En más de 60 años de vida seguramente cualquiera podría
mostrar que hizo muchas cosas.
Por eso no voy a contar más que algunas pocas de las muchas
cosas que hice, como para que quienes deseen conocerme
un poco mejor, tengan una idea.
Mis primeros años.
A los 10 años jugué básquet en el Club Ameghino de Sáenz Peña,
sabiendo que por mi estatura no tendría ningún futuro en
ese deporte.
Allí mismo aprendí ajedrez y con el tiempo participé de
torneos infantiles y juveniles con poco éxito.
En el Volley, igual que en el básquet, era ágil pero de
baja estatura por lo que tampoco tuve demasiado que
ofrecer. Sin embargo la pasé muy bien.
El aeromodelismo y la filatelia me acompañaron unos
cuantos años, pero fueron quedando de lado en la medida
que el tiempo disponible era cada vez menos.
A los 12 años un compañero de la escuela me regaló
algo muy parecido a un acuario, construido en cemento
con cuatro paredes de vidrio que perdía agua por todos
lados.
Masilla, litargirio y paciencia alcanzaron para
sellar las pérdidas y, como no podía ser de otro modo,
dos Carassius "cola pollera" fueron a dar al "acuario".
Varios años tuve los peces hasta que en 1956 a raíz de
la epidemia de poliomielitis, una de las tantas
fumigaciones desde aviones no acabó con la epidemia pero
si acabó con pájaros, insectos,
plantas y peces.
Y llegaron los killis.
Mi casa estaba ubicada a escasos 50 metros de
las vías ferroviarias y a 400 metros del límite con la
Ciudad de Buenos Aires. Sin embargo para esa época aún
las calles asfaltadas tenían zanjas para colectar el
agua de lluvia y trasladarla en las zonas bajas.
En
junio de 1955, a los 13 años, sin saberlo llegué a los killis. En la zanja de
la puerta de mi casa, pude capturar mi primer "azulejo"
un pez celeste con pintitas blancas que ya había visto
al costado de las vías del ferrocarril.
De ese modo, sin saberlo, entraba al mundo de los killis
con mi primer Austrolebias bellottii. Para
esos días aviones de la Armada
bombardeaban la Plaza de Mayo
en un intento por derrocar el gobierno.
Lo que hoy se que se llama tubifex abundaba aún en
las canaletas de los desagües pluviales dentro de mi
casa. Allí donde mi madre arrojaba el agua del lavado de
la ropa, cuando la canaleta bajaba de nivel, dejaba ver
unas pelotas rojas de lombrices que eran el complemento
del Quaker que comían mis Carassius primero y mis
"azulejos" después.
Con el tiempo y gracias a que cada lluvia acercaba más
ejemplares a la zanja, llegué a tener 6 "azulejos" machos
y hembras que aniquilaron las colas de mis "cola de
velos" y finalmente, unos meses después, murieron sin
que supiera por qué causas.
La Escuela secundaria
La escuela secundaria fue mi primera
experiencia de militancia política.
La modificación de la
Ley 1420 permitía que el Estado dejara de tener el
monopolio de la educación y subsidiara a las escuelas
privadas.
Para impedirlo se generó un movimiento estudiantil para
oponerse y comenzó la lucha entre quienes defendíamos la
enseñanza laica y quienes lo hacían por la enseñanza
"libre", que no era otra cosa que la opción entre
enseñanza gratuita, laica y obligatoria o enseñanza
privada, paga y voluntaria. C ientos de actos,
manifestaciones multitudinarias, verdaderas batallas con la infantería y la policía montada formaban
parte de mi vida diaria. La oposición a la privatización
de la enseñanza generó muchísimos conflictos sociales.
Por supuesto, fui detenido en
una de las tantas bataholas y quedé "fichado" como
"agente de la subversión internacional", de modo que
cada vez que se aplicaba el estado de sitio (varias
veces por año), allanaban mi casa (en realidad la de mis
padres) con la intención de detenerme. Me tuve que convertir en un
experto en fugas y escapes.
Como delegado estudiantil, participé de congresos,
asambleas y cuanta actividad reivindicativa se
produjera. La batalla se perdió, la enseñanza privada
hizo pie en la Argentina y las políticas neoliberales
comenzaban a apoderarse de la cultura y la educación.
La próxima víctima sería la Universidad y me faltaba
poco para
comenzar a estudiar en ella...
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