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El Código Da Vinci (II Parte)

 

La fabricación de
El código Da Vinci

 

Demasiados expertos para tantos errores

 

• José Eugenio Borao
GER Gran Enciclopedia Rialp

 

El objetivo principal de esta novela es urdir una narración atractiva, y aparentemente creíble, sobre un supuesto “verdadero Jesús” que lleve a los lectores, en particular a los católicos, a la confusión, mediante la sospecha de que la Iglesia no quiere que se sepa una verdad que pondría en duda el fundamento de su existencia.

 

 

L

 

A SÍNTESIS DEL MENSAJE y del argumento de la novela, contados de manera lineal, es el siguiente. Jesucristo fue un sabio que se dio cuenta que a lo largo del tiempo se había perdido la devoción por “el sagrado femenino” e intentó restablecerla a través de la relación con su supuesta esposa, María Magdalena. Jesucristo, no era Dios ni pretendió serlo, pero para recuperar ese rastro del “sagrado femenino” y devolvérselo al mundo quiso fundar una iglesia. Por ello, antes de su muerte se la confió, no a San Pedro como siempre se ha creído, sino a María Magdalena. Si esta historia no es la que ha llegado hasta ahora se debe a que, a principios del siglo IV, es decir trescientos años después de la muerte de Jesús, el emperador Constantino, el primero que empezó a proteger a la Iglesia, abolió del cristianismo dicho “sagrado femenino” a la vez que deshumanizó a Jesucristo “decretando que había sido Dios”. Para perdurar sus objetivos, primero manipuló el Concilio de Nicea del año 325, en el que tras una votación reñida, sus ideas patriarcales, autoritarias y antifeministas fueron refrendadas. Acto seguido seleccionó de entre los existentes cuatro evangelios inofensivos de Jesús como canónicos, suprimiendo otros que tenían huellas del matrimonio de Jesús y la Magdalena, a la vez que trató de eliminar a los descendientes de Jesús. Tuvo éxito en su primer objetivo, pero no en el segundo, pues algunos de éstos habían huido a Francia e incluso ocuparon siglos después el trono de este país fundando la dinastía de los Merovingios.

 

Durante la Edad Media y Moderna la historia de estos descendientes se resume en un intento de supervivencia frente al complot permanente de la Iglesia para eliminarlos, ya que de revelar su secreto podrían destruir la autoridad de la Iglesia. Ésta maniobró para que los Carolingios expulsaran a los Merovingios. Lo consiguieron, y éstos acabaron formando la sociedad secreta del Priorato de Sión, para proteger tanto a los supervivientes del linaje de Jesús, como su secreto. Los caballeros Templarios, que habrían tenido alguna relación con el Priorato, también fueron perseguidos y eliminados. Algunos de los grandes literatos y artistas de la historia fueron maestres del Priorato, pero tuvieron que vivir en la clandestinidad, sólo uno de ellos, Leonardo da Vinci, dejó en sus obras indicios de dicho secreto. La Iglesia siguió con sus esfuerzos. Así, para eliminar manifestaciones de culto a lo “sagrado femenino”, promovió la caza de millones de brujas en toda Europa. Sin embargo, el linaje de Jesús, el verdadero Santo Grial, siguió permaneciendo en algunas familias, como las portadoras del apellido Plantard o Saint-Clair.

 

El tercer periodo en el que se sitúa la novela —y a través del cual empieza— es el de la actualidad. El Priorato ha decidido por fi n revelar el secreto al mundo a través de su Gran Maestre, Jacques Saunière, un conservador del Museo del Louvre, experto en “diosas” y en lo “sagrado femenino”. Pero alguien esta complotando de nuevo, ya que Sauniere aparece muerto, probablemente asesinado. Saunière había dejado antes de morir una serie de claves dibujadas en el suelo con su sangre conteniendo algún enigma. En ese momento aparece en el escenario su nieta, Sophie Neveu, una criptóloga que trabaja para la policía de París, pues Saunière le había llamado urgentemente antes de morir para revelarle algo importante sobre la familia. El principal sospechoso de la muerte es Robert Langdon, un profesor de Harvard experto en simbología religiosa que está de viaje en Paris, y se le convoca a la escena del crimen. Pero Sophie, que cree en la inocencia de Langdon, le ayuda a escapar. A partir de entonces vemos como Sophie, gracias a Langdon y al erudito Sir Leigh Teabing, en medio de persecuciones y crímenes, se va instruyendo en el culto a las diosas y que le llevan a descifrar las claves de las pinturas de Leonardo. Teabing, también, le cuenta por ejemplo que Constantino creó el Vaticano como nueva base de poder.

