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ANÁLISIS COMENTARIO Y DEMÁS |
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Internacional/EDITORIAL
¿Se aproxima el Gran Hermano Verde? ABRIL, 2O07. Supongamos que la ONU o un nuevo organismo supranacional realiza a un Congreso con el objetivo de alcanzar consensos en torno al calentamiento global. Luego de varios días se llega a un veredicto: corresponde a todos los gobiernos emplear "lo que sea necesario" para reducir sus efectos, aun si para ello se tengan que cambiar las Constituciones de cada país miembro. Digamos que entre los "acuerdos" a aplicarse mundialmente, se encuentran el limitar el uso de vehículos sólo a ciertos días de la semana, como ha ocurrido en México con el famoso Hoy No Circula; luego, se presionaría a las aerolíneas a que reduzcan su número de vuelos, así como regular el uso de naves privadas para ejecutivos o empresarios, y limitarlos únicamente en casos de estricta emergencia. Más adelante se obligaría las familias a restringir el uso de electricidad en sus hogares, horas específicas para ver la tele, utilizar la lavadora, el refrigerador a ratos. También se limitaría el número de horas para utilizar la computadora, excepto en casos especialmente supervisados. Naturalmente que todo comentario adverso a este "plan de emergencia" ecologista sería duramente castigado; quien se atreviera a cuestionarlo podría recibir fuertes multas o sanciones laborales. En las escuelas y universidades, mientras tanto, se impartirían cursos obligatorios de "cultura ecológica" al tiempo que el Estado aplicaría duros torniquetes fiscales a las empresas que, según su burocrático criterio, "promuevan con su actividad el calentamiento global". La discusión en torno a las verdades y exageraciones respecto al calentamiento global continuarán por un tiempo más. Pero en un punto que debiera ponernos a reflexionar, es que ya existe un acuerdo casi total, de que sea una entidad burocrática mundial, y los gobiernos a nivel local, los que se encarguen de organizar, primero, para combatir después, el calentamiento global. El empresariado, incluidos megamagnates como Bill Gates, parecen estar decididos a darle suprapoderes al Estado, del país que sea, para hacer lo posible, incluso, el coartar las garantías individuales. El mundo parece nuevamente estar dispuesto a darle la confianza al Estado, el peor administrador que registra la historia. Sin haber escarmentado un poquito, volvemos a creer que un grupo de sabios burócratas lograrán revertir el problema, incluso si para ello es necesario que nos digan a qué horas debemos encender las luces o cuáles focos hay que dejar de comprar; tendemos a pensar que se tratará de un asunto "temporal" y que en cuanto pase la contingencia, recuperaremos lo que antes habíamos sacrificado. Pensamiento ingenuo, para llamarlo con elegancia. Una de las razones por las cuales Estados Unidos se abstuvo de firmar el Protocolo de Kyoto radica precisamente en este hecho. Muchos de sus puntos simplemente van contra la libertad individual y de no someter a millones de personas a la voluntad o capricho de un burócrata. Fue por ello que el ex presidente Clinton fue el primero en declinar entrar al Protocolo, mientras que el gobierno de George W. Bush ha mantenido esa postura. Por cierto, en aquellos años el vicepresidente era Al Gore quien, con su hipocresía característica, se quedó callado cuando su entonces jefe dijo "no" al Protocolo de Kyoto. ¿Qué viene a continuación? Ya lo veremos: la creación de un armatoste supranacional, similar o peor a la ONU en ineficiencia, desde donde se dicte una política "para combatir el calentamiento global", y que incluirá muchos de los aspectos mencionados: con la ecología como dogma intocable, la posibilidad que el Estado se convierta en el Hermano Verde Mayor son angustiantes aunque, claro, los altos burócratas mantendrán, como Gore, esos privilegios que niegan a los demás. Así ha sido cada vez que un Estado toma poder absoluto de nuestro destino. La nomenklatura ecológica es lo que nos aguarda si dejamos enteramente el asunto del supuesto calentamiento global en manos de una burocracia ansiosa de hacerse del poder indisputado. Por ello es tan importante escuchar también las opiniones que cuestionan el calentamiento global --o al menos con el dramatismo y la exageración conque es expuesto actualmente-- y que, todavía, tratan de ser discretamente asilenciadas. Artículos relacionados Hipocresía y alarmismo muy convenientes Ya se ganó un Óscar, sus admiradores le llaman "profeta" y hasta está... [Marzo 2007] Dentro movimiento ambientalista abunda gente que rechaza... [Febrero, 2007] |
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