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La Virgen María y los Santos
SANTA
TERESA DE LISIEUX.
"Doctora
de la Iglesia".
Sus
Primeros años.
Teresa
Martin nació en Alenson, el 2 de enero de 1873. Era la menor de nueve
hijos, pero cuatro de ellos murieron en la infancia y los cinco
sobrevivientes eran niñas. Las cinco hermanas abrazaron sucesivamente la
vida religiosa, cuatro de ellas, entre las cuales estaba Teresa entraron al
Carmelo de Lisieux y la otra al Convento de la Visitación, en Caen.
Su
inteligencia se desarrolló desde muy tierna edad. Cuando contaba apenas
tres ñaños, su madre escribió de ella: ¡Qué cosita tan extraña es mi
bebé! me besó el otro día diciéndome al mismo tiempo que quería que me
muriera. ¡Oh! "¡Cómo quisiera que te murieras, mamita
querida!". La regañé pero propuso con aire de asombro: "Pero es
porque quiero que te vayas al cielo y dijiste que para ir allí tenemos que
morirnos. En sus explosiones de afecto con su padre ha expresado los mismos
deseos.
Cuando
Teresa tenía solamente cuatro años y medio su mamá murió y el padre,
salió de Alenson con sus cinco niñas, hacia Lisieux con el fin que
estuvieran cerca de los parientes de la madre.
Allí
vivieron en una modesta y confortable casa en las afueras de la ciudad,
llamada "Les Buissonets". "Me encantó la casa que alquiló
mi papá. La gran ventana desde la que se tenía una enorme vista, el jardín
con flores al frente, el jardín de la cocina atrás todo esto parecía
deliciosamente nuevo a mi mente infantil y este feliz hogar fue el escenario
de muchas alegrías y de reuniones familiares que no podré jamás olvidar.
En
cualquier otro lado me sentía yo como una exiliada. Lloré y me acongojé
por aquí mi pequeña vida se expandió y sonreí nuevamente a la vida.
Su
hermana Paulina entra el convento.
Cuando tenía
ocho años, la pequeña Teresa fue enviada al Convento Benedictino de
Lisieux para que la educaran, pero poco después sucedió algo que alteró
el cauce de su vida. Su hermana paulina quien desde la muerte de la madre
había sido para ella una segunda madre, decidió entrar a la Orden
Carmelita.
Esto dirigió
los pensamientos y las aspiraciones de la niña hacia la vida religiosa a
tal grado que habló de ello con la Madre Superiora de las Carmelitas, quien
se sintió obligada a posponer indefinidamente la petición de una
postulante de nueve años. Pero desde entonces la niña nunca flaqueó en su
decisión de hacerse Carmelita. La veremos llegar finalmente a la meta de
sus ambiciones, pero primero hubo de pasar por muchas pruebas.
Sus múltiples
pruebas.
La primera
fue una grave enfermedad, acompañada de extraños síntomas que desafiaron
completamente la habilidad del doctor. El cuidado cariñoso de la familia no
lograba resultados y no fue sino hasta durante una novena a Nuestra Señora
de las Victorias que la enfermedad cejó repentinamente
En
contestación a las fervientes oraciones de las hermanas, en las que tomaba
parte de la pequeña paciente, la imagen de Nuestra Señora que estaba en el
cuarto le pareció a la niña que avanzaba hacia ella, sonriéndole
graciosamente. "De repente" escribe en su autobiografía, "la
estatua se animó". La Virgen María se embelleció, tanto que nunca
encontraría yo expresión adecuada que describiera tan divina beldad"
. "Su cara estaba radiante de dulzura, de bondad y de una inefable
ternura; pero lo que penetró hasta lo más profundo de mi ser fue su
arrebatadora sonrisa. Entonces desaparecieron mis dolores. La Santísima
Virgen se adelantó hacia mí, me sonrió cuan feliz soy, pensé para mí
misma, pero no lo diré a nadie porque entonces esta felicidad desaparecerá"
Otra de
sus hermanas entra al convento.
Cuando
Teresa tenía trece años, su hermana mayor María siguió el ejemplo de
Paulina y entró al Carmelo de Lisieux; desde ese momento hasta su propia
entrada al Carmelo, dos años después, su hermana Celina fue su íntima
confidente. "Celina había llegado a ser especialemente desde la
Navidad, la confidente de mis pensamientos. Jesús que quería que las dos
adelantáramos juntas, formó en nuestros corazones lazos más fuertes que
los de la sangre. Hizo que nos volviéramos almas hermanas."
Durante
todo este período la atracción del Carmelo se volvía más intensa hasta
que al fin, cuando tenía unos catorce años y medio, decidió hablarle a su
padre acerca de esto. El relato de esta platica con su padre está
bellamente descrito en su "Vida". Me habló como si fuera un
santo, dice ella. "Acercándose a una pared me mostró unas florecitas
blancas, como azucenas miniatura, y tomando una de esas flores me la dio,
explicándome los cuidados que Dios había tenido para hacer que la flor
creciera y para conservarla. Creí estar escuchando mi propia historia,
tanto era el parecido entre la florecita y la pequeña Teresa".
