Los manuscritos fueron encontrados por Stephen Ovlat al pie del Lone Pinyon Pine, Yaki Point en el Gran Canyon, no conozco el lugar exacto, nunca he estado allí, y tampoco Stephen Ovlat reveló nunca cual fue la causa de su hallazgo. Abandonó todos sus proyectos y se centró en el estudio de éstos, sin que nunca levantara mucho revuelo sobre ellos, consciente de la incredulidad y, sobre todo, teniendo muy en cuenta los precedentes resultados de aquellos que habían hecho públicos sus supuestos contactos o visiones con seres de otros mundos. Así, durante dieciocho años, estudio su hallazgo en solitario hasta que la muerte le sobrevino. Al parecer, era un científico reconocido y, al carecer de familiares cercanos, los servicios científicos de la ciudad se hicieron cargo de todo su material. Momento en que, Ian Azel, de cuarenta y cinco años, descubre los manuscritos y el resultado de la investigación, ocultándolo, de nuevo, a la luz pública y a sus propios superiores. Para desaparecer, veintisiete días más tarde, sin dejar rastro alguno, centrado únicamente en los grandes resultados de Stephen Ovlat, alejado de todo y todos consiguiendo avanzar hasta tal punto que, a sus cincuenta y cuatro años, se asegura así mismo que debe ir a un lugar concreto al sur de Europa, a Qhan·Çohrt, a 61,38 millas de Francia. Lugar dónde, tras año y medio de convivencia con un campesino, y largas horas de estudio, encuentra a 2,7 pies de profundidad, al pie de la “Gran Encina”, una enorme caja de un extraño metal repleta de hojas verdes de una planta nunca vista, las cuales le descubrirán, a punto de cumplir sesenta y tres años, la Rwbach HinnYl, la cultura Hinnia. No obstante, cuando empezaba a disfrutar del éxito de su trabajo, de su descubrimiento, y de la emoción de entender una lengua tan compleja, fue abatido a tiros y sepultado en la montaña según relataría, en el que hubiera sido su setenta y dos cumpleaños ante John P. Brown, el hijo del campesino que le dio cobijo en su casa mientras Ian Azel realizaba sus investigaciones. John P. Brown, científico obsesionado con la extraña desaparición de colegas de profesión, siguió la pista de Ian Azel hasta conseguirlo, nueve años después de su fallecimiento, al contactar, casi de forma casual, con el hijo del campesino que dio cobijo a Ian Azel. John P. Browm, tras escuchar el sorprendente e increíble relato del campesino, siguió las investigaciones de Ian Azel, no sin cierto recelo y miedo. No obstante, consiguió descifrar los dos alfabetos de que consta la cultura de éstos seres, y creó unos listados fonéticos en inglés y español, sin olvidar detallar la extrema velocidad y el elevadísimo tono agudo con que hablan éstos seres. El problema, para mí, es traducirlo a ambos idiomas junto con la pronunciación, o, al menos, parte de ella. Sí bien, no puedo dar más detalles de éstos hombres, primero por que, algunos aún los desconozco y, segundo, por que el paradero de John P. Brown me es desconocido, ni siquiera puedo asegurar que se encuentre con vida. Pues, si bien, tampoco ha sido casual que yo encontrara todos estos manuscritos, bien cierto es que, la suerte, y no casualidad, me han permitido acceder hasta ellos. Sin embargo, se puede acceder a ellos ahora mismo haciendo click en el icono de abajo.
Y, si quieres ver una pequeña parte del texto de uno de los manuscritos traducido, además del mismo manuscrito, escrito en Hinnhio original, únicamente retocado a causa del escaneo, aprieta el icono verde como el fondo de éstas página.