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EL CINTURÓN DE HIPÓLITA

 

En un país situado a orillas del Mar Negro, que en aquellos tiempos se llamaba Ponto Euxino, había un reino poblado solamente por mujeres guerreras que odiaban a los hombres y siempre estaban luchando con los pueblos vecinos, montadas en sus fogosos caballos, que manejaban con tan asombrosa maestría como el arco y la lanza, y el escudo para defenderse. Todas eran jóvenes bellísimas, que cubrían su cabeza con un casco o gorro de piel y vestían un ceñido traje, cubierto por una airosa capa que flotaba en el aire al correr los caballos.

La reina de esas amazonas se llamaba Hipólita y poseía un ceñidor  o cinturón maravilloso, que era la insignia de su mando y que le había regalado Marte, el dios de la Guerra, todo cubierto de piedras preciosas, del cual estaba prendada Admeta, hija de Euristeo. Este quiso complacer a su vanidosa hija y ordenó a Heracles que se lo llevara.

Como en este caso no se trataba de luchar con una fiera, sino con un numeroso y aguerrido ejército, el héroe se embarcó acompañado de un grupo de amigos, entre los que figuraban guerreros tan famosos como Teseo, Peleo y Telamón.

Llegados a  su destino, parecía que conseguirían fácilmente su propósito, pues Hipólita, se mostró dispuesta a entregar el ceñidor, que era la insignia de su mando; sin embargo, varias amazonas creyeron que los extranjeros trataban de apoderarse de su reina, y se sublevaron. La lucha se entabló en la playa y fue terrible; muchos hombres murieron y también cayeron muchas amazonas, pero Heracles se apoderó de Hipólita y ésta le entregó su cinturón a cambio de la libertad.

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