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14.10.00
EL GRAN NEGOCIO LLAMADO FUTBOL
Por Mario Sánchez

¿Debe un club de fútbol, ante todo, cumplir una función social, o es, al fin y al cabo un negocio que, como todos, debiera estar sujeto a las implacables leyes de la eficiencia económica?  

Este candente debate quedó zanjado, según muchos, en Marzo de 1999, cuando el Club Racing de Avellaneda (una de las instituciones más tradicionales del fútbol argentino) se vio forzada a declararse en quiebra y prácticamente dejar de existir, de no haber intervenido el Vice-Presidente de la Nación, en ese entonces el Sr. Carlos Ruckauf (hincha de Racing, por cierto) para declarar al club "Patrimonio Cultural de la Nación”, y nombrar una junta de notables que salvara a la venerable institución de una segura desaparición.   El mensaje, sin embargo, quedó claro:   los clubes de fútbol tienen hoy que manejarse con criterio empresarial y deben moverse dentro de las mismas coordenadas que el resto de las empresas, o corren el riesgo de desaparecer.

Los clubes de fútbol, y en especial los más poderosos, tienen hoy muchas maneras de financiarse.   La evolución del deporte rey en este aspecto ha sido asombrosa en los últimos 50 años.  Los equipos de fútbol, que en sus comienzos fueron simplemente los representantes deportivos de un barrio, ciudad o región, son ahora poderosas marcas en el más estricto sentido comercial (como lo pueden ser Coca-Cola o IBM).  Sus colores e insignias no son únicamente una forma de distinguirse de su contrincante, sino que son los colores corporativos y los logotipos del “equipo-marca”, es decir, activos intangibles del “club-empresa”.

Los equipos de fútbol de la actualidad pueden todavía agenciarse recursos de la manera tradicional, es decir, con los ingresos de taquilla.  Sin embargo, esta fuente de ingresos va perdiendo fuerza relativa comparada con otras alternativas disponibles. 

Tomemos por ejemplo los derechos de transmisión por televisión.  Los ingresos que de ellos devengan los clubes se han incrementado, no sólo porque el interés de los televidentes es cada vez mayor, sino porque el medio televisivo en sí ha evolucionado notablemente: por ejemplo, la televisión por cable.  En lugares como los Estados Unidos, se emplea también con singular éxito la modalidad de transmisión en circuito cerrado en lugares públicos, donde los aficionados, sobretodo latinoamericanos, abonan sumas equivalentes o mayores al costo de una entrada al estadio, para ver por televisión los partidos de los clubes y equipos nacionales de sus respectivos países.

La transferencia de jugadores es otro rubro que ha cobrado singular relevancia.  En el fútbol internacional, se están manejando cifras que hace unos años sólo podían concebirse en deportes como el basketball y el football americano.  La transferencia de Hernán Crespo a la Lazio superó la increíble cifra de $50 millones de dólares.   La demanda de jugadores es tan alta en el fútbol europeo (así como las perspectivas de revenderlos por varias veces lo que se pagó por ellos) que ha hecho que jugadores sudamericanos que recien hacen sus pininos en sus respectivos campeonatos locales estén siendo contratados por montos superiores al millón de dólares. 

Ya no es necesario que un jugador alcance una actuación consagratoria con la selección de su país antes de emigrar ventajosamente.  Para dar el gran salto, basta únicamente mostrar condiciones y destacar en unos pocos partidos.  Esto se ha convertido en una panacea para los equipos de nuestra América del Sur, quienes con una sola transferencia pueden, en algunos casos, disponer de dinero suficiente para pagar la planilla del resto del equipo por varios meses (la transferencia de Abel Lobatón al Paranaense, sin haber llegado a cifras astronómicas, sirvió para poner al día en sus pagos al resto del plantel del Sport Boys).  Aun en aquellas ocasiones en que el club no sea el dueño del pase del jugador, existe la figura legal del “derecho de formación y promoción”, según el cual el club tiene derecho a una compensación económica por el tiempo y los recursos que invirtió en desarrollar al jugador transferido.

Otro rubro de ingreso para los clubes es a través de los sponsors o auspiciadores.  Generalmente, una marca de artículos deportivos será la encargada de vestir al equipo, y por ese privilegio abonará una considerable suma.  En las ligas más competitivas de Europa, los fabricantes de indumentaria deportiva están pagando, en promedio, cifras cercanas a los US$5 millones anuales por auspiciar a los equipos más populares. 

Otra forma de auspicio es a través de propaganda en la camiseta.  La mayor cifra pagada hasta el momento por este concepto fueron $45 millones de dólares por un contrato de cuatro años, pagado por la empresa Vodafone al equipo inglés Manchester United.   En ambas modalidades, el equipo de fútbol hace las veces de pancarta humana para pasear las marcas auspiciadoras por los estadios y las pantallas de televisión del mundo entero, y así exponerlas a millones de consumidores potenciales.  Si bien en un medio como el nuestro estas cifras son impensables, el concepto es el mismo, y viene siendo utilizando con éxito por la mayoría de los equipos.

