| 16.11.00
Paraguay 5 - Perú 1
EL OCASO DEL VERSO...
Por Pepe Troncon
Resulta
desconcertante, por decir lo menos, la actitud y la forma incoherente de expresarse del
técnico Julio César Uribe después de los dos resultados negativos bajo su batuta, y que
señalan, para nosotros, el punto final de un proceso concluído. La última es la increíble declaración que
leemos en el suplemento Deporte Total del 23 de Noviembre, en la que Uribe indica que no
estamos descartados, que todavía es posible la clasificación. La dejamos ahí, sin comentarios, para que la
recojan los discípulos de Sigmund Freud por si logran entender algo.
Lo sucedido en el
Estadio Defensores del Chaco nos dejó una tremenda desazón, aunque no nos sorprende, ya
que desde la incomprensible convocatoria nos pareció que la suerte ya estaba echada. Aparte, anunció un sistema ofensivo al decir que
venía a ganar, lo que al técnico Sergio Markarian, conocedor del fútbol
peruano y del estado en que se encuentra, debió sonarle poco menos que a teatro de
lo absurdo.
Lo cierto es que,
a la hora de la verdad, Julio César Uribe hizo lo contrario, planteando el partido con un
4-3-2-1, improvisando a Darío Muchotrigo como enganche, y dejando como solitario atacante
a Piero Alva.
En el primer
cuarto de hora, el equipo peruano jugó sorprendentemente bien, tocando en profundidad y
llegando peligrosamente al arco paraguayo. Inclusive,
una gran jugada de Muchotrigo culminó en un gol de Palacios, anulado por posición
adelantada. En el retorno, ya sobre los 15
minutos, se produce la primera llegada del cuadro de casa, que encuentra desubicados a
Rebosio y Pajuelo, para que el internacional Roque Santa Cruz encuentre el balón que
había quedado en las inmediaciones, y añadiéndolo al arco de Ibáñez decrete la
apertura del marcador.
El resto fue un
desorden y una inseguridad tremendos en el medio campo ya defensa rojiblanca, que termina
con el autogol de del Solar, en su desesperación por despejar un pase en profundidad que
iba dirigido a Roque Santa Cruz
y más adelante, Cardozo ponía el 3-0 lapidario con
que terminaba la primera etapa.
Vendrían
posteriormente los goles de Paredes y Chilavert (que lo celebró recordándole a Ibáñez
varias generaciones), y el del honor recien a los 75 minutos por intermedio de Pedro
García.
Este proceso no tiene vuelta, pero tenemos que tomar las cosas con calma y sin
apasionamientos. El tema no pasa por cortar
cabezas ni por pedir que juegue la Sub-20. Hay
que corregir el proceso pensando en objetivos a largo plazo y empezar por las raíces de
un sistema deportivo destruido, como es el del fútbol peruano.
Hasta la próxima.
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