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En el mes de febrero de 1968 se realizó el IV Congreso
del PRT, entre cuyas resoluciones figura la fundación
de El Combatiente como órgano oficial de la
dirección del nuevo Partido que surgía transformado de
los históricos debates de ese memorable acto
partidario. El formidable auge de las masas populares
que vivió nuestra patria hasta comienzos de 1976 exigió
o hizo posible la presencia semanal, regular y sistemática
de El Combatiente y lo llevó a la plena madurez, tanto
por su contenido ideológico-político como por su
estrecha relación con las luchas populares. La impresión
y distribución totalmente clandestinas de más de 15
mil ejemplares semanales a principios de 1976 resulta
difícil de imaginar para quien no ha podido palpar la
efervescencia revolucionaria de ese período y la cálida
acogida que las ideas socialistas iban encontrando en
sectores cada vez más amplios de los trabajadores
argentinos. Como un homenaje militante es decir,
comprometido con las luchas actuales y futuras- a las
heroicas luchas del pasado, intentaremos esbozar aquí
los principales rasgos de la historia de nuestro periódico.
Vayan estas líneas como reconocimiento a Marlo Roberto
Santucho, gran constructor del Partido y de su
propaganda, y en su nombra a los redactores,
corresponsales, colaboradores, sostenedores y
distribuidores del periódico, a los innumerables
activistas y combatientes populares que han dado todo de
sí en muchísimos casos, para hacer posible la difusión
de las conquistas y ricas experiencias de las dos últimas
décadas.
| LOS
ANTECESORES DE EL COMBATIENTE |
Los antecedentes del actual periódico se remontan, en
forma paralela al origen de nuestro Partido, a una doble
vertiente: Palabra Obrera y La Verdad (órganos de la
corriente trotskista de Nahuel Moreno), por un lado, y
Aquí América y el Boletín del FRIP (periódicos de la
corriente democrática revolucionaria surgida en el
norte argentino a fines de la década del cincuenta),
por el otro.
Palabra Obrera nació en 1954 cuando comenzaba a abrirse
paso la conciencia de la crisis del modelo económico y
político del peronismo en los sectores de vanguardia.
Se definía como órgano del peronismo revolucionario,
de acuerdo a la táctica del, entrismo en el peronismo
que había establecido por esos años Nahuel Moreno,
exponente del trotskismo en Argentina. Más que órgano
de un partido, lo era de una corriente sindical. La
estrategia morenista apuntaba a la transformación de la
CGT en partido obrero y a la ruptura del equilibrio
interno de la alianza poli clasista del peronismo a favor
del sector obrero a través de una insurrección
proletaria. La ubicación “adecuada y oportuna”, a
su vez, de los representantes de Palabra Obrera en la cúpula
de los sindicatos, sería la garantía del éxito de la
insurrección socialista del gobierno
peronista-trotskista revolucionario. Digamos de paso que
estas concepciones del trotskismo argentino tienen raíces
muy profundas en la historia de nuestro movimiento
obrero, que arranca desde la fuerte influencia del
sindicalismo revolucionario a principios de siglo -cuya
máxima expresión fue el anarcosindicalismo cae la FORA
del IX Congreso- y perduran hasta el laborismo y el
peronismo a través de la corriente “sindicalista”.
Debido a la inexistencia de grandes partidos obreros de
masas, ha sido una tentación constante en la historia argentina
la sustitución del partido por los
sindicatos, con lo cual se ha retrasado el desarrollo de
la conciencia de clase autónoma del proletariado y se
han alentado las salidas espontáneas y populistas. El
principal déficit del periódico Palabra Obrera fue,
por lo tanto, su espontaneismo sindical y economicista.
