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En
principio, entonces, la amenaza pública aparece como un mecanismo efectivo para
disuadir a E de participar en las
licitaciones—e, indirectamente, para reducir las posibilidades del gobierno
saliente de cerrar contratos de última hora.
El problema, sin embargo, es más complejo porque E
puede dudar de la decisión (o capacidad) de FG
para llevar a cabo su amenaza en el futuro.
En
primer lugar, existe incertidumbre sobre la conformación del nuevo gobierno.
Si el actual partido gobernante gana nuevamente las elecciones, la
amenaza pierde sentido simplemente porque el futuro gobierno FG
no estaría bajo el control de aquellos que prometieron revisar los contratos.
Aunque la oposición lleve una hipotética ventaja en las encuestas,
existe siempre una probabilidad h de
que el partido de gobierno sea reelecto (y por ende una probabilidad 1–h de
que la oposición llegue al poder).
En
segundo lugar, existen dudas con respecto a validez de la amenaza incluso
si la oposición llega al poder. Una
vez en el gobierno, FG puede
descubrir que el costo de reabrir las licitaciones es demasiado elevado para el
estado, puede enfrentar prioridades de gobierno que le impiden ocuparse del
tema, puede descubrir que la opinión pública no está interesada en las
licitaciones del pasado, etc.
Digamos,
para simplificar el argumento, que el futuro gobierno de la oposición puede ser
de dos tipos: un gobierno blando, que
olvidará rápidamente su amenaza y privilegiará la defensa de la seguridad jurídica,
o un gobierno duro, que castigará a
quienes desafiaron su amenaza revisando los contratos.
Si
E anticipa la presencia de un
gobierno blando, debe ignorar la amenaza y actuar como si jugara el primer juego.
Si, por el contrario, espera confrontar un gobierno duro, debe tomar la
amenaza seriamente. Es decir que,
en un marco de incertidumbre, E no
tiene claridad con respecto a cuál es el juego que debe jugar.
Los actores E y GS ignoran el
verdadero tipo de FG, pero pueden
anticiparlo con cierta probabilidad. Denotemos
como j a la probabilidad de que FG
pertenezca al tipo “blando”—y por ende (1–j) a la probabilidad de que
pertenezca al tipo “duro.”
De
acuerdo con lo expuesto, la probabilidad de que el gobierno entrante revise los
contratos se reduce a la probabilidad de que la oposición gane las elecciones
(1–h) ponderada por la probabilidad
de que ejecute la amenaza si gana (1–j).
Denominemos a este factor que refleja la “credibilidad” de la amenaza
como p, en donde p=(1–h)(1–j).
Desde
este punto de vista, la credibilidad de la amenaza tiende a ser baja en
cualquier escenario realista. Supongamos
que el gobierno saliente tiene chances limitadas de regresar al poder (h=.4) y
que el partido opositor tiene fama de “duro” (j=.3).
En este escenario favorable, p=.42. Imaginemos
ahora que la fama de “dureza” de la oposición se debilita un poco y j=.5.
En este caso, p=.30, es decir que los empresarios anticipan apenas un 30%
de posibilidades de que la amenaza sea cumplida.
En muy pocas ocasiones el valor de p
superaría el umbral de .50, lo que hace a la amenaza muy poco creíble.
La
figura que sigue ilustra el juego en un contexto de incertidumbre.
El
primer movimiento corresponde al destino (D),
que determina con probabilidad p si
la amenaza de FG se cumplirá en el
futuro.
La
mitad superior del juego (si FG no
está en manos de la oposición, o ésta ejerce un gobierno blando) corresponde
al juego descripto en la Figura 1, la mitad inferior (cuando la amenaza es creíble),
a la Figura 2. Las líneas
punteadas señalan que ni GS ni E conocen con certeza en qué situación se encuentran—aunque
pueden estimar el valor de p.
Esto
es irrelevante para el gobierno saliente, que prefiere cerrar los contratos en
cualquier circunstancia, pero es importante para el empresario, quien enfrenta
serios costos si evalúa erróneamente la naturaleza del futuro gobierno.
Ahora
bien, si éste estima que el valor de p es relativamente bajo en cualquier escenario realista, deberá
asumir como probable que el juego se desarrolle en la mitad superior del
esquema. Carente de credibilidad,
la amenaza electoral se torna entonces en un arma poco efectiva para alterar la
estrategia del empresariado.

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Actor
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Estrategias
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GS
(Gobierno Saliente):
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N
(Negociar Nuevos Contratos), ~N
(Postergar contratos)
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E
(Empresario):
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P
(Participar en negocio), ~P
(Esperar próxima vuelta)
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FG
(Futuro Gobierno):
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R
(Revisar los contratos), ~R (Aceptar
validez de contratos)
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(Recompensas
en negrita señalan resultados en equilibrio)
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