CAPITULO I

EL PROBLEMA

 

 

1.1 Planteamiento del problema

 

La baja profundidad de sistema financiero venezolano (incluyendo su mercado de capitales) califica el problema del financiamiento del sector eléctrico más allá del puro acceso al crédito y lo ubica en el relevante papel del sistema de reformas que deben instrumentarse para lograr que el sector cumpla con la importante función de promover bienestar en una sociedad moderna. (Fariñas, 1986)

 

Esta afirmación sintetiza el planteamiento formulado por el economista Maxim Ross en un amplio trabajo dado a conocer en el marco de este evento (Financiamiento del Sector Eléctrico) en el cual aborda una serie de facetas vinculadas estrechamente con esta materia de vital significación en la marcha de nuestra economía, a su vez en relación directa con la calidad del servicio que se ofrece a la comunidad. (Ross, 2001)

 

El reconocido economista ubica el tema en el contexto de la industria eléctrica como factor de desarrollo y en el rol del marco regulatorio para acceder a las inversiones y el financiamiento de las actividades de las empresas que integran el sector.

 

En forma adicional, alude a experiencias internacionales de regulación como marco de referencia para desglosar el caso venezolano.

 

Uno de los aspectos en torno a los cuales existe probablemente un mayor consenso en las teorías del desarrollo es el papel asignado a la generación, transmisión y distribución de energía eléctrica sobre el crecimiento de los demás sectores de la economía, en cuanto a su contribución a que éstos alcancen mayores niveles de competitividad.

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Como consecuencia de ello, la energía eléctrica ocupa la misma posición que las telecomunicaciones y la infraestructura de transporte en el diseño de apropiadas políticas públicas, pues está comprobado que contribuyen decisivamente al desarrollo en las economías industrializadas.

 

La convicción de que no es posible el progreso sostenido de la producción transable de un país e incrementar en forma simultánea el ahorro, la inversión y la productividad de sus empresas si no se diseñan y ponen en marcha políticas públicas adecuadas para impulsar los apoyos sistémicos que aquéllas requieren, indujo en el pasado a la mayoría de los países latinoamericanos a sostener desde el sector público ingentes esfuerzos para su desarrollo.  (Salasar, 1996).

 

Es así como el marco regulatorio persigue como principal objetivo la eficiencia y la garantía en la continuidad del servicio, lo cual repercute en la necesidad de obtener inversiones cuantiosas y oportunas.  Por ello la regulación de los servicios públicos tiene un efecto relevante en la inversión de este sector, su productividad y costos. (Badell, 2.005)

 

Sin embargo, la regulación de los servicios públicos también cumple con una función redistributiva, en tanto puede proporcionar rentas monopólicas a las empresas o generar un mayor excedente al consumidor, según que los precios de los servicios sean o no inferiores al costo marginal del servicio.

 

De allí que esta otra vertiente puede ir en dirección contraria a la anterior, en tanto que en la medida que su inclinación sea "excesivamente" distributivista desalienta las inversiones y, por tanto, la expansión y calidad del servicio.  En general, este es el dilema que intentan resolver los diseñadores de políticas públicas.

 

La industria eléctrica comienza a operar en nuestro país desde el año 1888, con la inauguración del alumbrado de la capital zuliana por parte de la Maracaibo Electric Light Company, hecho pionero que arranca con la conformación de un sector eléctrico que hasta 1947 se caracterizó por ser fundamentalmente privado con unidades de generación aisladas.  Registran una capacidad instalada de 78,7 MW, una producción de 300 GWh y un consumo de apenas 64 KWh por habitante.

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A partir de 1947, comienza la participación del Estado a través de la Corporación Venezolana de Fomento, la que adquiere algunas empresas privadas, las fusiona y crea CADAFE.  Luego se desarrolla un proceso de interconexión progresiva de las centrales y sistemas eléctricos, comenzando además con la creación de la Comisión de Estudios para el río Caroní, la construcción de Macagua 1 y el proyecto de Guri con el desarrollo hidroeléctrico del país a gran escala.

 

En 1967 la capacidad instalada era de 1.860 MW, para un crecimiento del sector de 2254%, una producción de 7.060 GWh y un consumo de 802 KWh por habitante, mostrando la demanda un crecimiento de 1153%.

 

A partir de ese año el sector entra en un proceso de fuerte expansión y consolidación de la industria que se refleja para el cierre de 1998 en una capacidad instalada de 21.543MW, una producción de 86.367 GWh y un consumo de 2.563 Kw/h por habitante.  En líneas generales, la industria eléctrica está compuesta por empresas públicas y privadas, pero se puede afirmar que el sistema en su conjunto es esencialmente público.  El sector está compuesto por cuatro empresas públicas que generan el 85% de la energía y distribuyen aproximadamente el 77% del total de electricidad que se consume en el país.

