| EL HOMBRE DEL 74 Domingo. 2:48 am. Departamento 64. La llave entra por la cerradura a la puerta principal. Un joven llega tambaleando con la mano temblorosa para entrar lo más pronto que le sea posible. La casa está totalmente revuelta en muebles volteados, basura tirada en el piso, botellas de vino vacías… Se enciende la grabadora, la energía circula en un casete viejo que él acaba de poner y comienza una música monótona española. 3:12 am. Justo arriba, en el departamento 74 dos ojos de pronto se abren simultáneamente al máximo; dos mosquitos, un resorte clavado en la espalda y el volumen de esa música levantan al hombre que ya dormía en la cama. Es la tercera vez que se escucha la misma canción odiosa; el vaso de vidrio se llena en la leche, hace frío, los cánticos del tipo de abajo son estruendosos. Cómo se le ocurre a las tres de la mañana poner su musicota en un multifamiliar donde viven hombres, mujeres, niños y ancianos, además de un hombre con insomnio de sueño que vive justo arriba de aquel tipo raro. |
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3:23 am. Departamento 64. El cigarro de marihuana se enciende por segunda vez después de haber sido apagado con la lengua; ese tipo se levanta, camina al tocador, gira hacia arriba el pintalabios, mientras pinta el rostro del ser amado en la pared rota, y la distorsionada música a todo volumen: “No sé, ¿por qué?, por qué te quiero tanto?”. Maldita canción, son las 3:45 y ya van quince veces que la repite. El hombre de arriba regresa a la cama, matará un mosquito, acomodará el resorte y buscará una posición para intentar volver al sueño. 4:06 am. El edificio completo se ha despertado, pero nadie enciende las luces. Un bebito se puso a llorar y guardó silencio cuando le dieron su mamila, pero el maldito del 64 sigue llorando con la misma canción gritando a todo volumen. En el 74 está encendida la luz, ¿por qué nadie protesta?, pues claro, ya están acostumbrados; estamos en una ciudad donde prefieren pachangueársela más que reír o hacer el amor, y aún más cuando se trata de un hombre solitario con la mente destrozada que sigue, sigue fumando y tomando y cantando por vez ventiocho la misma canción; como si estuviera probando la resistencia del hombre del 74. 4:44. El hombre del 74 se retuerce del dolor de estómago, ha soltado demasiada bilis por disfrutar la manera de vengarse del tipo de abajo; se levanta, tal vez por el sueño creyó que era otro edificio donde estaban disfrutando la reunión nocturna, pero no es cierto, la ventana abierta le hace comprobar que es exactamente el departamento de abajo, donde además se están masturbando en el piso mientras cantan, lloran y la grabadora a todo volumen. Son casi las 5:00, qué no sabe el tipo que hoy es dormingo, dor-min-go, que es de rigor dormir toda la noche y ya no despertar jamás hasta la una de la tarde. No, parece que no, sigue llorando y cantando sin poder consolarse. Qué tipo tan marica, ya es admisible ese adjetivo a estas alturas. 5:26. “¿Por qué?, ¿por qué te quiero tanto?, ¿por qué te quiero tanto?, ¿por qué?, ¿por qué te quiero tanto?, ppppooooooooorrrrrrrrrr qqqqqqquuuuuuueeeeeeeeeeeettttttttttteeeeeeeeeeeeee qqqqqqqqquuuuuuuuuuuuiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiieeeeeeeeeeeeeeeeerrrrrrrrrrrrrrrrrooooooooooo tttttttttttttttttaaaaaaaaaaaaaaaaaaannnnnnnnnnnnnnnntttttttttttttttttttttoooooooo” La aguja se exprime en el interior de una vena y los ojos se ponen en blanco, pero él sigue cantando y sigue llorando, ya se puede ver un charco de lágrimas empapando el piso. Llora porque ella no lo quiso besar, ni siquiera volver a verlo. “¿Por qué has cambiado tanto?, ¿o es que así eres verdaderamente?”, pero él no entendió y comenzó a estrujarla tan fuerte, que los demás tuvieron que ponerle una golpiza para que se largara. 