Este
honorable juriconsulto, de larga y meritoria vida pública, nació
en la ciudad de San Vicente el día 26 de abril de 1843. Hijo
de don Jacinto Castellanos y doña Eulogia
Rivas.
El día 9 de diciembre de 1864 coronó
su carrera en la Universidad Nacional de El Salvador. El año
siguiente se recibió de abogado; y el 20 de enero de 1865 obtuvo
el título de Escribano Público.
Bajo la administración del doctor
Francisco Dueñas, colaboró en el Ministerio de Relaciones
Exteriores e Instrucción Pública. Sus dotes privile giadas
de escritor vibrante, las demostró publicando sus primeros artículos
en "El faro Salvadoreño", los que le dieron renombre
como periodista atildado y ecuánime.
 
 
 
Dejó
las luchas de la prensa para aceptar la judicatura de Primera Instancia
de Cojutepeque, y en ese delicado cargo reveló sus amplios conocimientos
en el Derecho y su recto espíritu justiciero, su conciencia honrada,
sin apartarse un ápice de los cánones irrestrictos de
la ley.
El Gobierno de aquel entonces, le confió
al doctor Castellanos la importantísima obra de formular la codificación
de las leyes de El Salvador, lo que hizo con gran acierto, siguiendo
el mismo plan del ilustre doctor Isidro Menéndez, de grata memoria.
En 1871 —Gobierno del Mariscal González—
ocupó el Juzgado de Primera Instancia del distrito de San Salvador.
En 1876 se le encomendó la delicada misión, por el Gobierno
de don Andrés Valle, de ir a tratar de restablecer la paz con
Guatemala. En esta delegación le acompañó don Encarnación
Mejía. El éxito fue espléndido.
En el período
del doctor Zaldívar fue electo Ma.gistrado de la Corte Suprema
de Justicia. Y en este mismo lapso administrativo fue exilado a Nicaragua.
 
 
 
A
raíz del triunfo de este movimiento revolucionario, el doctor
Jacinto Castellanos fue nombrado Ministro de Gobernación, ocupando
enseguida las Carteras de Hacienda, Instrucción Pública
y Relaciones Exteriores. En esa época implantó en el país
el sistema métrico decimal.
Ante el Congreso Panamericano que se celebró
en Washington en 1889, el doctor Castellanos representó a El
Salvador en carácter de Ministro Plenipotenciario; allá
prestó su valioso e ilustrado concurso, a la par de hombres notables
de América, en la discusión de teorías avanzadas
en Derecho de Gentes y se celebraron tratados trascendentales para la
unión y el comercio de ideas y de intereses
mutuos.
El 90 se une a las huestes revolucionarias
del general José María Rivas para derrocar a los hermanos
Ezetas; pero fracasado el movimiento, el doctor Castellanos logró
traspasar la frontera de Honduras, país en donde se refugió
durante algún tiempo. Luego pasó a Costa Rica y después
a Guatemala Durante los cuatro años que dominaron los hermanos
Ezeta, las puertas de la patria estuvieron cerradas para don Jacinto,
las que se le abrieron tras la "Gesta del 44". El doctor Castellanos,
ya en la Administración Gutiérrez, ocupaba la Secretaría
de Estado en el despacho de Relaciones Exteriores é Instrucción
Pública. Luego va a México como Ministro Plenipotenciario;
siempre conservando su alto cargo de Secretario de Estado para intervenir
en las tirantes relaciones entre aquella nación y Guatemala.
Ya México trataba de invadir el territorio guatemalteco, cuando
el hábil diplomático salvadoreño, con su gran tacto
político y su talento, logró que ambos países llegaran
a un feliz avenimiento, lo cual constituyó una gloria para El
Salvador, que evitó una guerra internacional de dos países
hermanos.
 
 
 
En
1895 asiste al puerto de Amapala, juntamente con el presidente Gutiérrez,
y suscribe el pacto de unión que fundó la República
Mayor de Centro América. El pacto es formulado por el doctor
Castellanos y mereció la aprobación de los delegados de
Honduras y Nicaragua. En ese pacto el ilustre hijo de San Vicente pone
todo su amor a la gran causa, y ve en él, el principio fundamental
para la realización completa de su sueño perenne. Al doctor
Castellanos le cupo la honra de presidir la Dieta de la República
Mayor.
En 1897 el doctor Castellanos renuncia
la presidencia de la Dieta y regresa a la capital de El Salvador, por
motivos de salud. Después de un año de llevar una vida
de quietud, alejado de todo contacto oficial, es designado Represetante
del pueblo salvadoreño ante el Congreso General Constituyente
que se inauguró el día 24 de junio de 1897 en la ciudad
de Managua. El doctor Castellanos iba a defender el proyecto que él
formuló con los demás miembros de la Dieta y que serviría
de base fundamental para las discusiones; pero infortunadamente, una
enfermedad violentísima le sobrevino, la muerte apagó
aquella preciosa vida, el mismo día, por cierto, en que se inauguraría
el Congreso Constituyente.
Tres
países hermanos —El Salvador, Honduras y Nicaragua—
declararon duelo nacional la muerte "del conspicuo ciudadano, a
quien tocóle el difícil encargo de formular el proyecto
de Constitución centroamericana, en el cual, con gran maestría,
supo conciliar el sistema centralista y federal. Esa sola obra, decía
"El Federal" bastaría pura cimentar la reputación
del estadista, del jurisconsulto y del diplomático.
 
 
 
De él dijo el gran estadista JBlaine:
"Un dictamen suyo vale por cien discursos hermosos"

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Eulogia
Rivas
Cuentan
de la "mamita Eulogia" mujer hermosa y muy inteligente, que
como tantas mujeres de su época, tenía como única
educación la corrección social y las labores domésticas.
Cuando
casó con D. Jacinto Castellanos, médico de grata recordación,
él, observando las innatas cualidades de su esposa, decidió
enseñarle a leer.
Ella
aprendió con auténtica avidez, y devoró libros
uno tras otro. Aprender a leer significó la puerta abierta a
un mundo hasta entonces desconocido.
Quedó
tan impresionada de lo que le cambió la vida con el aprendizaje
de la lectura, que dedicó prácticamente el resto de su
vida, a enseñar a leer a los demás.
Fundó
una escuela que lleva su nombre, gracias también al apoyo económico
de su marido.
En
el hogar fundado por Jacinto y Eulogia, se respiró un ambiente
dedicado a la ayuda del prójimo, a la búsqueda de conocimientos
y de la justicia.

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