CAPITULO IV

DIAGNOSTICO QUE SUSTENTA LA PROPUESTA

 

Análisis de los resultados arrojados por el instrumento de medición

 

Al igual que el servicio de agua, el telefónico, y el de gas natural, el suministro de energía eléctrica ha estado tradicionalmente intervenido por el Estado. Esto se debe en primer lugar a que el sector presenta características de "monopolio natural", que hacen necesaria dicha intervención; en segundo lugar, a que es necesario asegurar que todos los sectores de la sociedad puedan disfrutar del servicio, incluso aquellos que carecen de ingresos propios para costearlos, y por último evitar la limitación a la entrada de nuevas empresas en el mercado.

 

Durante los últimos treinta años, el servicio de energía eléctrica de los países en desarrollo ha crecido rápidamente. Sin embargo, dicho crecimiento ha sido acompañado de un desmejoramiento en el desempeño operacional y financiero del sector. El resultado ha sido un elevado costo económico para los gobiernos, las empresas eléctricas y los consumidores.

 

Las repercusiones económicas de las deficiencias del sector de electricidad son difícilmente cuantificables, pero resulta evidente que las dificultades que se han presentado para financiar el servicio, así como los ineficientes sistemas de operación y mantenimiento, han afectado la disponibilidad de las centrales eléctricas y la confiabilidad del sistema mismo, lo cual a su vez degenera en onerosas consecuencias para los países. En América Latina, por ejemplo, se ha estimado que el déficit de electricidad representa para los países de la región una suma estimada en unos 15 mil millones de dólares anuales por concepto de pérdidas de producción y exceso de inversiones.

Además, la intervención del Estado, ha generado un marco institucional incierto que a su vez ha inhibido las inversiones productivas de los agentes en el sector y que por el contrario ha propiciado el surgimiento de comportamientos oportunistas que medran los derechos de quienes, pese a todo invierten el sector. Esta estructura de incentivos dificulta la coordinación entre los agentes del mercado, la cual es necesaria para adaptar el sector a los constantes cambios tecnológicos a los que está expuesto.

 

La demanda acumulada del servicio eléctrico, el desempeño deficiente y el deterioro de las finanzas públicas ha causado una creciente presión para la eliminación de monopolios públicos y su sustitución por sistemas de competencia en la prestación del servicio. Al mismo tiempo, el desarrollo tecnológico ha propiciado una mayor competencia mediante la desagregación de servicios en mercados que antes se consideraban como monopolios naturales. Finalmente, la competencia internacional ha reforzado este proceso al poner de relieve la importancia de la infraestructura como ventaja decisiva para competir en mercados mundiales. Estas tendencias han puesto de relieve la necesidad de reformas en la estructura y en la reglamentación de estos mercados.

 

En general, puede afirmarse que la estructura del sector eléctrico tiende a dificultar una asignación de recursos más eficiente a través del libre juego de las fuerzas del mercado. A continuación se detallan los aspectos más relevantes que tradicionalmente han definido la estructura de este sector y su desempeño económico.

 

Características en la prestación del servicio eléctrico

 

La electricidad se caracteriza por ciertos elementos que la diferencian de otras formas de energía y afecta su forma de producción, transmisión y venta, lo cual conmina a cualquier empresa interesada en invertir a realizar cuantiosas y específicas inversiones. Concretamente, la electricidad: 1) no es una fuente primaria de energía, sino que es producida a través de la transformación de otras formas de energía; 2) requiere para su generación de instalaciones de gran inversión; 3) no puede ser almacenada, por lo que en cada momento la oferta tiene que igualar la demanda; 4) puede ser transmitida y distribuida a través de largas distancias, pero solamente por medio de redes especiales de alto costo y complejidad técnica, lo que implica que se requiere de una infraestructura intensiva en capital y que no existe la posibilidad técnica ni económica de duplicar dichas redes (monopolio natural); y finalmente, 5) tiende a generar pérdidas considerables por transporte, los cuales aumentan con la distancia y el volumen transportado (SÁNCHEZ, 1995).