 

Respecto a su composición, se observa que el 61 % de la capacidad instalada corresponde a centrales hidroeléctricas.  El grueso de la capacidad instalada de las empresas privadas corresponde a plantas termoeléctricas, mientras que las empresas públicas el 73% se trata de plantas hidroeléctricas.

 

El consumo agregado del país está compuesto en un 45% por demanda de carácter industrial, un 24% por consumo residencial y un 13% corresponde a comercial.  En las empresas privadas un 37% de su demanda es de origen residencial, 32% comercial y 22% es industrial. (www.amazings.com)

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En los últimos 16 años el sector ha logrado incrementar el porcentaje de población servida de 83% en 1983 a 93% en 1998.  La generación por habitante se incremento en un 41 %, el consumo por habitante aumentó en un 32%, el consumo por cliente se ubicó en un 18%, el consumo residencial por cliente se colocó en 19%, mientras que la relación de clientes atendidos por empleados ascendió a 34%.

 

Estas características del sector y evolución de indicadores tienen importantes implicaciones a la hora de abordar los requerimientos de expansión del sector y sus implicaciones desde el punto de vista del financiamiento en términos de corto y largo plazo.

El crecimiento promedio interanual del sector en tal período es del 3,1% para la población servida, la generación por habitante se incremento en un 2,3% en promedio, el consumo por habitante se incremento en un 1,9%, el consumo por cliente aumentó en 1,1 %, el consumo residencial por cliente se colocó en 1,2%, mientras que la relación de clientes atendidos por empleados ascendió a 2%.

 

Por su parte, el Producto Interno Bruto del sector eléctrico ha crecido en promedio en la década de los noventa en 3,74%, siendo una de las actividades de menor crecimiento en el período, presentando a su vez un comportamiento similar al crecimiento observado por el PIB total de la economía.  La escasa liberalización del mercado eléctrico en la economía venezolana ha configurado un escenario en el que no es posible reconocer logros importantes de las empresas en cuanto al aumento de su eficiencia económica y financiera, así como desde el punto de vista del incremento de la capacidad energética de que dispone la economía.  (BCV, 2.005)

 

Las deficiencias en el marco regulatorio y legal, evidenciadas por un proceso de férreo control sobre el sector y de fuerte discrecionalidad del órgano regulador, se ha evidenciado en la práctica en un esquema de fijación de tarifas sistemáticamente por debajo de los costos del servicio, caracterizado además por una fuerte distorsión de subsidios cruzados.

 

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Este hecho se ha convertido en el principal freno al desarrollo del sector, así como para emprender las inversiones necesarias que se requieren.  Dicha situación se ha revertido en el deterioro en la calidad del servicio producto de las dificultades financieras que han experimentado muchas empresas del sector para hacer a frente los programas de mantenimiento que permitan la continuidad y estabilidad del servicio.

 

Esas dificultades financieras se reflejan en la práctica en un rezago en las inversiones en especial la referente a la transmisión, distribución y comercialización, como producto de una distorsión del sistema, caracterizada por un sobredimensionamiento en la generación por los respectivos elevados costos fijos.  Tales limitaciones se potencian además por las restricciones que tienen buena parte de las empresas del sector de acceder al endeudamiento.  A ello se añaden las dificultades que tienen las empresas públicas para recibir transferencias del Gobierno Central.

 

Todos estos factores aunados a las características propias del sector eléctrico esbozan un cuadro de dificultades e importantes necesidades de financiamiento para hacer frente a las inversiones que se requieren para la puesta al día y expansión del sector.

 

La vulnerabilidad de la economía venezolana frente los shocks externos, por su característica de economía petrolera, ha sido clave en el deterioro de la tasa de inversión y su lenta recuperación posterior.

 

En una revisión de los factores que han determinado la evolución de la inversión privada, se concluye que, además de los tradicionalmente considerados por la teoría económica, existen otros igualmente importantes.  Primero está la estabilidad de las políticas y su consistencia con las reformas estructurales, lo que asegura la sostenibilidad de las reglas en el tiempo; luego el acceso a la infraestructura donde la inversión pública tradicionalmente se ha complementado con la inversión privada y la disponibilidad de financiamiento.

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Si bien la estabilidad macroeconómica es básica, no es suficiente para mantener un clima favorable a la inversión por lo que cabe al gobierno un rol importante en el estímulo a la inversión privada; relacionado con la función que debe desempeñar la inversión pública en el futuro, con el papel de la tribulación en la reinversión de utilidades de las empresas y la capacitación de personal, así como las políticas de desarrollo financiero y del mercado de capitales.  (Purroy, 1998).

 

Para avanzar en forma sostenida hacia el desarrollo, Venezuela necesita aumentar sustancialmente sus tasas de ahorro e inversión.  Al mismo tiempo, la experiencia de los últimos años sobre todo de la crisis mexicana de 1994, ha puesto de relieve los riesgos de depender excesivamente de los flujos de capital externo para este fin.  Lo que urge por lo tanto es incrementar la capacidad de ahorro interno, llevando a cabo las profundas reformas que esto requiere.

