|
|
A
partir de entonces, la conducta del mayordomo cambió y terminó por
trabajar, muy eficazmente, conmigo en
"Marilandia".
Apenas se instaló la imagen,
empezaron a entrar las gentes, pese a los rigores climatológicos.
Era algo inusitado, semejante al flujo de las moscas en la miel.
Iban personas aisladas y peregrinaciones nutridas; por lo cual,
comenzó a cundir la noticia de que yo tenía un negocio lucrativo;
pero, lo afirmo, y Dios es mi testigo, nunca fomenté esos episodios,
mucho menos con fines lucrativos. ¿Quién podría haberlos fomentado y
obtenido los resultados que se daban, en las condiciones del
lugar?... Además, no se trataba de apariciones, como se ha dicho;
sino de una estatua colocada en una piedra. Y...¡hay tantas, a lo
largo y ancho del país!
El miércoles 13 de diciembre de 1989,
el presbítero Rafael
García Herreros, (q.d.D.q.), quien acababa de salir de
una operación, subió a "Marilandia",
por invitación mía. Entonces el camino era una trocha de difícil
acceso, como ya lo he dicho, y las quebradas aún no tenían puentes.
En aquélla, donde está la imagen de la Virgen, se pasaba por dos
troncos extendidos. Por ellos, pasó el levita, quien frente a la
imagen, se conmovió profundamente y lloró, a tiempo de pronunciar
palabras, como las siguientes, en una primera plática y en la
homilía dentro de la Eucaristía que fue conmovedora, por la unción
que le imprimió:
".En este lugar, ¿Qué querrá la Virgen?, ¿Que pasará? ¿Qué
sucederá dentro de algún tiempo cuando vayan viniendo los devotos,
cuando vayan recibiendo bendiciones los devotos de María; cuando
esto se estremezca de alabanza a Dios y a la Virgen?, ¿Cuál será el
destino de esta "Marilandia", que un ungido de Dios, Lino Sevillano,
está descubriendo, y comunicando a los fieles cercanos a él y a los
que van a acercarse?
¿Qué significa todo esto? Esto es signo
de los tiempos; signo de lo que Dios quiere ahora para la Iglesia,
para la cristiandad: una renovación en la devoción a María. Aquí
todo tan puro, tan limpio... todo tan elemental, aquí ante un arroyo
transparente, cristalino; aquí, donde no hay nada - pudiéramos
decir- suntuario; donde no hay nada de las manos de los hombres,
sino que todo brota naturalmente; aquí va a aparecer una renovación;
aquí van a venir personas llorosas de sus pecados; aquí van a venir
personas a entregarse al Señor; aquí van a venir personas que
quieran cambiar la vida; que quieran hacer cosas en servicio del
prójimo; aquí, al pie de la imagen de la Virgen María, van a venir
por esta carretera, que ahora es mala y, que después, será
posiblemente asfaltada; por esta carretera vendrán muchos en
silencio, en busca de María, en busca de la santidad, en busca de la
alegría, en busca de la renovación íntima. Esto, es algo puramente
bello; este paisaje, este ruido maravilloso de las hondas del
riachuelo, esta piedra milenaria de años; esta piedra que aguardaba
la imagen de la Virgen desde hace mucho tiempo.
Este lugar, a
partir de Lino Sevillano, va a ser posiblemente, si Dios quiere y la
Santísima Virgen lo destina, centro de oración. Aquí, posiblemente,
se harán casitas para los que quieran venir a tener meditación; los
que quieran venir a estar solos y a encontrarse con ellos mismos y
el Señor. No sabemos exactamente el destino de este lugar. Yo sé
solamente, que está en las manos de la Virgen y está en el corazón
de Lino y está en el corazón de unos cuantos devotos y devotas que
vienen con gran fervor.
Aquí va a pasar algo, algo inaudito y
verídico; algo que no sospecha Bogotá; o quizá no conoce esto.
Bogotá está en sus mundanadas, está en sus cosas, pero ustedes están
en Cristo; ustedes están cerca de María; ustedes están envueltos en el torrente
de
María; ustedes están envueltos en el torrente del Espíritu Santo.
Yo quiero felicitarlos y quiero
insinuarles, quiero profetizarles - pudiéramos decir- algo bello que
va a venir aquí.