 

Por otra parte, la demanda de este sector se caracteriza por presentar una alta fluctuación y ser inelástica. Así, la demanda de electricidad responde muy débilmente a las fluctuaciones de precios de la energía eléctrica, debido a que prácticamente no existe posibilidad de sustitución. Sólo en los casos de consumidores industriales, se puede plantear la posibilidad de autogeneración de electricidad, lo cual es una manera de sustituir al "proveedor" de este bien. Sin embargo, por los altos costos involucrados, esto es la excepción y no la regla (SÁNCHEZ, 1995).

 

Por otra parte, en la estructura de la industria de servicio eléctrico se distinguen las siguientes etapas (SÁNCHEZ, 1995):

 

Generación: comprende la producción de electricidad en centrales eléctricas de cualquier tipo (termoeléctricas, hidroeléctricas, etc).

Transmisión: comprende la interconexión, transformación y transporte de electricidad, efectuada a través de las instalaciones correspondientes hasta los sistemas de distribución; incluida el transporte de electricidad de alto voltaje y la operación de todo el sistema eléctrico.

Distribución: incluye el transporte de electricidad de bajo voltaje y la actividad de suministro de la electricidad hasta los consumidores finales.

Comercialización: consiste en la venta y facturación del servicio eléctrico a los consumidores finales.

La principal característica de este sector, que ha justificado la intervención pública en el sector eléctrico, ha sido la presencia de condiciones de monopolio natural en las etapas de transmisión y generación. Por monopolio natural, se entiende una estructura industrial en la cual el costo promedio de producción disminuye a medida que aumenta la oferta, por lo cual, una única empresa en el mercado respectivo puede suministrar un producto con costos y precios inferiores a los que se registran cuando el mismo producto es suministrado por dos o más empresas. Esto se debe principalmente, a la existencia de economías de escala y de alcance en la provisión del servicio. En mercados de estas características la competencia potencial es prácticamente inexistente debido a la especificidad de las inversiones en el sector. En efecto, que la inversión sea específica supone que una vez ingresado en el mercado el nuevo competidor, no podrá recuperar la inversión que hizo en activos específicos en caso de verse obligado a salir del mismo, porque tales activos son inutilizables en otros sectores. Esto se conoce como "costos hundidos" o "costos no recuperables". Por esta razón, es que la especificidad de los activos se constituye en una poderosa barrera a la entrada al mercado.

 

Adicionalmente, al ser la demanda de electricidad altamente variable, es más eficiente que sea una sola empresa la que atienda a un gran número de usuarios. Así, cuando la demanda individual es muy variable, al incrementar el número de individuos atendidos por una empresa, se logra disminuir la variabilidad de la demanda. (HEARNE BONER, 1993).

 

De lo anteriormente expuesto se deduce que en sectores con características de monopolio natural no tiene sentido, desde el punto de vista de la eficiencia económica, duplicar la infraestructura. Sin embargo, al estar solo en el mercado, un productor monopólico tendrá incentivos para fijar precios a niveles superiores a los costos marginales y para ofrecer una cantidad inferior del servicio a la que prevalecería en condiciones de competencia. Al mismo tiempo, al no tener la presión competitiva, esta empresa no tiene incentivos para hacer innovaciones tecnológicas para reducir costos y/o prestar un servicio de mejor calidad. De esta manera, la sociedad se vería afectada por un déficit de oferta, precios altos, servicio deficiente, todo lo cual redunda en una pérdida general de bienestar. Por lo tanto, es frecuente que las fases de transmisión y distribución se encuentren sujetas a regulación estatal en la mayoría de los sistemas eléctricos del mundo.

 

La etapa de generación, por el contrario, se encuentra actualmente sujeta a un proceso de apertura a la libre competencia, salvo algunas excepciones, como sucede en países en los cuales las empresas eléctricas se encuentran verticalmente integradas. La apertura se justifica porque la generación generalmente no tiene características de monopolio natural, debido a que no es una actividad en la que se generan economías de escala. En efecto, a medida que el número producido de kilovatios-hora de electricidad, los costos fijos constantes aumentan. Esto se debe a que para poder aumentar la producción de electricidad se necesitan utilizar más plantas de generación, lo cual implica un aumento en los costos fijos. No obstante, existen algunas plantas de tamaño grande que podrían generar economías de escala. (HEARNE BONER, 1993).

 

Por último, es conveniente destacar que la actividad de comercialización no es específica al sector eléctrico y tampoco presenta características de monopolio natural. En la misma no se presentan economías de escala, y los activos productivos pueden utilizarse en otras actividades productivas que requieran la búsqueda de clientes y la facturación.