 

Las marchas y contramarchas realizadas en la gestión pública han impedido alcanzar un grado considerable de estabilización macroeconómica, condición necesaria para el impulso tanto de la inversión como del ahorro en el país.  Adicionalmente, la fragilidad del sistema financiero y la inestabilidad fiscal potencian la falta de solidez de la estabilización, con efectos adversos para el ahorro y, por consiguiente, para la disponibilidad de recursos nacionales destinados a la inversión.

 

Uno de los rasgos sobresalientes de la economía nacional en los últimos 20 años ha sido la caída de los coeficientes de ahorro, y en especial los coeficientes de inversión.  Si bien dichos coeficientes han experimentado una ligera mejoría en los años noventa, no han alcanzado aún los niveles que tenían antes de la crisis.

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Para lograr un crecimiento rápido y sostenido, Venezuela requiere una tasa de inversión en torno del 28% de su producto, ocho puntos superiores a la actual.

Esta permitirá un crecimiento sostenido de la economía en niveles cercanos al 5% anual y un incremento sistemático del ingreso real por habitante a razón de 3% por año.

 

Inevitablemente, parte de esta necesidad de recursos se satisfará con ahorro externo.  Sin embargo, la crisis de la deuda externa de hace algunos años y las experiencias más recientes de países como México y, en menor grado, Argentina, han demostrado los riesgos de una excesiva dependencia de aquél debido a sus componentes especulativos de corto plazo y al peligro de un repentino corte de flujo de recursos por algún imprevisto.

 

Lo que se requiere, entonces, es que el ahorro nacional se eleve drásticamente, a más de 25% del producto.  No obstante, ese nivel no podrá alcanzarse únicamente por el propio crecimiento.  Será posible sólo si cambian sustancialmente los patrones de comportamiento de consumo y ahorro privados y se eleva asimismo el ahorro promedio del sector público, proceso para el cual el contexto macroeconómico no es de por sí suficiente.  Se necesitan, por consiguiente, políticas que fomenten todos los componentes del ahorro nacional, mediante incentivos eficaces e institucionales apropiadas.

 

Respecto al ahorro privado, existen tres alternativas de política eficaces: sistemas de ahorro que dan acceso a bienes altamente valorados, la sustitución del tradicional sistema de pensiones basado en el reparto, hacia uno sustentado en la capitalización individual y la utilización de los impuestos para incentivar la reinversión de utilidades por parte de las empresas. 

 

En cuanto a la inversión, la estabilidad macroeconómica y de las reglas del juego en general, son los elementos claves para consolidar el mayor peso de la inversión y convertirla en el motor de crecimiento. 

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Otro factor decisivo es la calidad de la infraestructura, la cual se ha deteriorado en forma significativa en los últimos años, hecho que aumenta la cautela de los potenciales inversores, haciendo imprescindible un considerable incremento de la inversión en este sector, sea pública o privada y donde el esquema de concesiones juega un rol central.  También es recomendable el uso de incentivos tributarios, no sólo para estimular la inversión sino para mejorar el capital humano por medio de la capacitación.

 

Hay un factor que es de especial importancia tanto para el fomento del ahorro como para la creación de un ambiente adecuado para las inversiones: el fortalecimiento de un adecuado y eficiente sistema financiero.  Esto requiere no sólo una mayor liberalización del mercado financiero, sino además la creación de segmentos de él que mejoren la especialización y los instrumentos de ahorro e inversión, así como también amplíen el acceso a los servicios financieros de las pequeñas y medianas empresas y de las personas de menores ingresos.  Desde luego adecuadas políticas de supervisión y regulación que aseguren la solvencia del sistema financiero.

 

La estabilidad macroeconómica, la profundidad del sistema financiero y sobre todo la estabilidad de las reglas del "juego" institucional donde interactúa el sector eléctrico, constituyen los elementos centrales a la hora de evaluar las opciones de inversión que posee una determinada entidad.

 

El carácter de bien público que deriva del sector eléctrico y la característica de esa inversión que esa actividad requiere para su expansión son factores que determinan que su oferta se deba realizar en condiciones de rendimientos crecientes y con estructuras altamente concentradas.

 

Las inversiones dependen de un juicio sobre la productividad marginal futura del capital, hecho que en la práctica está plagado de incertidumbre.  La decisión se complica en la medida que las inversiones tengan un horizonte de largo plazo.  Parte de la volatilidad de la inversión y por ende, de la incertidumbre que la rodea se debe a los movimientos de expectativas respecto al futuro.

