Arqueo Aegyptos

Grandes Nombres Del Antiguo Egipto

Herodoto De Halicarnaso

El viajero griego


 

Texto por Amenofhis III

 

 

Herodoto de Halicarnaso viajó a Egipto en el Siglo V a. J. C. Fue este un viaje en el que el historiador griego recorrió la Tierra Negra desde el Delta hasta la primera Catarata describiendo situaciones y lugares que nos han permitido imaginarnos como era el país de los faraones en aquellos años. Si bien es cierto que muchas de las descripciones que da Herodoto han sido demostradas con pelos y señales por la arqueología, no es menos cierto que hay muchísimas lagunas que hacen dudar de sus palabras. Por el primer hecho, deducimos que realmente Herodoto estuvo en Egipto; pero sin embargo, ante el segundo hecho, se puede deducir que Herodoto no visitó todos los lugares que cita en su  libro Historias. Y, casualmente, son los lugares que más pueden llamar la atención del viajero, de cualquier época ó lugar de procedencia.

Herodoto nos narra con tan extrema sutileza detalles de la vida de muchos de los reyes de Egipto, que se nos antoja realmente increíble que el sujeto al que el "Padre de la Historia" llama Rampsinito, el cual  "... habiendo bajado vivo al lugar donde creen los griegos que vivió Plutón, rey de los infiernos, jugó a los dados con la diosa Ceres, ganándole unas manos y perdiendo otras, y volvió a salir de allí con una servilleta de oro que la diosa le regaló..." no nos parezca estúpido el pensar que en realidad, Herodoto se hizo un lío entre lo que había leído de viajeros anteriores a él, y lo que pudo imaginar de lugares que muy posiblemente, los sacerdotes egipcios le negaron el acceso. Pero, si esto nos parece extraño,  más increíble es que Herodoto afirma, como bien nos corrobora la lista de Abydos, que el primer faraón de Egipto se llamaba Menes, y no Narmer. Continuando con el tal Rampsinito, nos encontramos que dicho personaje era el padre de Jufu, del cual diremos más adelante de que forma y con que métodos construyó su pirámide. El hecho fundamental es que a Herodoto  le van pasando la información los distintos sacerdotes de los distintos lugares que él visita. Si llama la atención la magnificencia de la pirámide de Jufu de la que le hablan los sacerdotes, no le mencionen que su padre construyó grandes pirámides antes que su hijo, y que incluso, rizando el rizo, Herodoto no haga ni una sola mención a la Esfinge de Gizeh, que por aquellos años, gozaba de un enorme culto. La verdad es que, si Herodoto llegase a ver la Esfinge, tal vez nos sacaría de dudas acerca de la longevidad de tan insigne dama... Siglos después, muchos viajeros griegos se preguntarían como Herodoto pudo haber pasado por alto a la Esfinge de Gizeh.

De lo que no hay duda, es que a Herodoto, Jufu no le caía demasiado bien. No solo dice de él que era un rey cruel y déspota, sino que cerró todos los santuarios de Egipto y prohibió los sacrificios y los ritos. Si bien es cierto que desconocemos totalmente cual era el carácter de Jufu, si sabemos que no solo mantuvo los santuarios abiertos, sino que además restauró lugares sagrados como el de Dendera, del cual poseemos documentos que así nos lo atestiguan. Si nos habla Herodoto de como se construyó la Gran Pirámide, en éstos términos: " La pirámide fue edificándose de modo que en ella quedaban unas gradas o poyos que algunos llaman escalas y otros altares. Hecha así desde el principio la parte inferior, iban levantándose y subiendo las piedras, ya labradas, con cierta máquina de maderos cortos que, alzándolas desde el suelo, las ponía en el primer orden de gradas, desde el cual con otra máquina, que en él tenían prevenida, las subían al segundo orden, donde las cargaban en otra máquina semejante, prosiguiendo así en subirlas, pues parece que cuantos eran los órdenes de gradas, tantas eran en número las máquinas, ó quizá no siendo más que una fácilmente transportable, la irían mudando de grada en grada una vez habiéndola descargado la piedra..." (Hr. II,125).

