Extrañas Apariciones


- "Es muy peligroso. Sobre todo con la iglesia aquí enfrente de nuestra casa" dice el padre de
    Reubén.
- "Por lo tanto les prohibiremos usar sus capas... o leer mentes, si es que lo puedes evitar, Susana"
    sentencia el papá de Susana.
- "No lo puedo controlar. Es de vez en cuando, y no sé cómo" le explica.
- "¡Pero no es justo! ¡Quiero curar al mundo!" exige Reubén.
- "Y de paso cobrar comisión..." susurra Susana.
- "¡No! Ya no me importa cobrar, si así puedo usar la capa" pide Reubén.
- "De todos modos, no. El mundo no está listo" le dice su mamá.
- "Pues así nunca lo estará" susurra Reubén "¿Qué tal si fueron enviadas por Dios? ¿Qué tal si es un
    milagro que debemos de aprovechar?"
- "No nos vamos a arriesgar" le dice su padre.

    Ninguno de los tres está conforme. Pero no pueden hacer nada... al menos por ahora. En la tarde, cada uno está en su casa. Reubén intenta mirar la televisión...

    Pero no puede. La capa se lo impide, bloqueando su vista y sus oídos. De tiempo en tiempo alcanzaba a ver y a oír, pero no lo suficiente.

- "¿Porqué traes puesta la capa? ¿Qué te dijo tu papá?" le pregunta su mamá.
- "¡Se me puso sola!" contesta Reubén.
- "¿Cómo?"
- "¡No sé...! A ver, apaga la tele."

    Su mamá la apaga, y la capa lo deja en paz.

- "¿De qué se supone que me estaba protegiendo la capa?" pregunta Reubén.
- "De los programas tontos que a veces ves" le dice su mamá.
- "¡Qué chistosita! Claro que no..."
- "¡Hey! ¡Vengan! ¡Un mapache!" grita el padre de Reubén desde su patio trasero.
- "¿De dónde salió?" pregunta la mamá de Reubén.
- "¡Yo lo voy a atrapar!" anuncia Reubén.

    Sus intentos son inútiles, y el supuesto mapache escapa a la calle.

- "... Se veía tan bonito..." se lamenta Reubén.

    Al mismo tiempo que eso sucedía, en la casa de Fernando sucede algo similar.

- "¡Mira ese pajarito, mami!" avisa la hermanita de Fernando, señalando por la ventana.
- "¡Está bien bonito! ¡No había visto uno como ese!" se maravilla su mamá.
- "¿Nos podemos quedar con él?"
- "Pues... si lo atrapas y nadie lo reclama, te quedas con él."
- "¡Fernando! ¡Ayúdame a atrapar al pajarito!"

    Pero al salir el ave ya había volado. Y, en esos mismos momentos...

    Susana sale a su jardín de enfrente, a reflexionar sobre lo sucedido. Perdida, entre las demás flores, está una hermosa Rosa Roja. Se extraña, ya que ella no tiene rosales, y no hay ninguno cerca. Al recogerla, la mira bien, y la rosa parece estar inmensamente triste, a punto de empezar a marchitar. Ella la lleva dentro de su cuarto y la pone en un vaso con agua. Derrama una lágrima.

    Siguiente día. Reubén hace su quehacer temprano, para pasar más a gusto la mañana con su novia. Aunque de todos modos él le tiene que ayudar a hacer su quehacer: limpiar la sala.

- "Ayer pasaron unas cosas raras..." empieza Susana, mientras Reubén le ayuda a limpiar.
- "A mí también. ¿Qué te pasó?" pide saber Reubén.
- "¿Ves todas esas rosas? Han estado apareciendo aquí como de la nada. Hay una en especial
    que... Me hizo sentir una enorme tristeza. Lloré cuando la recogí. Esa la puse en mi cuarto... esta
    mañana apareció completamente seca y deshojada. ¿A tí qué te sucedió?" le pregunta Susana.
- "La capa no me ha dejado ver televisión. Ni oír el radio. ¡Nada!"
- "Hmmm...."

    Susana prende la televisión y de inmediato la capa cubre a Reubén.

- "¿Qué? ¿La capa pudo venir hasta acá?" pregunta Susana.
- "Ni yo me lo esperaba. ¡Apaga la tele!" le pide Reubén.
- "Está bien."