Dificultades
de Teresa para entrar al convento.
Pero aún
cuando su padre dio tan generosamente su consentimiento, los otros permisos
que eran necesarios no fueron obtenidos tan fácilmente. La superiora del
convento se oponía a que entrara a tan tierna edad y el Obispo de Bayeux,
ante quien Teresa fue a defender su causa aún cuando se sintió sorprendido
por la precoz vocación de la niña y aun más por la generosidad del padre
de ella, se sintió obligado a dar una respuesta evasiva también en vista
de su extrema juventud.
Pero nada
podía vencer la firme resolución de la muchacha de triunfar pasando por
todos los obstáculos. Poco después su padre la llevó a Roma con una
peregrinación de la diócesis de Bayeux y en el curso de la audiencia que
el Santo Padre, León XIII concedió a los peregrinos, el ardiente deseo de
Teresa de hacerse Carmelita triunfó sobre su natural timidez y le dio el
valor para dirigirse al mismo Santo Padre. "Santo Padre", dijo la
niña en honor de su jubileo permítame entrar al Carmelo cuando tenga yo
quince años.
Su valor no
tuvo éxito inmediato para conseguir la ansiada respuesta, pero el Obispo de
Bayeux, cuando supo posteriormente lo que había sucedido en el Vaticano,
escribió al Carmelo de Lisieux dando su consentimiento a la petición de la
joven postulante. Era el Día de los inocentes de 1887 y se decidió que
Teresa podía entrar como postulante al Carmelo después de la cuaresma.
Teresita
no era partidaria de las mortificaciones extraordinarias.
Este tiempo
de espera fue pasando en oraciones y en la preparación. "Resolví"
dice ella, entregarme más que nunca a una vida severa de mortificación. Al
decir "mortificación" no quiero hablar de las penitencias de los
santos. Lejos de parecerme a esas bellas almas que desde la infancia
practicaban toda clase de disciplinas, hice consistir mi meta totalmente en
destruir mi voluntad, reprimiendo toda palabra de réplica, haciendo pequeños
servicios a los que me rodeaban si que se dieran cuenta y miles de otras
pequeñas cosas de este tipo. Practicando estas naderías me preparaba a ser
la esposa de Jesús. No podría decir lo que este tiempo de espera me hizo
adelantar en el abandono, la humildad y en las demás virtudes.
Y con esto
termina la vida de Teresa en el mundo. Es la preparación de un alma
infantil, a la unión con Dios, en el despego absoluto como se practica en
la vida religiosa de la Orden Carmelita. La flor, en palabras que podrían
ser de ella misma, esta a punto de ser trasplantada del jardín del mundo
para ser cultivada y embellecida más aún en el jardín secreto del
Carmelo.
La vida
de Teresita en el Carmelo.
Teresa entró
al Carmelo de Lisieux el 9 de abril de 1888. Su toma de hábito tuvo lugar
el 10 de enero del siguiente año. El período de noviciado toma unas
cuantas líneas únicamente en su vida. "Me apliqué especialmente
"dice" a los pequeños actos de virtud que fueran muy secretos y
así amaba doblar los hábitos que habían olvidado las hermanas y buscaba
mil oportunidades distintas para hacerles pequeños servicios. Me sentía
también atraída a ejercitar las penitencias, pero no se me permitía
satisfacer este deseo. Las únicas mortificaciones que se me permitían
consistían en mortificar mi amor propio, lo que me hacía más bien que las
mortificaciones corporales… Todo esto que he relatado en tan pocas
palabras requiere en realidad muchas páginas, pero éstas páginas no serán
jamás leídas en la tierra".
Su profesión
tuvo lugar el 8 de septiembre de 1890. Mi Jesús exclamó en el fervor de su
alma ese día "concédeme el martirio ya sea del corazón o del cuerpo,
o mejor concédeme ambos". Y Dios quien según su propia confesión no
le negaba nada, le concedió esta petición con más abundancia que ninguna
otra. Su vida en el Carmelo podría describirse como un continuo martirio más
doloroso por insospechado.
Había
adoptado como su lema que "uno debe llegar al límite de sus fuerzas
antes de expresar ninguna queja". Las austeridades del Carmelo fueron
una gran prueba para una muchachita delicada de quince años, pero las abrazó
en su totalidad, sin buscar ningún alivio. Algunas veces durante su
noviciado, las novicias, viéndola pálida y exhausta, trataban de obtener
alguna dispensa para ella, pero la Madre Superiora rehusaba invariablemente.
"Un alma de este calibre", decía no debe ser tratada como una
criatura, las dispensas no han sido hechas para las almas como ésta, déjenla
en paz, Dios la sostiene. Además si esta enferma, debe venir ella misma a
informarlo".
