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La Virgen María y los Santos
JUAN
DIEGO
CUAUHTLATOATZIN
San
Juan Diego Cuauhtlatoatzin (que significa: Águila que habla o El
que habla como águila) es conocido por el Acontecimiento Guadalupano,
que consiste en las Apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe, que
tuvieron lugar en el año de 1531, y en donde, Juan Diego fue uno de los
protagonistas centrales.
Juan Diego nace
en torno al año 1474, en Cuauhtitlán, que pertenecía al reino de Texcoco;
y su muerte tuvo lugar en 1548, poco después de otro importante
protagonista de ese Acontecimiento, el arzobispo de México, fray Juan de
Zumárraga.
Juan Diego es llamado embajador-mensajero de Santa María de Guadalupe. Fue
beatificado en la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe de la ciudad de
México el 6 de mayo de 1990 por el Papa Juan Pablo II, durante su segundo
viaje apostólico a México.
Desde el siglo XVI, existen documentos en donde se sabe de la vida y
fama de santidad de Juan Diego, uno de los más importantes fue, sin lugar a
dudas, las llamadas Informaciones Jurídicas de 1666, importante
Proceso Canónico, aprobado después por la Santa Sede y constituido como
Proceso Apostólico, cuando se pidió la aprobación para celebrar la Fiesta
de la Virgen de Guadalupe los días 12 de Diciembre. Estas Informaciones
están constituidas por testimonios de ancianos vecinos de Cuauhtitlán
(alguno de ellos de más de cien años de edad); quienes testificaron y
confirmaron la vida ejemplar de Juan Diego. Uno de estos testigos, Marcos
Pacheco, sintetizó la personalidad y la fama de santidad de Juan Diego:
“Era un indio que vivía honesta y recogidamente y que era muy buen
cristiano y temeroso de Dios y de su conciencia, de muy buenas costumbres y
modo de proceder, en tanta manera que, en muchas ocasiones, le decía a este
testigo su Tía: «Dios os haga como Juan Diego y su Tío», porque los tenía
por muy buenos indios y muy buenos cristianos”; otro testimonio es el de
Andrés Juan quien decía que Juan Diego era un “Varón Santo”; en estos
conceptos concuerdan, unánimes, los otros testigos en estas Informaciones
Jurídicas, como por ejemplo: Gabriel Xuárez, doña Juana de la
Concepción, don Pablo Xuárez, don Martín de San Luis, don Juan Xuárez,
Catarina Mónica, etc.
Juan Diego, efectivamente, era para el pueblo “un indio bueno y
cristiano”, o un “varón santo”; ya sólo estos títulos bastarían
para entender la fortaleza de su fama; pues los indios eran muy exigentes
para atribuir a alguno de ellos el apelativo de “buen indio” y mucho
menos atribuir que era tan “bueno” que llegaba a considerarse ya
“santo” como para pedirle a Dios que a sus propios hijos o familiares
los hiciera igual de buenos y santos como a Juan Diego.

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