 

Más allá de las razones de eficiencia económica, otro argumento utilizado a favor de la intervención del Estado, se basa en la necesidad de asegurar a todos los sectores sociales, incluso los menos pudientes el disfrute del servicio. Para ello, se han fijado políticas tales como el establecimiento de precios uniformes y la prestación del servicio a pérdida, lo cual ha comprometido muchas veces la posición de las empresas operadoras del servicio. La prestación de servicios a precios uniformes implica muchas veces pérdidas para las empresas establecidas, de tal forma que para mantener la estabilidad de la industria, se fijan precios más altos en otros segmentos del mercado donde las empresas puedan cobrar precios superiores a los costos en que ha incurrido; lo cual se conoce como subsidios cruzados. Por esta razón, se ha requerido la presencia del financiamiento público, a fin de asegurar la prestación del servicio, pese a no ser económicamente rentable.

 

Por otra parte, con frecuencia los gobiernos han subrayado que el sector eléctrico es un motor del desarrollo económico y, por consiguiente, que debe ser respaldado por la inversión pública. Se ha planteado que las compañías de electricidad pueden también permitir resolver cuestiones de equidad social y en general, ser instrumentos eficaces para mejorar la calidad de vida. Estas políticas han facilitado el abastecimiento de electricidad y acceso de este servicio, pero también han favorecido la idea según la cual existe un derecho adquirido a recibir electricidad a precios artificialmente bajos. Esto se ha traducido en la utilización creciente de recursos públicos escasos para financiar la electricidad, en el otorgamiento de subsidios continuos del gobierno central a las empresas y en la sobreinversión en el sector, sin mayor preocupación por asegurar una relación costo-beneficio racional en la operación del sector.

 

El Estado como empresario

 

Entre las diversas modalidades de intervención del Estado, la participación directa de éste a través de empresas públicas en la prestación del servicio en sus distintas fases ha sido la más utilizada en países en vías de desarrollo. Con ello se ha querido controlar el poder monopólico que podría ser explotado por un agente privado, ya que si el Estado es propietario de este tipo de empresas, se inhibiría de fijar precios que implicaran un abuso de su poder de mercado. (BITRÁN Y SAAVEDRA, 1993).

 

Así mismo, la provisión del servicio por parte del Estado para controlar la prestación del mismo ha sido vista como un instrumento de políticas públicas necesario para resolver los problemas de asimetrías de información. Al Estado proveer el servicio, conoce la estructura de costos de las empresas públicas y podrá imponer tarifas más adecuadas al costo de producción, eliminando de esta manera los problemas de asimetrías de información.

 

No obstante, en la práctica la provisión estatal del servicio ha resultado ser ineficiente. En primer lugar, por gozar de características de monopolio natural, estas empresas públicas no enfrentan competencia alguna, por lo cual no sentirán la amenaza de pérdida de mercado. Esta situación ha ocasionado retrasos, por ejemplo, en la introducción de mejores tecnologías ya que la permanencia en el mercado está garantizada, no importando cuán ineficiente sea la empresa.

 

Además, la existencia de una pluralidad de objetivos a los cuales están llamadas a responder las empresas de propiedad estatal, genera serias distorsiones en la dinámica empresarial. Objetivos muchas veces excluyentes tales como la generación de empleo, el estímulo al aparato industrial y la provisión de bienes y servicios a la población de menores recursos, entre otros, generan por un lado, un conflicto de intereses cuyo impacto en la eficiencia de la empresa dependerá finalmente del poder relativo de cada uno de los grupos para influenciar decisiones particulares de la empresa y no del comportamiento maximizador idealmente esperado de sus directores y por otro lado, impide o hace sumamente difícil la evaluación y fiscalización externa de la empresa, particularmente en el desempeño económico. (PRYOR, 1976) (BITRÁN Y SAAVEDRA, 1993). Por tanto, un monopolio estatal tendría estímulos adicionales para empeorar su desempeño, pues el Estado buscará cumplir múltiples objetivos con la operación de empresas del sector eléctrico que poco o nada tienen que ver con la atención de los intereses del usuario, la adopción de nuevas tecnologías, la explotación de oportunidades de negocios e inversión y otras iniciativas orientadas a asegurar el máximo rendimiento de la empresa y de producción al más bajo costo. Por esta razón, es que en la actualidad existe un consenso generalizado en considerar que el Estado debe abandonar el rol de empresario y dedicarse a un rol más bien regulador de la actividad económica. Es decir, dejar de participar como actor y concentrar su atención en la definición de reglas para elevar al máximo posible el desempeño de las empresas operadoras en el sector. Veamos.

