JESUS CRUCIFICADO Y ABANDONADO

Hacia las tres de la tarde, Jesús exclamó en alta voz:
"¿Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?"
(Mt 27,46).

Es el culmen de sus dolores,
es su pasión interior.
Es el drama de un Dios que grita:
"¿Dios mío, Dios mío,
por qué me has abandonado?"
Misterio infinito, dolor abismal
que Jesús probó como hombre.

Nos da la medida de su amor por los hombres.
Quiso cargar sobre sí la separación
que los tenía alejados del Padre y entre ellos.
Y la colmó.

Cualquier dolor del hombre
se encuentra incluido
en este particular dolor de Jesús
¿Acaso no es semejante a él el angustiado, el solo, el árido,
el desilusionado, el fracasado, el débil?
¿No es imagen suya cada división dolorosa
entre los miembros de una misma familia?

Amándolo, el cristiano encuentra el motivo y la fuerza para no escaparle al dolor, al mal, a la división,
sino para aceptarlos y dar la propia respuesta personal.

Jesús Abandonado es la clave de la unidad.

(De los escritos de Chiara Lubich)

MARIA

María es un monumento de caridad,
maestra de todas las virtudes.
Es nuestro modelo.

¡Nunca podremos imaginar
lo grande que es María!
Está toda revestida
de la Palabra de Dios.

Aquél "conservaba todas las Palabras
en su corazón " (cf. Sal. 119,11)
significa que las vivía.
María era totalmente la Palabra,
sólo la Palabra.

Ser la Palabra viva
significa revivir en la tierra a María.

Si, al tratar de amar,
el amor se hace recíproco,
Cristo reina entre dos o más.
De esa manera logramos dar
a Jesús al mundo, espiritualmente,
como María lo dio físicamente
(De los escritos de Chiara Lubich)

OBRA DE MARIA
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