La hermana
Teresa amaba declarar que ella no practicaba grandes mortificaciones y sin
embargo, una vez cayó enferma por usar por demasiado tiempo, una cruz con
puntas de acero, puntas que habían horadado su tierna carne. "Esto no
hubiera sucedido nunca por una cosa tan sútil", dijo "si no
hubiera sido que el buen Dios quiso que yo aprendiera que las maceraciones
de los santos no pueden ser para mí, ni para las almas pequeñas que
caminan como yo de modo tan infantil."
Estas
mortificaciones externas no eran sino la manifestación aparente del espíritu
de sacrificio que animaba toda su vida. En el diario de su vida, escrito en
obediencia a su superiora, nos revela un espíritu de mortificación que era
ya habitual en ella. Su espíritu de sacrificio se extendía hacia todo,
hasta que al fin llegó a poder decir: "He llegado al punto en que no
puedo ya sufrir más, porque el sufrimiento me es dulce".
¿Y quién
podría decir cuáles eran los sufrimientos íntimos de esta pequeña alma
heroica? terminó su autobiografía poco antes de morir, pero no fue sino
hasta entonces que pudo decir: "hace ya algún tiempo, que el Divino
Amo ha cambiado completamente su sistema para hacer que su pequeña flor
crezca, encontrando sin duda que ya tenía bastante agua, la deja ahora
crecer bajo los rayos tibios de un sol resplandeciente". Hasta entonces
la aridez había sido su cruz y su sufrimiento íntimo tan intenso que pudo
escribir: "Mi alma ha experimentado muchos tipos distintos de pruebas,
he sufrido mucho aquí abajo. Pero ¡ay! si supiera el martirio que he
estado sufriendo durante un año, que sorpresa causaría".
Y el
sufrimiento, de un tipo o de otro, había sido su suerte desde el mismo
principio de su vida religiosa "El sufrimiento lanzaba sus brazos hacia
mí cuando vine al Carmelo y yo lo abracé amorosamente".
Su
necesidad de la santidad se vio redoblada bajo estas pruebas. Le parecería
que había una distancia inconmensurable entre ella y los santos y sin
embargo, se decía a sí misma, Dios no le hubiera dado este ardiente deseo
de santidad si no hubiera algún medio por el cual pudiera ella alcanzarla:
"Quiero
encontrar un medio de llegar al cielo por un camino que sea muy corto y
directo, un caminito que es bastante nuevo. Quiero encontrar un ascensor que
me lleve directo a Jesús, soy demasiado pequeña para ascender la
escalinata de la perfección".
Buscaba en
las Escrituras la solución a sus dificultades y la encontró en estas
inspiradas palabras: "Dejad que los pequeños se acerquen a mí" y
"Te consolaré como a quien su madre lo acaricia, serás llevado en
brazos y acariciado en el regazo". El "ascensor" fue
encontrado. "el ascensor que me llevará a los cielos son tus brazos,¡Oh
Jesús!. Así no tengo necesidad de crecer sino más bien permanecer pequeña
más y más cada día".
El
camino fácil de la Santidad.
Así siguió
siendo pequeña hasta su fin y su misión es enseñarles a las almas su
caminito al cielo. " ¿Cuál es el caminito que quieres enseñarles a
las almas?" Le preguntó la superiora, no mucho antes de su muerte.
Madre mía contestó ella, "es el camino de la infancia espiritual; es
la carretera de la confianza y de la entrega total. Quiero enseñarles los
pequeños medios que he encontrado tan triunfadores; decirles que nada más
hay una cosa que hacer aquí abajo y es arrojar pequeños sacrificios a los
pies de Jesús y conquistar su corazón con nuestras caricias. Es así como
yo lo he logrado y es por esta razón que seré tan bien recibida."
Estas
palabras resumen la historia de su alma. Es así que su breve vida se
consumió en un ardiente holocausto de amor. "No tengo otro medio"
exclama "de probarte mi amor para Ti, que el arrojar flores a Tus pies,
es decir nunca permitir que se me escape un pequeño sacrificio, una mirada,
una palabra, aprovechando hasta los más mínimos actos y haciéndolos por
tu amor. Así arrojaré flores a Tus pies. Nunca pasaré junto a una sin
arrancarla para Ti. Y luego cantaré, cantaré siempre, aún si tengo que
buscar mis rosas entre las espinas y mi canción será más melodiosa cuando
las espinas sean más largas y más agudas".
La mejor
Maestra de Novicias, nunca fue nombrada "Maestra de Novicias".
Tanta era
la estimación que la Hermana Teresa despertaba que a pesar de sus serias
declinaciones y cuando no tenía más que veintidós años, fue puesta a
cargo de las novicias, sin llevar jamás sin embargo, el título de Maestra
de Novicias. Con la sencillez que brota de la verdadera humildad ha confiado
a su diario sus pensamientos sobre este asunto. Dirigiéndose a la madre
superiora, le dice: "usted quiere que desempeñe yo a su lado una tarea
que me parece muy dulce y muy fácil, es una misión que terminaré cuando
ya esté arriba".