Tengan mucha devoción a la Santísima Virgen
María. Vengan con frecuencia, inviten, hagan grupos de oración,
inviten para predicaciones, para muchas cosas aquí. Que ustedes
estén envueltos, así como está el torrente que los envuelve a
ustedes también. Que ustedes se envuelvan también de la devoción a
María, que ustedes se empapen del Espíritu Santo; que ustedes se
empapen de la sangre purificadora de Cristo; es algo sumamente bello
y ustedes lo sienten. Aquí se siente algo Divino que tiene raíces
lejanas; que tiene raíces en el Cenáculo; que tiene réplicas en
Lourdes, en Fátima y en Chiquinquirá. Así empezaron todos los
santuarios, de modo que tengamos esta devoción; sean ustedes
altamente devotos de María; devotos con equilibrio, devotos con gran
paz interior, sin ninguna clase de fantasías, sino la fantasía del
amor de Dios. Que no sean llevados de iluminismos, pero sí de la
gran iluminación del Espíritu Santo y la gran iluminación de la
Virgen María; que todos seamos penetrados de María por las ráfagas
que provienen de María. Esta imagen de la Virgen, tan sencilla, que
no tiene arrestos de arte, ni de nada; sino simplemente que recuerda
a la Virgen María; esta imagen va a llevarnos a la devoción a la
Virgen María; va a llevarnos al amor, a Jesús. Es preciso que de
aquí salgan los amantes de Jesús, de los pies de María. De este
torrente, de este arrollito sonoro y puro, que pasa aquí y que es
como un reflejo lejano del arroyo que brota de María y que quiere
inundarnos a todos. Que María esté con nosotros: que María entre de
lleno en nuestra vida; que la Virgen María nos purifique, porque
somos impuros; que la Virgen María nos haga humildes, porque somos
orgullosos; que la Virgen María nos haga generosos; que seamos aquí,
a los pies de María, generosos con los pobres; que aquí haya unos
cuantos que se conviertan en generosísimos de los pobres.
Que
ninguno venga simplemente a mirar a la Virgen María y salga sin
amor; sin amor al hombre y sin amor a Dios. No queremos que vengan a
mirar a la Virgen y al arroyo; queremos que vengan abiertos en el
corazón, para escuchar la palabra, el reclamo, la petición de la
Virgen.
La Virgen quiere que de aquí salgan los verdaderos
devotos de Dios y los verdaderos servidores del hombre. Que aquí
haya algo misterioso: conversión a Dios y conversión al servicio del
hombre".
3.El jueves
14 de diciembre de 1989, me había quedado en compañía de mi esposa
en la alcoba de ladrillo. Yo soy muy madrugador; pero ese día,
aunque estaba despierto, no me había levantado, porque hacía mucho
frío. De pronto, a través de la ventana, vi unas llamaradas, a eso
de las 4 y media de la mañana. Pensé que se estaba incendiando
la cabaña, donde dormía Gilberto, el mayordomo, y me levanté de
prisa para apagar el fuego.
Al salir me di cuenta que
todo estaba intacto; pero, en todo el horizonte, por la garganta que
deja ver un agreste, majestuoso y bellísimo paisaje, se veían
como llamaradas de colores indecibles; de la parte baja, subían
rayos de colores caleidoscópicos, parecidos a los que acompañan a la
imagen de la Virgen de Guadalupe.
Vi que Gilberto estaba a
mi lado. Todo subyugaba y, aunque hacía un frío que penetraba
hasta los huesos, permanecí tiritando, pero extasiado y feliz.
A poco vi pasar una criatura antropomórfica, bien definida,
como un adolescente, en lo alto, de derecha a izquierda. Cuando
aquella desapareció, vi el busto de la Inmaculada, muy grande, en
proporción no relacionada con el cuerpo humano, dentro de
"Marilandia", sobre los árboles que hay en el ribazo que llamo el
Monte Sinaí, donde están las Tablas de la Ley.
Estaba con
vista a mí y tenía los brazos entreabiertos y extendidos, como en
actitud de acogida y bendición. Detrás seguían las fulguraciones y
los rayos ya descritos y del sitio del corazón le salían otros rayos
que descendían hacia mí.