Podríamos imaginar semejante máquina, más semejante a una polea que a otra cosa, alzando bloques de cincuenta toneladas, y en ocasiones, entre bloque y bloque no podríamos introducir ni el bigote de una gamba... Y, como no podía ser menos, la pregunta surge : ¿cómo es que entonces se afirma que los egipcios de la IV Dinastía no conocían el uso de la polea? Pero, aún así, la teoría de la polea (hay que decir que Herodoto no menciona el uso de rampas) nos deja una pregunta al aire: ¿cómo diantres conseguían izar bloques de tal envergadura a semejante altura por medio de una polea? A todas luces, la fuerza necesaria para accionar ese mecanismo, debería ser descomunal...

El detalle más curioso del como se las arregló Jufu para construir su pirámide, nos deja no menos que escandalizados... tuvo, según el griego, que prostituir a su hija, puesto que no andaba muy bien económicamente hablando. Jufu no solo creó, como los hallazgos arqueológicos así lo demuestran, auténticas ciudades alrededor de Gizeh en las que había entre otras artes, los carniceros, y se sabe que al menos, formó una especie de ganadería de la cual incluso se llegaron a exportar ejemplares vacunos. El apogeo de la IV Dinastía no se puede explicar mediante géneros de prostitución y mucho menos llegar a pensar que "Viéndose Jufu tan mal de dinero, llegó a tal extremo de avaricia y  bajeza, que en público lupanar prostituyó a una hija, con orden de exigir como recompensa de su torpe y vil entrega cierta suma que no me expresaron ciertamente los sacerdotes. Aún más, cumplió su hija tan bien con lo que su padre tan mal le mandó, que a costa de su honor quiso dejar un monumento a su propia infamia, pidiendo a cada uno de sus amantes que le costeara una piedra para su edificio ; y en efecto, decían que con las piedras regaladas se construyó una de las tres pirámides ..." Hr, II, 126

Otra de las afirmaciones que nos da Herodoto, es que en la construcción de la pirámide, que es el lugar de salida y puesta del sol, se emplearon la cantidad de 100.000 hombres, y esto es un tanto dudoso, máxime cuando por aquellos años, la IV Dinastía, Egipto no debía contar con más de 1,5 millones de habitantes. En los últimos años, las investigaciones aluden a un número mucho menor, entre 20.000 y 10.000 obreros.

Pero existe un dato, digamos el definitivo, que nos induce a pensar que Herodoto nunca estuvo en Egipto, y que lo que cuenta en los capítulos 124 y 129 acerca de la meseta de Gizeh, lo copió de otros autores anteriores a él, como Hecateo de Mileto, que viajó a Egipto un siglo antes que él. Esto ocurre con casi todos, por  no decir todos los historiadores que recogieron en sus notas sus dichas y desdichas por las tierras del Nilo. Tal es así, que ni Herotodo (484-420 a.C.), ni ni Diodoro de Sicilia ( 90- 20 a.C.), ni  Estrabón (58 a.C. -25 d.C.) hablan ó mencionan  a la atracción más insólita de Gizeh: La Esfinge de Gizeh. Y este hecho, tal vez no sea tan absurdo, ó si bien Herodoto sí estuvo en Egipto, la explicación sea más sencilla de lo que parece. Debido al celo que sin duda  mantenían los sacerdotes egipcios acerca de sus milenarios secretos y forma de ver la vida, tal vez no quisieron desvelar toda su grandeza, y condujeron a éstos visitantes curiosos a otro lugar que no era Gizeh, pero que sí lo podría ser para cualquiera que jamás lo hubiese visto antes: Abusir. Y la causa es sencilla también, ya que no hay que olvidar que Herodoto viaja (¿?) a Egipto en el año 450, un país gobernado por los persas bajo el mando del cruel Artajerjes I, el cuarto monarca de la XXVII Dinastía. Y la verdad es que se nos cuenta a menudo cómo éstos autores clásicos tuvieron vedada la entrada a los lugares de máximo culto. En su visita al famoso laberinto, Herodoto se fue al traste con su idea de visitar los subterráneos del edificio, puesto que allí, según los sacerdotes, se hallaban enterrados los faraones que habían ordenado la construcción del edificio.