Me ha dicho
usted, como Jesús dijo a San Pedro, apacienta mis ovejas. Me ha nombrado
usted, sin embargo, para ser su compañera mayor más bien que su maestra,
ordenadamente conducirlas siempre por pasturas fértiles y sombreadas, indicándoles
cuáles son los mejores y más provechosos pastos, prevenirlas contra las
flores de bellos colores pero venenosas, que no deben jamás tocar sin
pisotear.
Pero no
puede suponerse que la Hermana Teresa tomaba ligeramente la misión que le
fue confiada, aún cuando la califica "muy dulce y muy fácil".
Era demasiado santa para no estar agudamente consciente de la
responsabilidad involucrada en tal cargo y de la necesidad de la ayuda
divina. Tan pronto como entré en el santuario de las almas, ví que era una
tarea más allá de mis fuerzas, por eso arrojándome rápidamente a los
brazos de Dios imité a los niños que cuando se asustan esconden sus
cabezas en el hombro de sus padres y dije "Señor soy demasiado pequeña
para alimentar a tus criaturas". Si Tú quieres darles a través de mí
lo que es necesario a cada una de ellas, tienes que ponerlo en mi mano y
habiendo declarado así su propia incapacidad, se dedicó cuidadosamente a
su tarea, confiado que Dios se valdría de algún modo de su juventud y su
inexperiencia. Y confiesa que su confianza no fue en balde. "Nunca me
sentí defraudada en mis ilusiones, mi mano estuvo llena, siempre que fue
necesario alimentar el alma de una de mis hermanas."
Se daba
cuenta de que no había un método universal para dirigir almas, sino que
cada una debía ser guiada de modo especial. Por lo tanto se hacía
indispensable estudiar cuidadosamente el carácter y peculiaridades de cada
una tratar de adivinar el camino que cada alma recorría y después
alentarla a seguir ese camino del mejor modo posible. Es una tarea que
resulta difícil aún para la gente más experimentada; para alguien de sus
pocos años humanamente hablando imposible.
Pero no era
esta la parte más difícil de su cometido, lo que encontró más difícil aún
fue el ingrato debe de corregir. "Lo que me cuesta más trabajo es
observar las faltas, las más ligeras imperfecciones y declararles una
guerra sin cuartel". Tan difícil lo encontraba que decía que podía
comprender perfectamente la huida de Jonás cuando fue enviado a reprender a
los ciudadanos de Ninive. "Prefería recibir mil reprimendas que dar
una pero, siento que es muy necesario que este trabajo sea una fuente de
sufrimientos para mí porque cuando uno actúa por naturaleza le es
imposible al alma que comete imperfecciones entender estas imperfecciones
cree que la hermana a cargo de ella está malhumorada y que descarga su
estado de ánimo en ella, a pesar de que lo haga con buena intención."
Y así a
pesar de su natural repugnancia a reprender, era muy exigente en el desempeño
de sus deberes. "Dios me ha dado la gracia de no temerle a la guerra,
cueste lo que cueste, he de cumplir con mi deber". Nunca retrocedía
ante lo que consideraba necesario, a pesar de lo que sus novicias pudieran
pensar de ella. "Sé madre mía" escribe, que sus ovejitas me
encuentran severa, si leyeran estas líneas dirían que no parece que me
hubiera costado trabajo andar tras de ellas y señalarles las manchas de sus
bellas pieles, o aún traerles pedacitos de la lana que han perdido entre
los abrojos del camino. Las ovejitas pueden decirlo que quieran, sus
corazones saben que las amo con un gran cariño. !No!, no podría yo imitar
al pastor que cuando ve un lobo acercarse deja al rebaño y se escapa, estoy
preparada para dar mi vida por ellas y mi afecto es tan puro que no quiero
siquiera que ellas mismas lo conozcan.
Teresita
entrevé su último fin.
Pero la
hermana Teresa no estaba destinada para alimentar por mucho tiempo al pequeño
rebaño puesto a su cargo. En abril de 1896, una hemorragia pulmonar le hizo
entrever su ya próximo fin. "Durante la cuaresma de ese año",
escribe "me sentía yo más fuerte que nunca y esta fuerza a pesar del
ayuno que observé con todo rigor, me duró hasta la pascua, luego el
viernes Santo, a primera hora Jesús me dió la esperanza de que pronto iría
yo a unirme con El en su bella morada. ¡Oh, cuán dulce es este recuerdo
para mí!. El jueves en la noche, como no había yo conseguido permiso de
quedarme a velar en el sepulcro toda la noche, regresé a mi celda a media
noche. Apenas puse la cabeza en la almohada cuando sentí que algo
espumeante venía a mis labios. Creí que iba a morir y mi corazón casi
estalla de gozo. Sin embargo como había yo apagado mi lamparita de noche,
mortifiqué mi curiosidad hasta la mañana siguiente y me dormí en
paz."