 

Como ha sido señalado anteriormente, al buscar maximizar sus beneficios, los monopolios naturales cobran precios superiores y producen menos que en una situación de competencia. Adicionalmente, al no enfrentar una presión competitiva tampoco tendrán incentivos para ser más eficientes y prestar un mejor servicio. Es por ello que el marco regulatorio debe estar diseñado para moderar los abusos de poder de mercado; para asegurar la operación eficiente del monopolio natural y para que se preste un servicio de calidad. En este sentido, el esquema regulador debe perseguir dos objetivos: primero, que el precio cobrado por el monopolio regulado sea equivalente al que prevalecería en un mercado competitivo; es decir, que el precio sea igual al costo marginal de la firma y segundo, el esquema debería propiciar que la firma minimice los costos a largo plazo a través de la adopción de tecnologías que aumente la eficiencia y la calidad del servicio. (BITRÁN Y SERRA, 1994).

 

En el sector eléctrico, la calidad del servicio hace referencia a la confiabilidad del sistema de suministro. El ente regulador se encargará de este factor de manera integrada, pues una regulación de precios concebida aisladamente puede traer como consecuencia una inadecuada calidad del servicio. Sin embargo, el uso de regulaciones de la calidad no es muy común, ya que su costo de implementación es considerablemente alto. Para controlar cualquier variable, los agentes económicos deben estar en capacidad de observar y definir claramente qué tipo de variable es objeto de control y qué tipo de restricciones se aplicará. En el caso del precio y de la cantidad, esto no resulta difícil; pero al considerar la calidad se está en presencia de un concepto genérico y no fácilmente mensurable.

 

La regulación también debería tratar de asegurar la competencia cuando los cambios tecnológicos le brindan esta posibilidad al monopolio natural. (BITRÁN Y SERRA, 1994)

 

Consideraciones acerca de las posibilidades de regulación del sector eléctrico

 

En general, para tratar de alcanzar los objetivos públicos anteriormente citados, la agencia regulatoria debería establecer la manera en que se determinan las tarifas a cobrar por los servicios regulados. En este sentido, es posible distinguir dos enfoques: uno que busca que las tasas reflejen los costos de la firma y otro que hace énfasis en la eficiencia (BITRÁN Y SERRA, 1994)

 

A continuación se explican los esquemas más utilizados internacionalmente:

 

Regulación por tasa de retorno:

 

Este sistema se ubica dentro de los que pretenden reflejar los costos de la firma. Su funcionamiento se basa en la información que suministra la empresa al ente regulador. Así, en el caso de que la empresa regulada desee modificar las tarifas que aplica a los usuarios del servicio debe realizar una solicitud anticipada al regulador, para lo cual deberá presentar ante este un cálculo de los costos de operación y los costos de capital. El regulador auditará esta información y establecerá una tasa de retorno razonable sobre el capital.

 

Esta solución presenta serios inconvenientes, ya que no genera incentivos para reducir los costos, pues el mecanismo permite que la empresa compense cualquier aumento de costos simplemente apelando al recurso de subir los precios. De otra parte, este tipo de regulación propicia la realización excesiva de inversiones de capital, con el objeto de aumentar el flujo de beneficios, en la medida que la tasa de retorno fijada sea superior a la tasa costo de capital. Ello desincentiva la empresa para incorporar tecnologías de punta que reduzcan los costos en el mediano plazo.

 

Por otra parte, este mecanismo no resuelve los problemas de asimetrías de información, ya que las empresas conocen mejor su estructura de costos que el regulador. En efecto, el suministro de información para establecer la regulación del caso dependerá de las empresas reguladas, sin que sea posible, o sea excesivamente costoso, para el regulador comprobar su veracidad. Además, ello exige un elevado presupuesto para la entidad reguladora.

 

Existen otras alternativas a este esquema, como podría ser el establecimiento del precio igual al costo promedio más un mark-up.

