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RemembranZa ,Las Edades del Hombre ,Zamora de Mayo a Noviembre de 2001 Artículos de La Opinión de Zamora ,del Norte de Castilla , Abc y de El País |
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Con motivo de la conmemoración de los 1.100 años de la Diócesis de Zamora se realiza esta magna exposición distribuida en tres sedes : El laboratorio Municipal , La Iglesia de San Isidoro y la S.I. Catedral. La inauguración contó con la presencia de S.A.R la Infanta Dª Cristina de Borbón ,el Gobierno de la Región en Pleno, Todos los Obispos de la Comunidad , Autoridades Provinciales y Locales , celebrándose en la mañana del 30 de Mayo Día de San Fernando III Rey , nacido en Valparaíso (Zamora). La Junta Directiva de la Agrupación fue invitada personalmente a los actos de Inauguración por el Comisario de la Exposición D. Antonio Meléndez. Entre las obras expuestas destacan, las tablas de Arcenillas de Fernando Gallego , el Bote de Zamora , el altar de plata ( o monumento ) ,los tapices pero sobre todo ,y como parte excepcinal de la obra , se recoge en el Claustro de la Catedral un pequeño paseo por la cultura Tradicional de la Provincia de Zamora , donde se haya el Belén Popular realizado por nuestra agrupación a petición expresa de la fundación organizadora , además se encuentran imágenes de Semana Santa, Vírgenes con gran tradición romera , y los personajes del Tafarron y el zangarron , típicos de las fiestas de Navidad en diversos pueblos de la provincia, llamadas mascaradas. |
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MAS INFORMACIÓN en el email o en el Teléfono 636 501 866
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La cultura popular tiene su sitio en la exposición sacra
| FIESTAS PAGANAS | El Claustro alberga las principales celebraciones de la provincia
La
Semana Santa de Zamora resalta con la incorporación de las mejores tallas![]()
El Norte. J. P. ZAMORA
Por primera vez en la historia de ‘Las Edades’, tendrán cabida las tradiciones populares en una exposición dedicada al arte sacro. Para mostrar la cultura festiva de los pueblos zamoranos se ha acristalado el claustro de la Catedral, que alberga decenas de piezas que simbolizan las celebraciones en cada época del año, un espacio que comparten con los santos romeros o las advocaciones más importantes, sobre todo, marianas.El primer punto del recorrido son las representaciones diabólicas del invierno: los carochos de Aliste, el zangarrón de Montamarta y el tafarrón de la comarca de Tábara, con sus caretas y atavíos esperpénticos y atemorizadores. Estos singulares personajes de la tradición zamorana comparten la sala denominada ‘El pueblo en fiesta’ con un belén popular y las distintas vestimentas y adornos que corresponden a las comarcas. Antonio Meléndez señaló que esta selección «ofrece una imagen novedosa que espero que guste los visitantes, por su colorido y su representación de la vida».
Romerías
Las romerías, que se celebran por cientos en la provincia (la primera de ellas, pocos días después de la Semana Santa), están en imágenes de la Virgen que concitan gran devoción: Nuestra Señora de San Antolín, La Hiniesta y Nuestra Señora del Castillo, esta última, todo un guiño a las celebraciones que se suceden cada año en la ‘Raya’ con Portugal. Del país vecino, de Quintanilha, llega la Virgen de la Riberinha. Hay en la exposición hasta roscas y panes típicos de las fiestas de otoño en los pueblos.
La Semana Santa de la capital zamorana tiene especial tratamiento, con tallas de Ramón Álvarez, como ‘La Soledad’ y ‘El Niño de Los Clavos’ y, por supuesto, el ‘Cristo de las Injurias’, el ‘Ecce Homo’ o ‘El Yacente’.
Tres sedes
Horario
Catálogos y CD-Rom
Reservas
La sede de Edades del Hombre de Valladolid, calle San Juan de Dios, 5. 983 308415 y fax: 983 309096.
