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INGENIERÍA GENÉTICA Y DERECHO: A modo de introducción

Ejemplos y empresas:

 

 

    La posibilidad de conocer el funcionamiento de los genes responsables de los caracteres hereditarios y de localizar su ubicación, es un objetivo no solo lícito sino también recomendable, teniendo en cuenta los extraordinarios beneficios que puede aportar para toda la humanidad. Sin embargo las nuevas técnicas también entrañan riesgos, puesto que dotan al hombre de un poder sin precedentes, lo que puede poner en peligro no sólo su propio futuro, sino el de toda la biosfera.

      El hombre al enfrentarse a nuevas posibilidades y nuevos horizontes, ha de realizar siempre una reflexión ética sobre los objetivos a alcanzar y las repercusiones de los mismos, con el fin de evitar dejar de ser el sujeto inventor del desarrollo científico, para pasar a ser también el objeto del mismo. Estas consideraciones éticas han de tener en cuenta que ningún objetivo, por muy “beneficioso” que sea, puede conseguirse a través de un atentado o una degradación al ser humano. Aquí entraría en juego el principio clásico de “el fin no justifica los medios”. Los medios han de tener siempre en cuenta los fines perseguidos y han de ser acordes con ellos, respondiendo a la exigencia de responsabilidad y de valoración moral humana respecto a todo nuevo avance que pondría de manifiesto la

inexistencia de justificación en toda tentativa de utilizar a la persona como objeto instrumental para un fin. El hombre no puede ser nunca una cosa, sino que le corresponde siempre una finalidad. Los principios básicos de nuestro Ordenamiento jurídico y político prohiben de forma categórica que un ser humano se encuentre a disposición de los demás. Este principio limita considerablemente los derechos de los padres, del Estado o de la Ciencia a intervenir en la planificación de una vida normal.

    En la línea de valoración ética como presupuesto imprescindible y previo a los nuevos avances, los científicos, desde los mismos inicios de un proyecto tan importante como es el cartografiado y la secuenciación de los genes que se encuentran en los cromosomas de todos los seres, fueron sensibles a las sin duda enormes repercusiones éticas que las nuevas posibilidades científicas traerían consigo.

    La concienciación de la comunidad científica de que en una iniciativa de tal magnitud como ésta las reflexiones éticas tenían que anticiparse a los nuevos avances, tuvo como primera consecuencia la autoimplantación de una moratoria en la realización de experiencias arriesgadas que se practicasen con las nuevas técnicas de A.D.N. recombinante, cuyo descubrimiento sería el punto de partida de la ingeniería genética molecular. Esta moratoria supuso un hito fundamental en la Historia de la Ciencia, pues es la primera vez que los científicos, mostrando su preocupación ante los peligros potenciales de los nuevos descubrimientos, acuerdan posponer o abandonar ciertos experimentos hasta que su potencial riesgo haya sido evaluado.

   Tras largos debates se llegó al consenso general de que la mayoría de las investigaciones encaminadas a la obtención de moléculas de A.D.N. recombinante deberían proseguir, por las enormes posibilidades básicas y aplicadas que  ofrecen. Esta moratoria duro tan sólo ocho meses.

    La importancia de esta moratoria está en poner de manifiesto que desde el mismo momento en que se pudieron utilizar técnicas de ingeniería genética, la comunidad científica fue consciente de las trascendentales repercusiones de sus investigaciones en el desarrollo de la humanidad y de los importantes problemas éticos que a consecuencia de ello pueden surgir. Los investigadores se mostraron así decididos a no dar un paso en falso, aunque procurando en todo caso no paralizar la carrera científica que habría de proseguir, mas sin perder de vista el principio ético de que no todo lo que se puede se debe hacer.

    Pero esta sensibilización es tarea de todos, no sólo de los de los científicos sino también de los pensadores y dirigentes morales de la humanidad, de los medios de comunicación social y, en general, de todos los hombres, pues se trata de cuestiones que por su trascendencia, todos tenemos que intervenir, sin que con respecto a las mismas pueda tener cabida ni la apatía ni la indiferencia.

   El evitar el desarrollo de enfermedades, la disminución de riesgos que puedan provocar su manifestación, así como las posibilidad de prevenir, curar y reducir los riesgos será mucho más viable que antes. Sin embargo, la práctica de las pruebas predictivas entraña también inconvenientes que hay que analizar desde un punto de vista ético, sobre todo si tenemos en cuenta que la posibilidad de localizar genes defectuosos causantes de posibles enfermedades hereditarias, va muy por delante de tratar de subsanar dichas deficiencias.

   Los avances en la revelación de la identidad genética provocarán que junto con la actual distinción entre individuos sanos y enfermos, aparezca otra clasificación entre individuos portadores y no portadores, puesto que muchas “deficiencias” o enfermedades serán conocidas incluso bastante antes de que comiencen a surgir o desarrollarse. En el momento en que sea posible combatir eficazmente una enfermedad se planteará también el problema de si es preferible o no lo es conocer la propensión a la misma, pues la consciencia de un alta probabilidad de padecer una enfermedad hará que las personas se conviertan en pacientes antes de tiempo, viviendo el futuro con una mayor intensidad que hasta entonces. Se producirán incluso estados de ansiedad, con probabilidad de desembocar en el suicidio en aquellas personas a las que se les diagnostique el futuro padecimiento de una enfermedad genética para la que no existen posibilidades de curación en un futuro próximo.

   

   No obstante, negar a los individuos que así lo deseen  el derecho a conocer su estado de salud actual o futuro, supondría dar pie a un estado excesivamente intervencionista y paternalista que se estaría entrometiendo en una de las parcelas más íntimas del individuo.  Ha de reivindicarse así de reivindicarse así el derecho inalienable de toda persona a conocer sus genes y, a la vez, también el derecho igualmente inalienable a no conocerlos.