 

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Estos elementos pendulan particularmente sobre el sector eléctrico, el que además es afectado por lo que se denomina "racionamiento del crédito", puesto que la inversión no sólo depende de la tasa de interés y de la rentabilidad de la inversión, sino además del flujo de caja de la empresa.  Asimismo, se ha evidenciado en que mientras la Inversión Bruta Fija ha experimentado un crecimiento nominal del 155% para el sector privado en los últimos 15 años, para el sector público el crecimiento ha sido del 2312%.  Este menor crecimiento nominal en el sector privado es explicado fundamentalmente por el "racionamiento del crédito" a que ha estado sometido, mientras que el sector público recibió sobre todo con los shocks petroleros favorables, importantes transferencias de recursos y acceso privilegiado a las líneas de crédito de los organismos multilaterales. (BCV, 2.005)

 

Para localizar el problema observemos algunos indicadores del sector, los cuales permiten ilustrar las necesidades de inversión.  Entre 1990 y 1998, la generación de energía eléctrica aumentó de 56.381 GWh a 79.438 GWh en 1998, lo que representa un incremento global de 41,1% durante el período y un aumento promedio anual de 3,84%, superando el crecimiento real promedio del Producto Interno Bruto (PIB) entre los mismos años, que se ubicó en 2,43%.

 

El consumo eléctrico en Venezuela es uno de los más altos de Latinoamérica en términos per cápita, pero apenas representa un poco menos de la mitad del que se aprecia en los países desarrollados.  No es de extrañar, en consecuencia que exista un consenso en la proyección de una tasa de crecimiento anual del consumo eléctrico para el período 2000-2004, que se sitúe en torno a 4,5% conforme con la proyección de la demanda de energía que generaría el crecimiento de la población y la puesta en marcha de proyectos de inversión productiva en otros sectores de la economía venezolana.

 

Un crecimiento anual de esa magnitud mantendría al sector de energía como uno de los más dinámicos, por encima de la mayoría de las demás actividades sectoriales.

 

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Sin embargo, para poder enfrentar este ritmo de crecimiento en la demanda y puesta al día del sistema es necesario acometer proyectos que permitan en los próximos años un crecimiento de la capacidad de producción en un 38%, equivalente a unos 8000 MW para colocar a capacidad total de producción en 29.000 MW

 

Durante los períodos de expansión económica, la demanda de electricidad se acelera notablemente y los programas de obras e inversiones deben adelantarse para garantizar la continuidad del servicio.  Por el contrario, en períodos de desaceleración o recesión, la presión sobre las empresas eléctricas disminuye y las inversiones pueden escalonarse más tiempo o posponerse.

 

Finalmente, cuando por una mala planificación o falta de inversión la capacidad de reserva se extingue y se corre el riesgo de interrupciones en el suministro o se ha entrado ya en una situación de penuria, las inversiones se aceleran para resolver el problema.

 

La proyección de una alta tasa de crecimiento anual del consumo eléctrico implica mantener un elevado ritmo de inversión en el sector, estimándose que para el período comprendido entre los años 2000-2004 la inversión debiera promediar cerca de 1.100 millones de dólares anuales.  (BCV, 2.005).

 

De esta situación se infiere que en la actual fase del proceso de desarrollo de la economía venezolana, la definición de políticas públicas orientadas a mejorar su competitividad debe incluir el mejoramiento, como nunca antes, de la oferta de los apoyos sistémicos en la producción de insumos energéticos relacionados a las mayores escalas y la intensificación del capital que implica el desarrollo, entre otros factores especialmente en lo que se refiere a la expansión del PIB.

 

El acumulado a invertir en los próximos cinco años se ubica en 5.543 millones de dólares, equivalentes al 6,1% del PIB.  En cuanto a su composición se estima que un 45% sea acometido por el sector privado, una vez que se adelanten los procesos de privatización que se proyectan en el sector en el corto plazo.  Esto representaría inversiones por el orden de 2.500 millones de dólares, para un promedio anual de 500 millones de dólares.  Por otro lado del sector público, el 68% de inversión la proyecta realizar EDELCA.

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En cuanto al destino de la inversión el 42% de los requerimientos se refieren a generación, mientras que el 30% corresponde a transmisión, el 18% a distribución y el restante 10% para otras inversiones.

 

El grueso de las nuevas inversiones se agrupan alrededor de los proyectos de desarrollo hidroeléctrico del río Caroní, mientras que la privatización de un grupo importante de empresas en manos del Estado en la actualidad conllevará el reemplazo de plantas menos eficientes que utilizan diesel y petróleo por plantas más eficientes menos contaminantes que utilizan gas natural.