Junto a posiciones doctrinarias muy generales acerca de
las enseñanzas de Marx, Lenin y Trotsky (naturalmente,
todo ello desde la óptica trotskista), su contenido se
dirigía centralmente a definir la estrategia y la táctica
de la lucha económica 'concreta y estructural' (por
oposición a la lucha política e ideológica que
despectivamente tachaban de súper estructurales) y sentar
su posición en relación a las demás tendencias del
espectro sindical. Ignoraba por completo las tesis
leninistas de la construcción del partido como
destacamento de vanguardia del proletariado en el camino
de su constitución en caudillo de la revolución democrática,
con lo cual subestimaba inevitablemente la lucha política
e ideológica y las alianzas conducentes al aislamiento
del enemigo principal. Su insistencia en las diversas
formas de lucha económica daba a Palabra Obrera una
influencia difusa en amplios sectores de trabajadores y
contribuyó a formar una tendencia sindical de
considerable peso en metalúrgicos y textiles, los
principales gremios proletarios en ese entonces Pero, al
mismo tiempo, la carencia casi total de definiciones
ideológicas y políticas, daba lugar a una marcada
heterogeneidad, interna y al desarrollo de posiciones
oportunistas por parte de dirigentes sindicales burocráticos
que estrechaban vínculos con Palabra Obrera por
conveniencia circunstancial.
El Boletín del FRIP En los años 1958-1959 surgía
en el seno del movimiento estudiantil de la Universidad
de Tucumán, el Movimiento Independiente. La intención
de sus fundadores era constituir una alternativa
renovadora y superadora de la polarización existente en
el estudiantado entre la corriente integrista o
humanista (de inspiración católica) y el movimiento
reformista (que levantaba las banderas de la Reforma
Universitaria de 1918). El Movimiento Independiente, por
su parte, va a sufrir en sus inicios una fuerte
influencia del aprismo peruano y mantendrá algunos
contactos con Hernández Arregui, uno de los principales
exponentes de la denominada Izquierda Nacional. Los
principales órganos de prensa de esta corriente fueron
Aquí América y el Boletín del FRIP. El primero ponía
el acento fuertemente en la problemática del movimiento
estudiantil o incursionaba en ensayos históricos
tendientes a recuperar los valores de la cultura
precolombina relegados por el colonialismo español.
Desde esa perspectiva, la penetración del imperialismo
británico y norteamericano era vista como una forma de
dominación común a todos los pueblos "indo americanos"
que debían unir sus esfuerzos en una lucha también común
por su liberación. El Boletín del FRIP es ya
definidamente el periódico de una organización política
que busca coordinar y centralizar las luchas políticas
y sociales de los obreros y campesinos, desarrollando en
su seno núcleos de militantes partidarios . Se editaba
en español y quechua porque amplios sectores de la
población del interior de la provincia de Santiago del
Estero desconocen el español. Los lineamientos ideológicos
originarios del FRIP reflejaban todavía la influencia
del aprismo (de allí la denominación de frente indo americano),
pero en la medida en que la joven organización fue
participando activamente en las luchas populares y ante
la sana presión proveniente de la incorporación de
cuadros obreros en sus filas, fue avanzando rápidamente
hacia las posiciones del marxismo-leninismo. El ejemplo
de la revolución cubana jugó en este proceso un papel
fundamental. Fueron así sometidos a crítica los
principios cardinales del aprismo, del mismo modo que
las tesis de la izquierda nacional y de otras corrientes
no marxistas: el indigenismo elemental, el nacionalismo
burgués, la xenofobia, el anticomunismo y diversos
manifestaciones de la pequeña burguesía con su defensa
a ultranza de la pequeña producción ante el avance de
la concentración capitalista. Poco a poco, la claridad
científica del análisis marxista disiparía la bruma
de las construcciones ideológicas de origen no
proletario, signadas por la confusión y las
vacilaciones ante los cambios revolucionarios. Poco a
poco, esta corriente democrático revolucionaria se
transformaría en una fuerza proletaria y en esa medida,
comenzó a aparecer como necesario abandonar la concepción
del Frente Revolucionario Indo americano Popular que había
cumplido ya su cometido en una fase determinada del
desarrollo ideológico y comenzar a plantearse
seriamente la construcción del partido del
proletariado. Debemos destacar que este proceso se
cumplió gracias al estudio del marxismo-leninismo por
parte de los principales dirigentes del FRIP (en el que
jugó el papel fundamental Mario Roberto Santucho) y a
la activa participación del conjunto de su militancia
en el norte argentino en este período. Podemos decir
que el Boletín del FRIP se formó al calor de las
asambleas y luchas obreras, en las tomas de fábrica de
los obreros azucareros de Tucumán, en las medidas de
fuerza de los hacheros del norte santiagueño por la
defensa de sus derechos, en sus esfuerzos por organizar
la federación de obreros de la industria forestal (FOSIF)
y en la poderosa movilización de los obreros
ferroviarios que pusieron en jaque al gobierno de
Frondizi con sus 45 días de huelga nacional.
