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San
Francisco y La Virgen María (cont.)
María,
modelo de todos los fieles
Más
allá de la Orden, Francisco propone a María como modelo a todos los
fieles, al menos a aquellos que de alguna manera se sentían vinculados a él:
«A todos los cristianos, religiosos, clérigos y laicos, hombres y mujeres,
a cuantos habitan en el mundo entero, el hermano Francisco, su siervo y súbdito»
(2CtaF 1). Conocido es el célebre texto en que Francisco pone de manifiesto
las maravillas de la vida cristiana: «Nunca debemos desear estar sobre
otros, sino, más bien, debemos ser siervos y estar sujetos a toda humana
criatura por Dios. Y sobre todos aquellos y aquellas que cumplan estas cosas
y perseveren hasta el fin, se posará el Espíritu del Señor y hará en
ellos habitación y morada. Y serán hijos del Padre celestial, cuyas obras
realizan. Y son esposos, hermanos y madres de nuestro Señor Jesucristo.
Somos esposos cuando el alma fiel se une, por el Espíritu Santo, a
Jesucristo. Y hermanos somos cuando cumplimos la voluntad del Padre, que está
en el cielo; madres, cuando lo llevamos en el corazón y en nuestro cuerpo
por el amor y por una conciencia pura y sincera; lo damos a luz por las
obras santas que deben ser luz para ejemplo de otros» (2CtaF 47-53; cf. los
versículos siguientes). Dos puntos interesan especialmente a nuestro tema.
a)
Francisco describe de manera admirable la función maternal del fiel
respecto a Cristo (v. 53). Hagamos la transposición de esta doctrina: De la
misma forma que María, la humilde sierva, permitió al Señor de la gloria
hacerse en ella nuestro hermano, por el poder del Espíritu que se posó
sobre ella, así también, por el poder del mismo Espíritu que se posa
sobre él (vv. 48-50), quien sigue el camino de la minoridad (v. 47) puede
llevar en sí, mediante el amor y la pureza y sinceridad de corazón, al Señor
Jesús y alumbrarlo en los demás mediante su vida santa, que es obra del
Espíritu en él (v. 53; cf. 2 R 10,9). Francisco expone aquí la vida
cristiana de manera propiamente mariana: en cuanto a su naturaleza, es la
vida de un ser que lleva en sí a Cristo; en cuanto a su eficacia, da a luz
a Cristo en los demás. Con términos sencillos y luminosos Francisco
describe todo el misterio de la Iglesia y de su maternidad, cuya figura es
María.
b) Para
definir la relación con Dios de quien se compromete en el camino de la
minoridad, cumple con rectitud la voluntad de Dios y permanece unido al Señor
Jesús con un amor sincero, Francisco emplea los mismos términos que
utiliza para expresar, con toda la tradición, la unión de María con Dios:
el Espíritu se posa sobre él y hace en él su morada; es hijo del Padre
celestial; es esposo, y hermano, y madre de Cristo. Lo que vale por
excelencia de María, «que tuvo y tiene toda la plenitud de la gracia y
todo bien» (SalVM 3), vale también igualmente de cualquier fiel que toma
en serio su vocación evangélica.
Sí,
María es verdaderamente la figura de la Iglesia. Y cualquiera que tome el
camino que Francisco le traza, con fidelidad al Evangelio, está configurado
a imagen de María, sea cual fuere su estado de vida, su misión, su profesión,
su edad, su sexo... No hay diferencia esencial entre el fiel más humilde y
la Virgen María.
Expresiones de amor a María 
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