Este primer
aviso fué seguido por el segundo a la noche siguiente: "Al anochecer
de este feliz día (Viernes Santo), entré llena de regocijo a mi celda y me
iba a dormir tranquilamente cuando mi buen Jesús me dió, como la noche
precedente, la misma señal de mi próxima entrada a la vida eterna".
Pero no
estaba destinada para morir inmediatamente; dieciocho meses hubieron de
transcurrir antes de que la arena de su vida hubiese terminado." Fueron
meses de sufrimiento y la oscura noche de la desolación interior se le
acercó con intensidad aumentada, con el fin de purificar más su alma.
Durante el tiempo pascual, tan lleno de luz Jesús me hizo entender que hay
en realidad almas sin fe y sin esperanza, quienes por un abuso de gracia,
pierden tan preciados tesoros que constituyen la única fuente de alegría
real y pura. Hizo que mi alma fuera invadida con la más densa obscuridad y
el pensamiento del cielo, tan dulce para mí desde mi niñez, llegó a ser
una fuente de torturas. La duración de esta prueba no fue limitada a
algunos días o semanas he estado sufriendo ya por meses y espero aun la
hora de mi liberación".
Teresita
en el hospital sufre lo indecible y da ejemplo de soportarlo por la salvación
de las almas.
La hora de
su liberación ya no dista mucho, sigámosla hasta el fin de su peregrinar
en la tierra para entender en los últimos meses de su corta existencia cómo
Dios prepara a las almas escogidas para su Reino de los Cielos.
Aún cuando
la Hermana Teresa había escuchado, hacia los fines de la cuaresma de 1896
como un murmullo dulce y lejano que anunciaba la llegada del Esposo, no fue
sino hasta principios de julio de 1897 que fue finalmente relegada a la
enfermería y fue allí en donde 5 meses después murió el 30 de
septiembre.
Durante los
últimos meses de su vida sus virtudes en medio del martirio de cuerpo y del
alma que estaba atravesando, llegaron al grado del heroísmo. A pesar de las
tentaciones contra la fe. Que continuamente la molestaban, permaneció fiel
a su camino de confianza y abandono. "No escogería morir a vivir decía
ella, y si Dios me pidiera que eligiera lo que quisiera, no podría elegir
sino esto yo sólo deseo lo que Él desea, es lo que él desea lo que yo
amo.
En el curso
del mes de agosto permaneció algunos días como fuera de ella, implorando
que rezáramos por ella. Nunca la habíamos visto en tales condiciones, en
este estado de angustia inexpresable la oíamos repetir: "¡Oh cuan
necesario es rezar por los que están en agonía, si se supiera!".
El mal Espíritu,
también la asediaba. "El demonio anda en mi rededor, me atormenta, me
sujeta con garras de hierro para evitar que yo obtenga el más ligero
alivio, aumenta mis penas a tal grado que ya estoy casi desesperada. Y no
puedo rezar nada más puedo ver a la Santísima Virgen y decir ¡Jesús! Oh
cuan necesaria es la oración de Completas. Líbranos de los fantasmas
nocturnos"
Pero al
acercarse el fin de la noche de sufrimiento, el velo que esconde el futuro
de los ojos humanos, pareció en este caso, haber sido frecuentemente
levantado. Ella pudo con maravillosa claridad ver hacia el futuro y
pronunciar palabras que, después de muerta se han hecho verdad. Parece
haber tenido un conocimiento previo de su futura misión. "Después de
que yo muera, dijo, un día haré que una lluvia de rosas caiga sobre la
tierra".
En otra
ocasión recibió a la madre superiora con una expresión inusitadamente
brillante de tranquila alegría: "Madre mía, dijo, algunas notas de música
lejana me acaban de llegar y pensé que ya pronto debería estar escuchando
melodías incomparables, pero este pensamiento me alegró solamente por un
instante, solamente una esperanza hace que mi corazón palpite más rápidamente,
es el amor que recibiré y el que estoy capacitada para dar. Siento que mi
misión está a punto de comenzar mi misión de hacer a Dios amado, como yo
lo amo, señalándole a las almas mi pequeño camino. Quiero vivir mi cielo
haciendo bien en la tierra. No es posible ya que aún cuando están en el
mismo centro de la visión beatífica, los ángeles nos vigilan. ¡No! yo
nunca podré tomar descanso hasta el mismo fin del mundo, pero cuando el ángel
haya dicho, el tiempo ha terminado entonces descansaré porque el número de
los elegidos estará ya completo.
Cómo
amaba las penas Santa Teresita.
El fin
estaba próximo ya pronto Teresa estaría libre de todo sufrimiento y sin
embargo esta valerosa "alma pequeña" recibía sus penas con cara
sonriente. Justamente como algunos reciben la felicidad. Lo que la
naturaleza rechaza como algo que debe eludirse a toda costa era buscado y
abrazado por ella como lo más deseable.
