Llegó el día de la dedicación de la estatua y se reunieron todos los oficiales en la Planicie de Dura.

Una vez que estuvieron todos reunidos, un oficial se puso en pie y anunció: “¡Pueblos de todas las naciones y razas, escuchad el mandato del rey! No tardarán en comenzar a sonar las trompetas, las flautas, las arpas y toda clase de instrumentos musicales. Cuando oigáis la música, deberéis inclinaros ante la estatua que el Rey Nabucodonosor ha hecho erigir y cualquiera que se niegue a inclinarse ante ella será echado de inmediato en un horno de fuego.”

Ananías le dijo un codazo a Azarías y comentó: “creo que es hora de irnos.”

"¡Misael, nos vamos!” le dijo Azarías en voz baja.

"¡Te sigo! ¡No quiero tener nada que ver con este lío!,” le contestó Misael en voz baja.

Cuando se disponían a marcharse, empezaron a tocar la música. Echaron un vistazo atrás y vieron a la multitud inclinándose ante la estatua y adorándola. El trío aceleró el paso y se fueron apresuradamente a casa. Sin embargo, su marcha no pasó desapercibida.

Algunos de los babilonios que les vieron marcharse decidieron contarle al Rey Nabucodonosor que Ananías, Azarías y Misael no estaban dispuestos a inclinarse ante la estatua de oro. Cuando se presentaron ante el rey y le contaron aquellas cosas, el rey se puso furioso y mandó llamar a los tres jóvenes.

Ananías, Misael y Azarías estaban sentados bajo un árbol charlando acerca de su situación.

"No pasará demasiado tiempo antes de que alguien le diga al rey que no quisimos inclinarnos ante la estatua,” comentó Ananías.

"Si hubiésemos obedecido al rey hubiésemos quebrantado dos de los diez mandamientos. El primero: 'No tendrás dioses ajenos delante de mi.'6 y el segundo, 'No te harás imagen ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas ni las honrarás, porque yo soy el Señ-r tu Di-s, fuerte y celoso,'"7 les citó Azarías.

"Tendremos que confiar que el Di-s de Israel nos protegerá del decreto del rey,” contestó Ananías. “Oremos juntos ahora.”

Cuando acabaron de orar, Misael miró en dirección al camino. "Aquí vienen los problemas,” se quejó.

En un momento, los tres amigos fueron llevados a la fuerza ante la presencia del rey.

El Rey Nabucodonosor miró hacia abajo desde su trono, pálido de ira. "He oído decir que os negáis a adorar a mis dioses y a la estatua de oro que he erigido. Os voy a dar una oportunidad más; si os inclináis y adoráis la estatua cuando oigáis la música, todo os irá bien, pero si no adoráis a la estatua, seréis echados de inmediato en el horno de fuego y no habrá dios que sea capaz de salvaros de mi.” 8

Los tres hombres contestaron: "Su Majestad, el Di-s al que adoramos puede salvarnos de ti y de tu horno de fuego, pero incluso aunque no lo hiciese, nosotros no adoraremos a tus dioses ni a la estatua de oro que has hecho edificar.” 9

El Rey Nabucodonosor se puso furioso y ordenó que encendiesen el horno a una temperatura siete veces superior a lo habitual. Mandó que sus más fuertes soldados atasen a Ananías, Azarías y Misael y que les echasen en el horno.

Los soldados cogieron a los tres jóvenes judíos, les ataron y les echaron en el horno de fuego, a pesar de lo cual los tres jóvenes permanecieron tranquilos, confiando en que el Señ-r les libraría de alguna manera. Al echar los soldados a Ananías, Azarías y Misael en el horno, el fuego estaba tan caliente que las llamas saltaron y mataron a los soldados.

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Darryl atizó el fuego con su atizador y las chispas saltaron hacia arriba. Los sonidos de la madera crujiendo y estallando eran los únicos sonidos que rompían el silencio de la noche.

Jamie fue la primera en romper el silencio. "He estado aquí sentada, contemplando fijamente la hoguera y pensando en el miedo que debieron sentir cuando les echaron en el horno de fuego, incluso aunque confiasen en que Di-s les iba a proteger.”

"Estoy de acuerdo contigo, Jamie," dijo Elizabeth. "Creo que sería perfectamente natural que sintiesen temor.”

"¿Quiere usted por favor acabar de contra la historia, no puedo esperar para enterar de lo que sucedió?" preguntó Brian con cierta impaciencia.

"Primero deseaba mencionar unas cuantas cosas antes de terminar la historia. Es muy posible que el horno fuese un horno de cemento o de ladrillo, teniendo en cuenta que eran muy populares en Babilonia porque las piedras que podían usar para fabricar un horno eran muy escasas.10 Recuerda que Babilonia se encontraba donde está actualmente Irak."11

Jamie comentó a continuación: "Papá, da la impresión de que lo único que tienen allí es arena y petróleo, así que no es de sorprender que los ladrillos gozasen de popularidad.”

"¡Así es, efectivamente! Tu ya conoces la historia de la Torre de Babel, que fue construida en esa misma región. En Génesis 11:3, la palabra de Di-s nos dice: 'Vamos, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego.’ De manera que usaban la piedra y el alquitrán como mortero. El alquitrán viene del petróleo y sabemos que en esa región abunda el petróleo.12 Este es un buen ejemplo de lo exacta que es la Biblia al dejar constancia de los detalles y cómo encajan perfectamente con lo que sabemos que es verdad en la actualidad, pero volvamos a nuestros amigos en el horno de fuego.”