LAS YEGUAS DE DIOMEDES

Diomedes era hijo de Ares, el terrible dios de la guerra, que es más conocido por el nombre romano de Marte; pero el hijo era mucho más temible que el padre. Reinaba en una población de la Tracia y poseía cuatro yeguas a las que alimentaba con los cuerpos de los extranjeros que las tormentas arrojaban a las costas de su reino. Las feroces yeguas siempre estaban sujetas con pesadas cadenas a sus pesebres de bronce.

Para nuestro héroe, fue un trabajo fácil apoderarse de ellas; pero cometió la imprudencia de dejarlo al cuidado de su amigo Abderos, y las repugnantes bestias lo devoraron. Heracles, furioso, les hizo entonces comerse a su propio dueño, Diomedes, y las llevó después a Euristeo. Este, cobarde una vez más, las puso en libertad, y las yeguas huyeron a refugiarse en el sagrado monte de los dioses, en el Olimpo, donde fueron a su vez devoradas por las poderosas fieras que en él moraban.


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