Sintetizando, podemos decir que el principal mérito del
Boletín del FRIP fue que, a pesar de sus limitaciones
ideológicas, supo ser una efectiva correa de transmisión
a dos puntas entre la vanguardia en formación y las
luchas populares. Esa virtud, unida a la sencillez de su
lenguaje directo y a la apasionada defensa y propaganda
de la revolución cubana -que constituyen sus características
fundamentales- dieron una notable eficiencia a la labor
de concientización del Boletín. Así podemos constatar
que numerosos cuadros obreros de nuestro Partido
militaron previamente en el FRIP.
| LA
VERDAD Y EL COMBATIENTE: DOS PEDIODICOS PARA DOS
POLITICAS |
El 25 de mayo de 1965 se fundó el PRT por la fusión
del FRIP con Palabra Obrera. El órgano oficial del
nuevo Partido adoptó el nombre de La Verdad. Debido al
predominio de la corriente morenista hasta 1968, La
Verdad mantuvo en lo fundamental las características y
la posición político-ideológica del antiguo periódico
Palabra Obrera. Pero los cambios fundamentales que se
habían producido en la conciencia de las masas
argentinas en la década del '60 estaban exigiendo
nuevas propuestas políticas por parte de la izquierda.
A partir del desarrollo del moderno sindicalismo
clasista en el movimiento obrero y la irrupción de las
masas con la violencia insurreccional del Cordobazo y
demás movilizaciones antidictatorialos que dieron lugar
al surgimiento de numerosas organizaciones guerrilleras,
la lucha de clases en nuestro país pasaba a un nivel
superior. Ante la clase obrera se ponía al orden del día
el problema del poder, como nunca lo había estado antes
en la historia argentina. El agotamiento de las políticas
reformistas, parlamentaristas o sindicalistas, por una
parte, y la esterilidad de los intentos guerrilleros,
espontaneístas o militaristas, por la otra, exigían a
los sectores de vanguardia que estuvieran realmente
dispuestos a esforzarse por encontrar acogida en la
clase obrera, por insertarse en ella y canalizar con
eficacia la creciente combatividad de las masas, la
maduración de sus concepciones políticas y
organizativas. A fines de la década del ´60 se palpaba
la necesidad de la formación de un partido
revolucionario de combate. Un partido proletario por su
ideología y por su composición de clase. Un partido
cuya actividad central fuera la propaganda, la agitación
y organización políticas en el seno de las masas. Un
partido que tuviera claramente presente el problema del
poder, pero que no descuidara el trabajo en los
sindicatos ni en los parlamentos y que, de acuerdo con
las condiciones de nuestro país, definiera su
estrategia en la cuestión militar. Ese partido
embrionariamente leninista, a pesar de sus limitaciones,
comienza a existir en 1968, en el IV Congreso del PRT.
Al quedar en minoría, se escindió allí el ala
morenista formando el PRT-La Verdad que, luego, por una
alianza con el sector Coral del Partido Socialista,
formaría el Partido Socialista de los Trabajadores
(PST), hoy incorporado al MAS.
