Participantes

Gran Hermano 1

Gastón Natalia
Marcelo Tamara
Gustavo Verónica
Fer Eleonora
Santiago Patricia
Martín Daniela
Ale Lorena

Gran Hermano 2

Yasmín Gonzalo
Carolina Javier
Silvina Roberto
Ximena Maxi
Magaly Pablo
Ale Luis
Máximo Gustavo
Página principal
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Mujeres - Gran Hermano 2

Silvina Luna

Silvina nació en Rosario hace 21 años, aunque actualmente vive en Buenos Aires. Vino hace más de tres años con el objetivo de estudiar teatro y trabajar para ayudar a su familia. Fue recepcionista, promotora y modelo, lo que le permitió vivir durante varios meses en Miami junto a una amiga. Se autodefine como una persona muy luchadora, que siempre se pone objetivos y casi siempre los cumple, aunque le demande mucho esfuerzo. Le duele vivir lejos de su familia, compuesta por su papá, su mamá y un hermano de 15 años a quien adora, pero sabe que es la única manera de ofrecerles una ayuda económica. Sincera y extrovertida, tiene consciencia de sus defectos y virtudes y no teme mostrarlos. “Soy sensible, cariñosa, demasiado frontal, caprichosa, cabeza dura y tengo carácter fuerte cuando me enojo”, resume sobre sí misma esta rosarina de ojos celestes y curvas pronunciadas. Da y espera mucho de la gente que la rodea, lo que la lleva a ilusionarse y decepcionarse demasiado seguido. “Entregó todo por los que quiero, pero cuando me defraudan sufro demasiado”, confiesa sin arrepentimientos. Amante de la naturaleza, Silvina disfruta de andar en rollers por las calles de Buenos Aires en sus ratos libres. Le gustan los deportes, especialmente la gimnasia. Lejos de su familia biológica, sus amigas porteñas se convirtieron en su malla de contención. Y a la hora de hablar de sus afectos, cada una de ellas ocupa un lugar preponderante. Vive sin términos medios. Y de la misma manera que vino a Buenos Aires a jugarse por lo que quería, el teatro, más tarde hizo lo mismo cuando conoció a Juan Pablo, su primer y -hasta ahora- único amor. “Lo amé más que a mi vida, me entregué entera y me jugué hasta más no poder”, recuerda orgullosa a pesar de que la relación haya terminado. “No podíamos vivir separados, viví un año de sueño, era mi príncipe azul y pensé que era para toda la vida”, agrega nostálgica. Más tarde, cuando terminó la relación, Silvina vivió momentos muy difíciles y se fue a trabajar de modelo a Miami. Un nuevo encuentro con su ex novio la tentó a volver nueve meses después, pero una vez más se desilusionó al encontrarlo con otra chica. Fiel a su estilo, Silvina no dio el brazo a torcer y todavía espera que Juan Pablo cambie. “Si no fuera tan mujeriego me casaría con él”, asegura. A pesar de no poder olvidar a su ex, quiere dar vuelta la hoja y vivir algo nuevo. “Tengo ganas de volver a enamorarme, de volver a sentir eso tan lindo, de encontrar un compañero de verdad , que me quiera y me respete”, dice dejando volar su imaginación. Tal vez la Casa de Gran Hermano hospede a quien pueda ofrecerle ese amor tan esperado.

Alejandra Martínez

Tiene 23 años, nació en Córdoba y es de Tauro. Es soltera y vive con su familia. Sus padres están separados y tiene dos hermanas y dos hermanos. “Mi vida fue de chiquita muy familiar, me encantaba jugar con mis hermanos”. Además, disfrutaba mucho la compañía de innumerables primos. En el colegio siempre fue aplicada: fue abanderada en varias ocasiones. Le faltan tres materias para recibirse de contadora pública y está haciendo una pasantía en el rubro contable. Además, es modelo publicitaria. “Terminé el secundario y empecé la universidad; en segundo año empecé a trabajar, a pesar de que me costaba un poco el sacrificio ya casi termino”. Las profesiones que más le gustan son empresaria, modelo y actriz. El amor llegó a los 17 años. Siempre fue muy apegada a su novio, aunque estuvo separa de él durante dos años. Después, el cariño volvió. Ahora comparten momentos juntos hace un año y medio. “Dios me dio cosas lindas, como un novio excelente”, dice. Alejandra se considera una persona sensible, perseverante y optimista. Reconoce ser algo tímida y ansiosa; aunque sabe que es capaz de lograr los objetivos que se propone. “Necesito que los demás sean sinceros conmigo, que le den importancia a las pequeñas cosas, que me tengan en cuenta, que me demuestren los sentimientos y que me apoyen”.

