"LO QUE NO PERDONO"
Al hombre... todo perdono.
Menos... querer que otros sean,
como él pretende han de ser.
¿Que sus guerras...? Las perdono.
¿Que sus celos...? Los perdono
¿Sus intrigas y egoísmos,
sus maldades y cinismos...?
Los perdono... Los perdono... los perdono...
Solo esto: ¡No me aflijas,
No me lleves a tus sueños!
¿De mis doblares de esquina?
¿De mis plegarias furtivas?
¿Mis semillas?... ¿Mis ortigas?
Eso es mío... no lo cambies...
No me obligues a tus celos,
pues no puedo perdonarte...
Tomé mis alas...Mis garras...
Y al ascenso...la caída...
Postréme en hito, un instante,
quebré de dolor mi espiga.
pero luego, en la esperanza,
en otro pliegue del manto,
surgió una estrella encendida.
Y los cantos... Y las orlas...
Y la nueva tentativa,
rasó la vieja parada
y remendó las heridas,
que el viento me ocasionó.
¿Que el vuelo, ingente, me hirió?
¿Que angosta el ala, lastima?
¿Que malgasto mi medida?
¿Que la lámpara es inútil
encenderla cuando es día?
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Qué me importa lo que pienses,
si quieres guardar, cavila...
Dobla tu espina hacia el suelo
y recoge tu emolumento.
Yo, de monedas lucientes,
la alforja llevo preñada,
mas, qué gastar, no aparece
pues mi moneda es baldía
en los caminos de otros;
la mía... es... sólo la mía.
No... por favor... No puedo.
No me pidas que perdone
la falta más condenable...
(falta que arrojó natura)
la execrable, la inmadura,
la que atormenta y calienta
las calderas de las furias;
la que por mucho que apure,
no podría, aunque quisiera,
contemplar como segura,
es esa falta de... ¡Apura!...
¡Toma mi huella!... ¡Sé esto!...
Ese obligarme a tu albura...
que... tal vez... será más grande,
y que... tal vez... sea más pura,
o que mitigue mi herida...
Pero, mi sangre, es mi sangre.
Y mi condena, la mía...
Y no puedo perdonarte
ese apurarme a tu vida....
Que la mía, lleva un sino...
La tuya... sea... la tuya...
Salvador Levy
01/27/62
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