 

En este sentido, el Gobierno proyecta privatizaciones para el año 2000 entre 700 y 800 millones de dólares que implicaría el paso a manos privadas de ENELVEN, ENELBAR, SEMDA, entre otras.  Por otra parte, los requerimientos de inversiones en el sistema de transmisión se ubican en promedio de 337 millones de dólares anuales y se deben fundamentalmente a la puesta al día de los activos pertenecientes al Estado que sirven para estos fines y que la nueva Ley agrupa en una nueva empresa. (www.infoven.net)

 

El deterioro de este segmento del sector se evidencia en el hecho de que en los últimos años se han experimentado fallas crecientes en el sistema que se refleja en los últimos 5 años en un crecimiento del 830% de caídas superiores a 100 MW en el Sistema Interconectado Nacional.  El crecimiento promedio interanual del número de fallas de gran magnitud (mayores a 100 MW) ha sido del 56%.

 

Este crecimiento vertiginoso del número de fallas pone de manifiesto el deterioro del servicio, producto del conjunto de factores que han incidido en las inversiones del sector y planes de mantenimiento que han sido postergados por la incidencia que las políticas tarifarías han tenido sobre los flujos de caja de las distintas empresas.

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Por su parte, para distribución se proyectan inversiones promedio anuales por 196 millones de dólares, los cuales en un 45% corresponden a Cadafe.

 

Para la puesta al día del sector eléctrico en su conjunto es necesario acometer planes de inversiones por 1.310 millones de dólares, de los cuales un 50% pertenece a generación, un 31 % a Transmisión y el restante 19% corresponde a Distribución.

 

La realización de estas inversiones para poner al día a los distintos sistemas del sector son perentorias ya que su postergación amenaza con poner en peligro los niveles de confiabilidad que ha mantenido el sistema.

 

Para hacer frente a este cúmulo de inversiones y potenciar el proceso de privatización es necesario que el sector cuente con un marco regulatorio adecuado para impulsar la estabilidad y previsibilidad del sistema de reglas de juego, eliminando además el conjunto de distorsiones que imperan en el sector y donde el manejo de las tarifas es el más notorio.

 

Así, estamos frente a un reto de alta complejidad, dada la urgencia de las inversiones, la importancia del sector eléctrico para la economía, en especial para la competitividad de los bienes transables y para crear una plataforma de externalidades positivas a la inversión privada.

 

En otro sentido, las restricciones macroeconómicas, la necesidad de un marco regulatorio elevadamente previsible y estable, que propulse un sistema de alta eficiencia, aunados a las dificultades para captar recursos externos, dada la experiencia mostrada sobre mercados emergentes, conjugan, todos ellos, un grupo de factores que ha de ser resuelto simultáneamente para que el sector eléctrico pueda acceder al financiamiento requerido.  (Fariñas, 1986)

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La baja profundidad del sistema financiero venezolano, inclusive en su mercado de capitales, califica el problema del financiamiento del sector eléctrico como un problema que va más allá del puro acceso al crédito y lo coloca en el relevante papel del sistema de reformas que deben instrumentarse para lograr que el sector cumpla con la principalísima función de bienestar en una sociedad moderna.

 

De las ideas expresadas, se desprenden las siguientes interrogantes ¿Cuáles son las directrices técnico financieras utilizadas por los principales entes de financiamiento externo a nivel internacional? ¿De qué dependen estas directrices?  ¿Cuáles son las necesidades en materia de obtención de recursos y aprobación de proyectos que posee la empresa ELEOCCIDENTE YARACUY?  ¿Existe un modelo de presentación de proyectos de inversión ante entes de financiación internacionales que sea efectivo al momento de la aprobación?

 

1.2 Objetivos de la Investigación

 

1.2.1 Objetivo General

 

Diseñar un modelo de presentación de proyectos para la adquisición de recursos provenientes del financiamiento externo a través de un estudio técnico financiero en la empresa ELEOCCIDENTE YARACUY.

 

1.2.2 Objetivos Específicos

 

Analizar las directrices técnico financieras utilizadas por los principales entes de financiamiento externo a nivel internacional.

 

Determinar las necesidades en materia de obtención de recursos y aprobación de proyectos que posee la empresa ELEOCCIDENTE YARACUY.

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Proponer un modelo viable de presentación de proyectos de inversión ante entes de financiación internacionales.

 

1.3 Alcance y Justificación

 

Es necesario realizar un análisis exhaustivo sobre los nuevos retos que se plantean en el sector eléctrico venezolano, en especial lo que se refiere a su financiamiento, regulación y operación, a la luz de los más recientes acontecimientos vinculados con esta industria.

 

Es así como se le asigna una importancia vital a la promulgación del nuevo instrumento legal ya que finalmente se dispone de un texto regulador que desde el 21 de septiembre de 1999 rige las iniciativas y actividades de una de las más complejas y sofisticadas industrias.

 

Como es sabido, Venezuela y México eran los dos únicos países latinoamericanos que no contaban con un marco jurídico para regular el servicio de energía eléctrica.

 

Transcurridas varias décadas en procura de un marco jurídico apropiado, se cumplieron 25 años desde que el grupo de trabajo integrado por AVIEM, CADAFE, EDELCA y CAVEINEL hicieron entrega al Ejecutivo Nacional del primer proyecto formal de Ley Orgánica del Servicio Público de Electricidad.