María Ximena Capristo

Imparable. Esa es la mejor calificación que se le puede dar a Ximena. Además de practicar aero-box y step, le dedicó mucho tiempo a la gimnasia deportiva, hasta que sufrió una lesión que la obligó a abandonar esa actividad. Pero no abandonó los deportes: practica acrobacia y juega al Squash. Además, esta chica de 24 años encuentra tiempo para otras actividades: salir a correr, andar en bicicleta y en rollers. Pero su vida no se acaba en los deportes. Hoy Ximena está cursando segundo año de Ciencias Económicas en la Universidad de Buenos Aires, después de algunos años de trabajo como barwoman. El relato de sus años de trabajo parece una pequeña odisea: “Hasta hace dos años trabajé en la barra de un bar, pero no era feliz con mi vida. Entonces, decidí cambiar, me anoté en la facultad y dejé atrás el sacrificio que hacía día a día para soportar la presión laboral”, relata. “Hoy no puedo ir de shopping, pero soy feliz por dentro”. Se califica a sí misma como una persona “habladora y habladora. Soy audaz, capaz, segura y un poco materialista”, agrega, aunque deja un poco de lugar a la ternura: “También soy muy familiera”, aclara. Su familia está compuesta por su mamá de 53 años, y su hermana de 13. Además, sus otros amores son sus perros. Tiene un Gran Danés de nombre Greta, y otros dos perros raza Pila, llamados Dilo y Maxi. Le encanta dibujar caricaturas de personalidades famosas (políticos, artistas y deportistas), y también estudió teatro durante un tiempo. “Soy enamoradiza y extremadamente celosa”, reconoce, y agrega: “De los demás, necesito que me quieran y me cuiden. Y lo que más odio es que la gente no sea frontal, y que no me digan las cosas de frente”, advierte. Veremos cómo se lleva con los otros participantes de Gran Hermano, donde podrá poner a prueba su sinceridad.

Yasmín Schmidt

Tiene un título universitario en Ciencias Sociales. A pesar de eso, lo que más quiere hacer es actuar. Por eso dejó el trabajo y la facultad. “Dejé todo para volver al teatro. En este momento estoy estudiando comedia musical”. Estudió con Pepe Cibrián y trabajó en “Las Mil y Una Noches”. Yazmín ahora está desocupada y busca trabajo. Vive desde chica en Banfield con su familia: el padre, la madre y una hermana. Además, en su casa viven cuatro perros. Los animales la apasionan. “Siempre me gustaron mucho los animales. Mi mascota era una gallina a la que llevaba a todos lados”, relata. Dedica su tiempo libre a la lectura. Le gustan todos los libros menos los de autoayuda. Sus escritores preferidos son Fernando Savater y Julio Cortázar. También le gusta pasar el tiempo libre con sus amigos. “Mis amigos son una de las cosas más importantes que tengo; sin ellos no sé que haría. Lo que más me dolería es que alguno de ellos me defraudara”, confiesa. Ella se define como una persona simpática, divertida y sociable. “Tengo buen humor hasta que me lo sacan”, amenaza. También es indecisa, algo insegura y muy contradictoria. Siempre necesita que los demás le den afecto. Entró al programa para ganar el premio, pero también para conocer gente y vivir la experiencia.