En Zamora, la oficina de información está abierta en los antiguos laboratorios municipales, Plaza Jardín del Castillo s/n. 980 531447 y fax: 980 530828. Internet: las edades.es E-mail: fedhpa@las edades.es
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Zamora celebra ‘Las Edades del Hombre’
La ciudad espera más de siescientos mil visitantes para ver la exposición.
Texto: Jesús Ferrero.El Pais Semanal
Los
juicios previos y sin demostrar y las ideas recibidas conforman en toda la península
Ibérica un tejido espesísimo que nos impide ver lo que tenemos delante o muy
cerca.
Por eso, de la misma manera que hay muchos españoles que nunca han leído un libro, hay también muchos que nunca se han acercado a ciudades como Zamora, que nunca ha dejado de ser un libro abierto. Según el sistema de prejuicios al que me refiero, Zamora sería una ciudad pobre y remota, de naturaleza difusa, grisácea, prosaica. Hasta su mismo nombre aparece desvirtuado por los prejuicios. A los extranjeros, el nombre de Zamora les parece muy hermoso y musical; en cambio, a muchos españoles les suena a estepa y a estopa.
Decía Nietzsche que en torno a nosotros iba creciendo una máscara, “producto de las interpretaciones superficiales que los demás hacían de nuestros pasos por la vida”. Y también decía que era bueno que esa máscara existiera, porque en realidad nos protegía. Curiosamente, a las ciudades les pasa como a las personas. En torno a ellas va creciendo una máscara producto de las interpretaciones que hacen los que no las conocen. Y, naturalmente, Zamora tiene su máscara, que en líneas generales es la que acabo de describir. No es una máscara trágica, tampoco es una máscara patética; es una máscara prosaica, sin más.
Si he de decir la verdad, casi prefiero que Zamora tenga esa máscara, porque la preserva de la barbarie y mantiene intacta su belleza esencial y bien fundamentada, como si toda ella fuera un solo cuerpo junto a un río de acero fluido.
Como he vivido casi todo el tiempo lejos de mi lugar natal y al margen del tejido clánico del que procedo, nunca he caído ni en el sistema de prejuicios de los otros españoles ni en el sistema de prejuicios de los mismos zamoranos, y he visto siempre otra Zamora, de forma que su castellanismo me resulta mucho menos evidente que su germanismo.
Cuando he estado en Zamora algunas mañanas de invierno, y me he metido en la catedral (los interiores de la catedral de Zamora conforman un espacio alquímico único que te hace sentirte profundamente bien en tu cuerpo), me ha dado por pensar en las ciudades y el tiempo y he llegado a la evidente conclusión de que las ciudades son lo más auténtico, porque son más antiguas y resistentes que las mismas culturas. Por ejemplo, una ciudad como Zamora ha pasado ya por la cultura ibera, la romana, la germana, la musulmana, la astúrico-leonesa y la castellana. Un universo que ha resistido a la sucesión de varias civilizaciones y de seis culturas ha de tener su secreto, y Zamora lo tiene. ¿Cuál es la cultura que más ha prevalecido de todas las que han frecuentado Zamora? Mi respuesta ya la di: la cultura germano-románica; justamente por eso Zamora tiene uno de los conjuntos más importantes de Europa de románico urbano, lo que evidencia que en los siglos XI, XII y XIII fue un gran mercado en el que corrió con fluidez el dinero público y privado. Como ésa es la Zamora que todavía queda, y en buena medida intacta, ésa es la Zamora que más y mejor se ha conservado de cuantas Zamoras han sido en el transcurso de la historia, y por eso algunas tardes de luz de plata Zamora parece, desde el otro lado del río, una pequeña ciudad de Alemania.
Hasta hace poco, hasta la última devastación mediática, en Zamora abundaban los nombres germanos. Waldo, Oswaldo, Wolfango… Mi madre, por ejemplo, se llama Hilda. Todo lo que he dicho redunda en la idea de que, básicamente, Zamora es una ciudad del Norte, estética y socialmente hablando, y así lo supo ver Víctor Erice en El Sur.