 

Regulación por índice de precios o price caps (RPI-X):

 

Este esquema pertenece al grupo de esquemas regulatorios que hacen énfasis en la eficiencia económica en la asignación de los recursos. Al enfatizar la eficiencia, este mecanismo pretende eliminar los incentivos perversos que establecen los esquemas de tasa de retorno sobre aquella. Este esquema consiste en fijar un techo al crecimiento de la tarifa, donde el techo se mueve de acuerdo a la inflación (RPI del inglés Resale Price Index), menos un factor "X" que es proyección de la tasa de incremento de la productividad. Este factor "X" es ajustado periódicamente generalmente cada cuatro o cinco años. De esta manera, al hacer énfasis en la tasa de incremento en los precios y no en la tasa de retorno, la firma tiene mayores incentivos para operar eficientemente porque se verá inducida a obtener beneficios en la medida que reduzca sus costos. Este sistema tiene la ventaja de que es relativamente simple de implementar, y reduce la carga de las agencias regulatorias de obtener información acerca de costos y beneficios.

 

No obstante, este esquema no define los criterios a través de los cuales se modifica el factor "X", lo cual genera la posibilidad de comportamiento oportunista tanto del regulador como de la empresa regulada. En efecto, la experiencia ha demostrado que en los países donde se ha implementado este tipo de mecanismos, debido a lo incompleto del contrato, la regulación se ha transformado en un juego cada vez más discrecional, con procesos continuos de negociación, incorporando una indeseable inestabilidad al marco regulatorio.

 

Regulación mediante ajuste de precios de acuerdo al modelo de empresa eficiente:

 

Bajo este sistema se elabora un modelo de cómo debería operar una empresa eficiente y sobre la base del mismo, se define la regulación que debería aplicarse a las empresas que operan en el mercado. De esta manera el desempeño de las firmas debe ir acercándose en el tiempo al modelo establecido.

 

Sin embargo, este esquema no resuelve el problema fundamental asociado con la presencia de asimetrías de información entre regulado y regulador. También tiene la limitación de que su implementación depende del cálculo de los costos de una empresa eficiente. Si una sola empresa provee este servicio, sus costos tendrán una fuerte influencia sobre lo que el regulador considerará como firma eficiente. Sin embargo, si hay suficientes monopolios locales operando en condiciones similares, la firma con costos más bajos podría ser considerada como la más eficiente.

 

Otros Objetivos de la Regulación

 

Adicionalmente a la búsqueda de los objetivos de limitación de uso del poder de mercado por parte del monopolista y la generación de incentivos para que este tenga un desempeño eficiente, la regulación pretende evitar la discriminación en la provisión del servicio. Esto es así, debido a que la electricidad se considera como un servicio de vital importancia que debe ser disfrutado hasta por aquellos segmentos de la población que no estén en la capacidad de pagarlo. Para ello se diseña una estructura de precios que establece diferencias por consumidores finales, obligando de esta manera a que ciertos sectores subsidien a otros (subsidios cruzados). Este tipo de esquemas esta orientado a alcanzar fines de "justicia social". Estos esquemas siempre tienen algún impacto negativo sobre la eficiencia económica.

 

Otro aspecto que es regulado en este tipo de empresas de servicios públicos es la cantidad, pues se trata de un servicio de primera necesidad, además de ser un insumo fundamental para la actividad productiva. Es por ello que la mayoría de los sistemas de concesiones de servicios públicos, se contemplan obligaciones específicas de suministro del servicio, que en el caso de las industrias eléctricas se traducen en suplir la totalidad de la demanda de energía, a precios regulados. Esto trae como consecuencia que las empresas se han visto en la necesidad de mantener unidades de producción en reserva para garantizar el cumplimiento de los incrementos no esperados en la demanda y de mantener una mayor coordinación entre las actividades de generación y de transmisión.

 

Problemas de la regulación

 

Las regulaciones económicas pretenden operar en la práctica como un sustituto de la competencia, imponiendo a la empresa de servicio eléctrico un código de conducta que simulen su comportamiento como si estuvieran en un entorno competitivo. Cuando el regulador impone tarifas e impone la obligatoriedad de que toda la población tenga acceso al servicio bajo condiciones no discriminatorias, en el fondo el objetivo de la intervención pública es alcanzar un resultado similar al que se obtendría en un mercado competitivo.

