Entonces Mahamati dijo: “Bendito, te suplicamos nos digas, ¿qué constituye la Inteligencia Trascendental?”
El Bendito replicó: “La Inteligencia trascendental es el estado interno de comprensión-propia de la Sabiduría Noble. Es logrado repentina e intuitivamente en “un giro” o rectificación que se verifica en algún lugar en el asiento profundo de la consciencia; no viene ni va – es como la luna vista en el agua. La Inteligencia Trascendental no está sujeta al nacimiento ni a la destrucción; no tiene nada que ver con combinación o concordancia; carente de apego y acumulación; ella trasciende todos los conceptos dualísticos.
Cuando la Inteligencia Trascendental es considerada, cuatro cosas deben mantenerse en mente: palabras, significados, enseñanzas y Sabiduría Noble (Arya-prajna). Las palabras son empleadas para expresar significados pero son dependientes de las discriminaciones y la memoria es su origen, utilizan sonidos y letras por los cuales una transferencia mutua de significado es posible.
Las palabras son solamente símbolos y pueden o no expresar clara y completamente el significado de lo que intentan decir y, además, las palabras pueden ser entendidas de manera diferente a lo que el hablante intentó expresar. Las palabras no son diferentes ni no-diferentes del significado y el significado se sostiene en su relación misma con las palabras.
Si el significado fuera diferente de las palabras, no podría manifestarse a través de ellas; el significado es iluminado por las palabras como las cosas por una lámpara. Las palabras son como un hombre que lleva una lámpara para buscar algo de su propiedad, por la cual él puede decir cuando lo ve: ésta es mi propiedad. Así igualmente, a través de las palabras y discursos originados en la discriminación, el Bodhisattva puede entrar en el significado de las enseñanzas del Tathagata y a través de su significado puede entrar en el estado superior de la comprensión-propia de la Sabiduría Noble, el cual, en sí mismo, es libre de palabras discriminatorias. Pero si un hombre llega a estar apegado al significado literal de las palabras y se aferra a la ilusión de que las palabras y los significados están en acuerdo, especialmente en tales cosas como el Nirvana que no-nace y no-muere, o como las distinciones de los Vehículos, los Cinco Dharmas, las tres naturalezas propias, entonces fracasará en entender el significado verdadero, llegando a enredarse en afirmaciones y refutaciones. Exactamente como las variedades de objetos son vistos y discriminados en sueños y visiones, así las ideas y declaraciones son discriminadas erróneamente y el error continúa multiplicándose.
El ignorante y necio declara que el significado no es otra cosa que palabras, que como son las palabras, así es el significado. Piensan que como el significado no tiene cuerpo propio, no puede ser diferente de las palabras y, por lo tanto, declara al significado idéntico a las palabras. En esto, ignora la naturaleza de las palabras, las cuales están sujetas a nacimiento y muerte, donde al mismo tiempo, el significado no lo es. Las palabras son dependientes de las letras y los significados no lo son; el significado está aparte de la existencia y la no-existencia, no tiene sustrato, y es no-nacido. Los Tathagatas no alcanzan un Dharma que es dependiente de las letras. Cualquiera que enseñe una doctrina que dependa de las letras y palabras es un simple charlatán o palabrero, porque la Verdad está más allá de las letras, las palabras y los libros.
Esto no quiere decir que las letras y libros nunca declaren lo que está en conformidad con el significado y la verdad, pero significa que las palabras y libros son dependientes de las discriminaciones, mientras que los significados y la verdad no lo son; es más, las palabras y los libros están sujetos a la interpretación de las mentes individuales, mientras que el significado y la verdad no lo están. Pero si la Verdad no fuera expresada con palabras y libros, las escrituras que contienen el significado de la Verdad desaparecerían, y si esto ocurriera no habría más discípulos y maestros, ni Bodhisattvas o Budhas, y no habría nada que enseñar. Pero nadie debe apegarse a esas palabras de las escrituras porque incluso los textos canónicos algunas veces se desvían de su curso recto debido al funcionamiento imperfecto de las mentes sintientes. Los discursos religiosos que son ofrecidos por mí y otros Tathagatas en respuesta a las variadas necesidades y fes de todas las formas del ser, para poder liberaos de la dependencia en la función del sistema-mental-pensamiento, no son dados para que ocupen el lugar de la comprensión-propia de la Sabiduría Noble. Cuando hay un reconocimiento de que no hay nada en el mundo sino lo que es visto por la mente misma, todas las discriminaciones dualísticas serán descartadas y la verdad de la noimagen será entendida, y se verá que está en conformidad con el significado, en lugar de las palabras y las letras.