Magaly Rodriguez

Magaly tiene una razón bien concreta para ganar el premio de Gran Hermano: quiere poner un taller de día para chicos discapacitados. Es por eso a que con sus cortos 22 años decidió dejar por unos meses su Mar del Plata natal para internarse en el mundo de la TV que rodea al reality show más visto de la Argentina. Estudia Terapia ocupacional y desde el año ´95 trabaja de promotora (sus medidas -85-62-92- son una ayuda), pero como ella dice, “los sueldos no dan para derrochar”. Es por eso que decidió entrar a la Casa e ir en busca de la recompensa mayor, lo que le daría un importante empujón a su proyecto. No tiene novio y su familia está compuesta por su mamá, su papá y tres hermanas, dos de ellas gemelas. De su infancia no tiene el mejor recuerdo, ya que sus padres estuvieron durante los primeros años siempre ocupado en por la enfermedad de otra hermana, quien más tarde falleció. Durante ese tiempo fue criada por unos tíos, a quienes ella llama sus “segundos papás”. “Esto me impidió poder aprovechar a mis padres al máximo, ya que por viajes y demás casi no nos veíamos”, recuerda con algo de tristeza Magaly. Al igual que la mayoría de los participantes, se lleva muy bien con los deportes. Juega al hockey y es profesora de aerobics, lo que le demanda un entrenamiento diario para para mantenerse en forma y poder cumplir con su trabajo. Su tiempo libre lo reparte entre las artesanías y andar en moto, dos de las actividades que más disfruta hacer. Cuando le sobra un rato, también le dedica algunos momentos a tocar la guitarra. Magaly se define como una persona bastante social, aunque también necesita de sus ratos de intimidad para estar sola y reflexionar sobre sus cosas. “Jamás tuve problemas de integración”, asegura con plena confianza en si misma. “Necesito que me escuchen, que me entiendan y que me respeten, y lo más importantes: que sean sinceros conmigo”, confiesa imaginando a sus futuros compañeros. Si bien trabaja de promotora, sus mayores esfuerzos están centrados en el estudio. Cursa para ser terapeuta ocupacional, “una carrera muy importante” para ella. Su objetivo de poner un taller de día para niños discapacitados está estrechamente ligado con su carrera y con lo que desea hacer en los próximos años. Sin embargo, esta no es la única motivación para entrar a la Casa: a Magaly también le encanta el mundo de la tevé y todo lo que la rodea. Los objetivos los tiene claros, ahora resta lo más difícil: entrar a la Casa e intentar llevarlo a cabo.

Carolina Chiapetta

Los aviones y las pistas son parte del paisaje para Carolina Chiapetta. Es que además de trabajar para una compañía aérea en el Aaeropuerto de Ezeiza, vive muy cerca de ahí, en una casa que comparte con su madre. Hoy tiene 22 años , pero aunque asegura que su infancia fue muy feliz, debió sobreponerse a la muerte de su padre, ocurrida en 1995. Es hija única, y su mejor amiga es su mamá, una siciliana que llegó a la Argentina hace 40 años. Carolina asegura que es muy familiera. Le encanta pasar tiempo con sus tíos, sus primos y su sobrinito, y también adora a su perro, el tercer habitante de su casa en el Barrio 1 de Ezeiza. “Trabajo en el aeropuerto, y la mayor parte de mis amigos son de ahí”, aclara, aunque después reconoce que no tiene demasiadas amistades. Tiene novio hace un año, pero desde hace un par de meses está en crisis. “Con Guillermo, mi última pareja, entramos hace dos meses en otra etapa, y hoy nos tomamos un tiempo. De cualquier manera, lo quiero y lo respeto mucho”, se ocupa de aclarar. Al hablar de sus expectativas, Carolina se muestra segura de lo que puede conseguir. “Estoy muy orgullosa de mis logros, y espero seguir sembrando muchos más”. Su llegada a la Casa de Gran Hermano marca una nueva etapa en su vida. Al hablar de sí misma, no ahorra palabras críticas. “Soy una persona muy generosa, aunque por ser hija única soy bastante caprichosa y celosa también. De todos modos, con mis afectos soy muy leal e incondicional”. “De los demás, siempre necesito demostraciones de cariño”, aclara. Caricias, entonces, será lo que veremos alrededor de Carolina cuando esté en la Casa.

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