 

Sin embargo, la regulación de monopolios naturales no está exenta de problemas. En primer lugar, la conciliación de objetivos tales como limitar el cobro de precios monopólicos, procurar la adopción de tecnologías que aumenten la eficiencia, impedir la discriminación en la prestación del servicio y asegurar la cobertura total de la demanda, puede ser difícil de alcanzar en la práctica, por tratarse de fines contradictorios. Una regulación muy rígida que asegure que la firma no abuse de su poder de mercado podría impedir la creación de incentivos para estimular y aumentar la eficiencia en el largo plazo. Así mismo, el atender sectores no rentables y asegurar el suministro a cualquier nivel de demanda también afectan negativamente a la eficiencia económica.

 

En segundo lugar, debe notarse que ningún esquema de regulación elimina por completo los problemas creados por la asimetría de información existente entre regulador (Estado) y los regulados (empresas operarias). Como se explicó anteriormente, en la mayoría de las situaciones el regulador dependerá de la información suministrada por los regulados sobre las condiciones de la demanda en el sector y de los costos de producción del servicio eléctrico, existiendo obvios y poderosos incentivos para no revelar la información requerida para hacer óptima la regulación. Por esta razón, el Estado enfrenta dificultades en el cálculo de la tarifa óptima.

 

En tercer lugar, la regulación en la práctica constituye un contrato a largo plazo entre el regulador y el monopolio en el cual este último realiza inversiones específicas e irreversibles y que implican considerables costos irrecuperables (costos hundidos) significativos. Este tipo de contratos normalmente se caracteriza por altos costos de transacción [8] y la existencia de posibles comportamientos oportunistas de ambas partes y que, usualmente, imponen también elevados costos en términos de eficiencia. (BITRÁN Y SERRA, 1994).

 

En cuarto lugar, la regulación tiende a adecuarse más lentamente que el mercado a las condiciones cambiantes de tecnología. Esta situación tiende a prorrogar la regulación innecesariamente, incluso habiendo desaparecido las condiciones que la generaron.

 

En quinto lugar, el regulador enfrenta presiones políticas y sociales de diferentes grupos de interés que podrían alejar la regulación de los objetivos de eficiencia económica y acceso de toda la población al servicio. En efecto, existe la tendencia en los procesos de formación y diseño de marcos regulatorios a beneficiar a aquellos pequeños grupos con gran poder de influencia e interés en la regulación. (STIGLITZ, 1988).

 

Por último, aquellos que detentan el poder del Estado podría utilizar la regulación en su propio interés. En este sentido, la fijación de tarifas frecuentemente se ha utilizado con fines políticos, tales como fines redistributivos, sin considerar los costos de producción involucrados. En ocasiones las tarifas han servido como mecanismos para manipular las expectativas inflacionarias, impidiendo su ajuste al incremento general de precios de la economía. Ello puede conducir a desajustes fiscales en el mediano o largo plazo, que se traducen en el otorgamiento de subsidios, en el caso de empresas privadas o bien en el cobro de tarifas inferiores a los costos, si se trata de empresas públicas. Esto significa que la regulación del sector estará influenciada por criterios macroeconómicos y de redistribución. En consecuencia, el promedio de los precios no cubrirá los costos a largo plazo y las tarifas residenciales seguramente se verán subsidiadas.

 

Por lo anteriormente expuesto, se puede afirmar que la regulación no sólo se justifica como mecanismo para proteger a los consumidores del ejercicio del poder de mercado de los monopolios naturales y para solucionar problemas de acceso al servicio. La regulación es también necesaria para evitar el comportamiento "oportunista" del Estado. Por tal motivo, si el Estado quisiera estimular la inversión privada debería diseñar un marco institucional que limite su propia capacidad de distorsionar el sector, pues lo contrario será interpretado como una señal negativa por potenciales inversionistas, quienes se abstendrán de invertir. Ello supone un marco regulatorio que defina los procesos a través de los cuales se fijan los precios, la resolución imparcial de conflictos, etc.

Es conveniente destacar que la intervención estatal debería comparar los beneficios que se derivan de corregir las ineficiencias del mercado con los costos que se derivan de la intervención del Estado. Estos costos corresponden a los recursos económicos utilizados directamente por el sector público para corregir las distorsiones; los costos producidos por la generación de otras distorsiones que se derivan de la acción estatal y los recursos que emplearía el sector privado para tratar de orientar la acción del Estado en su propio beneficio. En tal operación deben considerarse aspectos tales como quién pudiera verse beneficiado de la regulación, qué tipo de industrias deben ser objeto de estos controles y qué tipos de esquemas se utilizarán.

