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Sección
de la Torá Balak, cap. 24, versículo 5
5)
"Cuán buenas son tus tiendas Iaacov, y tus moradas
Israel"
El recto y
justo Rabí Zushe de Anipoli era de los alumnos destacados
del gran rabino Rabí Dob Beer de Mezritch (conocido como
el Maguid de Meztrich).
Un día, llegó
hasta la casa del Maguid de Meztrich cierto
individuo que solicitó ser recibido por el rabino (por el
Maguid de Meztrich) con el fin de recibir de su boca una
bendición.
Se concentró y
analizó Rabi Zushe al huésped y reconoció en él que es
un gran pecador y no tiene la más mínima intención de
arrrepentirse y encaminarse por el sendero del bien.
Rabí Zushe no
pudo contenerse del tormentoso sentimiento que le brotó
de su corazón respecto al individuo que no expresa con su
boca lo mismo que su corazón siente (ya que se mostraba
como un inocente hombre que viene a pedir una bendición,
mientras en su corazón tenía pensamientos pecaminosos -
según lo que detectó Rabi Zushe). Entonces llamó a él
mostrando síntomas de enojo y le dijo:
"Un
pecador como tú: ¿Cómo no se avergúenza en pretender
estar cara a cara delante de nuestro sagrado rabino (el
Maguid de Meztrich)?".
Quedó atónito
el hombre por las palabras hirientes de Rabí Zushe, y con
la cabeza gacha abandonó la casa del Maguid de Meztrich y
desapareció de la misma manera que llegó.
Rabí Zushe
siguió con su vista los pasos del hombre pecador que
había venido en busca de una bendición y se retiró sin
decir palabra, y también Rabí Zushe sintió fuertes palpitaciones
en su corazón ante las palabras vergonzosas que había
dicho al huésped en la cara.
Decidió
entonces Rabí Zushe contarle lo sucedido a su maestro, el
Maguid de Meztrich y este le respondió: "Cada
mañana comenzamos nuestras plegarias diciendo el
versículo: "Cuán buenas son tus
tiendas Iaacov, y tus moradas Israel". Es para que
podamos tener el mérito de ver solo las virtudes en las
tiendas de Iaacov (se refiere a Israel, ya que Iaakov es
Israel, el padre del pueblo judío).
Y
esta es la bendición que te doy el día de hoy: 'Sea la
voluntad de Hashem, que veas solo las cosas buenas que hay
en cada integrante del pueblo de Israel - inclusive que
está lleno de pecados como una granada de semillas. Y ya
nos enseñaron nuestros maestros (Shemot Rabá 24: 3):
Israel, a pesar que pecan - Hashem se conduce con ellos
como con un rebaño, (es decir, por sobre lo que marca la
ley perdonando sus infracciones)".
Y
relatan los descendientes de aquella escuela, que las
palabras que le dijo el Maguid de Meztrich a su
fiel alumno, penetraron profundamente en su corazón, es
decir, en el corazón de Rabí Zushe. Y desde ese día en
más cesó Rabí Zushe de reprender a los pecadores, sino
que generaba una abundante influencia de amor sobre cada
integrante del pueblo de Israel.
Y cada vez que
ingresaba delante suyo un pecador y estrechaba su mano,
absorvía ese individuo un espíritu nuevo y en su
corazón surgían deseos de arrepentimiento por su mala
conducta.
De esta manera,
comentan los descendientes de la escuela del Maguid de
Mezrich, logró Rabí Zushe hacer retornar de caminos
pecaminosos a muchos descarriados y que emprendan una vida
renovada y transitando los caminos del bien.
Extraido
del libro Parparaot la Torá, perashat Kora,j sección
"jasidim mesaprim".
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Caso
parecido ocurrió con Rab Uri de Stralisk
El tzadik (hombre recto y
justo): Rab Uri
de Stralisk, conocido por el apodo de "Seraf",
era alumno del santo Rabí Shelomó de Karlín. Y
antes de su deseso, el Rabí Shelomó dijo a sus
alumnos que continúen sus estudios a la sombra
del tzadik Rabí Mordejai de Nishjiz.
Cuando
llegó el momento, Rab
Uri de Stralisk se dirigió a lo de Rabí Mordejai
de Nishjiz como era la voluntad de su desaparecido
anterior maestro.
Cuando
Rab Uri ingresó a la habitación donde Rabí
Mordejai recibía a los huéspedes, divisó allí
a un hombre muy adinerado, que vino a aconsejarse
por el Rabí acerca de sus negocios,
y recibir su bendición. Y el Rabí lo recibió
con rostro alegre y ameno, como era su costumbre
recibir a toda persona, ya que se esforzaba mucho
en cumplir con el precepto de amar al prójimo.
Rab
Uri observó al millonario y detectó que no
hace mucho cometió una grave transgresión, y se
lamentó mucho Rab Uri (de que ese individuo se
encuentre frente al santo Rabí) y se sorprendió
interiormente por la conducta del Rabí Mordejai (que
lo atendía con alegría mostrandole su afecto). Y
Rabí Mordejai percibió el pensamiento de Rab
Uri, por lo que se acercó a él y le dijo:
"¡Vete
pronto
de aquí!, ¿Qué quieres en mi despacho?"
Se
retiró Rab
Uri decepcionado por el Rabí. Además estaba muy
cansado por el viaje, y decidió ingresar al salón
de estudios.
Cuando
se retiró el millonario de la casa del Rabí, el
mismo Rabí
Mordejai salió en busca del invitado de honor, o
sea, Rab Uri, y lo encontró en el salón de estudio.
El tzadik le dijo:
"También
yo, hermano, supe lo que tú supiste. Pero haz de
saber para que te envió tu maestro (el fallecido
Rabí Shelomó
de Karlín) hasta aquí:
Para
que sepas que aquel que no tiene el amor por los
demás judíos clavado como una estaca dentro de su
corazón, hasta tal punto que si ve a uno que
cometió un grave pecado, y con todo eso siente por
él un gran amor - ese hombre no ha llegado ni a la
mitad de lo que tiene que llegar en su servicio a
Hashem. Ya que si lo acercas a ti con amabilidad y
cariño, sin lugar a dudas que abandonará el camino
pecaminoso y se encaminará por el sendero del bien,
a menos que se trate de uno de esos malvados que
pecan solo con el objetivo de ir en contra de lo que
Hashem quiere. Mientras no se trate de una persona
así, lo debes tratar con mucho amor y cariño y
finalmente abandonará su mala conducta".
Se
estremeció
Rabí Uri, y comprendió la grandeza del santo Rabí
que tenía enfrente suyo, y estuvo con él mucho
tiempo.
(Sepamos
que estos hombres que mensionamos eran tan elevados
que no necesitaban hablar con las personas para
saber sus pensamientos interiores, por eso se daban
cuenta: este pecó, esto otro hizo tal cosa, etc)
Extraido
del libro Sipurei jasidim del Rab Shelomo Iosef
Zabin |
De
todo esto aprendemos que siempre debemos mostrar al
prójimo una sonrisa y rostro de simpatía, y es así como
lograremos que nos escuche y acepte nuestras ideas, pués
si salimos a atacar, lo único que lograremos es que
nuestro interlocutor se defienda lanzando una
contraofensiva y de ahí no saldrá nada bueno. Debemos
esforzarnos en ser agradables con los demás y todo irá
bien en nuestras vidas y en las de los demás.
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