Terminados así sus doce trabajos,
en los que invirtió otros tantos años, se despidió, Heracles, de Euristeo y se marchó
a recorrer el mundo, con la intención de hacer el bien a los hombres, poniendo a su
disposición su fuerzo prodigiosa y matando a sus enemigos. Realizó muchas empresas
gloriosas, y los oprimidos se alegraban, mientras temblaban los poderosos y los tiranos.