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Explicación
escrita: Leilui Nishmat: Abi u mori "Israel
ben Peshl" |
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Moshé
recibió la Torá de Sinaí
Podemos
apreciar en el Jumash (Pentateuco), donde versa: “1Estos son los estatutos,
sentencias judiciales y leyes (“Torot”) que otorgó
Hashem entre Si y los hijos de Israel en el monte Sinai
por intermedio de Moshé”.
La
palabra “2Torot”
(que es el plural de Torá), representa la Torá escrita y
la oral con todas sus ramificaciones, detalles y derivados.
Comprendemos
entonces del final del versículo “por intermedio de
Moshé”, 3que
todo lo que se mensiona en la primera parte del mismo, es
decir lo concerniente a estatutos y sentencias judiciales,
ya sea con relación a la ley escrita u oral con todas sus
explicaciones, fueron dadas al pueblo de Israel por
intermedio de Moshé en el monte Sinai.
Todo
comenzó así: como versa en el primer libro de la Torá,
“Bereshit” (conocido como “Génesis”):
Abraham engendró a Itzjak, y este a Iaacov a quién le
nacieron Reubén, Shimón, Levi, Ieudáh, Isajar, Zevulún,
Iosef, Biniamín, Dan, Naftali, Gad y Asher.
Iosef
fue vendido por sus hermanos a Mitzraim (Egipto), por
causa que contaba a su padre lo que veía mal en la
conducta de ellos, motivo que despertó ira en sus
hermanos y lo vendieron. Allí, en Mitzraim, Iosef progresó
mucho política y económicamente, llegando a ser nombrado
virrey del Faraón (Paró en hebreo), y con todo ese poder
acumulado, vivía cómodamente junto a su esposa y dos
hijos que le nacieron Efraim y Menashé. Ocurrió que
sobrevino sobre la tierra una época muy magra en la cual
no había alimento y la gente desesperaba de hambre, a tal
punto que vendieron prácticamente todos sus bienes
incluidas sus tierras
y hasta llegaron a ofrecerse de propia voluntad
convertirse en esclavos del Faraón, todo esto a cambio de
un poco de víveres.
Iosef
había almacenado en los años de abundancia mucho cereal
en los depósitos, ya que él mismo había profetizado que
sobrevendrían siete años de abundancia y luego siete de
hambre. Y la población de Mitzraim hacía todo esto que
narramos a cambio de un poco de provisiones, inclusive los
propios hermanos de Iosef llegaron hasta esas tierras para
comprar alimentos, pero este no se reveló ante ellos,
quienes no pudieron reconocerlo por causa que cuando lo
vendieron no tenía barba y ahora si, ya que habían
transcurrido diecisiete años, motivo que le cambió el
aspecto del rostro y se tornó irreconocible.
Al
principio Iosef trató a sus hermanos con dureza, pero
cuando ya no pudo contenerse los llevó a su casa, sirvió
un banquete y allí se revela y les ordena que traigan a su padre; y a ellos mismos, que vengan con todas
sus pertenencias y familias.
Hicieron
como su hermano les dijo, y una vez que llegaron, les
fueron otorgadas, con el consentimiento del Faraón las
tierras de Goshen donde viviría Iaakov, quién fue
llamado por Hashem con el nombre de Israel, junto a los
suyos por el resto de su vida.
Sucedió
que poco antes de entregar su alma al Creador, Israel
presintió que le faltaba poco y convocó a Iosef informándole
que “4Ahora, tus dos hijos que te
nacieron en Mitzraim antes de mi venida hacia ti serán
para mi; Efraim y Menashé como Reubén y Shimón serán
para mi. Pero
los hijos que engendrares después de ellos, para ti serán,
por el nombre de sus hermanos serán llamados en su
heredad”. Luego Israel bendijo a todos sus demás hijos.
Solo cabe destacar que de aquí vemos como los dos hijos
de Iosef pasaron a ser como hijos directos de Iaakov, y
tenemos cuales son los doce hombres que se convertirían
en los padres de las doce tribus de Israel; quedándonos
finalmente que Reubén, Shimón, Ieudáh, Isajar,
Zevulún, Biniamín, Dan, Naftali, Gad , Asher, Efraim y
Menashé (que toman el lugar de Iosef) son las doce tribus
de Israel. Apreciamos que entre ellos no figura Levi, y es
por causa que Hashem separaría a esta tribu de las demás,
como versa: ”5Y
habló Hashem a Moshé diciendo: he aquí que Yo he tomado
a los Levitas (descendientes de Levi) de entre los hijos
de Israel en sustitución de todo primogénito que abre la
matriz de entre los hijos de Israel, los Levitas serán
pues para Mi”. Ya que en un principio, eran los primogénitos
los que realizaban el servicio sagrado, pero cuando
participaron en el pecado de la construcción del becerro
de oro, Hashem los retiró del cargo y nombró en su lugar
a los Levitas quienes no tomaron parte en este hecho, haciéndoles
saber además que no tendrán parte ni heredad en la
tierra de Israel, porque El mismo (Hashem) es su heredad.
