Poesía China Taoísta

 


Jardín Chino
  Edificios

El jardín estaba pensado para todas las estaciones con sus cambiantes colores, sus distintas flores; por eso el pabellón y la galería abierta eran necesarios para gozar bajo el calor del verano o el frío del invierno y se convirtieron en parte integral del escenario. Incluso en invierno, se sentaban en el pabellón para admirar la belleza de la nieve y observar los capullos de los almendros y el florecimiento de los ciruelos. Un brasero portátil de carbón ardiente mantenía el calor y un brasero mas grande se utilizaba para fundir la nieve y hacer el té. El jardín resultaba particularmente evocador a la luz de la luna, y la luna nueva y llena, tiempos de poder espiritual, tenían sus propias fiestas; especialmente la fiesta de la luna de mitad de otoño. También se celebraban otras fiestas en el pabellón o el jardín; el equinoccio, observando el doceavo día del mes segundo del año chino, se conocía como el cumpleaños de las flores.

Los pabellones y galerías tenían que fundirse, obviamente, con sus alrededores. El Yüan Yeh dice: "Los edificios deben colocarse de modo que armonicen con la formación natural del terreno." Cuando los pabellones estaban unidos por galerías, éstas seguían la subida y la bajada y las curvas del terreno o los meandros de las aguas, que a menudo eran cruzados por puentes, acentuando el simbolismo del cruce de las aguas, de la transición, de la comunicación entre una esfera o plano y otra, así como la del hombre como mediador, que ocupaba la posición central de los grandes poderes.

Mayor belleza y simbolismo tenía el "puente de la luna", un encantador semicírculo que reflejado en el agua clara de abajo formaba el círculo perfecto de la luna llena. Los tejados eran curvados y estaban pintados y el enrejado de las balaustradas estaba lacado y pintado con colores simbólicos y armónicos. Había que mantener la armonía y la proporción, pero la simetría era ajena a la Naturaleza. Así, el jardín no contenía, por ejemplo, prados cortados o setos o lechos de flores de diseño geométrico rígido, o flores colocadas en filas o formando dibujos. Cualquier encargado de un jardín tenía que absorber los edificios para que, como los árboles plantados, parecieran haber crecido allí. "Se erige un pabellón en donde la vista se abre y se plantan flores que ríen frente a la brisa de la primavera." Era un lugar para la relajación y el gozo activo, para la meditación solitaria y el estudio, o para las reuniones de convivencia de amigos que se encontraban y bebían té o vino y tomaban comidas al fresco. Allí componían poesía y música, pintaban, practicaban la caligrafía o discutían de filosofía. Una diversión consistía en componer un poema en el tiempo en que un plato o una copa de vino flotantes pasaran de un extremo al otro en un curso de agua serpenteante situado en el suelo del pabellón. El poeta que no consiguiera completar el poema en el tiempo tenía que tomar y vaciar la copa. Estos cursos de agua también podían construirse con formas simbólicas, como la esvástica o la cruz china que se utiliza para designar el número diez, o en la forma de un loto o una flor abierta.

A veces el agua caía en pequeñas cascadas sobre las rocas. Los pabellones tenían un nombre, como el pabellón del arco iris colgante, la fragancia del loto, las nubes secretas, o los ocho tonos armoniosos, la invitación o contemplación de la luna, la bienvenida a la primavera, el frescor agradable, etc. En algunos jardines había salas de la luna. Estas se construían en la forma de un hemisferio, el techo abovedado se pintaba para que representara el cierlo nocturno o innumerables pequeñas ventanas de cristales de colores representaba a la luna y las estrellas. El efecto total era el de una luz tenue como en una noche de verano. A veces se plantaban flores en el suelo, pero era más usual que tuviera agua corriente, pues la luna y el agua están muy unidas: "La luna lava su alma en las aguas claras", pero aunque tanto la luna como las aguas son yin, el agua se halla también simbólicamente relacionada con el sol, puesto que capta y refleja la luz del sol, el yang. Estas salas podían ser lo bastante grandes para que en ellas se celebraran banquetes, o pequeñas y adecuadas para que se sentaran algunos amigos íntimos a conversar o escuchar poesía y música. Aquí, en el jardín, en donde se encontraban el cielo y la tierra, la música y la poesía se convertían en la forma natural para la expresión de la armonía. Aunque el pabellón se construía en y para el jardín y estaba abierto a él, esta distinción entre puertas adentro y puertas afuera se aplicaba también a la casa que lo albergaba, que no sólo estaba situada para el feng-shui, sino también para que se adecuara lo mas naturalmente posible al escenario y diera acceso a él tan inmediatamente que pareciera no existir línea divisoria. Las puertas, o no existían o se dejaban abiertas. (Socialmente, no se consideraba cortés tener cerradas las puertas, pues ello implicaba exclusión, mientras que la puerta abierta simbolizaba la bienvenida ampliada por el temperamento chino, esencialmente dirigido hacia el exterior, con sus relaciones naturales y espontáneas desarrolladas a través de muchísimos años en la muy socializada vida de una gran familia o un clan.) Las puertas eran con frecuencia sólo un medio de mejorar una vista al jardín o al escenario que había mas allá, y así era la puerta de la luna, un círculo bellamente colocado enmarcando alguna vista especial. No solo se aprovechaban todos los aspectos beneficiándose de ellos al máximo, sino que "si uno puede beneficiarse de la perspectiva de un vecino, no se debe cortar la comunicación, pues esa perspectiva prestada es muy aceptable."

La casa se abría al jardín y el jardín entraba en la casa; las habitaciones se abrían a los patios en donde crecían matorrales florecientes y árboles, y los helechos y flores orlaban un estanque central, en el que solía nadar una carpa dorada, pues el jardín era también un lugar para la vida animal y para los pájaros. Ciertamente, los animales y las plantas no eran considerados las únicas cosas "vivas"; todo comparte el poder cósmico, y los ríos y las montañas también "viven". No era nada inusual que la casa saliera al jardín, y que el amante de la naturaleza sacara una cama fuera de la casa y la pusiera junto a algún árbol especial, un matorral que estuviera floreciendo, de modo que no se perdiera ninguna fase de su desarrollo y belleza; o se podían pasar levantados toda la noche gozando del efecto de la luz de la luna. "La luz de la luna cae como agua brillante sobre el campo. El viento susurra en los árboles y toca suavemente el laúd y el libro que está sobre el diván. El espejo oscuro y ondulado del agua se traga la media luna. Cuando amanece, uno se despierta con el aire fresco; se levanta de la cama y limpia de su mente todo el polvo del mundo."

Sin embargo, el jardín no era algo meramente estético, sino también creativo y recordatorio de las fuerzas creativas de la tierra y los grandes ciclos de las estaciones, el nacimiento, la madurez, la decadencia, la muerte y el renacimiento, fuerzas creativas con las que trazaba una relación.

Jardín Clásico Chino

中国古典园林


 
Yin yang en la naturaleza
Expresión exterior de ch'i
Taoísmo y Budismo

Elementos del jardín chino

Tomado del Libro "Yin y Yang, La armonía taoísta de los opuestos"

 

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Jardín de los Inmortales
24 de Junio 2006 - Rota ( Cádiz )
España
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