Antes yo había llamado a mi esposa;
ella salió, pero dominada por el frío, se regresó a la alcoba,
diciendo: "Esto está muy bonito, pero hace mucho frío". Ella no vio
nada; yo tampoco les dije nada sobre eso, ni a ella, ni a Gilberto,
quien después me contó que había visto el ángel. No sé a qué llamó
él "el
ángel", si a la primera
aparición o a la imagen de la Santísima Virgen, porque no se lo
pregunté.
La aparición, sin decirme palabras, permaneció por
espacio de media hora, en la forma descrita. Mariela Zambrano de
Vargas 1, a quien entonces no conocía, cuando fue a "Marilandia"
y la traté, me contó que, en esa madrugada, a la misma hora que he
señalado, ella iba a una de sus fincas de los Llanos, con su
conductor, cuando al llegar al Boquerón de Chipaque, vio en el
sector de "Marilandia",
ese fenómeno luminoso que la cautivó.
Haciendo parar el
vehículo se postró en tierra para alabar a Dios y darle gracias por
haberle permitido ser testigo de semejante espectáculo. Pero, ella,
no vio la aparición.
Esa fue la primera vez que yo
personalmente vi una aparición en "Marilandia",
a la cual no le di divulgación. Por tanto, nada tiene que ver esta
aparición, con las peregrinaciones.
Las peregrinaciones a Marilandia.
¿Cómo
empezaron?
Cuando
instalé, como antes lo dije, la estatua de Nuestra Señora de
Lourdes, comenzaron a llover peregrinaciones, en forma frecuente y
numerosa. Sus organizadores no me las consultaron, ni demandaron mi
permiso; era la fe de ellos, la que los impulsaba. Por ejemplo, la
hermana María Teresa Rueda, de Chía, a quien conocí después, llevaba
grupos numerosos, con personas de diferentes partes del país.
Supe, igualmente que dos jóvenes: Gonzalo Gómez y Carolina
Name 1, las estaban llevando, en buses y en coches
particulares. Yo no conocía a ninguno de los dos, y no estuve
presente, cuando llegaban con sus peregrinaciones, hasta mucho
tiempo después. Los dos arrastraban, cada uno por su parte,
muchísimas personas; muchas de ellas profesionales y, sobre todo,
universitarios de diferente universidades y carreras. También las
llevaban Marcela Aristizábal; Nubia de Flórez, de Medellín; Marina
de Charría de Cali y Carlos Arturo Hurtado Martínez, de Manizales,
entre muchos otros.
Primera peregrinación que
vi en
"Marilandia".
En la
noche del 7 de diciembre de 1990, fuimos a quedarnos en Marilandia,
cinco personas: Catherine Demidoff de Jacob, Inés Martínez de
García, Jaime Ferro, Fernando Orejuela y yo. Estuvimos orando en la
capilla, hasta las once, más o menos. A esa hora las dos señoras se
fueron a acostar. Entonces les propuse a Jaime y a Fernando que,
antes de retirarnos, fuésemos hasta la imagen de la Santísima
Virgen, para despedirnos de ella, rezándole un último rosario. Así
lo hicimos.
Cuando lo terminamos, subí por el repecho del
camino, en dirección hacia Chipaque, para mirar detalles. Me
impresionó la luna que ascendía, como de la profundidad de la
montaña, casi al alcance de mi mano. Los llamé y todos estábamos
absortos. Vi de pronto que, en lo más alto del camino, en el sector
del "Alto de la Playa", llamado comúnmente "de los Pinos", desde
donde, al entrar, se divisa "Marilandia",
titilaban numerosas estrellas, las cuales, para mi sorpresa,
comenzaron a regarse a lo largo del camino. Eso era insólito y nos
alarmó.
Pronto comprendimos que eran antorchas. ¿Pero, de
quién?... ¿Serían guerrilleros o vecinos? Para salir de dudas, lo
mejor era ir hacia ellas. Lo hicimos sigilosamente y pronto
descubrimos que eran ciento cincuenta peregrinos de Bogotá,
Villavicencio y Chía, llevados por la hermana María Teresa, para
honrar a nuestra Madre
CONTINUA EN LA PAGINA SIGUIENTE
pagina principal/manuales/historia/comunidades/marilandia/que
dicen nuestros prelados/testimonios/manual
de oraciones
Padre
FERNANDO OREJUELA OSORIO
Web Master LUIS
HERNANDO QUEVEDO JARA
|
|