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Textos diversos
Irene Gracia ha publicado hasta el momento cuatro novelas.
Fiebre para siempre (1994)
Hijas de la noche en llamas (1999)
Mordake
o la condición infame

(2001)
El coleccionista de almas perdidas (2006)
Fiebre para siempre cuenta la historia de dos hermanos, Frida y Mateo, cautivos por igual de un entorno familiar asfixiante y de su propia fantasía desbocada. En clave de mágica tragedia, la novela es una parábola donde el boxeo es signo de la autodestrucción contemporánea. Galardonada con el Premio Ojo Crítico de 1994 a la mejor primera novela del año.
En el París de finales del siglo XIX, nace el pequeño Anatol Chat. La historia de su familia, la saga de fabricantes de autómatas más célebre de todos los tiempos, es a la vez la más fantástica y la más real de todas las historias. En una época en la que Freud posee un autómata que representa a Descartes, y los cuentos de Hoffmann y los sueños grotescos de Leonardo son la realidad más cercana, quizás es posible soñar con crear un mundo prodigioso. Un mundo en que el arte se funda con la ciencia y la ciencia se confunda con la magia. Un mundo en que los muñecos sean capaces de caminar mientras repiten una frase eterna. Quizá los mundos falsos y pequeños se apoderen de nosotros hasta convertirse en lo único que existe.
En una familia inglesa de finales del XIX nace Edward Mordake, un niño precioso con una extraña y monstruosa peculiaridad: en la parte posterior de su cabeza se halla la cara de una bella mujer, una cara, según las crónicas, "adorable como un sueño, horrible como un demonio". Mordake o la condición infame es una novela gótica del Siglo XXI, el relato de la relación conflictiva entre dos personas que comparten un mismo cuerpo; cada una con sus sentimientos, cada una con sus necesidades
Las tres voces furiosas que tejen esta narración son las de tres hermanas que se acercaron tanto al espejo de la fábula que en realidad lo atravesaron, y encarnan, cada una a su manera, dualidades muy amargas, pulsiones muy poderosas de las que no son culpables y que no dudan en apurar hasta el último momento. Al final el lector cae en la cuenta de que buena parte de la novela se ha desarrollado al otro lado del espejo, casi al otro lado de la conciencia, en las profundidades más líquidas y rumorosas del deseo y la memoria. Siguiendo la tradición del expresionismo lírico de Djuna Barnes y Violette Leduc, Irene Gracia teje una historia llena de fulminantes revelaciones que se van sucediendo ininterrumpidamente desde la primera página, de la mano de tres personajes tan turbadores como infrecuentes en la novela del presente.
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