Todos
los varones que ingresaron a Mitzraim (Egipto) eran
setenta almas y habitaron plácidamente en tierras de
Goshen, que les habían sido destinadas para tal fin por
el mismo Faraón.
Pasaron
los años y pereció toda esa generación tras lo cual se
levanta un nuevo mandatario que no conoció a Iosef, quién
esclavizó y condenó a trabajos forzados al pueblo judío,
los cuales se reproducían de manera impresionante, pues más
los oprimían con ardua tarea, más procreaban.
Entre
tanta aflicción nace Moshé, quién debió ser arrojado a
las aguas del río Nilo en una canasta, pues regía un
decreto del rey de exterminar a todo varón que nazca, por
lo que sus padres en un desesperado intento por conservar
la vida del niño, lo depositan en el sitio y condiciones
que recién mencionamos.
La
hija del Faraón rescata a la criatura adoptándolo, y
haciéndolo crecer en el palacio real.
Tiempo
más tarde, Moshé debe huir a Midián, pues el rey
pretendía liquidarlo tras haberse enterado que el niño
adoptado por su hija asesinó a un guardia egipcio tras
golpear a un judío.
Allí
contrae enlace con Tzipora, hija de Itró, y les nació un
varón al que llamaron Guershom.
Al
cabo de muchos días fallece el rey de Mitzraim, motivo
que provoca un instante de alivio al pueblo judío,
quienes aprovechan ese suspiro para clamar a Hashem, pues
mientras permanecían bajo el yugo del cruel mandatario,
no lo pudieron hacer, ya que vivían atormentados
permanentemente bajo el rigor de las exigencias que se les
propinaban.
Hashem
escucha el llanto desgarrador de Su pueblo, pidiéndole
auxilio y convoca a Moshé en manos de quién encomienda
la tarea de sacar a los judíos de Egipto con el fin de
liberarlos y conducirlos a la tierra prometida: Israel.
Suceden
muchas cosas relevantes, entre ellas las diez plagas que
recaen sobre el Faraón y sus súbditos. Luego de esto,
como a la medianoche, a los quince días del mes hebreo de
Nisán en el año 2448, Israel es liberado y atraviesan el
mar que se abrió ante ellos en doce túneles. Llegan a la
otra orilla y pueden apreciar como sus perseguidores que
salieron tras ellos para capturarlos resultan ahogados por
el agua que se cerró sobre sus cuerpos desmoronándose a
su vez las paredes de hielo que formaron los túneles que
permitieron a los judíos pasar al otro extremo.
Cuarenta
y nueve días contaron desde que salieron en libertad y se
disponían a recibir la sagrada Torá.
Moshé había ordenado a todo el pueblo purificarse
tres días antes de la fabulosa entrega. Es entonces
cuando al día cincuenta de la salida de Mitzraim en el
monte Sinaí, se comienzan a escuchar y vislumbrar truenos,
relámpagos y la voz del shofar (cuerno de carnero) se oyó
muy fuerte; todos temieron y el monte Sinaí emanaba mucho
humo asemejándose a un horno, lo que incrementó el temor
de la población. El mundo se paralizó en ese instante y
Hashem pronunció los dos primeros mandamientos, pero la
gente aterrorizada que veía las llamaradas que brotaban,
más el estruendo del shofar y el humo,
se alejaron y pidieron a Moshé que Hashem le hable
a él, y luego este al pueblo. Así recibió la Torá del
Sinaí aprendiendo además, todos los detalles de las
leyes, sus explicaciones y ramificaciones, directamente de
Hashem.
1 – Vaikrá (Levítico) 26:
46.
2 – Rashi
en Vaikrá 26:46.
3 – extraído del comentario
al Pentateuco: Sifré
4 – Bereshit (Génesis) 48: 5 - 6
5
– Bamidbar (En el desierto) 3: 11
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