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Ha sido creencia en Bermeo (Vizcaya) que si alguno moría sin haber cumplido una promesa o voto, hecha a Dios, la Virgen o los Santos, habrá de permanecer en el Purgatorio hasta que alguien la cumpla por él. Son frecuentes las apariciones nocturnas, por tal motivo. El aparecido suele decirle entonces al humano: 'Pañelurik bakozu? -"¿Tienes un pañuelo?"-. Y si el interrogado responde afirmativamente, el ánima pedirá: "Ekasu, ba, mesedez" -"Dámelo, por favor"-. Nada más tocarlo el aparecido, el pañuelo se quemará, tras lo cual la aparición dirá a su humano compañero:"Lagun eidazu mesedez San Juan en neure biziyen egin eiko promes bat kunpliduten" -"Acompáñame a San Juan, a cumplir una promesa que hice en vida"-.
Sin salir de la región de Bermeo, otra leyenda de parecidas caracte- Y hacia la ermita de Gaztelugatxe, cuyas puertas solían permanecer abiertas incluso de noche, se iban ambos si la aparición se había producido por aquella zona vizcaína.
Según caminaban hasta el punto citado, encontraban por el
camino casas muy iluminadas y otras totalmente a oscuras.
Refiriéndose a ellas, el aparecido inquiría: "ikusten dozuz an etxe baizuk argi-argi?"
-"¿Ves allá unas casas muy iluminadas?"-. A lo que el otro responderá afirmativamente.
El ánima continuaba: "Ta bezte batzuk ilun-dun?"
-"¿Y otras muy oscuras?"-. Tras otra afirmación del humano, la
aparición explicaba: "Ba argi dagozen etxietan errosariye" -"Pues en las
casas que se hallan iluminadas han rezado hoy el rosario, en las que
están oscuras, no"-. Cumplida la promesa, aparecido y humano tornan
al punto de partida. Sería entonces cuando el primero se despedía,
diciendo: Ekasu eskue", -"Dame la mano"-, para concluir: "Oin banue
zerure, ta eskerrik asko zeuri" -"Ahora me voy al Cielo, y muchas
gracias a ti"-
rísticas refiere cómo dos amigos se embarcaron en un mismo barco y,
sorprendidos por un temporal, hicieron una promesa a San Juan de
Gaztelugatxe. Pero, cuando volvieron a su casa, se olvidaron de cumplirla.
Cuando de ahí a poco murió uno de los marinos, éste se
presentó una noche en casa del otro, y tras las presentaciones de rigor,
ambos se encaminaron a la ermita marinera de la costa vizcaína.
Cumplida ya la promesa, y de vuelta a casa, el aparecido le advertiría a
su amigo:"Ahora yo he quedado en paz, pero cuidate de no acompañar
a otro aparecido, que pronto te visitará, pues no es de buena
parte".
Noches más tarde, en efecto, aquel hombre volvió a tener un
encuentro con otro aparecido. Pero habiéndose olvidado de las palabras del difunto amigo, no tuvo ocurrencia peor que acompañar también a éste hasta la ermita de Gaztelugatxe. Mas cuando estaban a punto de entrar en el templo, el ánima cambió su aspecto apacible, por otro más siniestro y diabólico. En esto, el humano sería acosado por una extraña vaca, que venía echando fuego. Presa del más inmenso terror, pronto sentiría cómo el animal lo enganchaba con las astas, y lo trasladaba en loca carrera hasta Bermeo. Suerte que los sacerdotes, alertados por el estrépito, consiguieron ahuyentar
a la vaca con conjuros. Pero a consecuencia del mal rato, el hombre enfermaría, muriendo poco tiempo después.
Muy popular es también una leyenda de Ataun, referente a apariciones
de difuntos. Dice ella que un navarro cambió de sitio, para su
beneficio, el mojón de Irumugata, y que cuando murió, su alma vagó
errante por aquellos parajes, clamando: "hirumugatako mugarria,/nere
animaen galgarria./Nan sarr, nun sarr?" -"De Irumugata el mojón, de
mi alma la perdición./¿Dónde meterlo, dónde?"-. Hasta que en cierta
ocasión, otro navarro que por allí pasaba, acertara a responderle: >"Atea
dean tokian sarr zak" -"Mételo donde lo has sacado"-. Desde entonces
dejó de oírse la nocturna voz.