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“Sección de la Torá 'Envía para ti'"

 Veamos una explicación

Israel es comparado a la uva

Sigan atentamente el relato.

1Como sabemos,  Moshé había enviado espías para que reconozcan la tierra de Kenaan, que deberían conquistar para que se convierta en la Tierra de  Isreal, y esos días,  "eran los días de las primicias de las uvas" (Bamidvar 13: 20).

 A través de este versículo es como si le estuvieran diciendo a Israel: "Ha llegado el momento de ingresar a la tierra prometida",

Ya que el pueblo de Israel fue comparado a las uvas, como versa (Oshea 9:10): "Como uvas en el desierto hallé a vuestros padres" (Así como hallar uvas en el desierto es algo remoto, ya que no cercen en esas superficies, quién las halla, le causa un gran placer, de esta misma manera Me causó mucho palcer encontrar a vuestros padres).

 "Y ya han madurado los racimos de uvas"- es decir, ya recibieron la Torá y están completos, por lo tanto ha llegado el tiempo de comenzar la conquista.

1. Extraido de Sefer Haparshiot de Eliahu Ki Tob

Y relacionado con esto que Israel es comparado a un racimo de uvas, ya que en el versículo que citamos, habla que encontró a nuestros padres en el desierto y le parecieron a Hashem como deliciosas uvas, las cuales no son fáciles de hallar en esa zona, y pese a que no especificó si halló a nuestros padres separados o juntos, lo que se representaría en uvas sueltas o en forma de racimo, nosotros sabemos por tradición que estaban juntos, por lo tanto  vamos a ver un relato del Rab. Iosef Jaim (Ben Ish Jai) al respecto: 

Las almas del pueblo judío están unidas como las uvas a su racimo.

