Aplicación de un modelo de Teoría de Juegos dentro de la Ciencia Política

Legados institucionales y estrategia electoral
(
IV) 
¿CUAN CREIBLE 
ES LA AMENAZA?

 

Reproducido para efectos exclusivamente académicos de:
Aníbal Pérez Liñán,
 University of Notre Dame, y
José Corbetta, y
Ramiro Ambrosioni
Universidad de Belgrano
Versión 20 de setiembre, 2000

(Temas de Negociación no asume ninguna posición política dentro del planteamiento científico adoptado para presentar el tema)

Se ruega no utilizar 
su contenido sin
  autorización por escrito.

America Latina, 2001





 

 

En principio, entonces, la amenaza pública aparece como un mecanismo efectivo para disuadir a E de participar en las licitaciones—e, indirectamente, para reducir las posibilidades del gobierno saliente de cerrar contratos de última hora.  El problema, sin embargo, es más complejo porque E puede dudar de la decisión (o capacidad) de FG para llevar a cabo su amenaza en el futuro. 

 

En primer lugar, existe incertidumbre sobre la conformación del nuevo gobierno.  Si el actual partido gobernante gana nuevamente las elecciones, la amenaza pierde sentido simplemente porque el futuro gobierno FG no estaría bajo el control de aquellos que prometieron revisar los contratos.  Aunque la oposición lleve una hipotética ventaja en las encuestas, existe siempre una probabilidad h de que el partido de gobierno sea reelecto (y por ende una probabilidad 1–h de que la oposición llegue al poder).

 

En segundo lugar, existen dudas con respecto a validez de la amenaza incluso si la oposición llega al poder.  Una vez en el gobierno, FG puede descubrir que el costo de reabrir las licitaciones es demasiado elevado para el estado, puede enfrentar prioridades de gobierno que le impiden ocuparse del tema, puede descubrir que la opinión pública no está interesada en las licitaciones del pasado, etc.  

 

Digamos, para simplificar el argumento, que el futuro gobierno de la oposición puede ser de dos tipos: un gobierno blando, que olvidará rápidamente su amenaza y privilegiará la defensa de la seguridad jurídica, o un gobierno duro, que castigará a quienes desafiaron su amenaza revisando los contratos.

 

Si E anticipa la presencia de un gobierno blando, debe ignorar la amenaza y actuar como si jugara el primer juego.  Si, por el contrario, espera confrontar un gobierno duro, debe tomar la amenaza seriamente.  Es decir que, en un marco de incertidumbre, E no tiene claridad con respecto a cuál es el juego que debe jugar.  Los actores E y GS ignoran el verdadero tipo de FG, pero pueden anticiparlo con cierta probabilidad.  Denotemos como j a la probabilidad de que FG pertenezca al tipo “blando”—y por ende (1–j) a la probabilidad de que pertenezca al tipo “duro.” 

 

De acuerdo con lo expuesto, la probabilidad de que el gobierno entrante revise los contratos se reduce a la probabilidad de que la oposición gane las elecciones (1–h) ponderada por la probabilidad de que ejecute la amenaza si gana (1–j).  Denominemos a este factor que refleja la “credibilidad” de la amenaza como p, en donde p=(1–h)(1–j).[2] 

 

Desde este punto de vista, la credibilidad de la amenaza tiende a ser baja en cualquier escenario realista.  Supongamos que el gobierno saliente tiene chances limitadas de regresar al poder (h=.4) y que el partido opositor tiene fama de “duro” (j=.3).  En este escenario favorable, p=.42.  Imaginemos ahora que la fama de “dureza” de la oposición se debilita un poco y j=.5.  En este caso, p=.30, es decir que los empresarios anticipan apenas un 30% de posibilidades de que la amenaza sea cumplida.  En muy pocas ocasiones el valor de p superaría el umbral de .50, lo que hace a la amenaza muy poco creíble.

 

La figura que sigue ilustra el juego en un contexto de incertidumbre.  

 

El primer movimiento corresponde al destino (D), que determina con probabilidad p si la amenaza de FG se cumplirá en el futuro.  

 

La mitad superior del juego (si FG no está en manos de la oposición, o ésta ejerce un gobierno blando) corresponde al juego descripto en la Figura 1, la mitad inferior (cuando la amenaza es creíble), a la Figura 2.  Las líneas punteadas señalan que ni GS ni E conocen con certeza en qué situación se encuentran—aunque pueden estimar el valor de p.  

 

Esto es irrelevante para el gobierno saliente, que prefiere cerrar los contratos en cualquier circunstancia, pero es importante para el empresario, quien enfrenta serios costos si evalúa erróneamente la naturaleza del futuro gobierno.  

 

Ahora bien, si éste estima que el valor de p es relativamente bajo en cualquier escenario realista, deberá asumir como probable que el juego se desarrolle en la mitad superior del esquema.  Carente de credibilidad, la amenaza electoral se torna entonces en un arma poco efectiva para alterar la estrategia del empresariado.

 

 

Actor

Estrategias

GS (Gobierno Saliente):

N (Negociar Nuevos Contratos), ~N (Postergar contratos)

E (Empresario):

P (Participar en negocio), ~P (Esperar próxima vuelta)

FG (Futuro Gobierno):

R (Revisar los contratos), ~R (Aceptar validez de contratos)

 

(Recompensas en negrita señalan resultados en equilibrio)

 




Continuación




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