 

Luego de muchos estudios y 14 proyectos de ley se cuenta al fin con una Ley de Servicio Eléctrico.   La presencia de este ordenamiento legal refleja una mayor seguridad jurídica o certeza de las reglas claras de juego, que permitirán que el capital privado entre en el negocio eléctrico y pueda reducir la duda y el riesgo a las decisiones estrictamente empresariales, sin la incertidumbre aparente de decisiones viscerales.  El sector eléctrico ha sido sometido siempre en Venezuela a un régimen de discrecionalidad.  Es hora de exigir el imperio de la ley, que evite la inestabilidad.

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Los cambios macroeconómicos, unidos a los avances tecnológicos y a las nuevas preocupaciones sociales, han modificado algunas características de la industria eléctrica que se consideraron durante mucho tiempo determinantes del sistema de regulación tradicional.

 

Hoy día, uno de los factores más importantes para el éxito del proceso de reforma del nuevo modelo de regulación del sector de los servicios públicos económicos, consiste en diseñar un modelo de regulación que se adapte a las circunstancias específicas del mercado, respetando los derechos de propiedad y la libertad de empresa.

 

En la actualidad estamos ante un nuevo reto en la industria nacional eléctrica: la introducción y el desarrollo de la libre competencia, como medio para lograr una libre competencia, como medio para lograr una mayor competitividad y eficiencia económica; la separación de las actividades de generación, transmisión, distribución y comercialización y finalmente, la eventual privatización de importantes empresas regionales, cuya finalidad no sea la sola financiera de obtener recursos para el Tesoro Público, sino la eficiencia del sistema económico en su conjunto.

 

El sector eléctrico requiere $ 7 mil millones los próximos 10 años, el vacío de herramientas técnicas financieras existentes en el sector se convierten en una justificación suficiente para el desarrollo de la presente investigación, además de variables como los nuevos retos de las empresas, la Ley Orgánica del Servicio Eléctrico, las grandes obras de ingeniería que posee el sector, las fuentes de financiamiento y el monto de los recursos financieros requeridos.

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El sector eléctrico ha realizado una gran contribución al desarrollo nacional, hecho que debe despertar orgullo en todo venezolano.  De hecho, el país fue electrificado, se construyeron grandes represas y se consolidaron grandes empresas de servicios públicos, iguales o mejores a las de cualquier otro país latinoamericano.

 

Sin embargo, en el transcurso de las dos últimas décadas, importantes sectores de nuestra industria han sufrido un proceso continuo de desinversión.

 

Hay que revertir este proceso y cubrir el déficit acumulado de muchos años, pues de todos es sabido que el sector eléctrico se caracteriza por ser una industria que se apoya en tecnología intensiva, en capital con alto grado de apalancamiento financiero y largos plazos de construcción de las centrales hidroeléctricas; para lo cual la presente investigación puede representar un importante aporte

 

Las necesidades de financiamiento fundamentales para la marcha de esta industria, se ubican en una cifra de 7 mil millones de dólares para la primera década del nuevo milenio.

 

En menor parte significará un aporte del presupuesto nacional, que incluso incorporará, seguramente, los recursos provenientes de unas eventuales privatizaciones.  Pero, la mayoría de los recursos provendrán, directa o indirectamente, de los mercados financieros internacionales.

 

Para un país en vías de desarrollo como el nuestro, el costo de financiamiento por la vía de los mercados internacionales es alto.  Hoy por hoy el riesgo de la deuda de la República para préstamos de largo plazo supera el 8% en dólares, Esto significa que el costo de capital, aún para un sector considerado poco riesgoso como el nuestro, es superior al 15% en dólares, nivel éste que hace poco rentables proyectos de gran importancia para el sector y el país.

 

Esta situación obliga a preguntar ¿Cómo reduciremos los costos del capital?  Obviamente, una fuente lo constituirán los organismos multilaterales como el Banco Interamericano de Desarrollo, la Corporación Andina de Fomento o el Banco Mundial.  Estas no son dos recetas nuevas, pero en el futuro que se nos aproxima hay que introducir modificaciones al promover la privatización del sector.  A futuro, la ventana para tener acceso a préstamos oficiales pensamos que será el IFC (International Finance Corporation, 2.004) institución hermana del Banco Mundial que se especializa en préstamos al sector privado.

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Las condiciones para el otorgamiento de estos préstamos serán más exigentes, más ligados a entornos comerciales y a condiciones de mercado, porque dichos organismos funcionan como catalizadores del mercado privado. Como sector, tenemos que acostumbrarnos a trabajar en estas condiciones y a escuchar y entender los mercados de capital.

 

Además de los entes multilaterales, otras fuentes de financiamiento para nuestra industria serán las agencias de crédito a la exportación como el US Eximbank, Japón Eximbank o Export Development Corporation (EDC de Canadá).  A diferencia de las agencias multilaterales, éstos se concentran en financiar la adquisición de equipos en sus países y normalmente no cubren gastos nacionales.

