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La Edad Media y el Reino de Navarra

Los siglos medievales

Los movimientos migratorios que se suceden desde los siglos IV y V desde Centroeuropa alcanzan la Aquitania y a la Península Ibérica. Varios de estos pueblos (suevos, vándalos, alanos, visigodos) atraviesan o realizan expediciones por los territorios vascones. La crisis imperial concluye en el año 476 con el fin del Imperio Romano de Occidente. A partir del siglo III se introduce el cristianismo. Los visigodos y los francos efectuaron en los siglos VI y VII campañas contra los vascones con distinta suerte. Estos (que organizaron un incipiente Ducado de Vasconia) lucharon al lado de los aquitanos contra la presión de los francos.

La monarquía visigoda sólo logró controlar la Ribera del Ebro y puntos de la Navarra Media. Por otro lado, la presencia musulmana en la Península Ibérica alcanza los lindes del territorio vasco (hacia el 714 llegan al valle del Ebro). El sur de Nafarroa será controlada por la dinastía de los Bani Qasi, vascones clientes del poder musulmán. En este contexto se dio la derrota de las tropas de Carlomagno por los vascones en Orreaga-Roncesvalles (778). Más tarde, hay que apuntar la presencia vikinga en expediciones por la costa cantábrica e incursiones hacia el interior.

En este complejo cambio histórico cambiante, comienzan hacia el siglo VIII a formarse los territorios históricos vascos que en el siglo XIII tendrían una estructura consolidada y, salvo pequeños cambios, un área territorial similar a la actual. A la vez, se produce el asentamiento del feudalismo.

El Reino de Navarra

Una de las entidades surgidas es el Reino de Pamplona que luego se denominará Reino de Navarra. El primer rey elegido por la nobleza fue Iñigo Aritza (824-852). Sus sucesores consolidaron el reino que llegó a su máximo apogeo con Sancho III el Mayor (1004-35), calificado en las crónicas como monarca de las "Wasconum gens, wasconum nationem", integrando los territorios de habla vasca distribuidos en condados, señoríos y otras entidades. Después el reino se fue progresivamente desmembrando: los territorios vasco-continentales se orientan hacia el área política aquitana; entre los años 1076 y 1134 el reino desaparece dividido entre Aragón y Castilla; no obstante vuelve a articularse con García Ramírez VI el Restaurador; sin embargo, Sancho VI el Sabio tuvo que acordar en 1179 con el rey castellano la separación del Señorío de Bizkaia (luego en 1379, al ser coronado el Señor de Bizkaia, Don Juán rey de Castilla, la titularidad del Señorío pasará a los monarcas castellanos) y La Rioja; y en el 1200 Castilla logró hacerse con Araba y Gipuzkoa.

Al morir Sancho VII el Fuerte (1194-1234) ostentaron el trono Navarro la Casa de Chanpaña (siglo XIII), Casa de Francia (dinastía de los Capetos, primera mitad del XIV) y Casa de Evreaux (resto del XIV y principios del XV). Entre 1441 (muerte de Doña Blanca) y 1512 (invasión castellana) el reino sufrió su crisis final, iniciada con la lucha civil entre los beaumonteses (partidarios de Carlos, príncipe de Viana y legítimo sucesor) y agramonteses (defensores del rey aragonés Juan II, padre del anterior).

Tras esos sucesos fue entronizada la Casa de Foix. En 1512 reinando en Aragón y Castilla Fernando el Católico, las tropas castellanas del Duque de Alba iniciaron la conquista de Navarra. En 1512  Navarra fue anexionada a Castilla, salvo la Navarra de ultrapuertos (Behenafarroa o sexta merindad) en la que se refugiaron los legítimos reyes Catalina de Navarra y Juan de Albret. Los intentos por recuperar el resto del Reino fracasaron. Uno de sus sucesores, Enrique III de Navarra (1572-1610), tras dejar el protestantismo y convertirse al catolicismo, fue proclamado en 1589 rey de Francia como Enrique IV.

Como se ha señalado, Bizkaia, Araba y Gipuzkoa fueron incorporadas a Castilla, a la vez que se consolida el marco territorial e institucional de cada una de ellas para el siglo XIII. En cuanto a Lapurdi y el resto de los territorios vasco-continentales (ligados al Ducado de Aquitania) pasan a mediados del siglo XII a dependencia de la monarquía inglesa al contraer en 1152 matrimonio Leonor de Aquitania con Enrique de Plantagenet (futuro Enrique II de Inglaterra).

Nafarroa Beherea volvería en el 1249 al Reino de Navarra. Los Vizcondados de Lapurdi y Zuberoa son incorporados a la corona francesa en 1449-1450 tras la Guerra de los Cien años. En 1620 Luis XIII promulgó el Edicto de unificación del Reino de Navarra (reducido a Nafarroa Beherea) a la corona francesa, aunque reconociendo sus fueros.

Baja Edad Media

Durante la Baja Edad Media, entre los siglos XII al XV, el poblamiento de Euskal Herria se trasnformó. A las pequeñas aldeas existentes se unen los núcleos urbanos, amurallados, en proceso de repoblación consistente en la fundación de villas y ciudades. Ello se realiza a través de la concesión de un Fuero o Carta-Puebla. Tales centros llevan aparejadas nuevas formas económicas y sociales y la dinamización de los sectores artesanal y comercial. En el ámbito económico las principales actividades son la ganadería y agricultura y la explotación forestal, a la par que aumenta el papel de la pesca marítima (de bajura y luego de altura en pos de las ballenas), minería (hierro), artesanado (ferrerías, textil y construcción naval) y comercio terrestre y marítimo (local y en los siglos bajo-medievales de alcance internacional).

La cristianización quedó culminada con un papel esencial ejercido por monasterios (los más importantes fueron Leyre e Iratxe), que disponían de enormes territorios, y el arraigo de órdenes religiosas medievales. A nivel eclesiástico estaban las diócesis de Baiona y Pamplona-Iruña, estando el resto de los territorios asignados a las diócesis de Olorón, Tarazona, Calahorra y Burgos. Otro hecho de trascendencia en el Medievo son las peregrinaciones del Camino de Santiago con varias rutas a través de Euskal Herria, siendo las más transitadas las que pasaban por Navarra.

En el terreno institucional los territorios gozaron de sus propios Fueros, diferentes en cuanto a modelo jurídico, organización, reparto de poderes, fiscalidad etc., con distinta dinámica y cambiante en el tiempo. En el sistema foral se articulaban las comunidades locales (anteiglesias, concejos, villas, ciudades), las comunidades territoriales (merindades, valles, países, cuadrillas, deguerías) y las corporaciones (económicas, profesionales). En cada territorio había unas instituciones públicas con jurisdicción sobre cada uno de los mismos: Cortes de Navarra, Juntas Generales de Bizcaia, Gipuzkoa, Araba, Biltzar en Lapurdi y Estados Generales en Behenafarroa y en Zuberoa.

El esquema se completaba con el Señor o rey, según cada lugar o las épocas, estando el segundo representado por un delegado (virrey, corregidor, baile). Era un sistema contractual por el que cada comunidad reconocía al rey y sus poderes arbitrales y éste quedaba comprometido a garantizar el derecho foral y sus instituciones, a través del pase foral o sobrecarta por las que juraba el respeto a los Fueros.

El régimen Foral fue abolido por los poderes centrales en 1789 en los territorios vasco-continentales (tras la Revolución Francesa) y en el siglo XIX en los vasco Peninsulares (tras las Guerras Carlistas).

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