Introducción La manipulación genética Proyecto Genoma Humano Regulación jurídica Cuestiones variadas Declaración Universal de Derechos Humanos Constitución Española 1978 Bibliografía y enlaces Autores |
El hombre al enfrentarse a nuevas posibilidades y nuevos horizontes, ha de realizar
siempre una reflexión ética sobre los objetivos a alcanzar y las repercusiones de los
mismos, con el fin de evitar dejar de ser el sujeto inventor del desarrollo científico,
para pasar a ser también el objeto del mismo. Estas consideraciones éticas han de tener
en cuenta que ningún objetivo, por muy beneficioso que sea, puede conseguirse
a través de un atentado o una degradación al ser humano. Aquí entraría en juego el
principio clásico de el fin no justifica los medios. Los medios han de tener
siempre en cuenta los fines perseguidos y han de ser acordes con ellos, respondiendo a la
exigencia de responsabilidad y de valoración moral humana respecto a todo nuevo avance
que pondría de manifiesto la
inexistencia de
justificación en toda tentativa de utilizar a la persona como objeto instrumental para un
fin. El hombre no puede ser nunca una cosa, sino que le corresponde siempre una finalidad.
Los principios básicos de nuestro Ordenamiento jurídico y político prohiben de forma
categórica que un ser humano se encuentre a disposición de los demás. Este principio
limita considerablemente los derechos de los padres, del Estado o de la Ciencia a
intervenir en la planificación de una vida normal.
En
la línea de valoración ética como presupuesto imprescindible y previo a los nuevos
avances, los científicos, desde los mismos inicios de un proyecto tan importante como es
el cartografiado y la secuenciación de los genes que se encuentran en los cromosomas de
todos los seres, fueron sensibles a las sin duda enormes repercusiones éticas que las
nuevas posibilidades científicas traerían consigo.
La
concienciación de la comunidad científica de que en una iniciativa de tal magnitud como
ésta las reflexiones éticas tenían que anticiparse a los nuevos avances, tuvo como
primera consecuencia la autoimplantación de una moratoria en la realización de
experiencias arriesgadas que se practicasen con las nuevas técnicas de A.D.N.
recombinante, cuyo descubrimiento sería el punto de partida de la ingeniería genética
molecular. Esta moratoria supuso un hito fundamental en la Historia de la Ciencia, pues es
la primera vez que los científicos, mostrando su preocupación ante los peligros
potenciales de los nuevos descubrimientos, acuerdan posponer o abandonar ciertos
experimentos hasta que su potencial riesgo haya sido evaluado.
Tras
largos debates se llegó al consenso general de que la mayoría de las investigaciones
encaminadas a la obtención de moléculas de A.D.N. recombinante deberían proseguir, por
las enormes posibilidades básicas y aplicadas que ofrecen. Esta moratoria duro tan
sólo ocho meses.
La
importancia de esta moratoria está en poner de manifiesto que desde el mismo momento en
que se pudieron utilizar técnicas de ingeniería genética, la comunidad científica fue
consciente de las trascendentales repercusiones de sus investigaciones en el desarrollo de
la humanidad y de los importantes problemas éticos que a consecuencia de ello pueden
surgir. Los investigadores se mostraron así decididos a no dar un paso en falso, aunque
procurando en todo caso no paralizar la carrera científica que habría de proseguir, mas
sin perder de vista el principio ético de que no todo lo que se puede se debe hacer.
Pero
esta sensibilización es tarea de todos, no sólo de los de los científicos sino también
de los pensadores y dirigentes morales de la humanidad, de los medios de comunicación
social y, en general, de todos los hombres, pues se trata de cuestiones que por su
trascendencia, todos tenemos que intervenir, sin que con respecto a las mismas pueda tener
cabida ni la apatía ni la indiferencia.
El evitar
el desarrollo de enfermedades, la disminución de riesgos que puedan provocar su
manifestación, así como las posibilidad de prevenir, curar y reducir los riesgos será
mucho más viable que antes. Sin embargo, la práctica de las pruebas predictivas entraña
también inconvenientes que hay que analizar desde un punto de vista ético, sobre todo si
tenemos en cuenta que la posibilidad de localizar genes defectuosos causantes de posibles
enfermedades hereditarias, va muy por delante de tratar de subsanar dichas deficiencias.
Los
avances en la revelación de la identidad genética provocarán que junto con la actual
distinción entre individuos sanos y enfermos, aparezca otra clasificación entre
individuos portadores y no portadores, puesto que muchas deficiencias o
enfermedades serán conocidas incluso bastante antes de que comiencen a surgir o
desarrollarse. En el momento en que sea posible combatir eficazmente una enfermedad se
planteará también el problema de si es preferible o no lo es conocer la propensión a la
misma, pues la consciencia de un alta probabilidad de padecer una enfermedad hará que las
personas se conviertan en pacientes antes de tiempo, viviendo el futuro con una mayor
intensidad que hasta entonces. Se producirán incluso estados de ansiedad, con
probabilidad de desembocar en el suicidio en aquellas personas a las que se les
diagnostique el futuro padecimiento de una enfermedad genética para la que no existen
posibilidades de curación en un futuro próximo.
No
obstante, negar a los individuos que así lo deseen el derecho a conocer su estado
de salud actual o futuro, supondría dar pie a un estado excesivamente intervencionista y
paternalista que se estaría entrometiendo en una de las parcelas más íntimas del
individuo. Ha de reivindicarse así de reivindicarse así el derecho inalienable de
toda persona a conocer sus genes y, a la vez, también el derecho igualmente inalienable a
no conocerlos.
