió no meterse y concentrarse en buscar al viejo.
Y eso hizo los siguientes días. Fue de playa en playa, de cala en cala, escalando riscos entre la niebla, pasando frío por las noches, comiendo solo de lata. Miro en cuevas, pequeños bosques, cabañas abandonadas. Pero no vio a nadie, y lo peor era que apenas había recorrido una pequeña parte de la costa norte de la isla. Pero su decisión era firme y aligero su equipo, escondiendo el resto en una playa, se llevo una sola tabla, y una sola muda y la comida.
Pero la decisión no es lo único que cuenta. Dos o tres semanas después se dio cuenta de que no tenia comida para mucho mas así que se dio la vuelta , derrotado y hambriento, hasta llegar a la cala en que empezó su búsqueda.
Pero antes de volver hacia el pueblo quiso probar aquel mar y surfear un poco después de tantos esfuerzos.
La entrada en el pico le costo muchísimo, el labio de la orillera era tan grueso como el cuerpo de la ola. El agua era oscura y turbia y la falta de sol no ayudaba a sentirse bien. Por si fuera poco una insistente corriente hacia difícil llegar al pico. Después de media hora remando y preguntándose si merecía la pena todo aquel esfuerzo llego a arriba. La primera serie llego poco después, no la cogió pues quería estudiar un poco como iba el tema. Pillo una referencia que el creía correcta, aunque la serie fue mas pequeña que la media. Tras poco de esperar vio una forma oscura levantarse en el horizonte, se preparo para remar, puso proa a la orilla y comenzó a remar con todas sus fuerzas las subida de la ola le dejo casi sin aliento, era mucho mas grande de lo que esperaba y aunque iba armado con una 7´0´´ sentía que iba a necesitar mas. Una vez de pie se dio cuenta que la ola estaba mas desarrollada de lo que esperaba y aun así insistió en bajar. Casi cegado por el viento helado que se levantaba contra la pared descendió raudo como las balas. Pero ya no le quedaba mucho mas, allí sintió un labio enorme contra su cabeza y luego oscuridad...
Despertó tras un intervalo de tiempo imposible de precisar. Estaba tendido en la arena aferrado a su tabla junto a montones de algas y otros desperdicios marinos. Un rápido análisis de su situación le enseñó claramente que estaba jodido.
No sabía como pero había llegado, tal vez flotando incosciente agarrado a su tabla, a una cala que no había visto en sus días de exploración. Su forma hacia que no solo tuviera un acceso imposible, sino que fuera imposible de descubrir desde los acantilados de Neblina. No tenía con él mas que su tabla, su neopreno y a él mismo. Salir de la cala de momento parecía imposible, con olas enormes cerrando la pequeña bahía.
Durante varios días simplemente se dedicó a sobrevivir, comiendo mejillones, que logró cocer en alguna lata. El fuego lo hizo frotando maderas secas tras muchas horas de intentarlo. El agua no era problema, la isla era muy lluviosa y tenía recipientes de plástico varados por la marea. Durmió en una oquedad del acantilado y encontro algunas lonas con que abrigarse.
Finalmente cesó la gran marejada, y descubrió que cuando no estaba pasado allí entraban algunas de las mejores olas que jamás vió. Y enloquecido por las olas en vez de tratar de escapar se metió a surfear. Y le gustaron tanto que siguió haciéndolo semanas, y luego meses. Ya no quería ser el mejor, sabía que no lo conseguiría, puesto que no encontro al viejo, posiblemente porque no existió nunca, y ya no quedaban maestros que pudieran enseñarle algo. Se convenció de que él había empezado tarde y tal vez no tenía algun gen necesario para ser una bestia del surf.
Su vida pasada ya no le interesaba, solo quería disfrutar aquellas olas, sabía como sobrevivir allí con facilidad y no tenía que compartir olas con nadie. Se quedó allí.
Epílogo.
Cierto día de verano poco despues del amanecer, Mack estaba como siempre en la izquierda de la cala cogiendo algunas olas antes de que soplara el viento.
Tenía el pelo estropajoso, largo y quemado despues de años sin lavarlo y en continuo contacto con el mar, el sol y el viento. La cara extremadamente bronceada, con profundas arrugas en torno a los ojos. Había perdido un par de dientes en una caida hace unos meses. El traje era solo un remedo de lo que un día fue, lleno de costurones hechos con algun trozo de soga, o directamente agujeros en algunas partes.
Vió una serie aproximarse, tendría unos 2,5 metros, remo unos metros hacia afuera y a la izquierda, dejó pasar la primera , y la segunda. Sabía que la tercera sería la mejor, conocía demasiado bien la ola. La tercera era algo mayor que el resto, remó justo en el momento adecuado, con un par de leves remadas que uno jamas pensaría que podrian moverte. Bajo la ola relajado, y se metió en un tubo largísimo del que pocos podrían salir. Muchos incluso llamariamos a eso un cerrojazo. No obstante él era el rey de esa playa, sabía como salir de aquel espacio tubular. Despues de unos segundos salió, encadeno un par de reentries con unos backsides snaps y contrariamente a lo que hubiera hecho en otros años aprovechó toda la ola relajadamente disfrutando de los últimos coletazos de poder que el mar le enviaba.
No se había dado cuenta pero tuvo espectadores. En la remada hacia el pico primero escucho algo raro, como un motor. Luego lo vió era un barco de pesca aunque no sabía que hacía por allí. En cuanto los del barco le vieron se diriguieron hacia él. Al principio creyó que sería alguien que había salido a buscarle, pero no podía ser, hacía demasiado tiempo que desapareció.
Para ponérselo un poco más fácil remo hacia ellos. En cubierta había dos jovenes con aspecto nervioso y ansioso.
En cuanto estuvo al lado hablaron:
"Buenos días señor. Venimos de lejos nos gustaría que nos enseñase algunas cosas. Pagaremos lo que sea. Ya hemos visto lo que es capaz de hacer."
"¿Como? Yo no doy clases" grazno Mack despues de años de silencio.
"Lo sabemos, pero nos gustaría que hiciese una excepción"
"¿Para que querríais que os diera clase?" dijo Mack realmente extrañado.
"Bu.. bueeno, todo el mundo dice que él que mas sabe de esto es usted, el viejo de la cala del perro...".
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