"Ya
hace algún tiempo" escribe ella "que el sufrimiento ha sido mi
cielo aquí abajo y no puedo entender cómo será posible que yo me aclimate
en un lugar en donde la felicidad reina totalmente y en donde la pena y el
dolor son desconocidos. Jesús tendrá que transformar absolutamente mi
alma, ya que de otro modo no podré soportar la felicidad eterna."
"¿Porqué
estás tan alegre esta mañana?" Le preguntó la madre superiora. Es
porque he tenido dos pequeñas pruebas, replicó ella, "y nada me da
pequeñas alegrías como el tener pequeñas pruebas".
En otra
ocasión, cuando alguien le dijo: "Tus sufrimientos son
terribles", ella contestó "¡No! no son terribles; ¿puede una
pequeña víctima del amor considerar terrible aquello que su Esposo le
manda? El, me dá a cada instante justamente lo que puedo soportar y no más
y si después aumenta mi sufrimiento aumenta también El mi fortaleza".
La
muerte de un ángel.
Al acercársele
el fin, sus sufrimientos físicos también aumentaron. Pronto se vio
reducida a tal estado de debilidad que no podía hacer el menor movimiento
sin ayuda. El hablar en su presencia aún en voz baja llegó a ser una
fuente de tortura para ella. La fiebre y la opresión no le permitían
hablar sin experimentar una fatiga extrema. Y sin embargo, la sonrisa no
abandonaba jamás sus labios.
"Sufro
mucho" decía "¡sí, mucho! pero a pesar de ello me encuentro en
paz sorprendente, todos mis deseos han sido realizados; me siento llena de
confianza".
"¡Oh,
cómo es bueno el buen Dios!" decía a veces. "¡Sí!, debe ser
muy bueno puesto que me da fuerzas para soportar todo lo que sufro".
Finalmente
apuntó el alba del día eterno. Cerca de las dos de la tarde se incorporó
en la cama y gritó: "Madre mía, el cáliz está colmado. ¡No! nunca
hubiera yo creído posible el sufrir tanto; puedo explicarlo únicamente por
mi deseo de salvar almas".
A las
cuatro y media los síntomas de su agonía se manifestaron y tres horas más
tarde su alma virginal había adelantado su camino hacia Dios.
"¡Oh
… te amo, mi Dios, te amo!".
Y estas
fueron sus últimas palabras.
Repentinamente
se incorporó, como si hubiera sido llamada por alguna misteriosa voz; abrió
los ojos, brillando con paz celestial y con una felicidad indescriptible y
fijó la mirada un poco más arriba de la estatua de María. Esta mirada duró
aproximadamente el tiempo de un Credo y entonces su alma bendita víctima
ahora del Aguila Divina, "emprendió el vuelo al Cielo".
Influencia
en las almas de la vida de Santa Teresita.
Tal es la
historia de la vida de la Hermana Teresa. Esta corta narración ha sido
extractada de su autobiografía, pero las palabras, al ser sacadas de su
versión original, no pueden dar la idea del encanto que contiene la obra
cuando se la lee entera. Sabe del amor a Dios, bien ha sido dicho de ella
que las vidas de los santos nos cuentan de las flamas del Amor Divino, la
vida de Santa Teresa nos hace verlas y sentirlas, las otras nos hacen nacer
el deseo de amar a Dios, pero esta pone el fuego mismo en nuestras almas.
Esto es lo
que un ministro presbiteriano escribió: "Hace ya dieciocho meses que
llegué a conocer una traducción al ingles de la autobiografía de la
Hermana Teresa del Niño Jesús. Abrí el libro aquí y allá y pronto fuí
envuelto en la belleza y originalidad de los pensamientos, encontré que
entre mis manos tenía yo el trabajo de un genio, a la vez que el de un teólogo
y poeta de primer orden. Volviendo a la primera hoja, leí el libro de
cubierta a cubierta. La impresión que de él tuve resultó ser tan duradera
como extraordinaria".
Meses después
de su primer estudio del libro, este mismo ministro presbiteriano fue
recibido en la iglesia Católica y el párrafo anterior es un extracto de
una carta que le escribió a la Madre Superiora del Carmelo de Lisieux tres
días después de su ingreso.
¿Cuál es
la explicación de la influencia que ejerce este libro sobre todos aquellos
que lo leen?, ¿cómo puede ser que la historia de su vida, escrita por
alguien que no pasaba de ser una infante, tenga el poder de influenciar tan
marcadamente a hombres y mujeres de edad madura?, ¿hay alguna explicación
natural de la sabiduría que envuelve al libro? busca tú, una explicación
y creo que te verás forzado a admitir que la única explicación
satisfactoria es que existe una sabiduría ultraterrena que Dios infunde en
ciertas almas:
"Por
amor a ella tendré gloria entre la multitud y honor entre los ancianos, aún
cuando yo sea joven".