Como expresión de su nueva entidad, el PRT fundó
un nuevo periódico, El Combatiente, que a partir
de entonces se convirtió en el principal órgano de
elaboración y difusión de una línea política que los
sectores más combativos y esclarecidos del proletariado
fueron haciendo suya.
| Primera
etapa de El Combatiente: 1968-1973 |
Es el período de su formación y crecimiento; la
infancia y adolescencia de un periódico que se
esforzaba por consolidar su estructura material y
definir su personalidad político-ideológica. La
situación en aquel entonces era extremadamente difícil:
la lucha antidictatorial imponía la clandestinidad más
absoluta, sufríamos graves penurias de medios
materiales y debíamos soportar la angustiante carencia
de cuadros que provocaba la represión (en 1972, la
mayoría del CC se encontraba en prisión). En esas
condiciones, nuestro periódico fue avanzando hasta
regularizar sus ediciones mensuales impresas a mimeógrafo
que, sobre la base de un gigantesco esfuerzo de la
militancia, se convirtieron en el principal artífice y
organizador de los círculos del Partido en Córdoba,
Rosario, Tucumán y el Gran Buenos Aires. En este período
no se pudo lograr la agilidad periodística que
permitiera reflejar las luchas obreras y populares de
los sectores de masas que el Partido había comenzado a
influenciar. Su contenido principal estaba dado por las
editoriales de la dirección, escritas en su mayor parte
desde la prisión: ellas caracterizaban certeramente los
rasgos centrales del período de auge y ofensiva
revolucionaria -abierto con el Cordobazo- que forzó el
repliegue de la dictadura militar. En sus páginas se
marcaba con todas las letras la crisis estructural de la
sociedad argentina en los marcos de la dominación
imperialista y el carácter reaccionario antidemocrático
del gobierno de las Fuerzas Armadas, dispuesto a
defender a sangre y fuego los privilegios de las clases
dominantes y a escamotear por todos los medios las
conquistas populares. Pero, paralelamente, se ponía de
relieve la enorme fuerza de la movilización popular,
insistiendo incansablemente en la necesidad y la
posibilidad de la lucha por la conquista del poder a
partir de la afirmación de la independencia política,
ideológica y organizativa del proletariado. Requisito básico
y fundamental era la construcción del partido de la
clase obrera. En la medida de su desarrollo, el Partido
debía plantearse la organización y la dirección de la
violencia revolucionaria de las masas que había hecho
irrupción en el escenario de la lucha de clases
argentina a partir del Cordobazo, La segunda preocupación
central del Partido en este período era impulsar la
unidad, de los destacamentos de vanguardia en el plano
de los organismos sindicales y demás organizaciones de
masas campesinas, villeras, estudiantiles, etc. La prédica
de El Combatiente giraba en torno a la identificación
de los enemigos de clase, la lucha decidida por la
conquista del poder, la afirmación de la independencia
de clase y la confianza del pueblo trabajador en, sus
propias fuerzas, sobre la base de la organización y la
conciencia. Era necesario romper las ilusiones
populistas y las falsas expectativas en los líderes
burgueses y militares. Era imprescindible avanzar en la
construcción de los organismos unitarios y autónomos
del pueblo trabajador. No se nos escapa que en este
proceso se cometieron errores de sectarismo y otras
formas de ultraizquierdismo , producto de la
inexperiencia y falta de dominio de la ciencia
revolucionaria. Pero debemos señalar que la evaluación
de las tareas centrales de la etapa era correcta: El
Combatiente en su primera época respondía al desafío
histórico de construir una opción revolucionaria de
poder para nuestro pueblo. La tarea del momento era esa:
luchar por la afirmación ideológica, política y
organizativa de la vanguardia revolucionaria argentina.
| Segunda
etapa de El Combatiente: 1973-1977 |
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Es el período de su madurez, del despliegue máximo de
su capacidad con toda la riqueza político-ideológica y
periodística que compete al órgano oficial de un
Partido fuerte y actuante en los centros vitales de la
sociedad: las fábricas. Se regulariza la edición
semanal, del periódico, cambiando el formato porque se
inicia la impresión en offset. En el corto tiempo de
legalidad, se realizan dos ediciones: una pública y
otra interna. La calidad periodística mejora
enormemente. La implantación del Partido en e1 seno de
las grandes fábricas ha dado lugar al surgimiento de más
de un centenar de boletines fabriles que se nutren del
aporte de decenas de colaboradores en cada centro de
trabajo. Esto permite al Comba contar con información
de primera mano y análisis políticos profundos de la
problemática de la lucha de clases en cada fábrica,
gremio y región del país. |

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Desde las fábricas, por otra parte, la influencia del
Partido se irá extendiendo a los barrios obreros y
populares, villas, sociedades de fomento, a las
asociaciones gremiales de pequeños campesinos y
comerciantes, etc.
