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Edad antigua y RomanizaciónEdad antiguaAl final de la Prehistoria y entrando en la Edad Antigua, a ambos lados del Pirineo Occidental y entre el Golfo de Bizkaia y el valle del Ebro, estaban conformados un conjunto de grupos étnico-culturales. En el área que hoy se corresponde con Euskal Herria y zonas circundantes se sucedían de oeste a este los pueblos de los autrigones, caristios, bárdulos y vascones, cuyos vecinos -desde el Alto Ebro hasta Aquitania- eran los berones, suessetani, jacetanos, ilurones y tarbelos. El geógrafo e historiador griego Estrabón (siglos I a.n.e. y I d.n.e.) citaba a los "ouaskones" en el libro tercero de su Geografía afirmando: "Así viven estos montañeses (...) son los que habitan en el lado septentrional de Iberia; es decir los kallakoi, astoures y kantabroi, hasta los ouaskones y el Pyrene, todos los cuales tiene el mismo modo de vivir", comentando su siatuación apartada, salvajismo y costumbres guerreras. Presencia romanaLa conquista romana se fue acercando a los lindes de los pueblos vascones según los romanos avanzaban por el Ebro y la Aquitania colonizando a distintos pueblos (celtíberos, jacetanos....) La incorporación de tierras vascas al Imperio se efectuó en el siglo I a.n.e., condicionada por la geografía y los intereses geoestratégicos y económicos de Roma. La presencia colonizadora abarcó 5 siglos. Se evidenció en los establecimientos urbanos; actividades agrícolas, comerciales, mineras y forestales; vías de comunicación y obras de infraestructura; e influencia del latín en la lengua vasca. Dicha presencia no se dio de modo generalizada. En la franja central y sur (centro y sur de Araba y Nafarroa) la romanización fue importante. En el País Vasco continental, ligado a la Aquitania conquistada y la provincia Novempopulania, también fue muy marcada. En cambio, en zonas apartadas de ambas franjas, por razones de escaso interés económico o estratégico, y en la zona litoral (Bizkaia y Gipuzkoa) fue escasa y circunscrita a determinados puntos o nula. Estas tierras (de montañas, valles profundos, tupidos bosques, pobladores inhóspitos...) que quedaron a salvo de la colonización fueron las que los escritores latinos llamaron el Saltus vascón, diferenciándolo del Ager romanizado. Tras la entrada de los romanos por el valle del Ebro, fue fundada sobre un poblado vascón anterior, Pompaelo (Pamplona-Iruña) hacia los años 75-74 antes de nuestra época. Por la misma época los romanos fueron controlando la costa aquitana. Otros enclaves fueron Imus Pyrenaeus (Donazaharre-Saint Jean le Vieux) y Lapurdum (Baiona), lugar de acantonamiento de tropas. Entre los asentamientos romanos (han sido catalogados más de dos centenares) destacan varios poblados. El oppidium de Iruña (cerca de Vitoria-Gazteiz) se construyó en el siglo I a.n.e., siendo un centro de importancia hasta el siglo IV después de nuestra época. En los restos se aprecian las murallas, calles y edificaciones. El poblado de Andelos, cerca de Mendigorría en Nafarroa, muestra las calles y casas y el sistema de abastecimiento de aguas. Otro poblado navarro es el de Liédena. Entre Lodosa y Mendavia están las ruinas de un centro y un acueducto. El puente de Mantible sobre el Ebro. En la cima del monte Urkullu, en el Pirineo hay una torre en forma circular que dataría del siglo I antes de nuestra época. En la parte meridional del País, sobre todo en el valle del Ebro, se han localizado restos de numerosas villas agrícolas romanas. También existen restos romanos en el litoral. Las desembocaduras de los ríos se utilizaron como puertos, siendo los principales la ría de Bilbao (explotación de las minas de hierro), Vesperie (tal vez Bermeo), ría de Gernika (restos en Forua y minas de mármol de Ereño), Tritium Tuboricum (Mutricu o Deba), Menosca (Getaria), Oiasso o Oiarso (bajo Bidasoa) y Lapurdum (Baiona). La mayor parte de la mercancía procedente de la explotación minera era trasladada por mar hasta Burdigala (Burdeos). Entre los puntos citados destaca el estuario del Bidasoa, entre Hondarribia e Irún, con la población de Oiasso, puerto de salida del mineral (plata, plomo) de las minas de Arditurri. Así mismo los restos de la necrópolis (urnas cinerarias y ánforas) de Santa Elena en Irún y las vasijas, estatuillas y otros objetos hallados en el fondeadero de Asturiaga. Al otro lado del Bidasoa, hubo explotaciones en Banka y Baigorri (hierro y cobre) y Briskous (sal). Las rutas romanas que atravesaban Euskal Herria estaban destinadas a comunicar el Mediterráneo con el noroeste peninsular e Hispania con Aquitania, enlazando las dos grandes vías que iban por el Norte (Narbona-Burdigala) y por el sur (Tarraco-Ad Legionem VII Geminam). La vía principal provenía de Virovesca (Briviesca) y Deobriga (Miranda), transitaba por Tullonium (Dulantzi), Araceli (Arakil), Pompaelo (Pamplona), cruzaba los Pirineos por el alto de Ibañeta y por Aquae Tarbellicae (Dax) llegaba a Burdigalia (Burdeos). Desde ella salían ramales secundarios, como las vías que partían de Pompaelo (Pamplona-Iruña) hacia el Norte hasta Oiasso (Bajo Bidasoa-Irún) y hacia el sur camino de Caesaraugusta (Zaragoza). Administrativamente las tierras vascas quedaron asignadas a diferentes provincias romanas. Divididas por los Pirineos, la zona continental perteneció a la Aquitania y luego a la Novempopulania. La zona peninsular se incluyó en la Hispania Citerior y Tarraconense. Dentro de esta hubo una subdivisión del territorio vascón entre los conventus de Clunia (Coruña del Conde) y Caesaraugusta (Zaragoza). Edad Media Edad Moderna Guerra Civil Nuestros días |