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Este hecho crea grandes problemas en
torno a la privacidad de esta información. Si no contáramos con ninguna protección
desde el punto de vista del derecho, la manipulación genética sería realizable por
cualquier empresa privada que quisiera efectuarla, es decir, estaríamos indefensos ante
los intereses (capitalistas, fundamentalmente) de terceros.
Aunque este aspecto nos interesa en
beneficio de toda la humanidad, es relevante saber que España es uno de los países
legalmente más avanzados en esto, prohibiéndose mediante la Ley sobre técnicas de
reproducción asistida, de 1988, la clonación humana o la creación genética de
razas humanas., materia también regulada por el nuevo Código Penal, en sus artículos
159 y 161. El artículo 159 castiga con penas de 2 a 6 años la alteración del genotipo
con una finalidad meramente experimental, distinta de la terapia genética, así como el
161 castiga la fecundación de óvulos humanos con distinto fin de la procreación humana,
siendo sancionada la clonación o procedimientos a favor de la selección de raza.
Por tanto, queda claramente probada
la consideración del genoma humana como un bien jurídico protegido y protegible.
El problema está ahora en saber,
teniendo en cuenta que nuestro Código Penal dice que queda prohibida toda
manipulación sobre el genoma excepto que sea para suprimir taras o enfermedades
graves, ¿qué es una tara o enfermedad grave?
Un análisis superficial e inmediato
nos haría pensar rápidamente en la admisión de la manipulación sobre personas con el
síndrome de Down, por ejemplo. Sin embargo, el problema es más profundo.
El problema está en discernir cuál
es el límite, y quien lo fija.
Esta consideración entremezcla la
manipulación genética con el dilema ético que suscita, más allá de su regulación
jurídica: ¿qué pasa con una persona que es muy baja, ciega, etc...?
El bien jurídico a proteger es el
patrimonio hereditario de la humanidad, y debemos ir más allá todavía, no centrarnos en
la especie humana únicamente, sino en la protección de la diversidad genética, que
permite sobrevivir a nuestro planeta. Está comprobado un hecho cierto: en poblados en los
que se casaban entre primos, por estar aislados, sucesos que se daban en la Antigüedad,
aumentaba el número de defectos genéticos. Por este motivo si la manipulación genética
se hiciera masivamente o de forma incontrolada, afrontaríamos un nuevo peligro, que
podría venir también en forma de plaga. El empobrecimiento genético sería un atentado
contra la naturaleza.
En la vida social podría haber
presión por conocer los datos genéticos obtenidos con el Proyecto Genoma una vez que
estos sean interpretables. Pongamos varios ejemplos de este peligro:
-
Las empresas: no contratarían a un obrero cuyos genes revelaran que concluiría pronto su
vida útil.
-
Las compañías aseguradoras: no asegurarían, o requerirían mucho dinero, para los que
tuvieran propensión genética a las enfermedades o la muerte prematura.
-
Las personas: podrían guiarse por la genética a la hora de escoger una pareja que
encajara con ellos.
Sea como sea, desde una perspectiva
ético-histórica, hay que comprender una cosa: lo nuevo genera angustias.
Cuando Copérnico, en el siglo XVI,
formuló la teoría heliocéntrica, el hombre tuvo que aceptar que la Tierra no era el eje
del universo. Eso crea angustia.
Y, ¿debió impedirse la difusión
de la rueda porque, al usarla, los coches producirían contaminación en el sistema
ecológico? Una de las características del científico es seguir adelante.
Relacionado con estos aspectos que
estamos tratando, hay que hablar de la tan traída y llevada clonación. La
clonación no es exactamente una forma de manipulación genética, puesto que no altera la
estructura del genoma humano. Consiste en hacer una copia genética idéntica de otro ser.
Existe un tipo de clonación natural: los gemelos. Pregunta típica: ¿garantiza
esto que las dos personas serán luego exactamente iguales? No, pero tendrán la
misma información genética.
Los clones naturales se producen
espontáneamente, porque el óvulo fecundado se puede separar (hasta que tiene 16 o 32
células). Por este motivo podemos tomar un óvulo fecundado de 4 células, separarlo a su
vez en células, y cada una tiene toda la información completa para hacer el ser humano
perfecto. Esto es factible realizarlo también por laboratorio: por ejemplo, en Argentina
se hace, cuando hay un óvulo fecundado in vitro. Se le divide, para obtener
por lo menos tres, y optimizar así las posibilidades de embarazo, puesto que tres es lo
ideal para transferir al útero de la mujer, ya que si llega a prosperar el embarazo,
trillizos es un número soportable, y lo más difícil en este proceso es la fecundación. Aquí no hay objeción ética realizable, puesto que se está imitando a la naturaleza.
________________________Mayo2000______________________ |