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La Araña
Meticulosa, la araña,
construye para cada presa una obra maestra,
la red perfecta de su telaraña.
La primera luz del día entre las hojas se filtra
y muestra la escena grotesa. Un forcejeo inútil,
la agonía de un cuerpo atrapado,
el último aleteo y un suspiro postrero.
La víctima muere entrampada
en su propio destino.
La obra perfecta, primorosamente construida,
ahora yace destruida.
El sentido por el cual fue tejida,
inapelable ha sido cumplido.
Laboriosa, consciente la araña,
se dispone a tejer otra malla.
Agazapado
en la pegajosa telaraña que ha tejido,
el inconsciente omnipotente esconde
en las profundidades de sus misteriosas
construcciones subterráneas,
socavadas por las aguas, el hábito pernicioso,
la respuesta destructiva aprendida.
La luz tenue del alba, una silueta perfila.
La brisa trae el aroma inconfundible
de algo parecido a la Felicidad.
Sincrónico. Exacto. Puntual,
el hábito pernicioso, emerge de los socavones,
y efectivo, preciso destruye su presa.
El objetivo,
una vez más ha sido cumplido
Lejos...
el viento arrastra con un lamento
los fragmentos partidos
de un poco de felicidad...
Marta Juarez
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