Sto. Tomás Moro 7/26

(Viene de la página 6)

contemporáneos, él es humanista porque es cristiano; dicho de otra forma es un cristiano que quiso ser y fue plenamente humano. Queremos entonces disentir respetuosamente con Vázquez de Prada o con Massini. No se trata de que haya querido unir dos culturas, de que haya querido retener el legado tradicional de la Edad Media y a la vez aceptar las nuevas corrientes científicas en términos de contradicción. No hay aquí datos que permitan vislumbrar una puja entre dos ideologías dispares que se disputan una conciencia. De hecho es justo recordar que la despedida de la Edad Media no había sido del todo feliz; Chambers admite (hablando de los modales y educación de Moro) que aun los relatos de caballería  no causaron en él la menor impresión. No obstante, hay sí, una Fe que se piensa y se vive con la mayor naturalidad practicada según la descripción evangélica: "Vosotros sois la sal de la tierra (...) vosotros sois la luz del mundo" (Mt 5, 13-14) Y Moro es luz: El gran consejero, el hábil mediador, el estudioso intelectual. Moro es sal: El esposo amante, el jurista polémico, el político recto. Se trata de un hombre que lee su época desde un alfa y omega: desde Cristo. Y es capaz de llevar esta coherencia hasta el Cielo.

Lejos de compararnos en lo personal, la problemática de Moro en este sentido no dista mucho de la de cualquiera de nosotros en cuanto a la pretensión de mantener una cosmovisión cristiana del mundo en la era de la Coca y el condón informático. Hipersocializado diría un exégeta psicopedagógico; es tan capaz de servir un mesa, polemizar con un Rey, resolver un conflicto comercial internacional o disfrutar de una charla familiar con el mismo sense of humr a flor de labios. No existe un cuestionamiento temporal, al contrario; pocos hombres son tan representativos del siglo XVI. Pero a no dejarse engañar, la opción ha sido tomada hace tiempo; probablemente a los veintitrés cuando finalizaba el ciclo de conferencias sobre "La ciudad de Dios": Es ante todo un soldado de Cristo.


Utopía: Sentido y estilo

"La Utopía no es una meta sino el ejemplo de un camino"
Javier, 3 de la mañana en un bar de Corrientes

Cuando jóvenes Ousset nos decía que Utopía era una obra más del catálogo del pensamiento prerrevolucionario coincidiendo curiosamente con la opinión de no pocos revolucionarios. Opinión ligera que ha llevado a otros autores (guiados seguro por las mejores intenciones) a minimizar la genialidad de la obra como: "uno de esos hermosos sueños que fabrican algunos espíritus para escapar así a los males y al tedio de las realidades". Moro mismo (en su exceso de modestia) ha contribuido a esta idea en su epístola a Gillis explicando que escribía su Utopía robándole tiempo al sueño y solo cuando se libraba de sus ocupaciones y atenciones domesticas.

Más crecidos y en la facultad o fuera de ella, leímos con te

(Continúa en la página 8)

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