Puentes sobre el Duero
Su arquitectura huele a Norte; la niebla que sube del Duero, también. En esos días de brumas densas y agitadas he creído estar en la Praga del gólem. Sólo por asomarse al jardín colgante de la catedral y mirar desde allí los puentes sobre el Duero merece la pena ir a Zamora, que, para mi gusto, ha de visitarse en primavera o en otoño. Las piedras de Zamora tienen más esencia con la luz primaveral y la otoñal que la veraniega, y también sus bosques, entre los que ocupa un lugar fundamental el bosque de Valorio, que protege con sus árboles altos y fraternales uno de los flancos de la ciudad.
Del bosque volvamos a la catedral. El lector se habrá asombrado por lo que dije sobre sus interiores alquímicos. Quien no lo quiera creer, tiempo tiene de acercarse a Zamora y experimentarlo en su propia piel. El interior de la catedral, de unas proporciones tan humanas y tan balsámicas que lo convierten en un espacio único, fue concebido para hermanar en profundidad el cuerpo consigo mismo, para poder percibir sus límites en su dimensión menos dolorosa. Pero conviene visitarlo sin gente a tu alrededor, por eso el lector ha de pensar en las mañanas de invierno más que en las de verano.
La provincia
Al margen de la capital, la provincia de Zamora se presenta al viajero como un territorio lleno de contrastes, pero que se van sucediendo sin gran brusquedad. Si el viajero va al lago de Sanabria encontrará una región embrujada, llena de castañales profundos, y podrá pensar que se halla en Galicia. Si visita los Arribes del Duero se enfrentará a un paisaje libre y agreste, de una autenticidad terrible, y si visita lo que yo llamo el triángulo mágico de Tábara, que tiene uno de sus límites en las lagunas de Villafáfila, donde paran multitud de aves emigrantes, se encontrará con un paisaje austero y amable, que en primavera accede a todos los matices del verde. En el corazón del triángulo de Tábara se halla el monasterio de Moreruela. De las lagunas no tengo por qué hablar. El lector las ha tenido que ver en más de un reportaje sobre fauna ibérica y pájaros migratorios, pero sí quiero hablar del monasterio de Moreruela. Como nací a dos kilómetros de él, de niño anduve correteando por sus ruinas, que ya entonces sólo eran visitadas por alemanes.
Todo viajero que llega a ese monasterio tiene la impresión de haber hecho un descubrimiento. La abadía empezó siendo románica y acabó siendo gótica (se dice que la primera de España). Con la desamortización de Mendizábal murió de muerte súbita. En sus ruinas, de una belleza arquitectónica incuestionable, se percibe que debió de conformar todo un universo en el que pivotaba toda la economía de la región.
Ahora el monasterio está en medio de un paraje de grandes árboles rumorosos, y ha sido colonizado por una atronadora cofradía de cuervos que parecen surgidos del poema de Poe y que dicen todo el rato nevermore, nevermore.
Como ya advertí, desde hace bastante tiempo los alemanes (y muy especialmente los conectados con el pensamiento hermético) lo visitan periódicamente. La última vez que estuve allí (una tarde de verano poblada de cuervos y cigüeñas) vi a dos visitantes que acababan de subir a un coche. Por curiosidad miré la matrícula. Como cabía esperar, eran alemanes.
Texto: José Lera
‘RemembranZa’,
título de esta edición de la muestra de Las Edades del Hombre, se
configura al paso de la poesía de Claudio Rodríguez, el desaparecido poeta
zamorano. Abrirá sus puertas en los próximos días (la fecha está pendiente
de la inauguración por los Reyes) y permanecerá hasta octubre. Siguiendo los
elementos naturales (tierra, agua, fuego y aire), los versos del poeta sirven de
introducción a la muestra, en tres sedes alrededor de la catedral de Zamora: la
iglesia de San Isidoro, el claustro y atrio de la catedral y el interior de la
catedral.
