Meditaciones.
Quails
Noviembre 1997
Malaga
El Surf del siglo XXI.
Aquella tarde de Agosto del año dos mil dos, mientras el sol se escondía en el plateado horizonte de la costa malagueña, como una hostia colosal que da silenciosa comunión al mar, el surfista, recostado en su tabla, entre condones usados y jeringuillas, rememoró sus años de opresión, en especial el mil novecientos noventa y ocho: El año que le impulsó por primera vez a luchar contra la opresión.
Años antes, pese a su origen de ciudad interior, de su trabajo de cabrero y de su parálisis, decidió acercarse al Vengador de las olas, quien, consciente de que el surfista podía ser una promesa, presentó a sus compañeros la conveniencia de enseñar al chaval. La propuesta fue rechazada.
El surfista, una persona hecha a fuerza de tesón, no se arredró. Esos fueron los años de opresión, penurias, mar plato y guerras contra los opuestos al surf, hasta que, la revolución, tras largos sacrificios, nos regresó la libertad.
Años más tarde, el frustrado aspirante siguió insistiendo en su sueño de deslizarse por las crestas hasta que en una enorme borrachera del Vengador, este decidió aceptarle como discípulo. Este le enseñó el arte de trasnochar, la pereza de levantarse, el poder de la comida seca y las típicas chulerías de play-boy desesperado.
Chorrearon muchas olas, satirearon a multitud de mujeres y vomitaron juntos hasta que el el sabio Vengador le cedió el testigo. Aun recuerda con lagrimas en los ojos cuando el vengador, tras darles su bendiciones, desapareció en medio de una pared de treinta metros gritando aquella frase que le hizo mítico: “Me cago en la puta de oros”.
Ahora, en la levantada tarde malagueña, con arrugas de hombre de mar surcando sobre su noble frente, sabe que que su capacidad de cabalgar sobre el agua está mundialmente reconocida, que sus enseñanzas son ley en el mundo del surf; palabras como “take-on-plate” o el “AAHHRRR” han sido puestas de moda por el viejo zorro, el “Rientri de triple espiral” y el “take-off a reacción en ascensión” son dogmas fundamentales en la manera de correr sobre las olas y la creación de la “quilla de doble velocidad”, su culminación como estandarte del deporte de la tabla. El cabrero adicto al mar supo aprovechar la tecnología para dar al viejo deporte un cambio. Actualmente, el surf no solo es un deporte, es un modo de vida, un modo de pensar, una asignatura en los colegios y una marca de cereales. Hoy en día, las olas son un juego caprichoso del espacio y del tiempo, en el que se desgranan las reflexiones, las remembranzas y los proyectos de una sociedad moderna.
El paralítico surfista, al que los bañistas y transeúntes miran con in disimulada admiración, es un hombre feliz; todos sus logros, sus doce títulos intercontinentales, sus veintes campeonatos nacionales y su tabla de oro al mejor surfista del mundo, han nacido de un sentimiento de trabajo diario y borracheras de fin de semana (tal como le enseñó su viejo maestro).
Al final de la jornada, la playa es victima de las brumas, la policía despeja el litoral; hace años que la polución creó feroces mutantes nocturnos y es peligroso estar solo, y este es el principio de una nueva etapa para este hijo de las olas que retorna a su lar para empezar una nueva juerga.
En recuerdo a aquellos que nos dejaron por una mujer.
ATRAS
This page hosted by
Get your ownFree Home Page