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La Rosa Muerta
Se ha muerto una rosa.
El viento detuvo su aliento
y su aullido rompió las simientes.
Conmovido se estremeció
un chispazo de segundo el Universo,
un rayo de luz, hirió moral su carne,
infame cayó sobre sus pétalos confiados.
Deslumbrante, formidable,
quería abrasar con su color y su fragancia
la noche glacial de tus ojos,
deshojar la escarcha de tus dedos
tocando el pubis de su corola.
¿Quién la llorará?, ¿algún picaflor enamorado
codicioso de su néctar?
Tal vez la extrañará algún resplandeciente mediodía
y un hueco en el alma le dirá,
que su rosa ya no existe.
Se ha muerto un rosa.
La llora la brisa que su risa añora.
La evocan los duendes de los remolinos
recordando los pétalos abiertos de su pecho
La extraña un Topo,
mirando en la noche una estrella
y mientras bosteza a la luna
siente que aún lo envuelve su aroma
calentando con su color
la cueva sombría...
Marta
Juarez
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