‘La ciudad del alma’ sirve de preámbulo al visitante, que, accediendo desde el Portillo de la Traición del recinto amurallado, se encuentra con el punto de recepción (y un audiovisual introductorio). ‘Las piedras que nos fecundan’ marca el inicio del recorrido en la iglesia de San Isidoro; ‘La tierra’ cuenta la historia de la diócesis de Zamora (que cumple 1.100 años). ‘El temple del Duero’ lleva al museo catedralicio y ‘El agua’ trata sobre la presencia de la diócesis en la evangelización. De ahí se pasa al claustro y al apartado ‘El fuego’, con referencias festivas. ‘Y la luz, sobre todo’ conduce al cuerpo principal de la muestra en el interior de la catedral: ‘El aire’, con obras traídas de la diócesis y de otros puntos de Castilla y León.
Las piezas de la
muestra.
Aunque se mantiene la reserva sobre algunos contenidos, entre las piezas hay
que resaltar dos tallas de Gregorio Fernández: un Yacente, de Lerma
(Burgos), y un San Juan Bautista, de las Huergas Reales de Valladolid
(siglo XVII). De Diego de Siloé (XV-XVI), un Ecce Homo de Dueñas
(Palencia), y una Virgen con Niño y Llanto sobre Cristo muerto, ambas
de Santiago de la Puebla (Salamanca). Se acogen piezas de Luis Salvador Carmona,
De Mena, Esteban de Rueda, Sebastián Ducete, Antonio Tomé y Alejo de Belver. Y
otras del patrimonio de Toro, como el Cuadro de la mosca (siglo XV-XVI).
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Ilustración:
Javier Belloso
Texto: José Lera
Cómo llegar
Zamora está situada en el noroeste peninsular, a 250 kilómetros de Madrid y a 96 de Valladolid. La provincia tiene una población de 205.000 habitantes. La capital, Zamora, cuenta 64.000 personas.
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Dormir
Parador Nacional (980 51 44 97). Plaza de Viriato, 1. En el palacio de los condes de Alba y Aliste. La doble, entre 15.000 y 17.500.
Meliá Horus (980 50 82 82). Plaza del Mercado, 20. De reciente apertura. De 15.000 a 23.000.
El Convento I (980 50 04 19). Estación, s/n. En Coreses, a 10 km. de Zamora. De 14.000 a 17.000.
Sayagués (980 52 55 11). Puentica, 2. A un paso del entorno histórico. De 6.500 a 16.000.
Alfonso IX (980 53 46 57). Avenida de Alfonso IX, 5. Hostal acogedor. Entre 5.000 y 7.000.
Comer
El Rincón de Antonio (980 53 53 70). Rúa de los Francos, 6. Menú degustación, 5.350 pesetas.
La Posada (980 51 64 74). Benavente, 2. Unas 4.000.
La Casita (980 53 90 46). Carretera del Carrascal, kilómetro 4. Para comer en la naturaleza. 4.000.
El Horno (980 51 79 87). Renova, 11. Tablas variadas. Unas 2.500.
Asador Morillo 14 (980 51 48 70). Pablo Morillo, 14. Ternera de Aliste a la brasa. Sobre las 2.500.
España (980 53 17 31). Ramón Álvarez, 3. Alrededor de 1.500.
De copas y tapeo
La movida nocturna se concentra en torno a la plaza Mayor, plaza del Fresco y calle de los Herreros.
La cueva del Jazz. Plaza del Seminario, 1. Un local con encanto y actuaciones en vivo.
El café de Ordax. San Andrés, 19. Glamour del siglo pasado.
Molly Malones. Príncipe de Asturias, 9. Para sentirse como en Irlanda, pinta incluida.
Antonelhi. Arcipreste, s/n. Tertulia entre café y copa en el corazón de la historia de Zamora.
La Misión. Pinar, s/n. Refugio para bailar y tomar la última copa.
Bar Antonio. Pablo Morillo, 2. Imprescindible su tortilla y su chorizo al vino.
Vinacoteca. Cervantes, 5. Para cualquier clase de vino y queso.
