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La Musa
Dormida
Las aguas estaban serenas.
Leían los sueños
los peces esquivos.
Afuera muy lejos estaban
las anguilas eléctrica de la angustia,
el gusano voraz de la espera.
Las aguas están quietas.
El estanque dormido.
De pronto un viento arremolina las hojas.
La gota de tus ojos cae en el centro
con un sonido contundente. Exacto.
Un torbellino circular se desata
y un desparramo de sueños
enturbia la tranquilidad de los peces.
Música celeste que despabila
la musa dormida del deseo,
soñando
con el puerto de tus manos
como una balsa sobre
las aguas...
Marta Juárez
Tartagal, Salta, (AR) Mayo, 2000
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