Núm 31, II Época  - Abril 2001 - Edita FE-JONS  -  La Falange  


Inmigración, ¿qué tememos? 

Julio Ruiz de Alda

      

Tolerarás al inmigrante
Antonio Martín Beaumont

Inmigración sí pero controlada
Emilio L. Sánchez Toro

Editorial FE

Reconciliación
José Mª Gª de Tuñón

Una cuestión de dignidad
Miguel Ángel Loma

Puerto Rico
Redacción

      

Una prez por España
Enrique Olagüe

Tememos la perdida de nuestra identidad cultural. La sociedad española había conocido hasta ahora la sensación de ser emigrante, esa sensación que la primera generación de emigrantes padece como un exilio y que la segunda generación, los hijos de los emigrantes, viven con un permanente desconcierto del que se sabe mezcla de la tradición familiar que le otorga una nacionalidad y del mundo que le rodea, que le esta educando para “ser” de otra nacionalidad distinta. Yo mismo soy hijo de emigrantes que se integraron perfectamente en la sociedad que les acogió, que nunca formaron parte de ningún guetto español en el extranjero y que consideran que el país receptor, el Reino Unido, les trato considerablemente bien y sin apartarles drásticamente, por ser de distinta nacionalidad. Cierto es que como decía, mis padres decidieron desde el primer día optar por la integración, que lejos de significar que dejaran de ser españoles hasta las cachas, significo su decisión de aprender, no solo el idioma inglés, sino en lo posible, las costumbres y usos de sus nuevos vecinos. Sin embargo, ante la posibilidad del retorno a España, optaron por este decidiendo con ello también la nacionalidad intelectual de sus hijos, que al ser educados en España y además ser por sus ascendientes, receptores de un legado cultural hispánico, no tuvieron ninguna duda acerca de su nacionalidad. Si sus hijos hubieran permanecido en el Reino Unido, debido a su buena integración, se hubieran covertido en ingleses. Algo que sin duda ocurrira con todos los hijos de los inmigrantes que se integren correctamente en la sociedad espñaola.
Mi experiencia me dice que si las diferencias culturales son importantes en la primera generación, la integración cultural y social ha de ser lo más profunda posible y en ese sentido las autoridades deberían orquestar maneras de obligar a que esa integración sea real. No propugno la falta de respeto hacia las peculiaridades nacionales de los extranjeros , sino que deseo facilitar su convivencia pacifica y enriquecedora con la sociedad que les acoge. Enseñanza obligatoria del idioma a los extranjeros que lo desconozcan, escolarización obligatoria y puesta a disposición de recursos para desarrollar centros de integración que pongan obligatoriamente al día a los recién llegados en lo básico de la manera de vivir de los españoles evitará muchos malentendidos y hará comprender a nuestros nuevos vecinos, que en España serán bienvenidos, siempre que sean conscientes de la necesidad de ajustar su manera de vida a la que existe en España, esecialmente en aquellos aspectos que puedan suponer una agresión a nuestras leyes o costumbres más arraigadas. Esto, sin duda, parecerá una exageración en la mayor parte de los casos, pero cobra importancia en el caso de determinadas nacionalidades, fundamentalmente las magrebies donde existe una cultura claramente distinta de la nuestra, que con ser respetable, no es en todos sus aspectos “legal” en España. Casos como el respeto a la igualdad de la mujer, no son asuntos de respeto a culturas distintas, sino de cumplimiento de leyes que obligan a todos, incluidos los que no crean en ellas, que en el caso de los extranjeros deberán asumir como propias o elegir otro lugar de residencia donde determinados usos discriminatorios sean legales. Por último, es curioso que tengamos este temor a la “inminente islamización” de España y sin embargo hayamos renunciado a defendernos de otras invasiones que llevan ya muchas batallas ganadas y contra las que casi nadie levanta barreras de contención. Será paradójico que tengamos que defender a nuestros hijos Jonathan y Jennifer de la perdida de identidad cultural, que supone la inmigración, cuando no tenemos ningún empacho en permitirles que se vistan con “Nike, Air Jordan” y una gorra de los “New York Yankees” dada la vuelta al estilo “Backstreet Boys” y tengan por sumum de la gastronomía Las “Big Mac de McDonalds”. Seamos serios.