Excursiones
San Pedro de la Nave. Tomando la N-122 hacia Alcañices-Portugal, a unos 12 km. hay una desviación hacia Campillo, donde se sitúa esta iglesia visigótica, rescatada a comienzo del pasado siglo de las aguas del embalse de Ricobayo.
Los Arribes del Duero. En la frontera de Portugal, el Duero configura un bello paisaje. Fariza y Fermoselle son pueblos a visitar.
Lagunas de Villafáfila. Por la C-612 y desvío en Castronuevo de los Arcos, a unos 45 km, se sitúan las lagunas. Centro de interpretación, en Villafáfila.
Toro. Tierra de buen vinoque ofrece un románico depurado.
Sanabria. En el noroeste de Zamora, a un centenar de kilómetrsos por la N-630 y N-631, se sitúa la comarca de Sanabria y el parque de El Lago de Sanabria, con centro de interpretación en San Martín de Castañeda.
Portugal. Llegar hasta Miranda do Douro es casi un paseo (50 km.), tomando desde Zamora la C-527 o la N-122 hacia Alcañices-Portugal y desvío en Ricobayo a Villalcampo.
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REMEMBRANZA 2001: Una alianza del pueblo
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| Zangarrones y Tafarrones.- Los elementos etnográficos han sido, en la jornada inaugural de la muestra, piezas que llamaron sobremanera la atención de los expertos. Todos, incluso los que inicialmente eran renuentes, consideran un acierto la presencia de la antropología cultural en esta edición de “Las Edades del Hombre”. |
«LA MUESTRA DE ZAMORA ES MÁS AUTÉNTICA QUE LAS ANTERIORES», DICE PABLO PUENTE
Razón tenía aquel novelista zamorano cuando escribió que «los interiores de la Catedral de Zamora conforman un espacio alquímico único». Qué gran intuición. Eso es: un ámbito donde se presentan misterios y revelaciones. Si Zamora existe o no, es asunto más o menos controvertido. No admite duda, sin embargo, que verdaderamente existió, pues hay una memoria casi intacta. «La exposición de Zamora es como Zamora: más auténtica que las otras». Esa era la reflexión de Pablo Puente, arquitecto de “Las Edades del Hombre”, que no está obligado a palabras de cumplido, tras la inauguración de la muestra. «Fue mi primera impresión, cuando vi el Castillo, San Isidoro y la Catedral. Esa autenticidad se notaba en esta zona de Zamora. Eso nos hizo ir a la busca de los hitos auténticos de esta provincia». Y refería, después, que «muchos me hablan del acierto de la inclusión de la parte etnográfica. Tal cosa surge, también, por el intento de mostrar lo verdadero de Zamora», añadió. Uno que comulgaba con ese aserto era José Angel Rivera de las Heras, delegado diocesano de Patrimonio, quien estimaba que el apartado sobre antropología cultural y etnografía «no desentona con la exposición. Resulta un importante hito». Y uno y otro se hallaban muy lejos en el espacio.
Cuánta riqueza atesora, a veces, la pobreza. Puede verse en “Las Edades...”. Qué no darían los constructores de nacionalismos culturales por contar con “El bote” de Zamora, que, por esas cosas que pasan, no es propiedad de los paisanos desde hace un siglo, sino del Museo Arqueológico Nacional. La pequeña pieza, de marfil, del siglo X, perteneciente al arte hispano-musulmán, es de gran belleza por su exquisita decoración. Esa y otras son obras que hablan de fe sentida o de arte verdadero, iluminador. Son lo mejor de lo mejor: lo más destacable de esas 374 piezas que integran la magna exposición.