6:51. La luz se aclara, el hombre del 74 saca la cabeza de la colcha y mira la ventana, nunca pudo dormir. Y ya se le había ocurrido bajar a su puerta para simular con una pistola bajo la chamarra que si no se callaba, en este mismo instante lo silenciaba a punta de plomazos, pero no, era una idea muy radical, además, ¿cómo saldrían las balas por los dedos si de verdad quería matarlo? Entonces optó por algo menos radical, tomar una lata de atún, abrir la ventana y arrojársela a su vidrio en pedazos para sacarlo del trance. “Hijo de perra”, así lo hizo y nadie se escuchó más que el tipo de abajo con la grabadora que seguía llorando, “por qué te quiero tanto”. De verdad estaba triste. “¿Te vas a callar de una buena vez pendejo?, ya gasté una lata de atún por tu culpa y luego me va a hacer falta, por tipos como tú estamos en crisis”. Bueno, por lo menos ya se ha desahogado. El tipo del 64 toma una navaja y se parte los labios, el lugar exclusivo del ser humano para besar, para mostrar amor, y como ya no lo tenía decidió quitárselos, después vinieron los ojos, ahí donde la vio por primera vez, y también sacó las fotos y comenzó a tragárselas una por una, siguió dibujando su cara con el pintalabios y la pared parecía que estaba sangrando. Aunque la adrenalina se le ha subido demasiado, el hombre del 74 decidió calmarse y fue al baño a relajarse en la regadera, pero no, el tipo de abajo estaba loco; son casi las ocho de la mañana y sigue llorando, el maldito casete ya debe estar harto de girar tanto y de nuevo pasar por la parte donde se hace la pregunta tan idiota y enfermiza, “por qué te quiero tanto”, “¡chingada madre, pues por mis puros cojones!”, el hombre de arriba está harto, así que decide bajar a callar a ese imbécil tomando su antigua credencial de estudiante y haciéndose pasar por falso policía; ordenará que si no se calla lo hará refundir en la cárcel 24 horas sin derecho a fianza. Así que baja a tocar, la grabadora está tan alta, que ni siquiera escucha “a qué hora te vas a callar”, pero el ruido estruendoso sigue sonando. En un momento hasta la música dejó de sonar y aún así el tipo seguía llorando. 10:28 de la mañana. Nadie en los pasillos del multifamiliar, sólo el hombre del 74 sentado en las escaleras con el firme propósito de esperar a que salga para ponerle una golpiza. Ya se ha lanzado por quinta vez el cuerpo contra la puerta sin lograr tirar las cerraduras o las bisagras, incluso ya ha deslizado por debajo un te voy a matar sin encontrar respuesta. 1:14 de la tarde, el hombre del 74 sigue en la escalera de la puerta sin haber comido, a su lado el vómito de bilis acumulado de toda la mañana y una expresión furiosa trabada en la cara, inmóvil, seguirá esperando hasta que salga, a ver quién se cansa primero. 3:43 pm. La música sigue llorando y cantando. Este tipo había llegado al límite de la paciencia y el hombre del 74 estaba incontrolable sobre la puerta. Algunos trataban, pero su furia puso fuera de combate a tres hombres y una señora que intentaban calmarlo. Una niña de dos años le dijo ”cámese toto”, pero también la mandó al piso de un puñetazo. El escándalo comenzó y todos los inquilinos del edificio salieron a ver lo que pasaba. “Hey!, llamen a la policía”, “viene de la puerta que está golpeando”, “¡vamos ruco!, déle duro, usted puede, se tiene que abrir”. “Ahí viene la policía, son antimotines”, “cuidado, es peligroso”, “¡dispárenle!”, “no, hay una bebita en el piso, si cae sobre ella la puede aplastar”, “suban todos”, “¡abran paso!”, “pásame el altavoz…” “HEY, HOMBRE CÁLMESE” - ¡Esta pinche puerta, tengo que callar esa músicaaaa!… - Cálmese y le ayudamos - Deténganloooo… A pesar de que el hombre no tenía energías, logró deshacerse de los dos primeros policías, pero llegó el gas y los ojos lo cegaron, después el cachazo en el estómago y la espalda y al final la patiza en el piso para asegurarse. “Vas directo al bote, pendejo” La música y el llanto seguían cantando. Los antimotines comenzaron a golpear la puerta hasta que por fin logró abrirse, entraron a registrar y al final de la sala descubrieron un cuerpo en el piso. Los policías preguntaron que si su furia se debía a eso. Una mujer respondió que el tipo del 64 llevaba más de doce horas cantando y llorando y el del 74 que estaba en la patrulla, a penas pudo levantar la cara para decir que no había podido dormir por su culpa. - Pero si lleva más de veinte horas muerto – Dijo un policía El hombre del 74 se asfixió de pánico. La voz cantante y el llanto del hombre seguían sonando. |
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