Y es que la
madurez en la sabiduría no depende de la edad, sino de la santidad de la
vida.
Expliquen,
si pueden ustedes los que limitan la sabiduría del hombre al mundo material
que lo rodea, o ustedes los que por poco nos harían creer que Dios no
existe, o que si existe no podemos conocerlo o en cualquier caso, que El no
trabaja de modo sobrenatural en el sistema universal, que El mismo ha
establecido, expliquen si pueden el secreto de esta vida extraordinaria.
Tomen esta autobiografía de alguien que era poco más que una niña, léanla
cuidadosamente y al ir sintiendo su encanto penetrar y envolver sus almas,
pregúntense cómo es posible que la historia de su vida, escrita por
alguien tan joven sea capaz de ejercitar tan profunda influencia.
¿Pueden
ustedes nombrar cualquier otro libro que haya sido escrito por alguien de
tan tierna edad, que pueda compararse con éste por su total belleza en la
expresión y por su profundo conocimiento del significado de la vida?
Para
encontrar algo semejante, ¿no sería necesario recurrir a las confesiones
de San Agustín o a la autobiografía de Santa Teresa de Avila? Pero estos
dos santos eran adultos y de profunda inteligencia, ambos doctores de la
Iglesia. Ella una mujer que por sus dones especialísimos ha alcanzado una
medida más grande de éxito que ninguna otra persona al describir los
obscuros fenómenos de la vida mística. Y aún aquí la misma dificultad
nos confronta la dificultad de explicar la influencia perdurable de estos
libros.
Sin
embargo, la Hermana Teresa de Lisieux no era más que una criatura en
comparación con ellos, escribió cuando tenía únicamente veintitrés años,
mientras que San Agustín escribió cuando estaba en la plenitud de su
madurez y Santa Teresa de Avila cuando había ya madurado en experiencia y
en edad. La Hermana Teresano tenía especiales dotes intelectuales y sin
embargo su libro ha sido traducido a casi todas las lenguas europeas y aún
el lejano Oriente ha ayudado a acrecentar el número de traducciones.
Dirán
ustedes quizá el secreto de su encanto es su sencillo e infantil candor. Es
la íntima revelación de un alma, es el revelar una vida humana y tal
revelación cuando se hace sencilla y fielmente ejerce siempre una sutil
influencia. Hay algo absorbente interesante en escuchar la revelación de
los más íntimos pensamientos que se encuentran sepultados en el fondo del
corazón humano.
¿Pero qué
podría haber en los pensamientos de la Hermana Teresa que pudiera interesar
a la humildad? su vida cubrió únicamente un lapso de veinticuatro años,
quince de los cuales transcurrieron en una casa humilde y los restantes
nueve en un convento Carmelita. No se asoció con los grandes de la tierra,
sus actos externos no estaban de ningún modo enlazados con la historia del
tiempo, no había nada exterior en su vida que hiciera de tal vida
interesante y sin embargo está siendo leída ansiosamente por hombres y
mujeres de todas las latitudes.
La única
explicación satisfactoria de la influencia de este libro es que es la
historia fiel de un alma y que tal historia es precisamente la que es de
interés perenne para la humanidad. Es la historia de un alma que aun
durante esta vida, alcanzó en grado extremo la unión con Dios.
En el corazón
de los hombres existe siempre un deseo invencible de la unión con Dios.
Pueden amortiguar este deseo si así lo disponen, pueden tratar de
persuadirse a sí mismos de que no existe Dios o de que si existe está más
allá de nuestro conocimiento, pueden dedicarse a cosas terrenas, si a sí
lo desean y así luchar por borrar Su imagen de sus corazones, pero en lo más
profundo de su ser existe siempre ese instinto y cuando han agotado ya todas
las formas de felicidad terrestres y encuentran que no les satisfacen ese
instinto no está tan apagado como para que no pueda ser vuelto a la vida.
Una vida
como la de la Hermana Teresa llega a los hombres como un destello de luz.
Levanta el velo de lo no visto, les dice que el Dios nunca visto, a quien
piensan quizá que no puede llegarse a conocer, puede ser conocido y amado aún
en esta vida amado también con un amor más profundo y más avasallador que
el que une a los humanos.
El candor
trasparente de la autobiografía de la Hermana Teresa constituye la garantía
de verdad, la sabiduría ultraterrena que la llena es una prueba de que no
fue víctima de una ilusión. Ella describió los más íntimos trabajos de
su alma, nos ha dado una historia verídica de su vida, y si lo que nos dice
es verdad, entonces hay un Dios sobre nosotros que puede ser conocido y
amado por los hombres de la tierra, un dios que tiende su mano a aquellos
que lo buscan y que les da poder para conocerlo con una sabiduría que
sobrepasa la sabiduría del intelecto humano sin ayuda y a apoyarse en El
con un amor que trasciende los poderes del afecto humano natural.