Antonio Meléndez, comisario de la muestra de arte sacro, tenía a primera hora de la mañana los «nervios del principiante, lo que hace que nunca se pierda el frescor. De lo contrario se acaba en pura rutina». Y tenía su lista de grandes obras: el “bote” de Zamora, los cuatro dibujos de los pintores italianos —un Tintoretto, entre ellos— que proceden del monasterio de Valparaíso, las tablas con el retablo de San Ildefonso de la capilla de los Mella —ambos de Fernando Gallego— y el Cristo de la Injurias. Lo mismo Julián López, toresano y obispo de Ciudad Rodrigo: «la presencia de las tablas de Arcenillas, por su valor artístico y sentimental, pues vuelven a su lugar de origen; la imagen de Santa Teresa —de Esteban de Rueda y Juan Ducete, que se conserva en el convento de las carmelitas de Toro—, dado que se trata de una imagen distinta a todo lo conocido sobre la iconografìa de la abulense; la talla de la Hiniesta y la Virgen de la Majestad, de piedra arenisca, del XIII. «Es una muestra verdaderamente atinada en cuanto a la representatividad de estilos y lugares», confesaba.
José Angel Rivera de las Heras mostraba, asimismo, sus preferencias. Así, destacaba los cristos de las Injurias y de Moralina y la imagen de Santa Teresa, en escultura. Sus criterios estéticos le llevaron a seleccionar la tabla flamenca de la Virgen de la Mosca, el tríptico de la Epifanía —de San Ildefonso—. el cuadro de Matgliori —del Hospital de Benavente— y las tablas de Gallego, tanto las de la capilla del Cardenal como las de Arcenillas, en pintura. La Custodia catedralicia y, también, la de asiento, el Altar del Monumento, la cruz de Pobladura y distintos cálices, en joyería. Sin embargo, la obra que más le impactó fue “La Virgen con el Niño”, de autor anónimo, datada hacia 1300, que se guarda en el convento de las Claras. Un descubrimiento, para casi todos, es el Cristo de Moralina de Sayago, del siglo XIII, anónimo, restaurado para esta exposición.
«Creo que Zamora es una de las ciudades que pueden mostrar con más orgullo el tesoro que encierra. He quedado admirado. Me considero dichoso de haber venido a Zamora», resaltaba Marcelo González, cardenal y arzobispo emérito de Toledo, que rigió, en los años sesenta, la diócesis astorgana. «La región está llena de arte, que nos legaron los antepasados. Nosotros hemos de conservarlo y admirarlo», añadió.
La Infanta Cristina se fue, a toda prisa, «encantada y sorprendida», manifestó a sus acompañantes. «Desconocía la riqueza patrimonial de Zamora —la de Toro, sí—, y es una maravillosa exposición». En la capilla de San Juan Evangelista o del doctor Grado, dijo: «Es un marco impresionante». La nueva visión de algunas capillas catedralicias, libre su espacio, resulta impagable. La contemplación morosa de sus pinturas murales es algo que sólo conocieron, in illo témpore, unos pocos paisanos. Además, la muestra ha propiciado hallazgos, como esos dos evangelistas, el Bautista y la Anunciación, descubiertos en la labores de adecuación interior, en el pasado mes de febrero.
Remembranza —arte esencial— es una alianza del pueblo con su pasado. Y Zamora, a la vista de “Las Edades...”, tiene alma.
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REMEMBRANZA 2001: De la A a la Z
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BREVE GLOSARIO DE CLAVES QUE AYUDAN A COMPRENDER MEJOR LA EXPOSICIÓN QUE RECORRE EL ESPLENDOROSO PASADO DE LA DIÓCESIS ZAMORANA
Agua, aire, tierra y fuego.
Los cuatro elementos fundamentales son el hilo conductor de la exposición. El
agua ligada al Duero, que preside a los pies de la Catedral; el aire, la espiritualidad,
la tierra simbolizada en los exteriores que rodean la muestra y el fuego, símbolo
de la pasión que encierran las tradiciones populares.
Bote de Zamora. La joya de la exposición, este diminuto cofre de
marfil y plata, obra culmen del arte hispano musulmán, fue regalo del califa
de Córdoba Alhakan II a su esposa Zobh. Formó parte de la colección de arquetas
árabes del Tesoro de la Catedral de Zamora. Después de 90 años regresa a Zamora
junto con una Arqueta, cedido por el Museo Arqueológico, al que pertenece en
la actualidad.