Pero volviendo a la Esfinge, dama bella y cautivadora, es inexplicable que si Herodoto estuvo en Gizeh, no haga ni una sola mención a ella. Hay quien defiende al griego, diciendo que si uno camina  junto a la cara de las pirámides, la Esfinge no se puede ver. Y, para allanar un poco el dato, se dice que si se camina dirección oeste hacia las pirámides, lo único que se ve es una cabeza que asoma entre las arenas. A pesar de todo, y siempre hablando de que Herodoto no llegó vía Nilo hasta Gizeh, aunque solo hubiese visto la cabeza, ¿no le habría picado la curiosidad de saber que era aquello? Aún así, Herodoto tampoco vio los subterráneos del laberinto, y no por ello los dejó de describir. ¿Por qué no le mencionaron a la Shesep-Anj los sacerdotes de Gizeh?

A ocho kilómetros al sur de las pirámides y de la Esfinge, se halla la necrópolis de Abusir. Esta región fue la escogida por los faraones de la VI Dinastía. Frente a la mastaba de Ptahsespes se alza la pirámide de Sahure y Niuserre, casi cien metros menos que las que levantan sus homólogas de Jufu y Jafre, pero que sin duda, debían resultar igualmente espectaculares a la vista. En su tomo II, Herodoto describe perfectamente detalles de la pirámide de Jufu, diciéndo que " ...además, (la calzada) está compuesta de bloques de piedra pulimentada que tienen figuras esculpidas".

No se han hallado relieves ni figuras en los muros, que se relacionen con Jufu, pero sin embargo, es muy probable que dichos relieves se hubiesen desgastado ó se hallen perdidos bajo las arenas de la aldea de Nazlat El Samman. No obstante, está demostrado que cuando Herodoto llegó a Egipto, no pudo ver nada en Gizeh de esas calzadas y santuarios, porque allí ya no había nada. Más de 1000 años antes, Amenemhat I se construyó su pirámide en Listh, y para tal obra empleó piedras de construcciones más antiguas, entre otras, la calzada y parte de los santuarios levantados por Jufu; por lo que es imposible que Herodoto viese algo en Gizeh.

Pero si existen relieves en la calzada  de Abusir, donde se representan animales y figuras, como la de unos osos que llaman la atención, puesto que se hallan ni más ni menos que en Egipto... Herodoto menciona también un canal  metálico que comunicaba con la pirámide. Dicho canal no existe en Gizeh, pero sí existe en Abusir.

Si uno se fija bien en la descripción que da el "Padre de la Historia" acerca de las galerías de la pirámide de Jufu, notará que tan solo habla de una, la subterránea, cuando es sabido que la única pirámide de Egipto que contiene más de una galería, y no subterráneas, sino alzadas varios metros sobre la superficie, es la de Jufu, como la Gran Galería, una auténtica obra de arte de la construcción egipcia. Las pirámides de Abusir tan solo contienen la subterránea, y gracias. La pirámide del Quéope que Herodoto menciona, tan solo tiene una pirámide satélite. La de Sahure, en Abusir tiene una, pero la de Jufu tiene cuatro. Para dejar ya las pirámides, decir que Herodoto se refiere a ellas como las pirámides de Menfis, mientras que Gizeh pertenece al nomo de Letópolis...