Los ignorantes y necios que están fascinados con sus propias imaginaciones y razonamientos erróneos, continúan danzando y cojeando incapaces de entender el discurso a través de las palabras acerca de la verdad de la comprensión-propia, y mucho menos son capaces de concebir la Verdad misma. Agarrándose al mundo externo, ellos se apegan al estudio de los libros que sólo son recursos, y no saben propiamente cómo establecer la verdad de la comprensiónpropia a través de las cuatro proposiciones, lo cual es la Verdad perfecta. La comprensión-propia es un estado superior de logro interno que trasciende todo el pensamiento dualístico y que está más allá del sistema-mental, su lógica, razonamiento, teoría e ilustraciones. Los Tathagatas hablan e informan a los ignorantes, pero sostienen y establecen a los Bodhisattvas porque ellos buscan la comprensión-propia de la Sabiduría Noble.
Por lo tanto, dejemos que cada discípulo preste atención, pero no para apegarse a las palabras en perfecta conformidad con el significado, porque la Verdad no está en las letras. Cuando un hombre con su dedo apunta a algo o a alguien, la punta del dedo puede haberse confundido por la cosa a la que se apunta; en la misma forma los ignorantes y simplones, como niños, son incapaces incluso, hasta el día de la muerte, de abandonar la idea de que “la punta del dedo de las palabras” es donde está el significado mismo. Ellos no pueden comprender la Realidad Última por su empeño en agarrarse a las palabras las cuales solamente son “el dedo señalando”. Las palabras y su discriminación se vinculan directamente con la rueda rutinaria y monótona de renacimientos en el mundo del nacimiento-y-muerte; el significado se mantiene solo y es una guía al Nirvana. El significado se consigue a través de mucho aprendizaje, y el aprendizaje se obtiene a través de familiarizarse con el significado y no con las palabras; por lo tanto, dejemos que los buscadores de la verdad reverentemente se acerquen a aquellos que son sabios y eviten los argumentadores y obstinados por las palabras en particular.
En cuanto a las enseñanzas, hay sacerdotes y predicadores populares que se dan a rituales y ceremonias y que son diestros en los variados encantamientos y en el arte de la elocuencia; a ellos no se les debería honrar ni acoger reverencialmente, porque lo que obtenemos de ellos es excitación emocional y disfrute mundano; no es el Dharma. Tales predicadores, por su diestra manipulación de palabras y frases y por los variados razonamientos y encantamientos, utilizan la simple palabrería de un niño. En cuanto que la realización o no esté de acuerdo con la verdad y en unísono con el significado, solamente sirven para despertar el sentimiento y la emoción, mientras se embota la mente. Como ellos mismos no entienden el significado de todas las cosas, ellos solamente confunden las mentes de los que les escuchan, con sus puntos de vista dualísticos. No entendiendo que no hay nada sino lo que se ve de la mente, ellos mismos se apegan a la noción de la naturaleza propia en las cosas externas, y siendo incapaces de conocer el camino ellos mismos, no tienen nada que ofrecer a los otros. Por lo tanto, esos sacerdotes y predicadores populares que son diestros en los variados encantamientos y en el arte de la elocuencia, nunca han estado emancipados de tales calamidades como el nacimiento, la vejez, la enfermedad, el sufrimiento, la lamentación, el dolor, y la desesperación a la que guían al ignorante y lo confunden a través de sus palabras, frases, ejemplos y conclusiones.
Luego están los filósofos materialistas. Ni respeto ni servicio deben ser demostrados hacia ellos por su enseñanza, aunque ellos puedan explicarse usando cientos de miles de palabras y frases no van más allá de las preocupaciones de este mundo y este cuerpo, y al final guían al sufrimiento. Como los materialistas reconocen, ninguna verdad existe por ella misma. Se dividen en muchas escuelas, cada una de las cuales se agarra a su propia forma de razonamiento.
Pero está eso que no pertenece al materialismo y que no se alcanza por el conocimiento de los filósofos, los cuales se agarran a imaginaciones falsas y razonamientos erróneos, fracasan en ver que, fundamentalmente, no hay realidad en los objetos externos. Cuando se reconoce que no hay nada más allá de lo que es visto por la mente misma, la discriminación de ser y no-ser cesa y por lo tanto, no hay un mundo externo objeto de percepción, nada permanece sino la soledad-privacidad de la Realidad. Esto no pertenece a los filósofos materialistas, es el reino de los Tathagatas. Si tales cosas son imaginadas como el ir y venir del sistema-mental, desapareciendo y apareciendo, peticiones, apegos, afecciones intensas, una hipótesis filosófica, una teoría, un lugar, un conceptosensorial, una atracción atómica, un organismo, crecimiento, sed, apego – esas cosas que pertenecen al materialismo, no son mías.