Por
tanto, y aunque todavía es demasiado pronto para predecir qué consecuencias podrá tener
todo esto, habremos de orientar nuestros esfuerzos, ya desde ahora, hacia la consecución
de alternativas que respeten siempre el derecho a saber o a no saber del individuo, así
como a que se favorezca que sea el sujeto individual el único a quien corresponda decidir
lo que quiere comunicar a los demás sobre sí mismo y a quién. El científico ayudará
al individuo a saber, si quiere saber, lo cual es delicado. En esta materia, el
científico pasará a convertirse en la figura central de todo el proceso ético. Su
formación como ingeniero genético y su sensibilidad frente a la Ética son sus
exigencias primordiales.
Dentro del tema
de la ingeniería genética cabe tratar de manera especial el tema de la ingeniería
perfectiva.
La ingeniería
perfectiva tiene el objetivo de la consecución, mediante la alteración de un gen normal
o la administración de cantidades adicionales de la proteína codificada de un gen, de un
cambio en una determinada característica sin que se trate necesariamente de cumplir un
fin terapéutico. Este tipo de procedimientos, que ya ha empezado a aplicarse en países
como USA o Gran Bretaña, donde muchos padres han solicitado la administración a sus
hijos de estatura normal, de hormonas de crecimiento adicional para que tengan
una estatura superior a la media, suponen un elevado riesgo cuyas consecuencias empezaran
a manifestarse en los próximos años.
Además de los peligros de alterar el equilibrio del ser, puesto que una vez realizada la
inserción del gen ya no es posible extraerlo, la manipulación genética para obtener
factores optimizantes de alguna determinada cualidad traerá consigo, si se practica en la
línea germinal, otra importante secuela: la determinación unilateral en una misma línea
productiva de determinados caracteres muy especializados, en detrimento de la actual
variedad universal y natural de los rasgos y capacidades humanas.
Después de exponer las incidencias de las distintas prácticas en el ámbito de la
moral, con sus múltiples posibilidades de llegar a modificar radicalmente el futuro de la
Humanidad, se hace preciso señalar que, pese a las alucinantes noticias difundidas por
algunos medios de comunicación, hay que proceder con cautela ante las afirmaciones
excesivamente alarmistas de que se van a crear órganos nuevos, personalidades diseñadas
previamente, monstruos como Frankestein, o superhombres. Si bien los avances científicos
nos sorprenderán a todos, hay que tener en cuenta que el estado actual de las
investigaciones no permite augurar que, aun cuando se realicen mutaciones en los genes
embrionarios, la selección genética permitirá llegar a algún tipo de superhombre, y
que un nuevo gobierno dictatorial podrá ostentar en base a estas nuevas técnicas
genéticas la pretensión eugenésica nazi de crear una raza superior. Ni siquiera la
selección genética de embriones podrá cambiar el hecho de que un niño rubio con los
ojos azules no puede nacer de padres que sólo poseen genes para el pelo negro y los ojos
castaños.
Además incluso suponiendo que se pudieran encontrar un hombre y una mujer que aportaran
los genes correctos, la posibilidad de poder producir un superhombre, con una perfecta
dotación genética, es absurda. La idea de obtener centenares o incluso
millones de genes juntos en una combinación correcta es descabellada, aún cuando en el
futuro se lograra conocer qué combinación de genes es la responsable de genes complejos
como la personalidad, la inteligencia, etc.
Es
indudable que estas nuevas tecnologías, si no se controlan adecuadamente, darán lugar a
graves abusos, para lo que debemos estar preparados, pudiendo así prevenir sus
perjudiciales y, en muchos casos, irreversibles efectos. La mayor garantía para evitar
desastrosos efectos perjudiciales, parte del establecimiento de comisiones pluralistas que
valoren las implicaciones éticas de las nuevas tecnologías, así como ha de garantizarse
la información periódica y certera a la opinión pública, libre de todo
sensacionalismo. La información veraz al público es la mejor garantía de democracia, la
mejor forma de prevenir abusos. En E.E.U.U. la necesidad de garantizar la información
certera en temas de tanta trascendencia que incluso pueden provocar la alarma social, ha
llevado a la Corte del Distrito de Columbia, en 1989, a ordenar al N.I.H. realizar
toda deliberación futura y las votaciones acerca de los experimentos con genes humanos en
sesiones públicas abiertas para permitir una completa participación y examen
público.
Puede ocurrir, además, que estas técnicas genéticas no sólo se orienten a evitar el
nacimiento de individuos con enfermedades genéticas sino que se dirijan a detectar e
intentar cambiar rasgos mentales y físicos normales. No hay que olvidar el
cambio de mentalidad que se está produciendo en los últimos años, puesto que en el
pasado los padres se contentaban con tener hijos sanos, ahora la esperanza de las nuevas
generaciones parece ser tener un bebé perfecto, con determinados rasgos e
incluso con el sexo deseado. Las nuevas técnicas genéticas presentan, pues, el peligro
de lograr que estas esperanzas se conviertan en realidad, programando desde el embarazo o
desde antes de la concepción lo que los franceses denominan con el significativo término
de enfant à la carte. Se llegaría así a una especie de eugenesia
positiva, en la que se practique una selección preestablecida de propiedades altamente
valoradas o de cualidades deseadas, con el consiguiente peligro para la variedad genética
de la especie humana, y con el añadido de aumentar la discriminación hacia las clases
más pobres de la sociedad que, sin duda, contarán con menos posibilidades que las clases
medias o altas en el afán de seleccionar para sus descendientes los rasgos físicos y
psíquicos más ventajosos para su desarrollo en una sociedad tan competitiva como la
actual.
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