DIEZ SONETOS OCULTOS

Ángel Cuadra
Miami, Ediciones Universal, 2000, 64 págs.

Ángel Cuadra (La Habana, 1931) irrumpió en la poesía cubana, a finales de los años cincuenta, con su primer poemario Peldaño (1959), aunque con anterioridad había obtenido el Premio ³Rubén Martínez Villena² de la Universidad de La Habana (1954) y pertenecia al Grupo Literario Renuevo, fundado en 1957.
En Cuba, además, ejerció la profesión de abogado durante once años, hasta 1967, cuando fue condenado a quince años de presidio político por sus actividades anticastristas. Salió de la Isla en 1985, residiendo, desde entonces, en Miami.
Respecto a su producción poética en el exilio, hay que destacar sus ocho libros de poesías: Impromptus (1977), Tiempo del hombre (1977), Poemas en correspondencia (1979), Esa tristeza que nos inunda (1985), Fantasía para el viernes (1985) Las señales y los sueños Premio Amantes de Teruel (1988), Réquiem violento por Jan Palach (1989) y La voz inevitable (1994) Premio de Poesía ³José María de Heredia². También es autor del ensayo Escritores en Cuba socialista (1986) y ha sido antologado en diversas antologías de la poesía cubana, como: Escrito en Cuba: Cinco poetas disidentes (1978).
Con esta décima entrega poética, Ángel Cuadra nos brinda diez soberbios sonetos de amor, que él adjetiviza de ocultos.
Como nos señala Carlos Casanova Cancio, amigo del poeta y prologuista de Diez Sonetos Ocultos, estos son ³poemas hechos como la secreta y única confidencia entre el autor y sus manuscritos, pues desde hacía algún tiempo estaban destinados a quedar, dentro de un sobre o un archivo, ocultos: de ahí su título².
Por suerte, para los amantes de la buena poesía, este hermoso y sencillo poemario vio la luz recientemente, confirmándonos, estas magistrales composiciones poéticas de temática amorosa, la trayectoria lírica de Angel Cuadra, como se desprende del cuarto soneto:

³Calladamente vas en mí viviendo
también vivo yo en ti calladamente.
Y mutuamente, siempre mutuamente,
por amor nos estamos rehuyendo.

Y, por amor, estamos recurriendo
a un pretexto casual, frecuentemente,
para encontrarnos, no tan casualmente
sino en complicidades reincidiendo.

Qué respetado amor, qué amor no siendo
más que una pública amistad presente,
en su ilegal presencia persistiendo.
Y así seguimos cotidianamente,
como en delito puro y fiel, viviendo
tú en mí, yo en ti, pero calladamente.


Tras la lectura de este breve poemario, quizás podamos aventurar que hay cierta resonancia de José Ángel Buesa o hasta nos recuerden los sonetos de Carilda Oliver Labra. Sin embargo, esta decena de poemas amorosos adquieren su propia identidad tras comprobar el genuino y elevado lenguaje poético que Ángel Cuadra utiliza con soltura y brillantez. De ahí el verdadero deleite que supone la lectura de Diez Sonetos Ocultos, este racimo de bellísimos y logrados sonetos, que recomendamos a todo buen lector de la más alta poesía.


Felipe Lázaro


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