Cimborrio. Esta impactante creación del arte
hispano medieval «sin rival en Occidente», como dice Gómez Moreno es el cofre
de los tesoros que encierra la muestra. La exposición culmina también bajo la
bóveda catedralicia, en medio de un efectista espectáculo de luz, color y
sonido.
Diócesis. Se cumplen 1.100 años desde que
fuera fundada la Diócesis de Zamora, sobre la que gira la exposición, y en la
que encontramos piezas y documentos como la donación de la iglesia de Santo Tomé
por Alfonso VII, templo sobre el que se funda la Diócesis.
Etnografía. Por primera vez la Etnografía
forma una sección propia dentro de Las Edades. No podía ser menos dada la
riqueza etnográfica de Zamora. Desde las mascaradas de invierno a las romerías
del verano, arte, vestimentas, tradiciones, están presentes en la exposición.
Fundación para las Edades del Hombre. Formada
principalmente por las diócesis de Castilla y León, es la organizadora de la
muestra. La preside el obispo de Segovia, Luis Gutiérrez y el vicepresidente es
un zamorano, Rafael Palmero, obispo de Palencia. Caja España y la Junta de
Castilla y León son las otras integrantes. Guardias de seguridad. Hasta cuarenta
vigilantes de a pie entre guardias privados y vigilantes de sala. Un circuito
cerrado de televisión operativo las 24 horas del día. Y la colaboración de
las Fuerzas de Seguridad del Estado para que todo esté permanentemente bajo
control.
Horarios. La exposición abre los martes, miércoles,
jueves y viernes de 10 a 14 horas por la mañana y de 16 a 20 horas por la
tarde. En los meses de julio y agosto se abrirá también los lunes, con idéntico
horario. Los sábados, domingos y festivos, abre ininterrumpidamente de 10 a 20
horas.
Instituciones. Que colaboran con las Edades del
Hombre, como el Ayuntamiento de Zamora, la Diputación, y entidades como
Iberdrola, que aporta 100 millones a la muestra. El presupuesto total es de 350
millones de pesetas.
Jesuitas. Las reducciones del Paraguay, una
experiencia evangelizadora y sociocultural de primer orden entre los indígenas
guaraníes del Amazonas, tuvo a dos zamoranos como auténticos impulsores: San
Alfonso Rodríguez y Diego Torres, pertenecientes a «lo más granado de la
Compañía». Intelectuales como Voltaire destacaron esta hermosa experiencia
truncada por la expulsión de la orden decretada por Carlos III. Una sala de la
exposición recuerda su labor.
Kilómetros. Los recorridos por algunas piezas.
No sólo pueden admirarse imágenes y documentos llegados desde otras diócesis
vecinas como Burgos, Soria o Valladolid. Desde el colegio de Cristo Rey en
Asunción (Paraguay) , por mediación del Ministerio de Asuntos Exteriores, ha
llegado la “itaiza”, el hacha ritual con la que fue martirizado y asesinado
San Alfonso.
Laboratorio municipal. Este edificio modernista
edificado en 1911 y situado en el Parque del Castillo es el punto de partida de
la exposición para las visitas individuales. Allí se proyecta el audiovisual
“La ciudad del alma”, que sirve de guía por el recorrido de la muestra.
Melendez, Antonio Ignacio. Secretario de la
Fundación para las Edades del Hombre y comisario de la exposición, además de
ser su principal organizador. Si alguien conoce a fondo la trastienda de Las
Edades ese es Antonio Meléndez. Numismática. Quienes no pudieran ver el pequeño
tesoro encontrado durante las obras de urbanización del Casco Antiguo en la
calle Arias Gonzalo pueden hacerlo ahora. Las monedas, una vez restauradas, se
exponen en San Isidoro, junto al bote de Zamora, la arqueta musulmana y el
tesoro con las cruces de Villafáfila.
Obispos. Desde el primero, San Atilano, a
Esteban, impulsor de la construcción de la Catedral, hasta llegar al actual,
Casimiro López Llorente, consagrado el pasado mes de marzo. 96 obispos se han
sucedido en los 1.100 años de historia de la Diócesis. López Llorente es el
primer prelado del siglo XXI.
