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SAN
GABRIEL de la DOLOROSA
religioso
(+ 1862)
El
primero de marzo de 1838 nacía en Asís el undécimo de los trece hijos que
tendría la familia Possenti. El día de su bautismo le impondrían el
nombre de Francisco, que al vestir el hábito de religioso pasionista lo
cambiaría por el de Gabriel de la Dolorosa. Cuando tenía cuatro años
perdió a su madre, y, su padre, que era un magnífico cristiano, supo
suplir a su esposa en la educación cristiana y cívica de sus hijos.
Siempre Gabriel recordará con gran afecto y gratitud las huellas de virtud
y sólidos ejemplos que le diera su padre.
Marchó a
estudiar a Espoleto y se dejó arrastrar por la alegría de la juventud alejándose
un tanto de la virtud que había practicado en la casa paterna. Francisco
era elegante, educado, simpático y cuidaba mucho su persona. Era natural
que las amistades no le faltasen. Cuidaba su cuerpo y ungía su cabellera
con costosos perfumes. Muy amante de los deportes y,... uno más entre todos
los amigos. Donde él estaba, allí reinaba la alegría y el buen humor.
Bailaba muy bien y hasta llegó a merecerse el sobrenombre de "el
bailarín". A pesar de esta vida alegre nunca mancilló su alma con el
pecado mortal...
El cielo
velaba sobre este privilegiado joven... Estudió primero en los Hermanos de
las Escuelas Cristianas y en los Jesuitas después. Todos dejaron una
impronta en su alma. Tuvo varios avisos que le hacían pensar en la vida que
llevaba y en el más allá. Primero fue una enfermedad en la que prometió
entregarse más de lleno a la virtud y menos al mundo... Como siguió igual
que antes una vez restablecida la salud, después volvió a caer más
gravemente y su promesa también pareció más seria y formal. Pero la
conversión definitiva le vino al llegarle la muerte de su hermana María a
la que más quería entre todos sus numerosos hermanos. Tan honda fue la
impresión que le causó que decidió abandonar las relaciones que tenía
con una buena chica pensando formar el día de mañana un matrimonio
cristiano y decidió abrazar la vida religiosa. Así lo manifestó a su
padre. Éste, como era de esperar, no se opuso a la decisión de Francisco.
Cierto día
estaba contemplando el paso de una procesión en Espoleto, de la Virgen María,
una de esas veneradas imágenes que se dicen pintadas por San Lucas. Era el
día de la octava de la Asunción de 1856. Al pasar delante de él vio que
la Virgen María se quedaba mirándole con gran cariño y le pareció oír
de los labios de aquella bendita imagen: "Francisco, el mundo no es
para ti. Debes entrar en religión". Y entró en el Noviciado de los
Pasionistas.
Pronto empezó
a llamar la atención de sus compañeros y superiores del noviciado
pasionista. Pasaba largas horas entregado a la oración. El P. Maestro se veía
obligado en tantas ocasiones a prohibirle que castigara tan bárbaramente su
cuerpo. Por otra parte era el primero en los trabajos manuales y siempre
dispuesto a hacer los más humildes. Nadie podía cogerle en la falta más mínima
de observancia de la Regla y Constituciones. Era más bien una "regla
viva".
Desde un
principio se distinguió en su fervoroso e ilimitado amor hacia la Virgen
María... Hasta a veces se privaba de ver cosas deleitables y cerraba los
ojos "para conservar toda la potencia visiva y así poder contemplar más
fielmente a la Virgen María en el cielo". Solía decir: "Amo
tanto a la Virgen María, que es mi Madre, que si los superiores me lo
permitieran grabaría su nombre en mi corazón y en mis carnes con letras de
fuego".
Por fin, a
sus 24 años, el día 27 de Febrero de 1862, expiraba, mientras decía:
"Jesús, José y María os doy..." Antes había dicho: "Madre
mía, te amo. Madre, ayúdame. Madre, defiéndeme del enemigo y ampárame a
la hora de mi muerte".
Cuando
estudiaba teología, le parecía oír a las almas que un día Dios le
encomendaría, que le gritaban: "No pierdas el tiempo. Prepárate bien
para conducirnos por los caminos de Dios". Esto le estimulaba. Buen
modelo para estudiantes.
(Los años
bisiestos, se festeja su fiesta el 28 de Febrero)
Publicado
originariamente en http://magnificat.qc.ca/cal/esp/main.htm
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