 

Igualmente, es necesario hacer notar que deben reconocerse las limitaciones a las que el Estado se enfrenta en dichos procesos de análisis sobre la conveniencia o no de la intervención estatal, pues existen elementos inconmensurables e impredecibles cuya incorporación en un cálculo costo-beneficio resulta imposible.

 

Todos estas dificultades de regulación, aunados a las crecientes innovaciones tecnológicas, las cuales reducen los costos y hacen menos numerosas las esferas de actividad dotadas con características de monopolio natural, han generado una tendencia cada vez mayor a que los países reconsideren las ventajas de la intervención del Estado en el sector de servicio eléctrico.

 

Las dificultades de diseñar una reglamentación adecuada, así como, los avances tecnológicos hacen cada vez más necesario que los sectores de servicio público sean expuestos a las fuerzas de la competencia para propiciar su mejor desempeño social y económico. Esta sección, presentará las diversas y concurrentes alternativas de política pública que se han implementado en los procesos de reforma de este sector.

 

Nuevo enfoque regulatorio

 

Existen dos principales tendencias en los procesos de reforma regulatoria en el sector eléctrico. La primera, es conocida como desregulación y es aplicada a las firmas que fueron previamente reguladas de alguna forma. Este consiste en eliminar o reducir la regulación en donde ello sea posible. A la segunda tendencia se le ha denominado re-regulación, debido que es un proceso mediante el cual las regulaciones existentes son rediseñadas para mantener el control de actividades del sector que siguen siendo monopolio natural, mientras que son desreguladas aquellas áreas del negocio que serán abiertas a la competencia.

 

Dos elementos fundamentales están detrás de este proceso de desregulación. En primer término se reconocen las fallas de los procesos regulatorios existentes como mecanismos para estimular a las empresas de servicio eléctrico a que desempeñen una actividad cada vez más eficiente. En segundo lugar, se reconoce que las actividades de generación y comercialización no son monopolios naturales y que por lo tanto es posible dejar que las fuerzas de la competencia operen en estas dos áreas.

 

El nuevo enfoque regulatorio se basa en la premisa de que la función productiva del Estado y la regulación que este diseñe deben estar separadas y que una forma mucho más eficaz de disciplinar las empresas del sector, con incentivos suficientes para la obtención de un máximo de bienestar y para la innovación tecnológica, puede resultar de la fuerza competitiva que le imprimen las empresas rivales.

 

La regulación de precios debe ser considerada como última opción entre las alternativas disponibles, incluso, para aquellas empresas de suministro de un determinado bien o servicio que funcionen como monopolios naturales. Esto es especialmente cierto en aquellos casos en los que por la existencia de innovaciones tecnológicas, la estructura de mercado ha dejado de ser un monopolio natural, y por lo tanto es posible abrir el mercado a la competencia. La competencia en los mercados y la regulación pueden considerarse como medios complementarios para desarrollar infraestructura.

 

Sin embargo, en la actualidad las etapas de transmisión y distribución, siguen presentando características de monopolio natural; por lo tanto, el objetivo del nuevo marco regulatorio deberá ser el de proporcionar suficientes incentivos para que dichas empresas minimicen sus costos y adopten sistemas de producción más eficiente e innovadores.

 

Una de las sugerencias más comunes es la que plantea la desregulación en la actividad de generación, manteniendo los actuales esquemas de monopolio en la transmisión y distribución de la energía eléctrica. Este esquema proporcionaría cierto vigor competitivo al sector sin sacrificar los beneficios que las economías de escala proporcionan en la transmisión y distribución. Por otra parte, si se mantiene la integración vertical (generación-transmisión-distribución) los monopolios intentarán abusar de su poder de mercado en el sector abierto a la libre competencia (la generación) mediante mecanismos de discriminación a favor de sus empresas afiliadas, lo cual genera significativas barreras a la entrada de nuevos competidores en dichos mercados. (BITRÁN Y SERRA, 1994).

