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factortierra 2802-3103 (Versión española)

Edición Latinoamericana

Impactos y colisiones

Un tajo abierto

 

La tecnología “de punta” que Manhattan utilizará es el tajo abierto, un arcaico sistema de extracción de minerales que consiste en excavar un enorme hueco sobre cualquier superficie, disponiendo la pendiente en andenes concéntricos.

 

Según la ONG Labor, basándose en sus experiencias en Moquegua (sur del Perú), el tajo traerá incluidas otras instalaciones, “como la cancha de relaves, que contiene agua residual contaminada y el depósito de desmontes, que corresponde a la roca de deshecho”.

 

Basándose en los planos de Manhattan, Labor ha establecido que la cancha de relaves se ubicará al norte de Tambogrande, mientas que el depósito de desmonte (a merced de los vientos fuertes del otoño e invierno australes) estará al noreste de la actual ciudad, la que sería horadada en su porción sureste por el tajo, que tendrá un kilómetro de largo por 0,65 kilómetros de ancho y 0,25 de profundidad.

 

Ese es el llamado TG-1, la piedra de toque de toda la invasión minera, que implicará reubicar a sus habitantes, a cambio de obtener plata, cobre y zinc.

 

El gran detalle es que el tajo en este lugar es altamente inseguro. La razón es la napa freática de San Lorenzo, que se ubica apenas a 40 metros promedio de profundidad, lo que inevitablemente inundará el hueco. Ello, sin contar, la infiltración proveniente del río Piura.

 

“Las aguas que se generarán de los desechos de la actividad minera contendrán altas concentraciones de muchos elementos tóxicos como cianuro, aluminio, antimonio, arsénico, plomo y ácidos”, sostiene Labor citando el trabajo del hidrogeólogo estadounidense Robert Moran. “Esta agua puede contaminar fuentes de agua superficial y subterráneas, campos agrícolas, animales y peces.”

 

Sumada a la contaminación del agua, el uso de la misma para la actividad minera implica dejar sin agua a los agricultores, lo que sumará otro conflicto. Carlos Abanto, de Labor, toma como modelo a Quellaveco, Moquegua, donde la mina local necesita unos 700 litros de agua a cada segundo para sus actividades.

 

Tambogrande no se quedará atrás, pues cada día Manhattan requerirá de unos 60 millones de litros de agua para sus actividades dejando sin recurso a las fuentes superficiales y subterráneas en un área estimada de 400 kilómetros cuadrados; claro que con esto, la minera soluciona el problema de la napa freática (porque la disminuye), pero matará de sed al resto de seres vivos.

 

Fidel Torres, biólogo piurano, autor de la teoría científica sobre la inviabilidad del Proyecto Tambo Grande, sostiene que con ello se afectará al valle del Bajo Piura, que depende de estos acuíferos para cultivar especies de suelo arenoso, pues, por gravedad, el agua subterránea de San Lorenzo, baja hasta la zona del desierto de Sechura, y la nutre por debajo del suelo.

 

Pero hay más: las lluvias de El Niño producirán tal cantidad de agua que es inevitable que el tajo se inunde, la cancha de relaves se desborde y el desmonte se deslave rumbo al río Piura; entonces, sucederá lo que todo el mundo teme: toneladas de contaminantes diluidos en agua a alta velocidad acabarán con las vidas de por lo menos 0,45 millones de personas viviendo en la cuenca media y baja de este río, incluyendo la capital departamental.

 

“Manhattan... deplora que, en forma irresponsable, se pretenda sorprender a la población, afirmando que el proyecto minero contaminará las zonas agrícolas...”

 

Lo deplorable es que la empresa no sepa de hidrología, mecánica de fluidos y –claro está—agricultura, pues toda la zona vive del río y de la agricultura. Como muestra, con sólo una lluvia fuerte el nivel de la quebrada de Carneros aumentó y el caudal del río Piura se ha incrementado dos veces.

 

Carneros será el hogar del depósito de desmonte y el río Piura el sitio donde quiere cavar el TG-3, el tajo más grande nunca antes conocido en este lugar, pues tendrá 1,4 kilómetros de largo, 1 kilómetros de ancho y 0,35 de profundidad.

 

Manhattan piensa desviar el río Piura, a pesar que en este lugar hay menos oro, plata, cobre y zinc que en el TG-1.

 

Es más, en el colmo de la desfachatez, la minera insinúa que San Lorenzo está reclamando por nada, pues su proyecto está sobre la cuenca del río Piura (es decir, confirma las teorías de la resistencia), mientras que el valle pertenece a la cuenca del Chira, lo cual es falso, pues toda esa zona es un área de transición entre ambas cuencas, y las aguas se comparten igual entre ambos ríos; por lo tanto, los efectos son forzosamente similares.

 

“Manhattan se defenderá únicamente con la verdad.” No le favorece, por lo visto. Ni sus 55 millones de dólares que dicen haber invertido en sus estudios los respaldan. Debe ser porque jamás la Verdad estuvo de su lado. Eso está clarísimo.

©2002 NPC

13/03/04 16:36:23 -0500

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