CAPÍTULO 2
LA HABILIDAD DE "TRASEGAR" MIS EMOCIONES EN LA CONCIENCIA DE OTRO

La habilidad de “trasegar” mis emociones en la conciencia de otro

En octubre de 1985 ocurrió el siguiente caso. Vino a consultarme el señor A., que era famoso por su teatro unipersonal, y también era gerente de una compañía teatral. Él me preguntó si se podría de alguna manera aplicar las fuerzas sobrenaturales o el potente intelecto, desarrollados gracias a la práctica espiritual, a la industria del entretenimiento.
Decidí demostrarle tal capacidad sobrenatural como la transmisión a otras personas de una imagen creada por fuerza de mi conciencia (en la práctica del yoga esta capacidad se describe como la fuerza sobrenatural que crea y destruye un mundo).
En mi cuarto de práctica estaba el señor T., que también había venido a la consulta. Y decidí transmitirles a ambos una misma imagen. Desde luego, no les dije de antemano qué imagen sería.
Pues bien, empecé a imaginar que yo realizaba una donación al Altísimo Dios Shiva expresándole con la misma mi adoración. De todo mi ser, como siempre, se apodero un deleite indescriptible. De repente ambos señores exclamaron al unísono: "Siento alegría". Por sus rostros se veía que ellos no mentían, entonces les expliqué: "Les envié la imagen de como hago donación al Altísimo Dios Shiva".
Después les envié una imagen de tristeza – de la tristeza provocada por la perdida de los seres queridos. Ambos señores exclamaron al unísono: "En mi alma surgió tristeza".
Hicimos unos cuantos experimentos más de la transmisión de emociones diferentes, por ejemplo, la ira, etc. Y todas las imágenes transmitidas fueron percibidas correctamente.
Así el señor A. descubrió que en la industria de entretenimiento se puede utilizar la fuerza sobrenatural con ayuda de la cual se transmiten a los espectadores las mismas emociones que siente el actor en la escena. El señor A. empezó a dedicarse obstinadamente a la práctica espiritual y logró en su actividad nuevos éxitos. Su actuación con aplicación de fuerzas sobrenaturales recibió reconocimiento total. Ahora, después de los espectáculos, él habitualmente pregunta a los espectadores sobre su estado emocional. Según dice él, los espectadores ahora reaccionan de otra manera absolutamente distinta (los espectadores mismos, desde luego, ni siquiera sospechan sobre sus prácticas y capacidades sobrenaturales).

La habilidad de escuchar un susurro desde una distancia de 15 metros

Otra curiosa capacidad sobrenatural es el clarioído.
Una vez, dos de mis alumnas y yo caminábamos por la calle entre la multitud en Shibuya (Tokio). Yo caminaba delante de ellas, a una distancia de aproximadamente quince metros.
Durante la marcha me concentraba en el Vishuddha-chakra ubicado en la garganta, por eso empecé a oír la conversación que ellas mantenían susurrando entre sí. Ellas estaban bastante lejos de mí; además, avanzábamos por una calle concurrida. Sin embargo, gracias a la fuerza sobrenatural pude oír su conversación.
A las mujeres les gusta charlar y habitualmente no presto atención a sus conversaciones. Pero esa conversación era especial. Ellas discutían los resultados del seminario de la adquisición de fuerzas sobrenaturales, que se había realizado aquel día. Ambas mujeres eran mis alumnas y yo quería que vieran todo correctamente. Por eso di vuelta, esperé hasta que se acercaran a mí y dije: "Ustedes se equivocan: ni una capacidad se manifestará hasta que llegue el momento".
Mis palabras, desde luego, las dejaron asombradas ya que hablaban tan bajito que nadie habría podido escucharlas. Debo señalar, sin embargo, que pude oír su conversación sólo porque me concentraba en el Vishuddha-chakra, habitualmente no presto oído a las conversaciones de otros.
Pero en el caso de clarioído todos los sonidos y palabras independientemente de la distancia son distinguibles tan claramente que parece que su fuente está en algún sitio muy cerca.

La capacidad de cambiar el estado de tiempo con ayuda de la oración y el encendimiento del santo fuego

En invierno en Tanzaza (área montañosa cerca de Tokio) teníamos un seminario intensivo durante seis días y cinco noches. Los participantes se alojaban en una villa montañosa llamada Seizan. Durante los inviernos los autobuses no van allá y por eso tuvimos que caminar. Todo el camino ocupa una hora y media si uno camina rápido, y si camina sin prisa – unas tres horas. Pero durante la lluvia el camino se vuelve especialmente difícil. Mientras tanto, se suponía que en el seminario participarían setenta personas, entre las cuales había también gente enferma.
Era de desear que, por lo menos, el día de la llegada y partida hiciera buen tiempo. Pero un día antes de nuestra ida a la villa llovía un poco, y para el día de la partida el pronóstico meteorológico también preveía lluvias. Me marche un poco antes de los otros y dije a mis alumnos, que tenían que partir más tarde: "Para su viaje yo les haré buen tiempo".
En semejantes casos no queda más nada que acudir al yoga ceremonial. Pedimos ayuda a los dioses y les hacemos ofrendas, quemando en el fuego palitos de madera de los cuales se arma un altar triangular. Pues, cuando mis alumnos, que habían salido más tarde que yo, se aproximaban a la villa el cielo sobre sus cabezas estaba sin nubes gracias a la virtud o la fuerza de los dioses. La tierra bajo los pies prácticamente estaba seca y casi no había barro.
Llovía también un día antes de nuestro regreso. De nuevo realicé la ceremonia de donaciones sobre el fuego y me dirigí con oraciones a los dioses. Mi deseo se cumplió: los dioses nos regalaron un cielo claro sin nubes. Todos los participantes del seminario disfrutaron de lleno de un hermoso tiempo y admirables paisajes montañosos.
El administrador de la villa, los antepasados del cual también vivían en ese lugar, nos dijo: "A veces en otoño hay días tan claros, pero para el invierno es una gran rareza".


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