Como décimo trabajo, Euristeo ordenó a Heracles que le llevara
los bueyes de Gerión. Este Gerión era un monstruo que poseía tres cuerpos unidos
por el vientre, y un rebaño de hermosos bueyes que estaban guardados por un
gigantesco pastor, llamado Euritión, y por el perro Ortro, que tenía dos cabezas
de perro y siete de serpiente.
Para llegar a la isla de
Iritia, donde Gerión vivía, Heracles tuvo que atravesar toda Europa, hasta el
país de los tartesios, en el sur de la actual España, y cruzar también el Estrecho
de Gibraltar, donde levantó dos columnas en las montañas de ambos lados, llamadas
por ello "Columnas de Hércules", que éste era el nombre que los romanos dieron
a Heracles. Pero como la isla estaba mucho más lejos, en el tenebroso más de
Occidente, el héroe tuvo que cruzarlo en la barca que para este fin le prestó
Apolo.
Apenas había desembarcado
en la isla, cuando lo olfateó Ortro y se precipitó contra él. Heracles lo mató
a mazazos; igual suerte corrió Euritión, que acudió en su socorro, y Gerión
fue también abatido por las flechas del héroe, quien pudo ya entonces embarcar
los bueyes en la barca de Apolo.
Durante el largo regreso,
hubo de luchar con varios gigantes que pretendían apoderarse de su presa: primero
con Alebión y Dercino, hijos de Poseidón; después, con el espantoso Caco, monstruosa
criatura con sólo medio cuerpo de hombre, y por fin, con Erix, hijo de Afrodita;
pero a todos los venció.
Llegado a Micenas, entregó
los bueyes a Euristeo, quien los sacrificó en honor de Hera, la esposa de Zeus
y soberana del Olimpo.