Priores. La riqueza patrimonial casi perdida de
los monasterios cistercienses de Moreruela y Valparaíso; vestigios visigodos en
San Pedro de la Nave; riquezas extraídas intramuros de los conventos del Tránsito,
San Juan de Jerusalén (atención al Niño Jesús Dormido, vestido con los
atributos de la orden hospitalaria), Sancti Spiritus (un auténtico museo de
primer orden este convento toresano)… Lo más florido nacido en torno a las órdenes
religiosas regala los ojos de cuanto visitante se acerque a esta edición de Las
Edades de Zamora.
Que hacer despues. La riqueza histórico artística
de Zamora no se acaba después de las Edades del Hombre. Aún queda una de las
mayores concentraciones del Románico. Los museos de Semana Santa, el Provincial
y el de Baltasar Lobo. El Ayuntamiento de Zamora ha preparado alternativas que
recrean el rico pasado medieval con justas, torneos y mercados. Consulte la
oferta de teatro, música, exposiciones. La gastronomía es rica y variada y la
provincia goza de privilegiados espacios naturales como Los Arribes o Sanabria.
RemembranZa. Ese es el nombre escogido para
esta edición de Las Edades del Hombre. Un recuerdo a la fundación de la diócesis
de Zamora simbolizada en la última sílaba. Para ilustrarlo, el interior de la
cúpula de la Catedral, que podrá ser contemplada sin necesidad de mirar hacia
arriba. Es otra de las sorpresas que aguardan al visitante.
San Isidoro. Las
visitas guiadas comienzan en esta iglesia románica ya conocida en el siglo XII;
completamente restaurada. En la reforma realizada para la exposición se ha
utilizado la parte del Coro improvisando una sala en la segunda planta. Turismo. Las
Edades del Hombre es considerado el punto de partida para que Zamora se consagre
como destino del turismo de calidad. Se espera que Las Edades del Hombre puedan
atraer al menos a las 620.000 personas que pasaron por Astorga, la última edición
celebrada. La Hostelería ha hecho un gran despliegue de medios poniéndose al día.
Hasta han elaborado menús especiales que se llamarán, cómo no, Remembranza.
También la Consejería de Turismo de la Junta se ha volcado, estableciendo un
convenio con Renfe para fletar trenes especiales.
Urbanización. La ciudad se ha puesto
“guapa” para la ocasión. Las Edades ha sido la excusa perfecta para
importantes planes de renovación de pavimento y mobiliario en el casco antiguo,
además de una reordenación del tráfico rodado con objeto de ganar espacio
para los peatones.
Versos. Los de Claudio Rodríguez, guía lírica
del contenido y esencia de la muestra: “Todos llevamos una ciudad dentro.
Ciudad que nos/ alienta y nos acoge: la ciudad del alma./ Calles, sonidos de
campanas y de pasos. Y la luz, sobre todo,/el aire, el temple del Duero, las
piedras que nos fecundan/.
Xilófagos. Todas las tallas han sido
especialmente tratadas para evitar cualquier tipo de infección de parásitos de
la madera.
Yacente. La obra atribuida a Francisco de Fermín,
como símbolo de la Semana Santa zamorana. Podrá compararse con otro de
Gregorio Fernández, al que se atribuyó un tiempo, procedente de Lerma
(Burgos). Junto al Yacente, la Soledad, el Cristo de La Caída con el Niño de
Los Clavos, el Cristo de las Injurias, el Ecce Homo componen la iconografía
semanasantera.
Zamora. La ciudad que acoge la novena edición
de Las Edades del Hombre, sucediendo a Astorga. Aquí se cierra un ciclo
expositivo iniciado en Burgo de Osma. El recorrido de la exposición puede hacer
una idea de un pasado de esplendor que se refleja también en preciosos rincones
del corazón del casco antiguo.
Artículos procedentes de La Opinión-El Correo de Zamora ,del Norte de Castilla y de El País