    Susana apaga la televisión y se queda pensativa.

- "Creo que esta capa se toma en serio eso de protegerme. Aunque no sé de qué..." dice Reubén.
- "Mensajes subliminales" dice Susana.
- "¿Qué?"
- "Probablemente haya mensajes subliminales en los medios de comunicación, y tu capa los
    considera como ataques. Por eso te protege."
- "¡Mensajes subliminales! ¿No crees que es un poquito exagerado? ¿La capa protegiéndome de
    que compre cosas que no necesito? Después de todo, vino desde allá de mi casa hasta acá. Creo
    que es un poquito más serio que eso."
- "¿Y qué puede ser si no son mensajes subliminales? Ahora que, el contenido, eso puede ser la
    clave del misterio. Quizá no es algo tan relativamente inocente como el comprar cosas
    superfluas."
- "Puede que tengas razón..."
- "Sí. Yo, por mi parte, dejaré de ver televisión. Cambiando de tema, ¿sabes qué día es mañana?"
- "Primer día de clases."
- "....." se enfada Susana.
- "¡No es cierto! Sé perfectamente lo que me quieres decir. Y, te tengo una sorpresita."

    A lo que se refieren es que, el día de mañana, 14 de Febrero, cumplen su "aniversario semestral" de novios. En primer semestre, el primer día de clases se enamoraron el uno del otro y se hicieron novios. Y mañana empieza el sexto semestre.

    Reubén pasa la mano por encima del sofá para "limpiarlo".

- "¡Sacude bien el forro! Luego se quedan las morusitas y el polvo. ¿A poco así limpias allá en tu
    casa?" le recrimina Susana.
- "Es que en mi casa no tenemos forros así" se excusa Reubén.
- "¿Y las sábanas y las cobijas? ¡Se limpian igual!"
- "¡Con razón siempre se quejan que no sé limpiarlas!"

    Acaban, y los dos se sumen en un incómodo y preocupante silencio.

- "Vas a desobedecer" le señala Susana.
- "... ¿Me leíste la mente o deveras soy muy predecible?" le pregunta de vuelta.
- "Predecible. No lo hagas."
- "Pienso hacer algo así como una simulación. Proponerle una situación hipotética al padre de la
    Iglesia" anuncia determinado Reubén.
- "Hmmm.... puede ser que... en vista de los sucesos extraños que nos están sucediendo...
    nuestros padres sólo estén postponiendo lo inevitable. Que la Iglesia se entere tarde de lo que de
    todos modos llegará a enterarse."
- "Ajá."
- "¿Pero porqué apresurar las cosas? ¿No puedes esperarte a que sucedan en el tiempo y lugar al
    que están destinadas?"
- "¿Tener que atenerme al destino? No. Prefiero tener el control de la situación. Ahorita."

    Inocentes, llegan a la Iglesia y tratan de explicarle juntos la situación. El padre les asegura que la mejor manera de tratar asuntos delicados es a través de la confesión, así que los separa. Después de que Reubén dice sus pecados, llega al meollo del asunto.

- "¿Exactamente qué me decías, hijo?" pide el padre que le repita.
- "Bueno, es esto: Suponga que tengo un poder curativo. No sé si sea sagrado, divino, bendito o
    algo por el estilo. ¿Estaría la Iglesia en contra?" explica crudamente Reubén.
- "Si no sabes si es divino, no lo es. Por lo tanto, sí estaríamos en contra."
- "¿Porqué? ¿Cómo sabe?"
- "Yo estoy muy bien letrado de los muchos casos de curaciones, y otros milagros en los que
    interviene la mano de Dios. Los elegidos a los que ha tocado con algún don, siempre saben su
    origen. Los demás casos donde lo ignoran... aparentan tener origen divino... pero existen gracias
    a Satanás."
- (¿¡Qué?!) "¿No podría ser de origen extraterrestre?"
- "Como dije. Sólo hay dos opciones."
- "Pero, si ignoro su origen, y no es maligno, pues..."
- "No dejes que te engañe el mal. Aparentará no ser maligno, pero lo es."
- (¿Mi capa? ¿Maligna?) "Pues no me está engañando. A usted, quién sabe."
- "Niño insolente. ¿Quién te crees que eres?"
- (Ahora verá) "Un Santo. Dios, si quiere."
- "¡¿Qué!?"
- "Soy Dios."

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