Estos son
algunos de los pensamientos que brotan al meditar la autobiografía de la
Hermana Teresa. Las últimas palabras de este diario pueden bien citarse aquí:
"Oh,
Jesús porqué no puedo hablar a todas las pequeñas almas de tu inefable
condescendencia. Yo siento que aún siendo imposible encontrarás un alma más
débil que la mía.Te complacerías en cargarla con favores aún más
grandes, siempre que ella se abandonara a Tu infinita misericordia con total
confianza."
"Pero
¿porqué estos deseos de hacer conocidos los secretos de tu amor, oh mi
bien amado?, ¿no eres acaso Tú sólo quien me los ha enseñado y no puedes
y te suplico que lo hagas, te suplico que dejes que Tu divina mirada
descanse sobre un vasto número de pequeñas almas, te suplico que escojas
para Ti de este mundo una legión de pequeñas víctimas merecedoras de Tu
amor?"
Canonización
de Santa Teresita.
El primer
folleto sobre Teresita fué escrito en Lisieux en octubre de 1911 y fue
publicado por la Cathlolic Truth Society en 1912 bajo el nombre de "La
Hermana Teresa". Pronto se hizo necesario cambiar el título por 3
veces y llamarlo con su nuevo título oficial de "Santa Teresa de
Lisieux".
Debemos
recordar que ella murió el 30 de septiembre de 1897 y que su causa fue
activada con celeridad excepcional.
En efecto:
el Código de Leyes Canónicas de esa época, establecida que el Proceso
Apostólico para decidir si una persona ha practicado las virtudes en grado
heroico, no debe principiarse sino 50 años después de acaecida su muerte.
Si la conclusión de este proceso es afirmativa, la persona fallecida puede
ser llamada Venerable.
Esta
conclusión se alcanzó el 14 de agosto de 1921, cuando en solemne decreto,
publicado en nombre de Su Santidad se declaró que la Hermana Teresa había
practicado todas las virtudes en grado heroico.
La razón
por la cual el Santo Padre hizo una excepción en el caso de ella al período
que en esa época era de 50 años, parece haber sido por la muy especial y
extendida popularidad de la joven y por las numerosas peticiones que fueron
recibidas en la Santa Sede, pidiendo que se activara la causa.
El paso
siguiente en la causa fué el proceso de los milagros. Si se obtiene el
necesario decreto de aprobación, se sigue una discusión "con el Sumo
Pontífice", sobre si es aconsejable proceder con las solebnidades de
la beatificación. Si el resultado de esta discusión es favorable, el Papa
expide un decreto al efecto y en el plazo que el mismo señala, la solemne
Beatificación del Servidor de Dios, tiene lugar en la Basílica del
Vaticano, durante la cual se expide una carta Pontificia dando permiso al
culto público y veneración de la persona beatificada.
Estos
distintos pasos fueron seguidos con éxito en el caso de la Hermana Teresa.
El 11 de febrero de 1923, el decreto solemne de la aprobación de milagros
fue oficialmente leído, el 19 de marzo el decreto "De tuto" y el
29 abril de 1923 la solemne ceremonia de beatificación tuvo lugar en San
Pedro.
Un dato
interesante en conexión con la solemne beatificación, fue la traslación
del cuerpo de la beatificada Monja Carmelita, desde el cementerio de la
Parroquia a la Capilla del Convento de Lisieux. Esto tuvo lugar el 26 de
marzo de 1923. Se dice que más de 30,000 personas tomaron parte en la
procesión que recorrió casi toda la Ciudad.
Y a escasos
dos años de la Beatificación, S.S. Pío XI presidió la solemne canonización
en la Basílica de San Pedro en Roma, el 17 de mayo de 1925. Desde entonces
la Florecilla sería reconocida como Santa Teresa de Lisieux. Posteriormente
fue proclamada Patrona Universal de las Misiones, el 14 de
diciembre de 1927.
En la plaza
de San Pedro, llena de fieles procedentes de todo el mundo y en presencia de
numerosos Cardenales, Arzobispos y Obispos, durante la solemne celebración
eucarística, S.S. Juan Pablo II proclamó Doctora de la Iglesia
Universal a Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, el 19
de octubre de 1997.
A finales
del mes de enero, durante febrero, marzo y principios de abril del 2001, México
se vio bendecido por la visita de las reliquias de tan ilustre Doctora de la
Iglesia, Santa Teresa de Lisieux, levantando a su paso un entusiasmo
desbordante y avivando la fe, pero sobre todo "Haciendo caer una lluvia
de rosas sobre nuestra Patria".
"Teresa
de Lisieux es una joven. Alcanzó la madurez de la Santidad en plena
juventud. Como tal se presenta como Maestra de vida evangélica,
particularmente eficaz a la hora de iluminar las sendas de los jóvenes a
los que corresponde ser protagonista y testigos del Evangelio entre las
nuevas generaciones".
PUBLICADO
ORIGINALMENTE EN http://www.laverdadcatolica.org
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