Otra manera de generar ingresos es aprovechando la imagen del equipo para vender productos que nada tienen que ver con el fútbol o lo estrictamente deportivo.   El nombre, los colores y la insignia del equipo, al tratarse de marcas registradas por el club, dan origen al fenómeno del merchandising.  El club puede tomar contacto con fabricantes de los artículos más diversos:  gorras, lapiceros, llaveros, vasos, relojes, etc. y autorizarles a fabricar y distribuir esos artículos a cambio de una regalía o royalty. 

Se estima que River Plate recibió alrededor de $2 millones de dólares por este concepto el año pasado, sobre ventas de los más diversos artículos, que en total sobrepasaron los $20 millones de dólares.  El club puede dar un paso más adelante y decidir encargarse él mismo de la distribución de los artículos, especialmente durante los partidos del equipo.   De esta manera, el vendedor ambulante de otras épocas, que mandaba fabricar banderines y llaveros con los colores del equipo para luego ganarse algun dinero vendiéndolos en el estadio, ha sido reemplazado por un promotor de ventas contratado por el club, quien vende la mercancía autorizada por éste, que es a fin de cuentas quien devenga la utilidad final del negocio.   

Otro canal de distribución es la "tienda del club”.  El mismo River Plate opera una tienda en el estadio Monumental, donde se venden al público todos los productos que llevan el nombre y el logo de la institución.  En el Perú, recientemente, Alianza Lima anunció la apertura de la Tienda Grone, donde el hincha aliancista puede encontrar un sinnúmero de artículos con los colores de su institución. 

Por último, queremos mencionar dos estrategias de negocio que están empezando a cobrar fuerza como fuente de ingresos de los clubes de fútbol en Europa.  La primera de ellas es la correspondiente a la transferencia de los “derechos de imagen” de los jugadores a los clubes.  La segunda, es el desarrollo de la Internet y del web oficial del equipo como fuente de ingresos.

Los “derechos de imagen” no son otra cosa que la facultad que tiene el jugador de sacar provecho económico de su imagen personal y profesional.  Es sabido que un futbolista de primer nivel no vive únicamente de su sueldo de jugador, sino también de las regalías recibidas al endosar productos y servicios.    A veces, un jugador cede estos “derechos de imagen” al club que lo contrata, a cambio de un salario garantizado, generalmente bastante alto.  El club, al aceptar este arreglo, está básicamente apostando a que la cantidad de dinero que recibirá comercializando la imagen del jugador será mayor que la que va a gastar en adquirir esos derechos.  Es así como se logró el pase del jugador portugués Figo al Real Madrid:  el club español acordó pagarle a Figo un salario garantizado, bastante elevado (alrededor de US$ 4 millones de dólares al año), a cambio de que éste cediera sus “derechos de imagen” al club.  

El desarrollo de la Internet como fuente de ingresos, por su parte, está todavía en su período de infancia.  Sin embargo, pueden vislumbrarse ya las maneras en que los clubes podrían beneficiarse.   La más obvia, es utilizando su propia página web para vender mercancía alusiva al club o entradas para los partidos del equipo.   También, por ejemplo, transmitiendo entrevistas en vivo con los jugadores, organizando sesiones de chat entre los jugadores y los hinchas, colocando “webcams” en los entrenamientos y las charlas técnicas, transmitiendo por señal de audio los partidos en vivo (ideal para los hinchas que se encuentren viajando), etc.  El tráfico que estas actividades generen podría ser utilizado para vender publicidad en la página.  El contenido que se elabore podría ser también revendido a otros medios de comunicación y generar así otra fuente de ingresos. 

Las posibilidades son ilimitadas, por lo que todo lleva a suponer que algun día los equipos de fútbol, a traves de su propia página web, competirán directamente con los medios de comunicación de los que ahora dependen como fuente de ingresos y canal de difusión de sus actividades.  Esto forzará, inevitablemente, a una redefinición del balance de poder entre ambos, que podría tener consecuencias insospechadas.

Sea como fuere, una cosa es segura:  el fútbol seguirá siendo pasión de multitudes pero, a la vez, un gran negocio en el que circulará cada vez una mayor cantidad de dinero.  Dentro de este esquema, naturalmente, tenderán a beneficiarse los clubes con mayor número de hinchas, que puedan generar las economías de escala necesarias para que las estrategias antes mencionadas tengan éxito.  En un medio como el nuestro, ese círculo está reducido a dos o tres equipos.  El resto de los clubes deberá usar toda su iniciativa para agenciarse los fondos necesarios para mantenerse competitivos frente a los más poderosos (lo cual será tema obligado de una próxima columna).

Hasta pronto.

Mario Sánchez
VamosBoys.com









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