Pero el lugar enigmático de Herodoto, está situado a unos cien kilómetros de Gizeh, cerca del lago Moeris. En este lugar se nos brinda la oportunidad de imaginarnos una de las construcciones más enigmáticas de Egipto, el Laberinto de Hawara. Este lugar nos será más conocido aún si decimos que aquí, en el año 1888 se halló una necrópolis repleta de sarcófagos del período grecoromano. No solo es Herodoto quien habla de este enigmático laberinto, del cual no sabemos nada salvo lo que estos autores clásicos nos han legado. Dice Herodoto que dicho laberinto "consta de doce patios cubiertos, seis de ellos orientados hacia el norte y los otros seis hacia el sur. Todos contiguos cuyas puertas se abren unas frente a otras y rodeados por un mismo muro exterior. Dentro hay una doble serie de estancias -unas subterráneas y otras en un primer piso sobre las anteriores- en número de  tres mil, mil quinientas en cada nivel. En efecto, los accesos de sala a sala y el intricado décalo de pasadizos por los patios despertaban un desmedido asombro mientras se pasaba de  un patio  a las estancias, de las estancias a unos pórticos, de los pórticos a otras salas y de las estancias a otros patios". Hdt II, 148.4

Estrabón y Plinio El Viejo nos hablan también de este laberinto, pero entre ellos, existe una leve pero importante diferencia. A Herodoto y a Estrabón se les prohibió el paso a los subterráneos, pero sin embargo, Plinio tuvo el privilegio de visitarlos... y total, para relatar que ese era un lugar de "oscuras galerías con columnas de piedra, efigies de dioses, estatuas de reyes y todo tipo de repugnantes efigies..." El hecho es que el lugar vetado para los historiadores que nos traen a cuento , tan solo un siglo antes, parece haber perdido toda su integridad, puesto que si los sacerdotes ya no tenían ese celo en guardar sus secretos, será porque en aquellos años, ya no quedaban secretos que guardar... Lo más significativo es que, según Herodoto, el Laberinto era incluso más magnífico que las pirámides, y de hecho, Estrabón así lo corrobora. Hay un  dato que nos ayuda a situar este laberinto, y es que la morada para la eternidad que se cita en los libros de ambos autores, ha sido identificada como la pirámide de Amenemhat III, de la XII Dinastía. En este lugar investigó Richard Lepsius, siguiendo los datos de los historiadores antiguos, en donde halló una construcción, junto a la pirámide de Amenemhat III. En aquellos días, el edificio aún mantenía en pie parte de su estructura, y Lepsius creyó que había hallado el Laberinto de Hawara. A finales del siglo XIX, Petrie  hizo una especie de plano del lugar, para comparar los relatos de Herodoto y Estrabón. El recinto, en la antiguedad, poseía un cierre de 200 metros por 170 metros.

Petrie en sus días, se dio cuenta que eso no era el laberinto que Herodoto y otros historiadores habían descrito. Por ejemplo, aquí, en esta edificación que hoy día casi está perdida, no existe subterráneo alguno. No sabemos si lo que se dice en los libros antiguos es una broma de los sacerdotes, aunque no olvidemos que a Plinio si que lo dejaron entrar, y dada su condición de romano, no sería raro que por ello le resultasen horribles las efigies de los dioses de Egipto, aunque en otros capítulos de su obra, describe finamente la belleza del arte egipcio. Pero, tal vez, tanto Herodoto mintió, y sus sucesores tan solo se limitaron a copiar sus escritos. Esto no sería un plagio, sino más bien, por aquellos años, era todo un reconocimiento a la labor del escritor en cuestión y a sus esfuerzos realizados, que sí  los hubo.

Lo que si casi está claro es que el complejo descrito, se afirma se haya cerca de la pirámide de Amenemhat III, y siendo esta construcción de semejante tamaño y proporción, es imposible imaginarse que se haya perdido para siempre. No hay que olvidar que aunque se baraja la posibilidad de que sus piedras fueron desmontadas y usadas en otras construcciones, dada su situación alejada de todo centro, y que otros grandes monumentos (como las pirámides ó Karnak) resistieron esas embestidas, es más probable imaginarse que hay gato encerrado. Sea como fuere, esto forma parte de la belleza de Egipto, porque si no fuese todo tan misterioso, sencillamente, ya no sería Egipto.

 

 
 

© 2005, Amenhotep III (Luis Gonzalez Gonzalez) Amenofhis_29@hotmail.com