 

En el proceso, al lector se le induce a creer que la responsabilidad última de estos asesinatos recae sobre el Opus Dei, ya que en esos momentos dicha institución se encuentra en situación difícil. Efectivamente, un “papa progresista” quiere romper los vínculos de la Iglesia con el Opus Dei, y eso hace que el Prelado del Opus Dei acepte la oferta de un misterioso Maestre, que le entregaría las pruebas del Priorato de Sión a cambio de una gran suma de dinero. Con dichas pruebas, el Prelado podría chantajear a la Santa Sede. En realidad, dicho Maestre, es un riquísimo profesor inglés, anticatólico, que quiere revelar el secreto al mundo y acusa al Priorato de callar por miedo a la Iglesia. Para ello, un monje albino del Opus Dei, es prestado al Maestre, quien lo empuja a cometer los crímenes citados. Finalmente la historia acaba con el inevitable romance entre Langdon y Sophie, el descubrimiento por parte de Sophie de que su abuelo Saunière era el Gran Maestre del Priorato de Sión, y por tanto ella era la última de descendiente de Jesucristo; y que bajo la pirámide de cristal existente a la entrada del Louvre —promovida por el antiguo presidente francés Francois Miterrand, un esoterista y masón— se encontraba la tumba de María Magdalena. Al final de la novela, Langdon vuelve al Louvre y cae respetuosamente de rodillas mientras oye una voz femenina que le transmite la Sabiduría de los Tiempos.
 

Ciertamente El Código Da Vinci es una novela, y por tanto no se puede esperar de ella ninguna veracidad histórica, sin embargo el autor lleva a la confusión a sus lectores ya que en la página “Los hechos” señala que “todas descripciones de documentos y rituales secretos que aparecen en esa novela son veraces”, en otras palabras, pretende enseñar conceptos históricos en el contexto de una ficción. Pero, tal como ha venido demostrando la crítica a la novela, desde un punto de vista factual son muchas las invenciones sin fundamento, así como los errores e imprecisiones que el autor comete, todo lo cual da idea de que la novela está escrita con superficialidad. Veamos unos pocos ejemplos. En escritos cristianos del siglo I ya se dice explícitamente que Jesucristo era Dios. En el llamado Canon de Muratori (190 d.C.) ya se habla de que sólo había cuatro evangelios canónicos, estando los evangelios gnósticos ya prácticamente excluidos. En el Concilio de Nicea no hubo ninguna votación reñida, sino que solamente dos de los 300 obispos asistentes votaron en contra de las proposiciones. El Vaticano no pasó a ser residencia oficial de los papas hasta el siglo XIV. El Priorato de Sión no existió en la Edad Media, sino que es una organización neo-caballeresca fundada en Paris en 1956 por el esoterista francés Pierre Plantard. Desafortunadamente, muchas brujas fueron llevadas a la hoguera en Europa en el siglo XVII, pero ni fueron millones, ni sólo mujeres, y, curiosamente, la mayor proporción de muertes se dio en países protestantes. En la universidad de Harvard no existe la asignatura Simbología Religiosa. En el Opus Dei no hay monjes. La lista podría alargarse mucho más.
 

Una pregunta final que podríamos hacernos es cómo es posible que semejante novela haya vendido tantos millones de ejemplares. Es difícil saberlo, pero podemos aventurar una respuesta considerando que tres años antes Dan Brown hubo publicado en la misma editorial una novela, Ángeles y demonios, en algunos aspectos similar, incluso con personajes comunes como Robert Langdon, y tramas parecidas, pero que apenas tuvo éxito. ¿Cuál es la diferencia entre ambas? Por un lugar, suavizó un poco el elevado tono anticatólico para darle más credibilidad y por otro utilizó el olvidado mundo gnóstico, con fuertes dosis de feminismo radical y ocultismo, para dar una nueva y provocadora visión de Jesús que sintonizase bien con la New Age, la línea de pensamiento blando más en boga ahora en los EEUU y en todo el mundo, presentada en la novela de manera snob por profesores de Oxford y Harvard; en resumen, un “harrypotter” para adultos. Por último, Brown aprovecha la falta de instrucción religiosa de muchos cristianos para que sucumban ante una narración que sabe presentar la fantasía con dosis de credibilidad.

 

 


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