El
Combatiente, a su vez, volvía al pueblo con su mensaje:
registrando en sus páginas toda la riqueza y variedad
de las luchas populares, intentaba precisar su carácter,
mostrar su interrelación y elevar su sentido educando a
los actores en la comprensión de la lucha política y
ayudando a la transformación de los enfrentamientos
particulares (contra patrones individuales) en una lucha
generalizada de todo el pueblo trabajador contra la
clase de los grandes capitalistas y contra las políticas
del gobierno que expresaban los intereses de esa clase.
El comité de redacción estaba lejos de ser un
'aparato' aislado de las masas. En cada conflicto
importante, ante cada movilización política de
trascendencia, los miembros de la redacción bajaban a
las regionales y zonas para tomar contacto directo con
los activistas, elaborando sus notas con la retina llena
de imágenes y los oídos llenos de voces del pueblo
combatiente. El nivel político-ideológico de los artículos
se eleva considerablemente. Las editoriales eran
profundos análisis de situación nacional que permitían
a los actores tomar el pulso de la semana política. En
ellas se sintetizaban los avances de la movilización
popular, el sentido de las medidas gubernamentales y las
tácticas del enemigo de clase, junto a los probables
cursos de acción y las tareas permanentes y
coyunturales de los revolucionarios. Se establecieron
una serie de secciones fijas. La lucha ideológica
ocupaba un lugar privilegiado, centrando su fuego, en
primer lugar, contra la propaganda de las fuerzas
reaccionarias, pero dedicando espacio también a la polémica
fraternal y respetuosa con posiciones o propuestas erróneas
surgidas del campo popular. Asimismo, se analizaba la línea
del Partido y el pensamiento de los clásicos frente a
los grandes problemas de la revolución. La sección
Vida y Organización Partidaria transmitía las
experiencias de la construcción del Partido en las fábricas,
en el campo, la universidad, las cárceles, etc. y
educaba en las tradiciones y el espíritu de nuestra
organización: abundaban allí los ejemplos
revolucionarios, los criterios de construcción y métodos
de dirección; en una palabra, todo el acervo acumulado
en la historia del PRT, formado por normas no escritas
pero de vital importancia porque definen el estilo del
militante y constituyen el basamento de la unidad y
homogeneidad del Partido. Tampoco faltan las secciones
de economía, sindical, internacional. las corresponsalías
y los logros de las revoluciones triunfantes en el
mundo. Esta larga enumeración no es sólo un ejercicio
de memoria; hemos querido resumir las características
que han hecho de El Combatiente un eficaz educador y
organizador, una herramienta imprescindible para el
trabajo político de nuestra militancia y un arma
temible -la más temible para la reacción- en manos de
los combatientes populares: porque cuando las ideas
revolucionarias son tomadas por las masas, cuando se
gana la batalla ideológica en el corazón y la mente
del pueblo, en la medida que eso se logra, la victoria
está asegurada. Podrán sobrevenir derrotas temporales,
pero las ideas revolucionarias que ha sembrado el
Partido a través de El Combatiente y la experiencia de
las luchas en que se nutrió y contribuyó a librar,
permanecen en la memoria colectiva y constituyen un
aporte insoslayable para la reconstrucción de las
fuerzas revolucionarias en la Argentina. Decimos que la
segunda época corresponde a la madurez de El
Combatiente porque no se trata ya solamente de penetrar
en el seno de la clase obrera o de contribuir a las
definiciones de la izquierda; su cometido va ahora mucho
más allá. El Comba empieza ya a participar de lleno en
la vida política nacional. Los enemigos son los mismos
de siempre: la gran burguesía y el imperialismo. Pero
los amigos, el círculo de lectores a quienes va
