Por: Fernando
25 de Marzo de 1.998



UNA LLAMADA.


Creo que llevó ya demasiado tiempo aquí como para sorprenderme por las cosas. Creo que he vivido de todo, he conocido gente, he compartido charlas con cientos de personas. He compartido algo más que charlas, chistes, gracias, tonterias, problemas, broncas, aficiones, momentos, cosas.. incluso hasta sentimientos. Sí el que en principio te sientes frente a una pantalla, frente a un ordenador, escribas y este responda como buenamente pueda, o como se le programo, ha dejado de ser novedad. Está a la orden del día. Es lógico. Lo que no les entra a muchos en la cabeza es que detrás de esa máquina allá otra persona y que simplemente hablando te puedas encariñar de ella, sentir aprecio y despertar sentimientos hacia ella.

Yo confieso haberlo hecho, no echo de menos el estar ahí, echo de menos el hablar con esa gente. Sí en un principio esto empezó como un entretenimiento ha pasado a ser un medio de comunicación con gente a la que añoras, con la que compartias lo dicho, algo más que tiempo. Echo de menos a esos que supieron entenderme o aún no haciéndolo por lo menos me aguantaron, soportaron y padecieron. Echo de menos esas risas, esos estupidos juegos, esas preguntas inquietantes, esa incertidumbre, esa ... confianza.

Echo de menos el llegar por la mañana y como en la hora del café charlar con alguien que sin haberme visto antes, quería saber de lo que había hecho ese fin de semana, o me contaba el suyo, de la película que había visto o que yo había visto, de su jefe, de mi jefe, de mi trabajo, de su trabajo, de mi proyecto, de su proyecto. Echo de menos esa voz espectante cuando me llamo por primera vez. Esa voz cuando hablábamos posteriormente.
Hacia tiempo que no sabía nada de ti, te dejaba mensajes que no eran respondidos, te llamaba sin encontrar respuesta. Sabía que te habían operado. Lo sabía y contaba con que estabas de baja. Esperaba, del mismo modo que tú esperaste a que volviera de mis obligaciones, a verte aparecer en la pantalla. No aparecías. Una mañana vi como un "Hola" se tornaba azul en mi pantalla. Te saludé, insistí, y más. No tenía respuesta. Alguien debió encender tu ordenador. No apareciste.
Una mañana me llamaste, esta misma mañana. En 39 segundos conseguí que me colgaras. No me di cuenta de la situación. Volviste a llamar al poco tiempo. Desde una cama del hospital.... me decias que tenías miedo. Merced al destino ya que los médicos no eran capaces de dar con la causa de tus males. Yo... no supe que decir porque lo que te dije te lo habrían repetido mil veces. Lamento no haber podido, aliviarte al menos un poco. Al minuto cuarenta, te despediste con un, pensaba que sería capaz de hablar contigo y no puedo... y colgaste.
Mi situación no importa. Lamento .... no importa. Sólo se como vengo repitiendo que estoy ahí. Estoy ahí. Para ti siempre estoy ahí.

No se porque cuento esto. Quizás sea porque quiero que sepa todo el mundo que te echo mucho de menos.
Un beso.

25/3/98 Fernando (Flames)

Siguiente