    Por tanto, y aunque todavía es demasiado pronto para predecir qué consecuencias podrá tener todo esto, habremos de orientar nuestros esfuerzos, ya desde ahora, hacia la consecución de alternativas que respeten siempre el derecho a saber o a no saber del individuo, así como a que se favorezca que sea el sujeto individual el único a quien corresponda decidir lo que quiere comunicar a los demás sobre sí mismo y a quién. El científico ayudará al individuo a saber, si quiere saber, lo cual es delicado. En esta materia, el científico pasará a convertirse en la figura central de todo el proceso ético. Su formación como ingeniero genético y su sensibilidad frente a la Ética son sus exigencias primordiales.

  Dentro del tema de la ingeniería genética cabe tratar de manera especial el tema de la ingeniería perfectiva.

  La ingeniería perfectiva tiene el objetivo de la consecución, mediante la alteración de un gen normal o la administración de cantidades adicionales de la proteína codificada de un gen, de un cambio en una determinada característica sin que se trate necesariamente de cumplir un fin terapéutico. Este tipo de procedimientos, que ya ha empezado a aplicarse en países como USA o Gran Bretaña, donde muchos padres han solicitado la administración a sus hijos de estatura normal, de “hormonas de crecimiento” adicional para que tengan una estatura superior a la media, suponen un elevado riesgo cuyas consecuencias empezaran a manifestarse en los próximos años.

    Además de los peligros de alterar el equilibrio del ser, puesto que una vez realizada la inserción del gen ya no es posible extraerlo, la manipulación genética para obtener factores optimizantes de alguna determinada cualidad traerá consigo, si se practica en la línea germinal, otra importante secuela: la determinación unilateral en una misma línea productiva  de determinados caracteres muy especializados, en detrimento de la actual variedad universal y natural de los rasgos y capacidades humanas.

    Después de  exponer las incidencias de las distintas prácticas en el ámbito de la moral, con sus múltiples posibilidades de llegar a modificar radicalmente el futuro de la Humanidad, se hace preciso señalar que, pese a las alucinantes noticias difundidas por algunos medios de comunicación, hay que proceder con cautela ante las afirmaciones excesivamente alarmistas de que se van a crear órganos nuevos, personalidades diseñadas previamente, monstruos como Frankestein, o superhombres. Si bien los avances científicos nos sorprenderán a todos, hay que tener en cuenta que el estado actual de las investigaciones no permite augurar que, aun cuando se realicen mutaciones en los genes embrionarios, la selección genética permitirá llegar a algún tipo de superhombre, y que un nuevo gobierno dictatorial podrá ostentar en base a estas nuevas técnicas genéticas la pretensión eugenésica nazi de crear una raza superior. Ni siquiera la selección genética de embriones podrá cambiar el hecho de que un niño rubio con los ojos azules no puede nacer de padres que sólo poseen genes para el pelo negro y los ojos castaños.

    Además incluso suponiendo que se pudieran encontrar un hombre y una mujer que aportaran los genes correctos, la posibilidad de poder producir un superhombre, con una perfecta “dotación genética”, es absurda. La idea de obtener centenares o incluso millones de genes juntos en una combinación correcta es descabellada, aún cuando en el futuro se lograra conocer qué combinación de genes es la responsable de genes complejos como la personalidad, la inteligencia, etc. 

    Es indudable que estas nuevas tecnologías, si no se controlan adecuadamente, darán lugar a graves abusos, para lo que debemos estar preparados, pudiendo así prevenir sus perjudiciales y, en muchos casos, irreversibles efectos. La mayor garantía para evitar desastrosos efectos perjudiciales, parte del establecimiento de comisiones pluralistas que valoren las implicaciones éticas de las nuevas tecnologías, así como ha de garantizarse la información periódica y certera a la opinión pública, libre de todo sensacionalismo. La información veraz al público es la mejor garantía de democracia, la mejor forma de prevenir abusos. En E.E.U.U. la necesidad de garantizar la información certera en temas de tanta trascendencia que incluso pueden provocar la alarma social, ha llevado a la Corte del Distrito de Columbia, en 1989, a ordenar al N.I.H. “realizar toda deliberación futura y las votaciones acerca de los experimentos con genes humanos en sesiones públicas abiertas para permitir una completa participación y examen público”.

    Puede ocurrir, además, que estas técnicas genéticas no sólo se orienten a evitar el nacimiento de individuos con enfermedades genéticas sino que se dirijan a detectar e intentar cambiar rasgos mentales y físicos “normales”. No hay que olvidar el cambio de mentalidad que se está produciendo en los últimos años, puesto que en el pasado los padres se contentaban con tener hijos sanos, ahora la esperanza de las nuevas generaciones parece ser tener un “bebé perfecto”, con determinados rasgos e incluso con el sexo deseado. Las nuevas técnicas genéticas presentan, pues, el peligro de lograr que estas esperanzas se conviertan en realidad, programando desde el embarazo o desde antes de la concepción lo que los franceses denominan con el significativo término de “enfant à la carte”. Se llegaría así a una especie de eugenesia positiva, en la que se practique una selección preestablecida de propiedades altamente valoradas o de cualidades deseadas, con el consiguiente peligro para la variedad genética de la especie humana, y con el añadido de aumentar la discriminación hacia las clases más pobres de la sociedad que, sin duda, contarán con menos posibilidades que las clases medias o altas en el afán de seleccionar para sus descendientes los rasgos físicos y psíquicos más ventajosos para su desarrollo en una sociedad tan competitiva como la actual.   


________________________Mayo2000______________________
Universidad de La Coruña - Derecho Natural