 

En los casos en los que no sea posible la competencia "en el mercado", como sucede con las etapas de transmisión y distribución de electricidad, se puede crear una competencia "por el mercado" por medio de concesiones o mecanismos de arrendamiento que permitan atender toda la demanda, a fin de aumentar la eficiencia dentro de las condiciones adversas que impone el monopolio natural. La concesión se asignaría en estos casos a través de subastas periódicas a aquella empresa que ofrezca la mejor relación precio-calidad del servicio. Una de las principales ventajas de este esquema es que disminuye el riesgo de continuas renegociaciones entre el Estado y la empresa regulada sobre aspectos tales como las tarifas, las inversiones a realizar y la cobertura del servicio. Una de sus principales desventajas es que aplicar este esquema en sectores con costos hundidos sustanciales implica que si la empresa que estaba prestando el servicio no renueva la concesión, no podría recuperar las cuantiosas inversiones que realizó mientras gozaba de la misma. Una posible solución a este problema es que el nuevo operador del servicio compense al anterior por las inversiones realizadas. Este mecanismo de compensación debe ser llevado a través de un proceso técnico y un marco institucional adecuado en el cual se resuelvan los desacuerdos entre las empresas involucradas. De otra manera, el temor a perder la concesión y la incertidumbre involucrada en la compensación por las inversiones previas podría desalentar a la empresa que posee la concesión a realizar inversiones. (BITRÁN Y SERRA, 1994).

 

También se aconseja no concentrar todas las empresas eléctricas de un país en un solo operador. Esto porque empresas que operen en zonas geográficas distintas, si bien no son competidores, por lo menos el comportamiento de las mismas sirve de indicador al regulador de cómo podrían estar comportándose el resto de las firmas y evaluar por lo tanto cuales tienen un comportamiento más eficiente. Esto es lo que se conoce como "competencia comparada".

 

Adicionalmente, el marco regulatorio presupone la necesidad de crear una agencia regulatoria independiente y funcional, libre de interferencias y de presiones que resultan del juego "político", de los incentivos creados por los intereses del Estado en ejercer control político sobre la sociedad, y de las influencias de las empresas privadas que luchan por imponer precios artificialmente elevados a los usuarios del servicio.

 

Para que las transformaciones planteadas en la formulación legal básica del sector eléctrico sean completas, es necesario adecuar las agencias reguladoras a la nueva estructura del sector. La tendencia de estos cambios está orientada, más que a buscar la independencia financiera del organismo regulador, a eliminar o al menos reducir sustancialmente el poder discrecional y oportunista del Estado o de grupos de interés particulares. Lo que se busca a través de una agencia reguladora moderna es crear mecanismos restrictivos que, junto con legislaciones adecuadas, apoyen la intención y credibilidad de las acciones del gobierno. De esta manera los empresarios se verán protegidos de las actuaciones discrecionales del Estado y estarán más motivados a participar en los procesos de privatización e invertir en mantenimiento y desarrollo del sector. (GUASH Y SPILLER 1994)

 

El marco regulatorio que resultante dependerá directamente del modelo de estructura industrial adoptado y por supuesto de las condiciones legales políticas y sociales del país.

 

Consideraciones Finales

 

Así pues, las ideas expuestas en esta parte del desarrollo del trabajo de investigación constituyen la información recabada en el instrumento de recolección de datos, por supuesto apoyada con una sustentación teórica, para su mayor comprensión y análisis, de esta manera se expresa la necesidad de elaborar un instrumento que permita al personal de planificación de la empresa ELEOCCIDENTE YARACUY, optimizar la elaboración de proyectos de inversión para los cuales se requiera el financiamiento externo, a partir de las información, datos y relaciones establecidas, y por su puesto dentro del marco regulatorio actual que rige el sector eléctrico en nuestro país, considerando los indicadores y procedimientos financieros necesarios para ello, lo cual representa la base de de la propuesta presentada en el presente trabajo.

 

De esta manera, la propuesta se justifica pues, es evidente que dentro de las informaciones manejadas por el equipo responsable de la planificación de los proyectos en miras de ser financiados existe cierta carencia de este tipo de información, procedimientos y técnicas financieras; las cuales en conjunto con los elementos técnicos constituyen la base de la segura aprobación del financiamiento necesario para la puesta en marcha de los proyectos requerido en el ámbito de acción de la empresa ELEOCCIDENTE YARACUY.