Había un rey que tenía dos ministros consejeros, a quienes quería mucho, uno era judío y el otro no. El ministro judío era de bello aspecto y la esposa del ministro no judío lo deseaba y codiciaba en gran manera, pero no resultaba lograba convencerlo, ya que se trataba de un hombre recto y honesto. En una ocasión resultó que ambas mujeres se hallaban embarazadas, y las dos dieron a luz varones en el mismo día, y como causa que la mujer del incircunciso codiciaba en gran manera al Israel, y no se lo apartaba de su mente, por tal razón, el bebé que le nació de su marido, tenía las facciones como las del ministro judío, y la señora del ministro judío, también a ella le nació su niño con las facciones de su padre. Resultó que los dos niños que nacieron en ese mismo día, ambos tenían facciones similares. Le informaron al rey sobre este hecho tan extraño, que a ambas mujeres de sus ministros les nacieron niños parecidísimos entre si, los cuales eran iguales al ministro judío en sus facciones. El rey comprendió que causa de la gran codicia por el ministro Israel por parte de la mujer del otro ministro, por tal razón, le nació su hijo con el mismo aspecto del Israel, por eso el rey se enojó mucho en su corazón respecto a la mujer, y decretó decir, que el día que sea circuncidado el bebé judío, también sea circuncidado el de esa mujer, y a pesar que la religión de esta era totalmente opuesta a la judía, decretó de esta forma la sentencia para difundir el pecado de la mujer por haber codiciado a otro hombre, y así hicieron. Luego de un tiempo, el rey decretó que traigan a ambos niños al palacio real y que crecieran allí, sin que vean el rostro de sus respectivos padre y madre por el lapso de seis años, que sería en ese entonces cuando se los reintegraría. Así hicieron, y cuando crecieron seguían siendo muy parecidos uno al otro, pero la casa del rey sabían cual era el hijo del ministro circunciso y cual el del otro, ya que es imposible que se parezcan en todo, alguna pequeña señal que los distinga tiene que existir, pero sus padres y madres, puesto que no crecieron cerca de ellos en la crianza, no podían saber cual de ellos es su hijo. Pero en todos esos años, cada vez que en la casa del rey traían una comida prohibida para el niño judío, este no comía, y si lo alimentaban por la fuerza, este expulsaba toda la comida vomitándola, porque su alma no recibía sino alimentos aptos. Entonces, cuando se cumplió el tiempo estipulado por el rey, que eran los dos niños de edad de seis años, llamó el rey a los dos ministros, que eran los padres de los chicos a su casa y puso a ambas criaturas delante de ellos, y dijo a ellos que cada uno tome su hijo y se retire. El incircunciso se acercó a tomar uno de los chicos, ya que nos sabía cual era el suyo ya que ambos se parecían mucho. Pero el ministro Israel no quiso tomar y comenzó a llorar y dijo al rey, “Después que yo no se cual es mi hijo, no deseo tomar del montón lo que venga a mi mano”. El rey le respondió: “Si logras realizar algún examen, que con él reconoces cual es tu hijo, hazlo y llévatelo”. El ministro Israel respondió, “Quiero hacer el siguiente examen: que traigan una bandeja llena de uvas sueltas que no estén unidas al racimo, y que me traigan otra bandeja que contenga un racimo de uvas que se hallen unidas al racimo, y que no estén separadas del mismo”. Que pongan delante de uno de los niños por separado, y delante del otro niño por separado. El niño que tome del racimo ese es con certeza mi hijo”. Así hicieron, pusieron delante de uno de los chicos y tomó de las uvas que estaban sueltas, sin estar ligadas al racimo, y pusieron delante del otro niño y tomó solo de las uvas que estaban ligadas al racimo, sin tocar en absoluto de las uvas de la bandeja que las contenía separadas del racimo. El ministro Israel dice, “Este es mi hijo con plena certeza!”. El rey le responde: ”Es verdad, ese es tu hijo, pues yo los conozco muy bien y se quién es quién, pero dime de donde supiste como hacer tal examen para saber cual es el tuyo”. El ministro Israel responde, su señoría, el rey, nosotros los judíos tenemos cuerpos separados, y con todo eso estamos unidos uno al otro por el lado de nuestras almas, y por tal motivo somos todos considerados una sola alma, como versa: ‘5Con un setenta 6alma descendieron vuestros padres a Egipto”, y no dice ‘almas’, y también está escrito: ‘7La oveja esparcida Israel’, y no fue dicho ‘las ovejas esparcidas’. Es por eso que nosotros nos parecemos a un racimo de uvas, que a pesar que cada una es un elemento completo por separado, de todos modos cada una está unida al racimo y pende de él, es por eso que Israel fue comparado al racimo, como versa: ‘esta es tu estatura, se parece a la palmera datilera, y tus pechos a los racimos’, es decir, desde el punto de vista de los cuerpos, somos comparados a la palmera datilera, y desde el punto de vista de las almas, que ellos maman como es con los pechos, nos parecemos al racimo del modo que dijimos. Pero las naciones del mundo no están ligados uno con el otro, por eso se comparan a las uvas sueltas, que son uvas que fueron arrancadas del racimo y no están unidas una con la otra. Entonces yo supe, que estos niños, puesto que aun son pequeños, cada uno se arrastraría tras sus raíces, por eso mi hijo prefirió el racimo y fíjate que tomó esa preferencia a pesar que este tiene la mitad de uvas que la bandeja, pero el otro niño fue tras las individualidades,  que se parecen a su origen”. Y pareció bien la cosa a los ojos del rey, pues vio sus palabras como verdaderas y le dio a su hijo.

Vemos de aquí la importancia y responsabilidad que tenemos el uno con el otro, de orientarlo y tratar de conseguir por todos los medios que transite por la senda del bien, ya que cada uno de nuestros hermanos judíos contiene un alma que está ligada directamente a la nuestra, y si él hace algo no muy bueno, ese acto suyo nos influenciará por el motivo que dijimos, y es por esto, que en la plegaria conocida como “vidui” que significa “confesión” y se recita luego de finalizar las dieciocho bendiciones, es por eso que en la citada plegaria no nos confesamos diciendo: “he pecado, he transgredido, he robado, etc.”, sino decimos “hemos pecado, hemos transgredido, hemos robado, etc.”, y lo hacemos en plural, por este preciso motivo, que somos responsables y garantes los unos por los otros y si el otro hace algo, nosotros también tenemos parte en ello8.   

5- Libro de Shemot (Segundo libro de Moshé)

6 - En Hebreo existe este tipo de gramática de utilizar un término singular para en ocasiones referirse al plural.

7 – Salmos 119

8 – Ver en el libro Taamei Haminaguim, sección de Iom Kipur