 

A más largo plazo, dependemos de una política que reduzca la percepción de riesgo país para poder abaratar los costos de financiamiento.  A nivel local, sólo una política de crear mecanismos para fomentar el ahorro nacional podrá satisfacer nuestros requerimientos de fondos a largo plazo.  Entre estas medidas se destaca la creación de los fondos de pensión.

 

En el caso chileno, los ahorros de los trabajadores han suministrado los recursos no sólo para satisfacer los requerimientos de la industria nacional, sino para adquirir importantes activos en Perú, Colombia y Argentina.  Además de proveer los recursos necesarios, los fondos de pensión han permitido a la población en general compartir los beneficios financieros de la modernización del sector.

 

Uno de los aspectos más importantes que contiene la Ley Eléctrica es, precisamente, que incorpora un nuevo modelo objetivo de regulación.

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Actualmente, cuando nos planteamos cuál debe ser la función esencial de la regulación y de la supervisión del sector eléctrico, se llega a la conclusión de que no puede ser otra más que la eficiencia económica y la mejor manera de conseguir la eficiencia es a través de un marco general que promueva y desarrolle la competencia, y no con la intervención dirigista del Estado.

 

En su momento CAVEINEL tuvo que pronunciarse ante lo que consideramos una excesiva intervención del Estado en áreas netamente operativas como el Centro Nacional de Gestión.

 

La experiencia vivida los últimos treinta años con la participación de empresas públicas y privadas en la operación, coordinación y planificación del Sistema Interconectado Nacional, nos permite tener una visión clara del negocio y dar señales positivas a los nuevos agentes que puedan participar atraídos por la apertura en competencia.  Abogamos entonces por un ente autónomo e independiente que permitiera tener reglas claras.  Lamentablemente, en el texto definitivo esto no quedó aprobado, pero lo hemos asumido como una primera experiencia en regulación esperando que en un futuro cercano se puedan introducir cambios que se ajusten a las realidades del sector.  Nos toca ahora trajinar la etapa de discusión y análisis de los reglamentos, donde esperamos continuar teniendo una activa participación.

 

En su amplia intervención, el representante de CAVEINEL precisó asimismo su convicción ahora que contamos con un marco legal que promueve la participación de nuevos agentes en las actividades de generación, distribución y comercialización, lo que se espera es que no haya discriminaciones y que se respeten las reglas.

 

A las puertas del nuevo milenio, la industria eléctrica está entrando en una nueva etapa que nos debe poner a la par de las necesidades de un país que debe recuperar el tiempo perdido y progresar aceleradamente sobre la base de un sector productivo próspero y lleno de energía.

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No resulta menos importante señalar el cambio de mentalidad y de actitud de todos los actores del sector eléctrico (gobierno, empresas, trabajadores, ciudadanos) integrándose a un cambio cultural que fomentará una mayor libertad y responsabilidad que exige mayor capacidad de iniciativa e innovación, como única vía de mantener la competitividad económica y la calidad de vida.

 

1.4 Importancia

 

Gran parte de la electricidad de Venezuela se genera a través de sistemas hidroeléctricos, principalmente en la Represa de Guri, en el Río Caroní

 

En la producción de energía eléctrica de Venezuela participan varios sectores empresariales:

 

El sector estatal, representado por la Compañía Anónima de Administración y Fomento Eléctrico (CADAFE), empresa pública a cuyo cargo ha estado la ejecución del Plan Nacional de Electrificación, y por la compañía subsidiaria de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG) conocida como Electrificación del Caroní (EDELCA), que se ocupa de desarrollar el potencial hidroeléctrico del río Caroní.

 

El sector privado, orientado a producir energía para satisfacer determinados servicios públicos.

 

Los sectores autoabastecidos, como son las empresas petroleras y las centrales azucareras, que producen electricidad para su propio consumo.

 

La capacidad de energía eléctrica instalada en Venezuela fue, en 1995, de 18.161.000 Kw, mientras que la generada en el mismo año ascendió a 70.672 millones de Kwh. Por su parte, la población servida superó los 19,5 millones y el número de abonados alcanzó la cifra de 3.830.000. De la energía producida en el país, el 29,6% es de origen térmico convencional, mientras que el resto es hidroeléctrica.

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El consumo por empresas eléctricas con destino a la distribución se reparte desigualmente entre el sector público (81%) y el sector privado (19%).

 

Al cierre de diciembre de 1995, según la Cámara Venezolana de la Industria Eléctrica (CAVEINEL), el consumo de electricidad se situó en un total anual de 55.561 Gwh. Este dato apunta un leve incremento de un 4,8% respecto al año anterior.