Tememos a los inmigrantes porque su presencia y su trabajo en España empeoran las condiciones laborales del resto de los trabajadores: Los inmigrantes no comunitarios que han llegado a España con permisos de trabajo o los consiguieron aquí a través de las múltiples argucias que permitían las Leyes de Extranjería anteriores, normalmente han desempeñado sus trabajos en sectores muy específicos: agricultura, pesca, construcción, servicio doméstico y algunas actividades del sector servicios, como por ejemplo la hostelería. El tipo de actividades desarrolladas dentro de estos sectores o bien es el autoempleo, frecuente en hostelería o bien se sitúa en los puestos de trabajo por cuenta ajena de los niveles más inferiores. En agricultura, pesca y construcción, sobre todo, es donde en algunas ocasiones se pueden encontrar casos de dumping social, trabajadores extranjeros que serán capaces de aceptar condiciones laborales por debajo de las que aceptan los españoles. Ello debido en la mayor parte de los casos a que en esos sectores es fácil encontrar empresarios con buena disposición hacia la explotación. Son estos empresarios y no sus víctimas a quien se debe culpar del posible retroceso social que pueda producir la existencia de trabajadores inmigrantes. Si ya no hablamos de trabajadores que han podido regularizar su situación, sino de trabajadores sin papeles, la explotación ya no es una posibilidad , sino casi la única alternativa que se ofrece al inmigrante, que no tiene derechos que pueda defender ante ningún desaprensivo dispuesto a utilizarle en condiciones de semiesclavitud. Ante esta situación, en tanto no se proceda a la regularización o expulsión de los trabajadores indocumentados, el riesgo de explotación es elevado y por tanto la calidad de las relaciones laborales en ese sector se pueden ver perjudicadas. Si juzgamos la conveniencia, incluso por motivos económicos, de elegir o bien la expulsión masiva o bien la regularización de trabajadores para poder ser incluidos en relaciones laborales normales que no perjudiquen las pretensiones de los españoles, es muy probable que sea más conveniente optar por algún cauce de regularización continua, que lanzar a la policía a una constante caza de personas que en su mayor parte sólo desean trabajar dignamente. Y en todo caso evitar que los trabajadores españoles pierdan beneficios sociales ya adquiridos es una cuestión que debe vigilar, mucho más de lo que lo hace, la Inspección de Trabajo, que esta falta de medios tanto personales como financieros para desempeñar adecuadamente su labor de control de la explotación. No confundamos al enemigo a batir.
Tememos la delincuencia que producen los extranjeros. Los delincuentes son delincuentes y las leyes deben luchar contra ellos y la justicia debe ponerles en su lugar para conseguir acabar con sus actitudes antisociales y proteger a la sociedad de sus delitos. Y esto, es independiente de la nacionalidad del delincuente. En la prevención del delito, se debe tener en cuenta que determinadas situaciones de exclusión social fomentan la delincuencia y es obligación de las autoridades poner remedio a esas situaciones para poder evitar el delito por necesidad, que se ha producido siempre a lo largo de la historia de la sociedad humana. En lo tocante a los extranjeros, si los medios de control de fronteras han fallado y trabajadores sin posibilidades de desarrollar una actividad dentro de la legalidad están de hecho en España, evitar que pasen a la marginalidad o a la delincuencia, pasa por la necesidad de facilitarles los recursos para poder desarrollar una vida “legal”. Eso es tanto como regularizar su situación, lo cual no evita que algunos delincan, pero igual ocurre con los españoles, que no precisan permiso de trabajo, pero algunos a pesar de ello deciden que es mejor vivir delinquiendo que trabajando. Pero cuando una persona, no puede ganarse el pan de manera legal, igualmente tiene que comer un par de veces al día y en esa situación la delincuencia es la única salida. Nuevamente, parece que no queremos ver la realidad del problema. No se delinque por razón de nacionalidad, sino por otras circunstancias y es contra eso contra lo que ha de luchar la Ley.
El problema de la inmigración es complejo y es casi imposible encontrar una solución desde las posturas radicales en un sentido o en otro. Quería quitarle hierro a algunos de los temores que tenemos con respecto a la inmigración, que no debemos olvidar, es un problema, sobre todo, para quien se ve obligado a emigrar. No creo que luchar contra la inmigración valga la pena. Pero sí animaría a todos a que lucháramos contra la emigración, y sus causas:
gobiernos tiránicos incapaces de proveer a los suyos de una vida digna, globalización con recetas del FMI-BM que sumen a los países subdesarrollados en pozos de inseguridad económica que propicia grandes movimientos de población, primero a las ciudades y después a los países desarrollados. Capitalismo en definitiva, que insensible a las necesidades de las personas condena a la miseria a más de la mitad de la población mundial que ve en la emigración una de sus ultimas opciones para seguir con vida.

Enrique Antiguedad

Inmigración