Esas son cosas que son el objeto del interés mundano, para ser sentidas, manipuladas y gustadas, estas son las cosas que aparecen en los elementos que componen los agregados de la personalidad, donde debido a la fuerza progresiva de la lujuria, surgen toda clase de desastres, nacimiento, sufrimiento, lamentación, dolor, desesperación, enfermedad, vejez y muerte. Todas estas cosas conciernen al interés y satisfacción mundanos; ellas descansan a lo largo del camino de los filósofos, que no es el camino del Dharma. Cuando el verdadero no-ego de las cosas y personas es entendido, la discriminación cesa de afirmarse a sí misma; el sistema-mental inferior cesa de funcionar; las diversas etapas del Bodhisattva son seguidas una después de otra; el Bodhisattva es capaz de expresar sus diez votos inextinguibles y es ungido por todos los Budhas. El Bodhisattva llega a ser maestrodirector de él mismo y de todas las cosas por virtud de una vida sin esfuerzo, radiante y espontánea. Por lo tanto, el Dharma, que es la Inteligencia Trascendental, trasciende todas las discriminaciones, todos los falsos razonamientos, todos los sistemas filosóficos, todo dualismo.”
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Entonces Mahamati le dijo al Bendito: “En las Escrituras se hace mención de la Matriz de la Tathagatidad y se enseña que lo que es nacido de ella es por naturaleza brillante y puro, originalmente sin mancha y dotado con las treinta y dos marcas de excelencia. Se nos describe como una gema preciosa pero envuelta en una vestimenta inmunda, sucia con la avaricia, la cólera, la torpeza y la imaginación falsa. Se nos ha enseñado que esta naturaleza-Búdica inmanente en cada uno es eterna, inalterable, y favorable. ¿No es esto nacido de la Matriz de la Tathagatidad lo mismo que la sustancia-alma que enseñan por los filósofos? El Atman Divino que ellos enseñan es también declarado eterno, inescrutable, inalterable e imperecedero. ¿Hay una diferencia o no la hay?”
El Bendito replicó: “No, Mahamati, mi Matriz de la Tathagatidad no es la misma que el Atman Divino tal como lo enseñan los filósofos. Lo que yo enseño es la Tathagatidad en el sentido de Dharmakaya, la Unidad Última, el Nirvana, el vacío, lo no-nacido, lo incalificable, desprovisto del esfuerzo-voluntad. La razón por la que enseño la doctrina de la Tathagatidad es para que el ignorante y el necio se aparten de sus miedos a medida que escuchan la enseñanza del noego y lleguen a entender el estado de no-discriminación y no-imagen.
La enseñanza religiosa de los Tathagatas es justamente como un alfarero haciendo varias vasijas con una masa de barro, con su propia destreza manual y con la ayuda de una vara, de agua y de un cordón. Así los Tathagatas con su dominio de diestros medios producidos por la Sabiduría Noble a través de varios términos, expresiones y símbolos, predican el no-ego dual para poder eliminar el último vestigio de discriminación que impide a los discípulos lograr la comprensión-propia de la Sabiduría Noble. La doctrina de la matriz-del-Tathagata es revelada para poder despertar a los filósofos de su apego a la noción de un Atman Divino como personalidad trascendental, de manera que sus mentes, que han llegado a estar apegadas a la noción imaginaria de un “alma” como algo autoexistente, puedan despertar rápidamente al estado de la iluminación perfecta. Todas esas nociones de causa-efecto, sucesión, átomos y elementos primarios que componen la personalidad, el alma personal, el Espíritu Supremo, el Dios Soberano o el Creador, son todas invenciones e ilusiones de la imaginación y manifestaciones de la mente. No, Mahamati, la doctrina de los Tathagatas de la Matriz de la Tathagatidad no es la misma que la del Atman de los filósofos.
Se dice que un Bodhisattva ha aprehendido bien las enseñanzas de los Tathagatas cuando, completamente solo en su propio espacio, a través de su Inteligencia Trascendental, camina por el pasaje que guía al Nirvana. En ese momento, su mente se abrirá, o sea, entenderá a través de percibir, pensar, meditar, y vivir en la práctica de la concentración, hasta que logre el “giro” o la desviación del flujo (rectificación) de la energía-habito. De ahí en adelante llevará una vida de acciones excelentes. Con su mente concentrada en el estado de Budeidad, llegará a estar completa y meticulosamente familiarizado con su propia mente; será como una gema radiante de muchos colores; será capaz de entrar en las mentes de todos para ayudarlos; y, finalmente, a través de la ascensión gradual de las etapas, llegará a establecerse en la Inteligencia Trascendental perfecta de los Tathagatas.
Sin embargo, la Inteligencia Trascendental (Arya-jnana) no es la Sabiduría Noble (Arya-prajna) misma; solamente es una atención intuitiva de ella. La Sabiduría Noble es un estado perfecto de no-imagen; es la Matriz de la “Esencia de la Mente”, es la Mente Divina – la energía constante que todo lo conserva y protege –es la Esencia pura que vive en paciencia perfecta y tranquilidad serena e imperturbable.”
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