 

En enero de 1997 se inauguró la central hidroeléctrica Macagua II, que aporta al sistema eléctrico nacional otros 2.540 Mw anuales, equivalentes a 72.000 barriles de petróleo diarios. Para el año 2003 se prevé tener lista la central de Caruachi y antes del 2008 la de Tocoma, generando entre ambas unos 4.000 Mw adicionales.

 

Esta importante infraestructura se suma al complejo hidroeléctrico de Guayana, constituido por las empresas Guri y Macagua I. Actualmente Guri produce 10.000 Mw, cifra a la que se incorporarán  cerca de 3.000 Mw que soportará el sistema Macagua.

 

Venezuela es uno de los países con mayor grado de electrificación en América Latina; más del 94% de su población dispone de servicio eléctrico. Esto es el resultado de un esfuerzo realizado por el Estado Venezolano y una significativa concurrencia de empresas privadas.

 

El Sector Eléctrico Venezolano está estructurado en forma mixta, integrado por empresas públicas y privadas. En los dos ámbitos, los lineamientos de política son dictados por el Ministerio de Energía y Minas, órgano supremo en materia de energía a nivel nacional, a través de su Dirección de Electricidad.

 

Por otro lado, la planificación del sector ha obedecido al entendimiento entre las principales empresas eléctricas que firmaron en 1968 el contrato de interconexión, el cual fue modificado en 1988 cuando, además de CADAFE, EDELCA y la Electricidad de Caracas, se incorporó ENELVEN. El Estado Venezolano ha emprendido el diseño de un Plan Energético Nacional como parte fundamental del Plan Económico, con la finalidad de asegurarle al país la prestación de un servicio eléctrico al menor costo posible y con la mayor calidad, que permita la óptima utilización de los recursos disponibles y que, al mismo tiempo, garantice continuidad, seguridad y eficiencia.

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Igualmente se diseñó una nueva Ley del Servicio Eléctrico, la cual tiene por objeto establecer las disposiciones que regirán el servicio eléctrico en el Territorio Nacional, el cual no había contado con una normativa legal integral que ordenara clara y metódicamente las disposiciones generales aplicables a esta materia.

 

De acuerdo a las últimas cifras, las Empresas Eléctricas del Estado generan el 82% de la energía eléctrica que se consume en el país, sirviendo al 68% del total de suscriptores.

 

1.5 Beneficios y Limitaciones

 

La situación actual del sector eléctrico, especialmente en las áreas de transmisión y distribución, es de franco deterioro y podría convertirse en un obstáculo de difícil superación para las posibilidades reales de crecimiento productivo del país en el mediano plazo, si no se acomete a la brevedad un ambicioso programa de inversiones y un plan de reformas estructurales.

 

Las pérdidas acumuladas de algunas empresas eléctricas públicas no han permitido mantener un ritmo de inversiones capaz de soportar el crecimiento de la demanda y sostener la calidad de los servicios. Más de una década de diferimiento de inversiones en las áreas de transmisión, distribución, comercialización y mantenimiento de la generación térmica hace inaplazable la búsqueda de recursos para recuperar la confiabilidad de la red y soportar el crecimiento de la demanda.

 

A los fines de revertir el proceso de deterioro del sector eléctrico, restaurar su papel impulsor de la actividad económica y mejorar su imagen en la opinión pública nacional, se estima necesario aplicar un ambicioso programa de inversiones que supera los 5.000 millones de US $ en cinco años.

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La aplicación de una política energética coherente, hará énfasis en la hidroelectricidad y el gas natural como opciones prioritarias dentro de la oferta energética nacional.

 

En su carácter de importante consumidor de gas natural, el crecimiento del sector eléctrico puede viabilizar la captación de inversiones en la industria gasífera nacional, dado el gran potencial de consumo de gas que tiene la industria eléctrica, y su capacidad de adoptar tecnología de punta que ofrezca un atractivo costo de oportunidad para el uso de gas natural.

 

Del mismo modo, la disponibilidad de importantes reservas de gas natural puede sustentar la expansión de generación eléctrica, la cual puede aprovechar las ventajas en términos de eficiencia, bajo costo de capital y mínimo impacto ambiental que provee la tecnología de turbinas de gas natural.

 

Después del sector petrolero, el sector eléctrico es el principal mercado de consumo de gas natural en el país. Este papel dinamizador del sector eléctrico en la industria del gas será más acentuado en el futuro, dadas las necesidades de expansión de generación eléctrica, se tiene en el uso del gas natural una opción económicamente competitiva.

 

Luego de efectuado el esbozo del problema, se procede a enunciar el marco referencial del presente trabajo de investigación, el cual constituye las bases teóricas del trabajo, mediante la exposición de los tópicos principales y secundarios, las ideas centrales y auxiliares, que se tomaron en consideración para el desarrollo de la propuesta.  Se incluye además el aspecto técnico, compuesto por definiciones muy precisas de términos claves dentro del estudio.

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