dirigido su mensaje, se ha ampliado muchísimo. Los
esfuerzos van orientados ahora a lograr la unidad de
todo el pueblo trabajador en torno a la clase obrera. Se
trata, cada vez más, de disputar las amplias masas a la
hegemonía burguesa. Respondiendo a esos objetivos, la
temática dominante del periódico será el desarrollo
de la propuesta frentista del Partido: la convocatoria a
la más amplia unidad de todas las fuerzas democráticas
y patrióticas para profundizar las conquistas democráticas
y frenar el avance de la reacción fascista. Sabemos que
nuestro periódico adoleció de fallas graves, incluso
en su período de máximo esplendor. Reflejaba la línea
del Partido que carecía de precisiones fundamentales en
la estrategia y en la táctica. A partir del golpe
militar del 76, se profundizan los déficits en la
concepción de la línea estratégica: el llamamiento
'Argentinos a las armas' de marzo de 1976 expresa el
incorrecto análisis del auge y combatividad de las
masas, producto de las insuficiencias políticas y
organizativas. El error es advertido en el CE de junio
de ese mismo año, pero sus consecuencias son
irreversibles. La caída de la dirección histórica el
19 de julio de 1976 y los múltiples golpes recibidos
vuelve insostenible la regularidad de la publicación de
El Combatiente. Con todo, con gran esfuerzo, se logra
resistir con el periódico en el país hasta mayo del
77.
| Tercera
etapa de El Combatiente: 1977-1984 |
Nuestra propaganda -reflejo de la estructura partidaria
conoció difíciles momentos después de mayo de 1977.
La derrota, la caída de numerosos compañeros
asesinados, secuestrados o encarcelados, la salida del
país de importantes contingentes de militantes y de
toda la dirección de aquel entonces, resintió
sensiblemente el contenido y la periodicidad de El
Combatiente en el exilio. Lejos del calor de las masas,
de sus sufrimientos y luchas en los peores años del
proceso, nuestra prensa no podía ser un ente aislado de
la dura realidad que vivía el Partido: sus escasas
ediciones en los años 1977, 78 y parte del 79 coincidían
con la lucha interna que se gestaba en el seno de
nuestra organización y que desembocaría en una fracción
a principios de 1979.. El VI Congreso de ese mismo año,
valorando la experiencia realizada y sintetizando el análisis
autocrítico, arma al Partido en una concepción política
y estratégica que expresa un nivel superior en la
asimilación del marxismo-leninismo. Con la publicación
del Nro. 268 de octubre de 1979, se puede decir que el
Partido demuestra su intención de retomar con firmeza
el precepto leninista de mantener, la propaganda
revolucionaria en todo momento y circunstancia. Claro
que ello se fue logrando no sin dificultades: a mediados
del año 80 comienza una nueva actividad fraccional,
encubierta al principio, que consigue imponer algunos
artículos en el periódico. La reanudación de los
lazos con nuestro pueblo en los primeros años de la década,
del, 80 llevó a El Combatiente a jugar un papel en la
reconstrucción de las fuerza revolucionarias: los
primeros ejemplares que se hacían ingresar al país, si
bien no llegaban en lo esencial al proletariado de
vanguardia, si comenzaron a sembrar las primeras
semillas que señalaban claramente que, aún debilitado
el PRT seguía en pie, listo para ir reocupando el lugar
que jamás debería haber abandonado en la lucha de
clases. Fue una época de reflexión, de recapitulación
y síntesis,"do investigación y de maduración de
las causas y efectos de los errores cometidos. La
continuidad estaba así garantizada. Con modestia, pero
con la firme convicción que nos daba levantar las
banderas históricas del PRT, el Partido se fue
reorganizando en el país a partir de 1983 y con ello,
al poco tiempo, también su propaganda.
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